“La huella de Danilo Guayta en el rock: repaso por la vida artística del mayor exponente del género en la ciudad”, dice un titular en la tapa del diario La Ciudad, de Bragado. Acostumbrado a las críticas de una prensa local que en los ’90 describía a su banda como “una vergüenza llamada Os Mocos”, a Danilo le resultaría raro encontrar su foto ocupando gran parte de la portada de un diario. Pero Bragado no fue el mismo desde que su figura rebelde y contestataria revolucionó paredes, calles y escenarios, y no es el mismo ahora que lo invade el dolor y el desconcierto tras su abrupta muerte. Danilo era un meteorito dispuesto a estrellar contra la amnesia haciendo estallar la indiferencia, la determinación que solo abrazan unos pocos, quienes como él puedan atreverse a definirse como comunicadores sociales que utilizan al rock como una excusa. El sábado 21 de abril, sus compañeros de Conejo realizarán un homenaje y recital despedida en el Morena Bar de Bragado, con la certeza de que la mejor forma de recordar a quien muchxs consideran como el Jello Biafra argentino, es corear sus letras una vez más para reivindicar un camino que el círculo de la distorsión jamás podrá olvidar.
Por Carlos Sanabria @hayquearar (escribe también en @hazlotumismx)
Fotografía de portada: Diego Casas


“Nadie se va a acordar, ¿sabías?, nadie se va a acordar, ¡iluso!, nadie se va a acordar de vos!”

Os Mocos

 “No merezco una nota social, nunca busqué el primer lugar”, cantaba Danilo Guayta, Indio. Su muerte, el último 29 de marzo, cuatro días después de sufrir un ACV en La Casa de la Cultura en Junín previo a subir al escenario con su banda, Conejo, todavía duele. Las muestras de cariño, admiración y tristeza decoran sus perfiles en redes sociales y son una invitación a adentrarse en la vida de un referente del estilo hardcore punk de la inmensa Buenos Aires, a repensar el rock, la rebeldía y a mirarnos en el espejo para ver si no tenemos en el rostro “esa falsa alegría de los vencidos…”. Vivió siempre en Bragado, fue uno de los fundadores de Os Mocos, banda que nunca dudó en definir como “política”, y desde la cual generó una escena musical en el interior de la provincia durante los años ‘90 en ciudades como 25 de Mayo, Alberti, Lincoln o Mechita. Desde el 2013 cantaba en Conejo Pendejo, el grupo con el cual se cerró su círculo de distorsión.

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Desde la ciudad de Buenos Aires, pareciera que la vida en todos los pueblos del “interior” es similar. Sus tensiones, angustias y silencios quedarían ocultas bajo una superficie que refracta tranquilidad, parsimonia y tradición. Eso pasaba en la ciudad de Bragado a fines de los ‘80, con el recuerdo de “los presos de Bragado”, los cinco anarquistas injustamente encarcelados en la década del ‘30, muy lejos en el tiempo. Quizás por eso esta ciudad situada a 210 kilómetros de la capital fue elegida como el destino donde el cura Christian “Queque” Von Wernich podría transitar sus días sin complicaciones. Sin embargo la ciudad se dividió en dos y en 1988, 1.500 personas marcharon para que el párroco defensor de la tortura, el asesinato y el robo de bebés durante la última dictadura se fuera de la parroquia “Santa Rosa de Lima”. En ese contexto se desarrolló la personalidad rebelde y contestataria de Danilo. A cinco cuadras de su casa estaba el confesor del coronel Ramón Camps, sin ningún tipo de sanción por parte de la Iglesia católica.  Algo había que hacer.

“Toma de la comisaría, violación y muerte a todos los policías”. Este grafitti le quitó a “Los mocosos” la simpatía de la ciudad para siempre. Ya venían haciendo pintadas en escuelas y en la estación de tren, pero esta agresión no se podía tolerar. Al día siguiente el diario local publicó una foto del grafiti con una fuerte crítica y la policía empezó a buscarlos. Danilo recuerda que varias veces lo levantaron, pero no podían probar que eran él y su grupo de amigos. Sin embargo había que dar la cara. Así, en el año 1992 nacía Os Mocos.

