¿De dónde salió Sergio Vigil?, es una pregunta obligada luego de escucharlo durante dos horas. Su mirada sobre el deporte, la competencia y lo humano difieren absolutamente con los discursos que atraviesan los programas deportivos, sobre todo aquellos que ostentan panelistas desesperados por transmitir de una manera original que “solo sirve ganar”. Reconocido popularmente por sus éxitos con ’Las Leonas’, “Cachito” va por otro lado, recupera los valores del hockey y de las mujeres, resalta el privilegio de dirigir y a la vez ejercer la docencia, afirma que hay victorias que no son dignas, y reconoce que en algunos equipos, su partida de la dirección técnica fue necesaria para que esos grupos siguieran creciendo. Desde el año 2015 dirige a “Las diablas”, la selección de hockey femenina de Chile y se pregunta: si la educación es la base para transformar una sociedad, ¿qué estamos esperando?

Por Andrea Florencia Leal

Ph Cami Rojas


“Estás aquí” se llama el documental en el que Carl Sagan explica la famosa fotografía de la Tierra tomada por el Apolo 17, un ícono de nuestro tiempo en el que se puede diferenciar el azul del océano, el amarillo rojizo del Sahara y el desierto arábico, el marrón verdusco de los bosques y las sabanas. Y aun así, no hay señal de los humanos en esa foto, ni de nuestra transformación de la superficie terrestre. La foto transmite a las multitudes algo conocido hace tiempo por los astrónomos. En la escala de los mundos – dice Sagan – sin mencionar los de las estrellas o las galaxias, los humanos son insignificantes, una delgada capa de vida en una anónima y solitaria congregación de rocas y metal, solo un punto dentro de un amplio y sobreacogedor cosmos. Hay personas que a diario definen sus acciones como si ese documental se reprodujera en un loop en sus mentes. Sergio “Cachito” Vigil pertenece a este grupo. No solo no puede naturalizar ni minimizar una condición tan obvia de nuestra existencia sino que, además, utiliza al deporte como una excusa para echar raíces en ese universo, para expandir sus ideas en un espacio infinito considerando a la alta competencia como el mundo de las tentaciones en el que se manifiestan crisis emocionales, de crecimiento, de ideas.

Cachito toma un café pasadas las seis de la tarde mientras su hijo, Thiago, entrena en el mismo club en el que él comenzó a jugar a los ocho años: Club Ciudad de Buenos Aires. Allí donde a los 12 años observó cómo se burlaban de las mujeres que entrenaban hockey con pocas herramientas y recursos e imaginó que, algún día, podría llegar a dirigirlas y que se ganen el respeto de quienes se rieron. Se emociona, gesticula, se acomoda su inseparable gorrita y redondea conceptos con remate incluido, virtud que le agradece a su trabajo en radio. Sus respuestas se transforman en disquisiciones filosóficas y se explaya sin mirar el reloj con su voz quebrada y oratoria vibrante, la misma que le permitió brindar más de 500 conferencias en Latinoamérica, como así también, con mucha calidez, aquella que se manifiesta en las palabras de su libro “Un viaje el interior”.

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Cachito jugaba al fútbol en el Club Ciudad con sus amigos, pero como todavía no había fútbol, se juntaban a jugar en la cancha de hockey hasta que llegara el equipo de hockey que jugaba ahí. Se había probado en River, pero no le fue bien. Hasta que el entrenador de hockey lo invitó a probar y aceptó el desafío.

_ En una oportunidad manifestaste que el hockey representa a una parte de la sociedad que busca otra cosa, ¿cómo explicás esa relación que estableciste?

_ Encontré en el hockey un espacio distinto para jugar, un entrenador que llegaba antes que todos los alumnos para poder saludarlos, darles un abrazo y poder percibir cómo llegaban emocionalmente. Recibí valores de respeto y generosidad. Encontré también pasión, siendo un deporte muy chiquitito en aquel momento para nuestra sociedad porque ocupaba tres líneas en los diarios. Nosotros vestíamos la camiseta de un jugador de hockey como si fuese el deporte más inmenso de la faz de la tierra. Recibí las enseñanzas olímpicas de entrenadores como Pedro Chamorro, Marcelo Garrafo, Luis Ciancia, Aldo Ayala. Aprendí a conectarme con el juego olímpico y con el Olimpo porque le abría las puertas a todos: los que jugaban bien, los que jugaban más o menos, los que jugaban mal, siempre y cuando tengan ganas y fue el deporte que me permitió crecer como persona, como deportista y como entrenador. Y, sobre todo, encontré un deporte mixto, donde a pesar de que las damas juegan por su lado y los varones por el otro, el día a día es compartido.

