En paralelo a un menemismo que caminaba consolidado e impune, un grupo de pibes emergieron por debajo de la industria del rock para contar otras historias, para demostrar su enojo, para organizarse y crear una escena propia. Mentes Abiertas fue un compilado que registró el sonido de bandas hardcore punk que venían tocando desde inicio de los ’90. A 25 años de su edición, charlamos con Christean Cabrejos (IDS – Sello Mentes Abiertas) y Marcelo Depetro (ingeniero de sonido). Este artículo es un adelanto y un resumen del material que desde el próximo lunes 28 de agosto, saldrá vía el sitio Hazlo Tu Mismx

Por Andrea Leal y Carlos Sanabria  @hayquearar

Ph Magui Pizarro


15 de agosto de 1992. El Sevilla apuraba las gestiones para contratar al Diego, pero el Nápoli aún ponía trabas. En el país corría el “alerta rojo sanitario” por la contaminación de 4.000 frascos de propóleo que hasta ese día había matado doce personas. En el teatro Arlequines en San Telmo, vacío aún, había ilusión, pero también intriga. ¿Vendrá gente nueva? ¿seremos los mismos de siempre?

_ Lucky, Christean, los presento porque creo que va a haber buena onda.

1991. El encuentro para nada casual en La Cooperativa de Villa Crespo sería el germen del Mentes Abiertas. “Tenía ganas de conocerte”, se dijeron, ambos tenían pensado hacer un compilado que reuniera a las bandas hardcore punk del momento. El único antecedente era el compilado Invasión ’88, que ya había quedado viejo.

Lucky Maggiolo, cantante de DAJ (Diferentes Actitudes Juveniles), era un petiso carismático con cara de tano, distraído, rebelde y con un sinfín de costumbres que arrastraba desde aquellas épocas en las que paraba en Catalinas Sur, un pequeño barrio ubicado en la entrada de La Boca, entre el hospital Argerich, la Autopista Buenos Aires y la calle Necochea, un rincón urbano en el que los autos no pueden pasar que supo forjarse como un oasis dentro del caos porteño.

Christean Cabrejos nació en Lima, Perú. A los 10 años se empapó de la primavera alfonsinista porque llegó con su familia al partido de San Martín, en el conurbano bonaerense. En la placita “Las Heras” de San Andrés no se cansaba de jugar a la pelota e intentar copiar algunas de las hazañas del Diego en México. Pero sus viejos se separaron y terminó viviendo con su madre en el barrio de Congreso, en la capital. Estaba solo la mayoría del tiempo, hasta que llegó a sus manos un volante de un recital punk en Cemento, que lo tenía a siete cuadras. Sería su segunda casa. Tiempo después empezaría a tocar la batería y al momento del encuentro con Lucky en La Cooperativa, marcaba el ritmo de su banda IDS (Inminente Destrucción Social).

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Christean Cabrejos (IDS – Mentes Abiertas)

En diciembre del ‘91 se volvieron a juntar en Catalinas Sur, pero el proyecto del compilado tomó vida a mediados del ‘92, ya con Federico Grillo, guitarrista de DAJ como tercera pata. En un par de meses ya estaban definidos los ocho grupos que participarían: BOD (Buscando otra diversión), NDI (No Demuestra Interés), DAJ (Diferentes Actitudes Juveniles) y EDO (Existencia de Odio) serían las cuatro hardcore, Venganza, IDS, 2 Minutos y Krisis Nerviosa, las cuatro bandas punk.

Pero faltaba plata para la edición del disco, los gastos que se venían abrumaban. Por eso se pensó en una fecha en el Teatro Arlequines, una planta alta a la que se accedía por una extensa escalera que se sostenía sobre un piso de madera del cual no estaba de más desconfiar. La mayoría de las bandas ya había tocado ahí porque a veces Zona Cyborg (ex McCarthur) quedaba chico. Tenía capacidad para 650 personas, pero nunca lo habían llenado siquiera por la mitad. ¿De dónde sacar 300, 400 personas más de las que los seguían habitualmente?

