“Queda intacto aquello que críticas, si además no lo combates”, proclaman a puro rap el grupo español Foile a Trois. Lxs alumnxs de 4to año de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de San Juan decidieron pronunciarse y reafirmar sus ideales por medio de un comunicado que denuncia el tratamiento amarillista y retrogrado que hicieron los principales medios sanjuaninos ante el femicidio de Yamila Pérez el pasado 20 de Junio.

Por Belen Ferrer Torrent @torrentbelen


“Yamila Pérez vivía en el barrio Cabot, Capital, era madre de 4 chicos, era adicta a la cocaína y se prostituía”, tituló Diario de Cuyo. “El resonante crimen de Yanina Pérez, a quien encontraron descuartizada en El Mogote, está en boca de todos”, lo hizo Tiempo de San Juan. “Cuando la Policía llegó el cuadro era dantesco. Al cuerpo le habían seccionado ambos brazos y con la misma arma perpetraron otra maniobra espeluznante: le hicieron un corte horizontal sobre sus mamas, y de ahí para arriba fueron arrancando la piel de su rostro y el cuero cabelludo (incluido el ojo derecho) hasta concluir a la misma altura del primer corte, pero en la espalda, dijeron”, describió también Diario de Cuyo, el más leído de la provincia. El circo mediático revictimizó  a Yamila y ubicó en primera plana su cuerpo odiado, humillándola una vez más y dejándola expuesta ante el ojo mórbido de la población.

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Los medios de comunicación sanjuaninos omitieron usar el término “femicidio” para describir el asesinato de Yamila, pero no escatimaron en los detalles morbosos y sensacionalistas. No solo divulgaron su imagen (fotos que sacaron de su cuenta de Facebook), sino también datos privados, como el lugar donde vivía, el nombre de su abuela y la cantidad de hijas que tenía. ¿Cómo no consideraron lo peligroso que resulta exponer la identidad de menores en situación de vulnerabilidad? No solo hablaron sobre sus publicaciones de Facebook, sus gustos personales y los lugares que frecuentaba sino que, sumado al cotilleo, el Jefe de Policía de la Provincia de San Juan, Comisario Luis Martínez, sentenció: “muy probablemente la mujer era puta” y que este crimen era “de tipo pasional o por encargo”. Una vez más el odio a la mujer, a la prostituta, a la que no sigue la norma, a la que denuncia, a la villera, se hizo visible en los medios hegemónicos de San Juan.

El modo en que se “informó” sobre el femicidio de Yamila y el hecho de que pasara a formar parte de las conversaciones de la vida cotidiana de la población empezó a hacer ruido en lxs alumnxs del cuarto año de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Nacional de San Juan. ¿Acaso como futuros comunicadores comprometidxs en informar a la comunidad no debemos tener responsabilidad y formación a la hora del tratamiento periodístico de la violencia de género? ¿No debemos ser respetuosxs de las mujeres que sufren diariamente la violencia machista que encuentra su máximo exponente en el femicidio? ¿No debemos denunciar el grado de amarillismo con el que escriben nuestrxs futuros colegas?

Primero, lxs estudiantes, empezaron a compartir las noticias en los grupos de WhatsApp y a comentar la indignación del tratamiento mediático del caso. Pero no alcanzaba con la queja. Movilizados por el asco que les provocó leer el pronunciamiento de los medios locales ante el femicidio de Yamila, discutieron y publicaron un comunicado que intentó reflejar el compromiso crítico ante estos acontecimientos. Y no faltaron los comentarios ofensivos de pseudo periodistas y trabajadores de los medios ante este pronunciamiento. Pero que se vieron diluidas por la felicitación de lxs profesorxs que apoyaron la iniciativa y cedieron, posteriormente, espacio de discusión en el aula por este hecho en particular.

Lxs estudiantes plantearon que los medios sanjuaninos no tuvieron en cuenta lo imprescindible a la hora de ejercer el periodismo: socializar información relevante que evite que se produzcan vulneraciones a los derechos a través de la espectacularización de los casos. Una nueva generación de estudiantes que intenta cambiar las formas tradicionales de comunicar se plantaron para que desde los medios se brinde información relevante y confiable a la población.

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Por eso también recordaron que durante los años 2014 y 2015 se realizaron encuentros a lo largo de todo el país organizados por la Defensoría del Público, donde se planteó una “Guía para el tratamiento mediático responsable de los casos de violencia contra las mujeres” para reflexionar, debatir y proponer formas adecuadas y responsables de abordar mediáticamente la violencia contra las mujeres desde una perspectiva de derechos humanos.

En esta guía se hace énfasis, entre otras cosas, en la importancia del uso del término “femicidio”; la necesaria contextualización de los casos para ser abordados como parte de una problemática social mayor y no como un mero evento; no apelar al uso de imágenes de la víctima; el resguardo de la identidad de la mujer que sufre o sufrió violencia es vital en los casos que ocurren en localidades pequeñas, en tanto allí resulta más fácil su identificación y la de su familia; la importancia de evitar la estigmatización, la culpabilización, el descreimiento y la sexualización de las mujeres violentadas; privilegiar los enfoques centrados en la prevención y en la concientización de la problemática social de la violencia contra las mujeres; difundir los datos de organismos y políticas públicas, organizaciones sociales y personas que se especializan en la temática.

A Yamila no solo la mató su femicida. También la mataron aquellos medios que, movidos por el sensacionalismo, el morbo y la necesidad de primicia, hicieron de su muerte un “macabro hallazgo”, un “homicidio salvaje”, un “espanto en Chimbas”. Aquellos medios que deberían releer y poner en práctica lo que establece la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en el artículo 3°, esto es “Promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”.

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Los días pasan y aún no se conoce quienes asesinaron a Yamila. Pero sí conocemos cada detalle morboso e innecesario del crimen. Una vez más los medios sanjuaninos hicieron eco de un femicidio y no tomaron el hecho con la responsabilidad y la seriedad que merece para convertirlo en un paseo por la desinformación y la decadencia humana. A veces cuesta digerirlo, caracterizarlo, ponerle nombre. Aunque como propone Foile a Trois: “Lo que pa’ mí no tiene nombre es que no hayamos dado lumbre a lo que nos explota por costumbre, a quien en vez de individuos solo ven la muchedumbre, a quienes sacan oro con la ajena podredumbre”

1 Comment

  1. Muy buena iniciativa de las estudiantes de comunicación social, poniendo el eje del debate donde verdaderamente va.
    Justicia por Yamila, condena para sus femicidas y escrache a los medios cómplices que solo nos revictimizan y vulneran mas.

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