_ Sos un entrenador que se caracteriza por trazar lecturas paralelas, es decir, no focalizarse solo en el aspecto deportivo sino que cada suceso de la alta competencia lo llevás a otros terrenos de la vida, ¿cómo lográs que esa mirada sea un elemento positivo para el desarrollo de un plantel?

_ Un día tomé conciencia que tenía el privilegio de vivir en un universo y compartirlo cada día con seres humanos y la naturaleza. Y esos seres humanos que voy conociendo a lo largo del camino se presentan en distintos espacios: familiar, escolar, profesional, deportivo, imprevisto – esto es un espacio, aunque provocado, imprevisto  –. Cuando me di cuenta de eso decidí observarlo, degustarlo y darme cuenta de que no estoy solo, y eso no significa darse cuenta que te acompañan personas que uno conoce, sino un mundo mucho más amplio del que a veces podemos ver. Mi vehículo es el deporte y la educación. Y digo vehículos porque tienen un objetivo en mi vida: que me sirvan para relacionarme con personas y formar equipo en el universo. Por eso siento que tengo una profesión más grande que el propio trabajo, que nunca consideré trabajo porque amo lo que hago, pero a través del deporte, con la excusa de formar un equipo deportivo, el propósito es formar un equipo de vida donde cada una de esas personas encuentre su ser interno, su campeón interno. Con la excusa de buscar que un equipo logre resultados deportivos y hasta pudiera salir campeón, se encuentra al campeón interior. Entonces, en el deporte para mí el ser campeón sirve para una sola cosa: para que seamos capaces de antes, encontrar nuestro campeón interior porque ese es el potencial disponible de cada persona.

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_ A partir de lo que pasó en el rugby se instaló el concepto de “derrotas dignas”, muy utilizado en los medios como muestra de inconformismo. ¿Cómo evaluás ese paso de resaltar el esfuerzo de un equipo y con las mismas palabras, tiempo después, desprestigiar el logro o la superación de un plantel que no llegó a consagrarse?

_ Esas dos palabras despiertan un mundo de exploración impresionante. La derrota es una posibilidad que tiene un indicador en una aspiración de resultado concreto numérico que no se logró. Derrota puede ser cuando se enfrentan dos equipos deportivos y uno gana y el otro pierde, derrota puede ser el aspirar a que una persona que amás te diga que sí y te dice que no, derrota puede ser tener la expectativa de sacarse un 7, 8 en un examen y sacarse un 5, derrota puede significar que luego de una actividad exista la expectativa de que las personas se vayan habiendo disfrutado y que eso no ocurra. La derrota se puede medir de acuerdo a las expectativas previas que tenía cada uno, hay derrotas que son numéricas y otras que tienen que ver con distintas expectativas: las que tienen que ver con quién queríamos estar siendo mientras buscábamos el supuesto triunfo. Derrota es lo que nos va a pasar constantemente, por eso tristeza ocurre cuando no logramos lo que queremos. Ahora, la frustración o el fracaso ocurren cuando no podemos ser quien queremos. Y ahí viene lo digno: hay veces que hay victorias no dignas, que solo son victorias y tienen que ver con no haber podido ser quien queríamos ser, no haber competido como queríamos. Simplemente hay victorias que se logran porque las circunstancias a las que uno se enfrentaba eran más mediocres todavía que la propia actuación que tuvimos. Y hay derrotas dignas en las que, lógicamente, hay tristeza pero hay integridad, pudimos ser quienes pretendíamos y nada más no pudimos tener una victoria numérica concreta. Hoy vivimos en un paradigma en el que somos por lo que logramos a nivel concretamente numérico, porque hay muchos más logros que esos. Entonces el paradigma es “Si lo lográs sos, si no lo lográs, no sos”. Pero hay un paradigma que lo trasciende y que genera un estadío de vida muy superior, que es el paradigma de vida de la integridad: nosotros somos por lo que declaramos y por la coherencia de acción que tenemos de acuerdo a lo que declaramos, por el compromiso que asumimos con eso más allá del logro. Hay un paradigma de éxito que se basa en conseguir todo el oro que está en juego y quien lo consiga va a ser el exitoso. Yo creo en otro paradigma: podemos sacar todos los días de nosotros y de nuestro equipo todo el oro que tenemos dentro y como consecuencia de eso, seguramente vamos a lograr ese oro que está en juego y si no llegamos a conseguirlo va a ser porque o las circunstancias u otras personas lo han logrado también o han logrado un poco más. ¿Cuántas derrotas dignas podemos soportar tener? Todas las que sean necesarias hasta que en algún momento podamos ganar dignamente o aceptar que quizás no nos toque ganar en la tabla de posiciones nunca en la vida pero pudimos sentirnos ganadores. Las personas ganadoras no son las que más ganan sino aquellas que siempre tienen más ganas y las que son capaces de ver victorias donde todos ven derrotas y ver derrotas donde todos ven victorias.