Christean era uno de los organizadores de la fecha, y ese día había llegado temprano al Arlequines. Le llamó la atención el movimiento que había alrededor, pero siguió con lo suyo. Un par de horas no podía creer que había dos cuadras de cola. Antes de arrancar el lugar estaba abarrotado. ¿900 personas? ¿1000? El movimiento dentro del teatro se hacía imposible y hasta las escaleras de acceso estaban colapsadas.

Se trató de una fecha inolvidable, un momento clave en los submundos del rock nacional, y además permitió que un montón de pibes pudieran grabar y dejar testimonio de su música por primera vez. “Mentes abiertas nos formó a todos, fue el viaje a Bariloche. Para los músicos que grabamos esos temas era lo máximo que podíamos aspirar en ese entonces. Para un mercado discográfico que se manejaba de una manera, por medio de empresas, de mucha guita, quizás el disco era un demo o no cumplía con los requerimientos de calidad cuando para nosotros era lo mejor”, recuerda Christean.

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Pero las sorpresas seguirían llegando. El estudio elegido para grabar el compilado era Tecson, donde trabajaba el ingeniero de sonido Marcelo Depetro. Sin saberlo, los músicos de esta nueva invasión se encontrarían de pura casualidad con un punk rocker de inicios de los ‘80, un fanático de los primeros Violadores, de la época en que tocaban sin tener disco en la calle, un humanista socialista que ya tenía varios años tocando y grabando: “Al verlos, me reconocí en ellos. Los pibes venían con los skates y yo había sido skater en el 81, antes de que el skate estuviera relacionado con la música. Pegamos onda inmediatamente pero fue accidental”, recuerda Marcelo, quien después del compilado grabaría a NDI (No Demuestra Interés), Fun People  y Eterna Inocencia, entre otras bandas.

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Marcelo Depetro, ingeniero de sonido.

Estarán quienes piensen que esa fecha en Arlequines fue el puntapié para el “Buenos Aires Hardcore”. O que fue la materialización de un proceso previo que venía hace años, la consolidación de un nuevo estilo. Sea como sea, ya nada sería igual. Las bandas que continuaron tocando después de la fecha del 15 de agosto duplicaron su público en las semanas y meses siguientes. Aparecieron productores, managers y caminos muy distintos para pensar el futuro. Cada vez más gente iba a los recitales, cada banda tenía sus seguidores, la prensa elogiaba una movida genuina y novedosa protagonizada por pibes de entre 18 y 20 años que creaban sellos y publicaban discos. El compilado “Mentes Abiertas” saldría a la venta cuatro meses después pero no se pudo presentar oficialmente, a las ocho bandas ya no se las pudo volver a juntar.

La repercusión, lógicamente, generó una mayor cantidad de bandas con la idea de vivir de la música y una mayor cantidad de público que, al encontrarse con tantas bandas nuevas, comenzó, a su vez, a subdividirse. El hardcore había crecido de más, se había vuelto una moda.

Christean sonríe ante las paradojas que atraviesan su mente. Piensa que la parte más visible del hardcore que estaba en contra del cambio de NDI hoy es solo una caricatura. Piensa que él formó parte de una movida cultural que no volvió a producirse a nivel participativo, porque ni la escena alternativa que era una réplica del grunge y estaba manejada por productores, ni el hip hop free style que habla de unidad y respeto pero concluye en una batalla de egos, pudieron emular lo que se generó en el hardcore. Piensa en las noches en Estados Unidos en las que Los Ramones metían 300 personas mientras que en Arlequines el hardcore local convocaba a mil. Piensa que las bandas posteriores no pudieron siquiera llevar 50 personas porque no tenían una idea clara. Los números no le cierran, toma un mate y prefiere creer que hay fenómenos que todavía nadie puede explicar:

_ Buenos Aires es un lugar extraño en el mundo.

 

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