A lo largo de un mes y medio, “Miedo” hizo del teatro Regio un refugio para nuestros temores más profundos. Llevada a cabo por el artista catalán multifacético Albert Pla, en conjunto con la propuesta estética de Mondongo, la obra articula las artes visuales, el teatro y la música, para ofrecer al auditorio un recorrido íntimo y profundo sobre  nuestros mayores miedos.

Por Matias Borsani

Foto de portada: Los Inrockuptibles


 

Luego de la jornada histórica de lucha y reivindicación feminista que sacudió el país y buena parte del planeta, lentamente  jóvenes y adultos, hombres y mujeres se iban aglutinando  en el antiguo y pintoresco teatro Regio para presenciar  “Miedo”; espectáculo protagonizado por el talentoso y frontal  Albert Pla, que esta vez cuenta  con los aportes plásticos y estéticos de Mondongo (Juliana Laffitte y Manuel Mendanha). Los rastros de purpurina, maquillajes varios y pañuelos verdes de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito eran pruebas contundentes de que muchas de las presentes, tanto en hall de entrada como en las inmediaciones del teatro de la calle Córdoba, habían participado de la multitudinaria marcha al Congreso. Lentamente, lxs presentes van entrando y acomodándose en un clima de expectativa y festividad.

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Miedo, por Albert Pla. Foto: www.vuenosairez.com

Pero para quienes aún no saben  de qué se trata este proyecto y mucho menos quienes lo integran, en breves  y resumidas  palabras, Albert Pla es un artista catalán  multifacético reconocido por su música irónica y sus  provocativas performances  de gran contenido político y social. Además, supo  participar en la banda de sonido de “Carne Trémula”, de Almodovar, y de “El día de la Bestia”, de Alex de la Iglesia.  Por el lado de Mondongo, estamos hablando de un colectivo argentino de artistas especializado en las artes plásticas con materiales exóticos y no convencionales. Esta pareja trabaja en equipo  desde 1999 y  supo abordar a través de la selección de sus materiales diversos temas de manera crítica como el poder; la desigualdad económica, la sexualidad  y el colonialismo, entre otros temas.

Con la dirección de Pepe Miravete, los caminos de estos grandes artistas se mimetizan para dar lugar a un show en tres dimensiones en donde Albert Pla interactúa permanentemente con un mundo virtual creado por los Mondongo, y así exponernos a los miedos que todxs llevamos dentro y no siempre entendemos.

Una vez que las luces de este teatro porteño se apagaron, los presentes comienzan un viaje a través del miedo en las distintas edades y momentos de la vida en un mundo surrealista e impredecible. Albert Pla interpreta a un niño y su temor  a una  muñeca diabólica que será uno de los personajes virtuales encargados de perturbar a más de unx. Los miedos, tan diversos e inexplicables, no son estáticos: mutan, crecen, envejecen e incluso se convierten en aliados. Con un esquema caótico y desestructurado, lxs artistas  nos muestran los temores clásicos (y no tantos) de una manera íntima y profunda. El pánico al mundo exterior, a los niños más grandes y al ratón Pérez son otras de las manifestaciones que toma esta sensación y se hace presente en este viaje tridimensional.

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Foto: Infobae

Con el correr de la obra, el niño entra en la adolescencia y los motivos de angustia y perturbación cambian a la par de su cuerpo y su psiquis. Aprovechando al máximo los recursos, los  escenarios y fondos mutan  como si fuera un simple cambio de vestuario. El ambiente elegido ahora es un circo tradicional tétrico y macabro. El joven protagonista, lejos de mostrarse feliz y deslumbrado por acróbatas y payados, se siente angustiado y asustado por las características de los personajes del circo. Lentamente, se va comprendiendo  porque a lo largo de sus 30 años de carrera el catalán fue censurado en más de una ocasión y mantiene malos vínculos con buena parte de la prensa española. Fiel a su estilo en su último pasó por Argentina, presentando el musical “Guerra” junto al Vasco Fermín Muguruza, ambos criticaron al tristemente célebre Darío Lopérfido, luego de sus declaraciones negacioncitas, monstrando que el arte y la crítica van de la mano. Además, ya se veía el interés del  experimentado artista en abordar la combinación de las artes visuales, el teatro y la música,  característica que se mantiene en “Miedo”.

“Canta canta no dejes de cantar, si dejas de cantar te mo-ri-ras”, se escucha repetidamente por parte de la muñeca diabólica a lo largo del show. Siguiendo este consejo, el muchacho nunca abandona el canto como forma de expresar sus temores. Con la adultez llegan los males que siempre Albert Pla criticó: el nacionalismo, el amor al Rey, la guerra. Esta última se convierte en el próximo escenario. El niño, gracias a la sociedad que lo educa, se convierte en soldado, asesino y victima a la vez. Como no podía ser de otra manera, la contienda bélica hace estragos en el joven. Completamente quemado y con otro rotundo cambio de escenario, el muchacho, carne de cañón de los fabricantes de armas, aparece  en algún hospital militar en un estado calamitoso. Para estos momentos la obra entra en su etapa más provocativa e impresionante. Con sucesivas imágenes de mutilaciones e infecciones el espectador se retuerce por lo impactante de la fotografía.

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Juliana Laffitte y Manuel Mendanha, del grupo artístico Mondongo. Foto: El País

Aquí es donde se ve todo el potencial de Mondongo, sus aportes a la estética son cruciales ya que se utilizan sus reconocidos retratos  de Eva Perón y el Che Guevara, entre otros personajes influyentes de la historia.  Vale recordar que ellos no son reconocidos sólo por obras como Caperucita roja plasmada en plastilina o por la utilización de galletitas para la reproducción de imágenes pornográficas de internet, sino también por sus presentaciones performáticas. La más recordada: “No soy tan joven como para saberlo todo”.

Con repetidos separadores con imágenes de canibalismo mostrados de manera brusca y sorpresiva, se  entra en la fase final de esta experiencia visceral. El niño que nos causaba ternura al comienzo termina como un hombre sin alma, destrozado por sus vivencias y atormentado por fantasmas que se hacen presentes en el Regio con sonidos penetrantes que erizan la piel. Como no podía ser de otra manera, una de las muertes más dramáticas que un ser humano podría atravesar es plasmada como cierre. Ser enterrado vivo, morir lentamente, sólo, desesperado y con una niña endemoniada como gran incógnita. Un final acorde a la potencia de las historias que componen el show y a los extraños escenarios diseñados por la pareja de artisitas argentinxs.

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Foto: leedor.com

Un nuevo paso de Albert Pla por tierras rioplatenses, esta vez, en conjunción con Mondongo, un mes y medio de cartelera para una propuesta provocativa, para estómagos fuertes, en donde se diferencia el miedo del susto, el primero como una sensación interior y el segundo como una acto reflejo, el cual  se siente  reiteradas veces a la largo del espectáculo. Quizás en este caso, la lírica de las canciones no tenga la altura de otras veces, pero no por esto la obra pierde fuerza y el protagonista  se ve disminuido. Una propuesta tecnológica y novedosa, que muestra el interés de Pla por estar siempre en la vanguardia, en la búsqueda permanente, de no quedarse en lo fácil, y lo seguro.

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