_ Teniendo en cuenta que el vínculo con Las Leonas produjo emociones particulares de ambos lados, es complicado, a veces, tomar la decisión de ponerle fin a una relación cuando no pasa un suceso adverso que genera la separación, ¿cómo pudiste tomar esa decisión y cómo lo sentiste después, una vez que finalmente pudiste soltar?

_ Qué lindo es soltar, ¿no? Uno de los valores más importantes de mi vida es soltar. Aun cuando todo va bien y en el momento en el que todavía hay posibilidad de expansión. En todos los equipos de mi vida he podido soltar mucho antes que llegue el declive y en la mayoría cuando todavía no habíamos llegado a la cumbre. Con la Selección masculina pude soltar antes de que venga el traspié de la no clasificación olímpica, porque si clasificábamos, el equipo ya sabía que yo ya había soltado porque pensaba que para que ellos logren su máximo tenían que estar conducidos por otra persona. No es que no genere dolor, porque genera tristeza e incertidumbre, pero si podemos transitar ese estadio, viene bienestar. Mi primer club como entrenador fue Los Cedros, solté en el sexto año y en el séptimo, fueron campeones. El otro club fue Ciudad de Buenos Aires, solté en el cuarto año, en el quinto, fueron campeones. Entrené a Las Leonas sin haber tenido ningún título, y ahí sí logré mis primeros campeonatos como entrenador. Y solté en el octavo año cuando todo iba muy bien pero empecé a sentir que para que vaya todavía un poco mejor, tenían que venir otras personas y no porque no tenía más ideas ni ganas, pero siempre le dí mucha importancia a la tripa porque la cabeza tiene muchas dudas y certezas, pero la tripa tiene espiritualidad porque está conectada con el corazón. Esa tripa y ese corazón le empezaron a hablar al cerebro que no entendía porque si va todo bien y los resultados se dan, ¿por qué irse si se da todo? Pero para que las chicas sigan potenciándose y creciendo, tenés que soltar. Mi sueño era que Las Leonas no sean por 4, 6, 8 años, sino por 20 años. Con las chicas de River en el sexto año, solté y al año siguiente pudieron cumplir su sueño de ser campeonas. Y ahora con Chile, estamos empezando un camino. En todos esos caminos, me fui dando cuenta con el tiempo que se trataba de procesos bambú, que mi propósito en la vida es echar raíces y la cosecha es para el universo. A veces, puede haber cosecha antes pero lo importante es darme cuenta cuando la raíz ya está consistente y darme cuenta, también, que si no le puedo dar consistencia a la raíz tengo que soltar para que alguien se la dé. Por supuesto que es lindo participar de esa cosecha pero no es lo más importante estar en la cosecha sino que la cosecha ocurra. Si me quedo en un solo lugar y no suelto, los espacios de posibilidad de raíz en el universo van a ser muy chiquitos y yo prefiero recorrerlo y que se llene de raíces.

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_ Cachito, metí gol

_ ¡Muy bien!

_ Mirá, y esta atajada es para vos

Cae la noche y los ruidos de bochazos, cesan. Solo se escuchan los gritos de un grupo de chicos que aún conserva energía para seguir practicando el gesto técnico de la pegada y busca la mirada y aprobación de la palabra autorizada. Es que a Vigil se lo ve alejado del doble discurso de varios personajes del deporte. Por eso, resulta inevitable invitarlo a comparar lo que sucede en otras disciplinas que adquirieron mayor popularidad con las experiencias en torno al hockey.  Las Leonas entrenaron en silencio y cuando llegaron los resultados, se dieron cuenta de que eso fue una consecuencia de los valores construidos. Entonces, cuando vino la fama, los cimientos eran tan grandes que fue imposible destruirlos. “Es la conexión que siempre soñé tener con los equipos, un lazo espiritual que trascienda la actividad misma. Y lo que siento es que esa conexión se ha eternizado y en vez de renegar sobre eso, prefiero disfrutar esa hermandad que se instaló por siempre”, asegura.

