Para las personas con acceso a internet, las redes sociales juegan un papel importante a la hora de conocerse y construir una imagen sobre el resto. Pero, ¿qué hay de real en esas fotos y movimientos virtuales que se publican en las redes? ¿De qué manera los parámetros de belleza socialmente legitimados influyen en esa construcción? Crónicas de amor y seducción en la “era de la virtualidad”.

Por @fanusantoro


“Reconozco que soy como el prójimo me ve.”

“Soy mi ego para el otro en medio de un mundo que se derrama hacia el otro”.

Jean Paul Sartre

El celular de Fernanda marca un fueguito. “Hice match”, piensa. Micaela espera del otro lado. “Hola”, le escribe Fer, casi enseguida. Después de varios días de hablar por Whapsapp, un martes decidieron verse 5 minutos a fumar un pucho en el break de sus trabajos, que se encontraban en la misma cuadra. “Flasheamos de una”, recuerda hoy una de ellas. Volvieron a verse un par de días después y, hace ya un año, están construyendo una pareja. “Creo que lo más importante de esos primeros momentos en los que conectamos fue mostrarnos de manera natural, tal como somos, y así evitamos llevarnos cualquier sorpresa”, resume Fernanda.

Aunque no lo conocía personalmente, Mariana sabía que le encantaba Rodrigo. Solo lo tenía de “amigo” en Facebook y usó una estrategia para encararlo. Le escribió por Messenger: “Hola Ro nos juntamos mañana en casa a las 7 para el trabajo de la facu”. Y al toque le dijo: “uy perdóname me confundí, le quería escribir a mi amiga y en la lista de nombres estabas arriba de ella”. Después de unas risas cómplices empezaron a conocerse, aunque Mariana ya sabía bastante sobre él porque ya había stalkeado todo su muro. “Busqué amigxs en común, vi sus fotos, investigué a que se dedicaba y especialmente hice un rastreo de su recorrido ideológico, porque es muy difícil cogerse a un macrista”, cuenta Mariana. Unos días después de la primer charla lo invitó a una actividad organizada por la agrupación donde ella militaba, y se dio cuenta que era un poco más lindo en el muro de Facebook. “Los filtros pueden hacer maravillas”, dice hoy al recodar aquel encuentro cara a cara.

Sean fugaces o duraderas, un garrón o más felices, hoy en día, gran parte de las relaciones sexo afectivas de quienes poseemos fácil acceso a internet suelen iniciarse con una conversación a través de alguna plataforma de mensajería instantánea. Desde el surgimiento de las salas de chats hasta las nuevas aplicaciones para celular y las redes sociales en general, el mundo virtual nos brinda la posibilidad de conocer personas y mostrarnos ante ellas desplegando todos nuestros encantos.

Juan 3-16 (NVI) (1)

Internet se convierte en una góndola virtual donde podemos elegir y contactar a esas personas con las que nos gustaría pasar una noche, días, meses o años. Antes de concretar una primera cita cara a cara con alguien, saltamos de inmediato al famoso “stalkeo” (espiar) con el fin de obtener algo, todo lo que se pueda, de esa persona. Mediante fotos, publicaciones y comentarios que se realizan en las redes sociales, construimos una imagen, preconceptos, una idea de cómo creemos que son de acuerdo a como se exhiben en las redes y como, a su vez, deseamos que sean.

Identidades

Las identidades cobran significado a través de la mirada ajena, de ella se valen y sobre ella se desarman y transforman. Pero en internet estas miradas no nos conocen realmente. La importancia de las redes sociales radica en que sirven para mostrar nuestra identidad y personalidad, en ellas depositamos pensamientos, deseos, compartimos aquellos contenidos que nos identifican y buscamos el reconocimiento de lxs otrxs.

Valeria descargó Tinder en su celular sin un objetivo claro. “Conocer pibes, pasar el rato, no sabía bien que buscaba, pero tenía intriga y una amiga me convenció para que lo probara”, admite. Así conoció a Esteban, músico, director de orquesta, y docente. Un día quedaron en encontrarse cerca de la casa de Valeria para ir a tomar una birra. Sus fotos no coincidían con la realidad y, luego de algunas frases políticamente desafortunadas y un plato de papas fritas, ella decidió no volver a hablarle.

Pablo estaba saliendo de una relación y vio a Alejandra por primera vez en una fiesta. Después de su separación, la buscó por Facebook, le habló, se vieron dos veces y tuvieron sexo. Sin embargo, dice preferir un encuentro real para encarar a alguien, cree que lxs millenials no son tanto del cara a cara y, a sus 37 años, sabe que ahora se pasan el Facebook antes que el teléfono.

La imagen que construimos del otrx a partir del mundo virtual puede tener un mayor o menor grado de cercanía con la realidad. Lo único que es seguro es que dicha imagen, no existe. Patricia Mouzo, abogada y psicóloga especializada en Psicoanálisis vincular, asegura que “en el lenguaje de pantallas, parte de la cultura de la simulación que nos envuelve, se erosiona la frontera entre lo virtual y lo real, lo público, lo privado y lo íntimo, se superponen y confunden, convirtiendo un Yo singular en Yoes múltiples”.

