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El comienzo de la década del ‘90 estaba atravesado por una serie de interrogantes: ¿Qué sucederá a partir de la reunificación de Alemania? ¿Cuál será el saldo de víctimas en la Guerra del Golfo? ¿Quién ganará el Mundial de fútbol en Italia? ¿El grunge desatará una ola de líricas de descontento, desarraigo e inconformidad?  Y, por supuesto, “¿Quién mató a Laura Palmer?”. 25 años después, el regreso de Twin Peaks a la televisión es uno de los eventos más esperados del año, en el cual miles de fans buscarán apaciguar la nostalgia y satisfacer la sed de resolución. A dos meses del estreno de la tercera temporada, un repaso por la trama que marcó un antes y un después en la ambición artística sobre la que se cruzan el incesto, el narcotráfico, el Tibet, el infierno contemporáneo y la lucha ancestral del bien y el mal.

Por Andrea Leal / @bbelicosis


El agente Dale Cooper sostiene su infaltable taza de café en uno de los abundantes desayunos con el policía local Harry. “¿Sabes de dónde vienen los sueños?”, le pregunta a su colega. Sin darle lugar a la respuesta, explica que neuronas de acelticolina disparan impulsos de alto voltaje al lóbulo frontal. Estos impulsos se vuelven imágenes y estas se convierten en nuestros sueños, “pero nadie sabe por qué elegimos esas imágenes en particular”, dice.

Cooper no es exactamente un racionalista, pero hay un componente perfectamente racional en su método intuitivo: la certeza de que gran parte de nuestra realidad cotidiana esta más allá de toda comprensión. El mundo según Cooper no es el tan mentado “universo de los sueños” de David Lynch. Sin embargo, en sus palabras hay un lazo con la impronta de las obras de este director: no se trata de juegos oníricos armados sobre un trasfondo vagamente argumental sino de sórdidos casos de crímenes, violación y otras formas de abuso, de temas que son imposibles de completar.

Cooper les explica el funcionamiento del sueño – y de su propio método detectivesco – a Harry y a su asistente la mañana posterior a la del revelador sueño del Cuarto Rojo, escena memorable en la que una mujer idéntica a Laura Palmer le cuenta al oído quién la asesinó. “El sueño es una clave a descifrar. Descífrala y resolverás el crimen”. Así, quienes siguieron a Twin Peaks devoraron los 22 capítulos de la segunda temporada con el impulso de completarlo todo y la posibilidad de descubrir que en el método Cooper se alojaba una clave a ser descubierta: el secreto para resolver el enigma de David Lynch. Y, a diferencia de lo que muchas personas creían, esa clave no se cifraba alrededor de cosas maravillosas, sino en elementos perfectamente mundanos, materiales, cotidianos: el café y las donas.

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El eterno retorno

La reina de la belleza de una ciudad ficticia de Washington, colmena de 51.201 habitantes, aparece muerta, envuelta en una bolsa de plástico, luego de haber sido violada y torturada. Un sagaz agente de FBI viaja a estas coordenadas para resolver el misterio utilizando métodos no ortodoxos como la meditación, la sabiduría tibetana y la interpretación de los sueños. Desde su última temporada, la historia dejó apenas hilvanadas algunas teorías y generó en su audiencia una insaciable sed de resolución.

 El problema es que el afán de completarlo todo no es correspondido. Esa necesidad ha quedado insatisfecha durante 25 años, como suele pasar con la mayoría de las obras de Lynch. El asesinato en sí queda resuelto a la mitad de la temporada, pero “¿Quién mató a Laura Palmer?” deja de ser el verdadero interrogante de la historia de este pueblo chico en la que todos están más o menos involucrados dentro de una red oscura pero apenas secreta de narcotráfico y prostitución.

 Al empezar a escribir la serie, ni Lynch ni su co creador, Mark Frost, tenían la intención de que el asesinato de Laura quedara resuelto. Un día, mientras pasaba por la zona de equipaje de un aeropuerto, Lynch escuchó a una mujer decirle a sus amigas: “Espero que resuelvan pronto ese crimen, ya me estoy cansando. Creo que mucha gente hizo presión sobre ABC para que se resolviera porque sentían que los estaban embaucando”.

 En junio de 1991, el canal emitió el último episodio de Twin Peaks, un torbellino de hora y media que tuvo asombrosos niveles de audiencia. Un año después se estrenó “Twin Peaks, fuego camina conmigo”, la película precuela que tampoco terminaba de resolver nada. Algunos años atrás, David Lynch explicó que la serie es parte de un relato que sigue de manera perpetua: “El problema es que la historia continua en mi cabeza y en la de Frost. Yo vuelvo a visitar Twin peaks en mi cabeza. En cierto modo es frustrante porque hay muchas pistas y líneas que deben ser recorridas, pero de alguna manera es bueno haberlas dejado ahí afuera porque no han sido resueltas y hay más hilos sobre los cuales seguir soñando”.

 Está pasando de nuevo

 Una imagen icónica sobre el final mostraba a la joven asesinada diciéndole al agente especial Cooper: “Te veré en 25 años”. La profecía finalmente se cumplirá este año y Laura Palmer y los habitantes de ese limbo de terciopelo rojo buscarán revancha. Frost y Lynch exhuman este relato polifónico, donde aun queda tanto por decir, a través de la cadena Showtime, que emitirá el próximo 21 de mayo en Estados Unidos la tercera temporada. Será el comienzo de 18 capítulos de una hora cada uno, bajo el lema “25 años después, está pasando de nuevo”.