_ Una de las cuestiones que remarcaste en cuanto a las peculiaridades de dirigir equipos de hombres y mujeres, es que con las segundas hay que trabajar la rebeldía. ¿Cómo te enfocabas en eso y qué importancia tiene reivindicar un concepto que hoy está muy en boga como el empoderamiento de la mujer en el deporte?

_ De quien más aprendí en mi vida es de la mujer. A los 17 años cuando era un adolescente tuve la suerte de entrenar un grupo de mujeres, primero era sub 14 y sub 18 y a los 18 años ya estaba entrenando mujeres de entre 18 y 35 años. En esa etapa de la vida de formación del ser y de descubrir, que es la adolescencia, yo tuve la posibilidad de tener las mejores maestras, las mujeres. A mí me parece que la mujer siempre tuvo un poder maravilloso, que la cultura lo haya retrasado, que la ignorancia – generada por quienes no sienten curiosidad, por quienes están focalizados en permanecer en una estructura o que no revisan ni cuestionan una cultura o no realizan una introspección – lo haya retrasado, es otra cosa. El universo vivió ignorando la capacidad de la mujer, y su empoderamiento despertó un montón de preguntas en ese universo, nuevas reflexiones y relaciones. En la medida que el hombre pueda conocer su parte femenina, como la mujer, su parte masculina creo que cada vez van a tener necesidades muy parecidas. Una de las experiencias que tuve con hombres y mujeres es que a la mujer le afecta mucho el cómo y al hombre le afecta mucho el qué. ¿Qué significa esto? Que para el varón en la forma de relacionarse si el mensaje es bueno pero la forma de abordaje es mala, no lo toma mal. En la mujer si las formas de abordaje no tuvieron sensibilidad, no tuvieron detalle, no tuvieron respeto, el mensaje nunca va a llegar. Yo creo que es el momento en que se tiene que dejar de hablar del espacio para la mujer y el espacio para el hombre, va a venir un espacio complejamente maravilloso y vamos a tener que ir reinventándonos para entenderlo. Se va a tener que vencer la cultura de uno y otro, vamos a empezar a transitar un universo de pedidos y ofertas muy diferente al que estamos teniendo. Pedir no va a ser vergüenza, ser vulnerable, no va a ser una debilidad, sino al contrario, conectarnos con eso va a ser nuestra gran fortaleza. Yo recibí de mis padres dos valores que me marcaron de por vida: amor y libertad. Entonces, no se trata de adoptar una postura superior para marcarle a la mujer que tiene el poder de la irreverencia, porque es algo que ya tiene incorporado y ni como hombre o entrenador tengo nada que imponerle. Y con los equipos trato de que tengamos un sueño juntos, compartir una estrategia y dar pasos cortos, no solamente porque son más firmes sino porque permiten degustar el viaje. Las personas que van aceleradas por llegar, cuando arriban a un lugar quieren llegar a otro, y después a otro. Y cuando terminó su vida se la pasaron viajando pero no saben de qué se trató el viaje. Y no quiero que les pase eso a mis equipos. Por eso trabajo y quiero que sean irreverentes, rebeldes, sobre todo con la negligencia.

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_ En el 2000 no era el mismo panorama deportivo que ahora, no había becas, eran chicas que venían de otras provincias, que tenían sus familias allá, entonces, ¿cómo lograste transmitir tu idea de que los entrenamientos sean – como te gusta señalar – una fiesta y no caer en la rutina tediosa y rigurosa de la disciplina?