_  “Vamos a hacer algo nuevo, creo que esto no da para más; estoy harto de grafitar, tenemos que hacer una banda”, cuenta Danilo que le dijo a Santiago, quien sería el otro cantante de la banda. Con un par de letras menos, “Los mocosos” pasaron a ser “Os Mocos” y debutaron el 7 de marzo del 92 en el “Boliche de Sotelo” en Bragado. No era la primera banda que armaba Danilo, ya que a sus 14 años le había presentado su primer grupo a su mamá Norma y su hermana Silvina, único y privilegiado público, en la galería de su casa. Danilo cantaba y el baterista tocaba sobre un calefón eléctrico. Pero Os Mocos iba en serio y con el correr de los años serían prohibidos en cuatro ciudades y en Alberti se ganaron el elogio de salir en el diario “La comuna” con el título “una vergüenza llamada Os Mocos”. Cantaban contra el Papa, contra la policía, la clase empresaria y no se habían olvidado de “Queque”: pedían “garrote vil para Videla, para Massera, para Lanusse y para Von Wernich…”

Danilo había crecido escuchando The Clash, Ramones, Sumo, Violadores, Fugazi, el rock lo había cobijado después de una infancia dura donde sufrió la pérdida temprana de su padre. Cada tanto venía a la ciudad de Buenos Aires a ver bandas y a empaparse de la escena hardcore punk, tradición que mantendría décadas después cuando viajaba para comprar vinilos. En un recital de Conmoción Cerebral conoció a Diego Casas, quien hacía sus primeras experiencias como fotógrafo y llevaba adelante el fanzine “Libertad Kondicional” que difundía en la Feria del Fanzine en Congreso. En un sótano cerca de Plaza Italia se pusieron a charlar. Los dos habían ido solos y pegaron buena onda. Intercambiaron teléfonos y allí se abrió la puerta para la primer presentación de Os Mocos en la capital en el “Festival alternativo por la insumisión, la desobediencia y la agitación” en Zona Cyborg, en San Telmo, que organizaron Diego y Luis del programa de radio “Renegado”. Esa fecha, donde tocaron también Flema y Los Subersivos, la presencia de Os Mocos partiría en dos el festival.

_ “Eh loco, ¿ustedes a qué vienen acá, a tomar cerveza o a pensar?”, desafiaba Danilo, lo que le daba el pie a Diego para pedirle al público que en vez de tres cervezas se tomaran dos y compraran un fanzine.

Leo Rodríguez, que escribía el fanzine “Juventud Perdida” y tiempo después armaría “La banda del Cuervo Muerto” se maravilló al escuchar a Danilo criticar a los porteños por los pibes pidiendo en la calle, “cosa que en Bragado daría verguenza” y se terminó de convencer que tenía que hacerse amigo de los Os Mocos cuando Indio los apuntó a todos con una escopeta desde el escenario.

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Danilo describía a Os Mocos como una banda política. Ya traía la influencia de militar el anarquismo en su ciudad, donde había armado la agrupación “Pascual Vuotto” y difundía la historia de “los presos de Bragado”. También formó parte de los “jóvenes en lucha contra la represión a la juventud” y logró con sus compañeros de banda llevar a Hebe de Bonafini a su ciudad para dar una charla. En una entrevista que le hizo Rubén Bocasucia Lopardo de la banda Acción Directa para el fanzine “Hasta la victoria” describe:

_ Nos guste o no, somos comunicadores sociales; no podemos ni debemos estupidizar a la gente. Tenemos que contarles cosas que pasaron, hechos verdaderos, concientizar; no llenarles la cabeza de pelotudeces. Para estar en una banda de rock combativo hay que tener bolas, porque no solamente es subir a tocar, sino bancarse una marcha, organizar una acción solidaria, resistir el autoritarismo. El rock es una excusa; además, el rock está tan aburguesado, tan hecho un negocio, tan una mierda… Pero no importa, estamos siempre mirando para adelante, tratando de conocer más gente que realmente valga la pena.