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Más allá de un álter ego, en el mundo virtual podemos crear identidades ficticias, ideales, casi perfectas. Las redes nos permiten crear artificios, dejar ver tan solo lo que deseamos que sea visto. Pero, ¿qué hay de real en todas esas imágenes y movimientos virtuales que realizan las personas? “En las redes somos sujetxs sin sentidos. Nadie conoce a nadie desde lo real”, responde, concreta, Mouzo. Nuestra imagen, que lxs otrxs construyen a través de las redes sociales, se basa en representaciones sin significados reales, “un escenario de miradas que ha disparado la proliferación de la web, sin potencial real de significarse”, agrega.

Discriminación y estereotipos                                                                                          

Gastón es usuario de Grindr, una aplicación exclusiva para hombres homosexuales y bisexuales, donde juega mucha importancia la apariencia física. En Grindr se define el peso y la altura, se fabrica una identidad, una bio que le permita a uno ser “deseable”. El mismo, dice, que ha caído en esas lógicas sin darse cuenta, y ya hoy consiente cree que estas aplicaciones “muchas veces hacen que se idealicen ciertos cuerpos y se descarten otros”. Un síntoma de la época en la que vivimos es que se otorga una excesiva importancia a la imagen estética de la que se desprende el culto al cuerpo ajustado a los parámetros de belleza socialmente legitimados, como si nuestra felicidad dependiese de ello.

Las personas que no encajan dentro de esos estereotipos, en especial jóvenes con personalidades más débiles, son el blanco fácil para todo tipo de discriminaciones. “Las redes son vehículos privilegiados para canalizar – entre jóvenes –  la agresión. Estas nuevas formas de relacionarse están cargadas de contenidos violentos donde el discurso que se produce, lejos de generar comunicación y encuentro, vehiculiza descargas agresivas que se enmascara en la letra, y se esconde atras de palabras”, explica Mouzo. El acto de agredir o dañar verbalmente a una persona a través de una plataforma de internet, conocido como ciberbullying (acoso virtual), causa los mismos daños que el que puede sufrirse en cualquier espacio social.

Los estrictos cánones de belleza impuestos en el mercado de consumo, los medios masivos de comunicación, las publicidades y las pasarelas se trasladan a las redes y ejercen mayor presión en mujeres que en hombres, tal como explica Mouzo, que afirma: “Son las jóvenes, las más vulneradas, las más agredidas, los estereotipos femeninos son muy fuertes y los modelos “idealizados” hace que queden excluidas muchas chicas que se ven diferentes, y eso trae conmociones en sus vidas. Cuerpos jóvenes esbeltos que responde a mandatos culturales, de época, donde la exigencia de la perfección lleva, en algunos casos, a trastornos de la personalidad”. Artistas, deportistas, cantantes y personas que poseen una imagen pública fuerte se convierten en referentes y transmiten un mensaje que posiciona al físico como la salvación, haciendo ostensible su culto al cuerpo a través de sus redes sociales.

Ilustración de Carol Rossetti
Ilustración de Carol Rossetti

Florencia conoció a su actual pareja por una red social llamada OK Cupid, una página en la que te hacen preguntas y a partir de las respuestas calculan un porcentaje que podrá corresponder a “amistad”, “enemistad” o “pareja”. No es una cita a ciegas: por supuesto que hay fotos, aunque ella se interesó más en las respuestas de su posible “pareja” que en las imágenes que mostraba. Ella, como muchxs, en una oportunidad fue rechazada por sus fotos: “Yo suelo ser sincera con respecto a mi cuerpo y lo que le pasó. Soy gorda, tuve una hija, me tiño el pelo de colores, tengo tatuajes y mucha gente rechaza de plano ese tipo de nociones. Pero en general me relaciono con gente en el plano más intelectual”.

Esas pretensiones por alcanzar un cuerpo perfecto presentada a través de la exhibición de imágenes inducen a las jóvenes a verse extremadamente delgadas, desencadenando trastornos de alimentación como bulimia y anorexia y discriminación social hacia aquellas que no cumplen con los parámetros de un cuerpo posible de ser deseado. Alba Carosio, filosofa y Doctora en Ciencias Sociales, explica: “El cuerpo se convierte en el referente más importante de la propia identidad que homogeneiza valores a falta de otros de diferente naturaleza. Se asocia con felicidad, éxito, estatus social y autoestima, y la relación de autoestima con imagen corporal es motivo y fuente de angustia. El deseo de alcanzar el modelo ideal y la imposibilidad de lograrlo provocan un conflicto entre lo ideal y lo real, que es más fuerte en las mujeres que en los hombres”.

El mundo virtual brinda un sinfín de posibilidades a la hora de mostrar nuestra personalidad. A partir de las huellas que dejamos en las redes sociales, lxs otrxs construyen nuestra imagen, que es aproximada, incompleta, insegura, no verídica, a confirmar. En las redes podemos ser aquello que somos, lo que no somos y lo que deseamos ser, reproduciendo o cuestionando los parámetros de belleza socialmente legitimados. En definitiva, el contacto presencial continúa siendo aquel que nos permitirá constatar la veracidad de todas esas formas posibles de ser en las redes para poder afectarnos con sujetxs reales.

 

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