_ A mí me pasaba que cuando empecé a ser jugador y entrenador existía la libretita de asistencias e inasistencias y también existía que el que entrenaba, jugaba. Había un dicho que decía: entrenar no es lindo pero te sirve para jugar el partido y jugar mejor. Y a mí todo eso me hacía ruido, porque para mí entrenar era maravilloso y cuando uno entrenaba, vivía. Si lo único lindo estaba una vez a la semana, el sábado o el domingo, entonces todo lo que hacíamos era para vivir el sábado o el domingo y todo lo demás no era vida. Si el sábado es la fiesta durante toda la semana vos vas eligiendo la ropa, te vas vistiendo, vas viendo con quién vas a ir, vas coordinando cosas para llegar a la fiesta final. Cuando me tocó ser entrenador me propuse el gran desafío de que vivan esa fiesta de aprendizaje, de relacionamiento, de superación, de sorpresa. Entonces, me gustaba idear los entrenamientos de forma tal que nunca se repitan. De chiquitos lo que más nos gustaba era jugar, de adolescente también, y yo quería que de grande lo que más me guste sea jugar, pero jugar en serio. Me gustaba planificar metodologías en las que haya juego, en todas, porque así se podía ganar y perder constantemente desmitificando el triunfo y la derrota, empezando a comprenderla de otra manera. Me planteé que el juego sea el motor de la enseñanza, que los entrenamientos sean una fiesta de aprendizaje y sorpresa y que los fines de semana pueda ser la gran fiesta. El desafío era no tener que tomar lista y que él o la que faltase se dijera a sí misma “me perdí de la fiesta”. Entonces, si somos capaces como entrenadores de asumir las prácticas como una fiesta, va a ser muy difícil que los y las jugadoras falten salvo que estén enfermas, se hayan ido de viaje o tengan un examen. Fue así que con Las Leonas empezamos un camino de disfrute y un camino de elección.

_ Cómo entrenador,¿qué tipo de liderazgo ejercés?

 _ Yo creo en un liderazgo de servicio porque el gran líder no es el que convence a los demás, porque yo no te quiero vencer. En algún momento puedo tocar una tecla que te hizo sentido y entonces a vos te convenza de algo, pero hay que llevar adelante un liderazgo de desarrollo, donde a través de lo que hacemos vos puedas encontrar tu liderazgo interior que es el único capaz de forjar un liderazgo de equipo. No creo que sea muy líder el que se fue de un lugar y se vino todo abajo, porque el buen líder genera más líderes y genera vínculo, no dependencia. Hoy hablamos de inclusión cuando tenemos que hablar de la integración. La inclusión no creo que sea un valor porque si yo incluyo a alguien, tengo el poder de incluirlo y el otro depende de que yo lo incluya. En cambio, en la integración, hay seres que se descubren, uno le aporta a uno y el otro le aporta a otro. Sino pasa a ser lo que se llama el liderazgo de influencia, es decir, que el otro haga lo que yo quiero haciéndole creer que el otro lo quiere. Es un liderazgo de mando y control puesto de otra forma.

_ ¿Qué semejanzas encontrás entre dirigir un equipo y la docencia? ¿Se le otorga el mismo prestigio a nivel social y político al entrenador que cosecha triunfos y al docente que se planta en las aulas asumiendo una responsabilidad?

_ Para mí la docencia es todo. Vivir en docencia es vivir aprehendiendo las necesidades de tus alumnos, y de esa manera poder guiarlos en el camino del aprendizaje. He elegido vivir la vida como docente, ser un aprendiz y vivir en procesos, llámese como conductor o alumno de equipo, estar en esa condición antes, durante y después del entrenamiento de cada persona.

Siento que de la educación, la equidad, la pobreza, solo se habla en las campañas electorales pero no hay ninguna convicción en las posibilidades de erradicar el hambre, la pobreza de posibilidad laboral, de espíritu. La pobreza no la vas a erradicar de la Argentina porque no está erradicada del universo, tiene que importar mucho el ser y vivimos en una estructura a nivel mundial donde hay pobreza de otros valores que desembocan en la pobreza material envuelta hoy en una lucha despiadada para ver quién tiene más poder, dinero, territorio que el otro. La educación no es solo que los chicos se reciban, tiene que ver con la formación de un ser que tenga valores de respeto, de generosidad, de interés por la sociedad que lo rodea. Que tenga la posibilidad de formarse cognitivamente, conceptualmente, espiritualmente y relacionalmente. Ocuparse de la educación no es solo que vayan a la escuela (que por supuesto es valioso), sino qué hacemos y qué queremos que pase en la escuela. Últimamente no se está respetando el rol del docente. Educación es que haya un presupuesto, si es lo más importante, entonces debe tener asignado el presupuesto más importante, una exigencia importante y darle el valor y las condiciones al docente ante el alumno, los padres y el Congreso. Y la educación es también reflexionar y revisar qué tipos de ejemplos e información estamos dando en todos los estamentos de nuestra sociedad.

Por supuesto que no va a darse de un día para el otro, pero de un día para el otro podés darle el lugar que debe tener. Si querés que la educación sea el eje, morí por la causa, hoy no veo que se muera por la causa. Y si la educación es la base para transformar una sociedad, ¿qué estamos esperando?

 

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