En esa feria del Fanzine en Congreso Danilo encontraría miradas parecidas en torno a la música. Por ahí andaban Federico Montenegro de Detenido Desaparecido, Leo del Cuervo Muerto y cada tanto se acercaba un curioso Carlos ‘Nekrofiliak’ Rodríguez a charlar. Allí se gestó otra escena del hardcore punk de Buenos Aires, distinta a la Buenos Aires Hardcore (BAHC). Las bandas se organizaban para tocar por diversas causas: ya sea para festivales que organizaba el F.O.S.M.O. (Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio), a “Beneficio de los indios mapuches”, en el “Encuentro Provincial de Bandas Políticas de Rock” o por la muerte de algún pibe en manos de la policía o acompañando una olla popular. Se trataba de tocar como sea, la cuestión era ir, poner los equipos y darle para adelante. A Os Mocos el circuito clásico del rock no les cerraba. Si bien habían podido vengarse del sistema cuando falsificaron decenas de tickets en un festival que organizaba Todos Tus Muertos donde les pedían que rindieran entradas para tocar, el trato y el sentido que le daban a la música era otro. Para ellos era un medio, no un fin. Le cantaban a los boludos que se pasaban todo el día ensayando “para que nada salga mal”. El rock tenía que ser peligroso.

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Foto: Diego Casas

Pero Os Mocos duró lo que tenía que durar. Sacaron un disco y grabaron uno más que nunca salió. Santiago Colombo (Finese Altobici), en una entrevista en el fanzine “Hay futuro” recuerda:

_ Dejamos de tocar porque realmente estábamos podridos de todo el suplicio que implicaba hacerlo. Nuestras vidas nunca estuvieron perfiladas a tener futuro dentro de la música. Me siento feliz por haberme quedado afuera de toda esa miseria que significa grabar discos, relacionarse con millones de tarados e imprimir tapas. Os mocos nunca fue más que un capricho, un posible, una versión mejorada de la nada. Por estas razones ningún show tuvo un lineamiento determinado, sino que reflejaban una parte de esas impresiones, por cierto con un alto porcentaje de la realidad social y quizás con la meta de recrear la libertad en los minutos escasos que duraba la presentación. El mensaje final creo que fue decir “Hagan lo que hagan, piensen”.

El recuerdo de Os Mocos era imborrable ¿Cómo olvidar esos festivales públicos arruinados, aquel día donde tocaron frente al pesebre viviente en una parroquia en 25 de Mayo y la gente miraba como si el diablo hubiera aparecido en la tierra? Pero los años pasaban, y si bien los amigos se juntaban a rememorar esas travesuras, el círculo de la distorsión no se había terminado para Danilo. Martín Garassi era menor que él, pero vivía a unas pocas cuadras de su casa y solía pedirle tarros de dulce de leche a Norma, su mamá, para armar una batería. Años después laburaba en un locutorio polirubro en el centro de Bragado donde Indio iba cada tanto cuando salía de su panadería “Panecillos”. El Gordo había sido su padrino musical, era quien le recomendó bandas como Fun People y BBS Paranoicos y le había dado difusión a Mole, la vieja banda de Martín. En cada visita la pregunta era la misma:

_ ¿Cuándo armamos una banda, Danilo?

En 2007, diez años después del fin de Os Mocos surgió “Terneros Online”, la parte ‘rockera’ de Indio. Juan, Martín y Lele componían y Danilo traía sus letras y sus locuras. Grabaron el disco “Alfalfa rocker” y compartieron fechas con Eterna Inocencia, Boom Boom Kid e hicieron saltar a miles de personas en Chivilcoy cuando le abrieron el show a La Vela Puerca. Martín describe que Terneros “era un rock más prolijo que Os Mocos y tuvo un vuelo, pero no muy grande y cuando aterrizó decidimos darle fin”. En cada fecha aparecía la reminiscencia a Os Mocos, el pasado estaba latente, mucha gente iba a verlo a Danilo y se encontraban letras con menos contenido y otro sonido.

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La oportunidad de volver a ver a la mítica banda de Bragado llegó en 2012 cuando Guille Mármol, cantante de Eterna Inocencia los invitó al Club Tucumán de Quilmes para que tocaran por los 20 años de vida de la banda. Parecía que el tiempo no había pasado, ahí arriba estaban Santiago y Danilo otra vez combinando irreverencia, potencia, personalidades extremas, desestructurando todo lo que estuviera a su alcance.

_ “Ustedes no me conocen, pero yo tampoco los conozco, así que media pila”, volvía a desafiar Indio a las nuevas generaciones del estilo.

Santiago deseaba volver a rearmar Os Mocos, pero en su círculo íntimo describía que eso no iba a ser posible.

_ “Yo tengo ganas, es este boludo el que no quiere”.

Al terminar el show en Quilmes y al ver la incredulidad del público, recordaron sus primeras fechas, cuando la gente los miraba sin entender lo que pasaba arriba del escenario. Lo mismo habían sentido con esas pocas personas que esa noche se animaron a entrar a ver la banda que le hacía de ‘soporte’ a Eterna, en un hábito que se perdió desde los ‘90 a la actualidad. Allí Danilo terminó de entender que no podía volver para atrás, que lo que cantaba con Os Mocos ya había dejado de ser contestatario porque la sociedad había cambiado para bien. Y el sonido tampoco era moderno.

_ Ahora no escucharía una banda de rock como Os Mocos, y tampoco me conviene cantar ‘Macri Gato’.

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Entonces aparecieron sus vivencias en frases cortas y sencillas. Le empezó a cantar a sus amigos “heridos de bala” que ya no querían rockear, al sistema, a la policía en “Indio mata Cowboy”, y valoraba a sus enemigos porque él los elegía. Así nació Conejo. La rompieron en su debut en Bragado el 14 de julio de 2013 y no pararon hasta el desenlace trágico en Junín. Tenían 50, 60 fechas por año y reconstruyeron la escena punk que había dejado Os Mocos. El “Tsunami tour”, la gira que terminó de manera abrupta por la muerte de Indio incluía Junín, Bragado, Mercedes, Chivilcoy, Córdoba y Buenos Aires. Danilo estaba de vuelta y la gente volvía a creer en él. Las viejas generaciones ya no lo miraban buscando a Os Mocos y las nuevas se identificaban. Una vez más, el Gordo sacaba el tsunami que había en él.

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No fue un gran cantante. Él lo sabía. Pero decía que no hacía falta ser virtuoso, sino único. Se fue también un compañero y un padre de dos hijos y dos hijas. Para Nekro de Boom Boom Kid murió “un amigo y un luchador incansable. Su fuerza e ironía eran inigualables, un Jello Biafra pero bien local. Uno de los pocos de los ‘90 que no colgó sus sueños y como un eterno niño siguió gritando hacia el final”. Guille Mármol de Eterna Inocencia lo recordó días atrás en Club Tucumán al tocar “Heridos de bala” de Conejo. Se mostró muy conmovido y lo describió como un Quijote que “emanaba una energía especial” y “si hay alguien que peleó por el punk rock y el underground es nuestro compañero”. Adrián Outeda, ex cantante de NDI, hoy en Bandera de Niebla, lo definió “como un chico con ganas de hacer cosas, todo el tiempo moviéndose, es una lástima que gente buena deje este mundo porque se los necesita para generar cambios”. Lele Fourcade, el más chico de los Terneros Online, rememora que “el empuje que le ví a él no se lo vi a nadie” y que le sorprendía el respeto que generaba después de tantos años de la disolución de Os Mocos. Marín Garassi, su amigo y compañero de Conejo con el que iba a tocar esa noche en Junín sentencia: “era muy cómico, un chico de 16 años en el cuerpo de un hombre de 46, un tipo muy impulsivo, generoso y genuino. Va a quedar en la historia del rock de la ciudad”. Diego Casas, fotógrafo, autor del libro “Otros noventa” detalla: “Danilo no te iba a dejar tirado nunca, su pérdida me duele mucho, sobre todo el hecho de recordar que ya no está y no poder escribirle. En los ‘90 nos unía la necesidad de cambiar las cosas, de decir que el mundo se iba al carajo, y viendo lo que pasó, no estábamos errados”.

“¿Qué pasó con nuestra generación? Antes eras punk rocker, ahora sos abogado”, se preguntaba Danilo a la vez que deseaba “buena vida y libertad”. Imposible no relacionar su vida con la leyenda del nombre de la ciudad de Bragado, que cuenta que en la época en que la tierra aún no tenía dueño había una laguna donde un potro “con sus crines al viento y su vistoso pelaje colorado, con una braga blanca” corría libre sin que ningún gaucho pudiera domarlo jamás. Hasta que una vez se dio cuenta que iban a apresarlo y prefirió tirarse de una barranca para defender su libertad.

_ Hace tiempo que las jaulas están abiertas. ¿Por qué no te gusta volar?

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