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“Todos matamos a Laura Palmer”, grita Bobby Briggs (Dana Ashbrook) en el funeral de su novia, en una escena donde la lente se posa en todos los sospechosos del asesinato pero también en los culpables de otros delitos, desde la indiferencia hasta el abuso. Gran parte del misterio y la magia de Twin peaks se sustenta en la binariedad de personalidades salvajes, violentas, torturadas y sensuales, desde la agente travesti que interpretó David Duchovny hasta la nasal secretaria que compuso Kimmy Roberston, el monstruoso Ray Wise o la bondad del doctor Hayward interpretado por Warren Frost, padre del autor.

Según lo revelado, para este regreso está asegurada la presencia de la mayoría de los actores del elenco original: Kyle Maclachlan, Sheryl Lee, Laura Dern y David Duchovny continuarán interpretando sus personajes. Además, se sumarán Naomi Watts, Ashley Judd, Michael Cera y Monica Bellucci. Por otro lado, luego del fallecimiento de la actriz Catherine Coulson, quien era “La dama del tronco”, surgió la incógnita de quién la reemplazaría. Según se difundió, Lynch ha rodado algunas escenas mientras la actriz seguía con vida, por lo que aparecería en esta nueva temporada a diferencia de Frank Silva, el villano Bob, y Jack Nance, Pete Martell, que murieron hace años.

Entre las ausencias más llamativas están el actor Michael Ontkean, quien declinó volver a ser el sheriff Harry Truman al estar retirado de la actuación. Será reemplazado por Robert Forster, primera opción que tuvo Lynch para ese papel. También se extrañará a Michael Anderson, quien interpretaba al Hombre de Otro Lugar, personaje clave y mítico de la serie, y a Lara Flynn Boyle, la mejor amiga de Laura.

Finalmente, el mismo David Lynch retomará su rol del agente Gordon Cole, jefe de Cooper, como se lo puede ver en un anticipo saboreando una dona. Ahora habrá otra protagonista femenina, una agente del FBI a quien Cole le pide que revea una caja de frondosos archivos de Twin peaks que alguien les ha hecho llegar. La agente deberá averiguar que pasó con Cooper, que lleva desaparecido un cuarto de siglo.

Cada detalle que se revela se festeja como si fuera una noticia de gran impacto tal y como ocurrió con la difusión de un nuevo teaser en el cual aparece el maestro Ángelo Badalamenti, encargado de la cortina y tema instrumental de apertura que hoy ya es un clásico, interpretando una nueva composición a la que se le sumará una partitura de Eddie Vedder.

El efecto Lynch

Una extensa fila de personas desemboca en el último piso de la librería Union Square. Se trata de miles de fans de Twin Peaks que desean que sus ejemplares de “The secret story of Twin Peaks” tengan un autógrafo de su autor, Mark Frost. En una presentación muy concurrida, Frost da a conocer un libro donde, a modo de archivo y de diario, se hunde en las historias mínimas y subterráneas que tejen este universo único y en aquello que les ocurrió a los personajes durante los últimos 25 años.

En otro lado del mundo, hay quienes organizan un festival anual en honor a la obra, mientras en grupos de debate en las redes sociales se comparten tesis y estudios académicos sobre la serie o cuestiones que no abordan ningún tipo de análisis, como un sorteo de la cadena Showtime para visitar la casa de Laura Palmer el próximo 16 de marzo. Claro que son miles y miles los tweets que se envían para recorrer esta localización de culto.

¿Por qué tanto revuelo? ¿De qué se están perdiendo, entonces, quienes no entienden por qué tanto fanatismo? Bueno, probablemente del único experimento que la televisión no se animó nunca a repetir.

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En un momento de la primera temporada el agente Cooper dice: “No tengo la menor idea de a dónde nos conducirá todo esto, pero tengo la firme sensación de que será un lugar tan extraño como maravilloso”. Exactamente de eso fue capaz la serie, de dejar al público como Homero – frente al televisor viendo Twin Peaks – en aquel episodio de Los Simpson: “¡Brillante! No tengo la menor idea de lo que me están contando”. En los ’90 se veía Twin Peaks sin saber sobre qué se trataba, de dónde venía y hacia dónde iba. Pero era, sin dudas, un lugar maravilloso.

David Chase, el creador de Los Soprano, aseguró que jamás hubiese podido realizar la serie si no hubiese existido antes Twin Peaks. La obra de Lynch fue un virus con un poder contagioso tan alto como sutil, influencia que puede percibirse en otras producciones. Series como The X- files, Wiseguy, Six feet under, Buffy, Due South, entre otras, se han beneficiado de la arbitrariedad argumental, el nonsense, la anarquía e improvisación que derribó las barreras del guión con principio, nudo y desenlace.

Incluso muchas series actuales comparten un punto de partida: una adolescente desaparecida o muerta y el personaje del detective que se involucra en un caso que toca sus fibras más íntimas. Y, en definitiva, el entorno típico de pueblos chicos con infiernos grandes. “¿Quién mató a Rosie Larsen?” es el eslogan de la serie The killing. ¿Les suena?

Después de Twin peaks, ciertos shows televisivos grabados mucho antes parecen influidos en reversa, en especial las viejas sitcoms y todas las telenovelas y series con nombres de lugares como Peyton Place o Falcon Crest. De eso se trata el efecto Lynch, de mostrarnos que no hay nada más extraño que lo normal.

Twin Peaks está relacionada con la confianza en el poder del subconsciente. Lynch se interesó principalmente en el lado oscuro, lo desconocido, lo temible, y la serie condujo a una controversia sobre la violencia: “Estoy cansado sobre la perpetua discusión sobre la violencia en mis films. La violencia existe en nuestro mundo y hay que mostrarla. Quienes solo quieren hablar de las alegrías de la vida y del arte de cosechar cerezas no deberían hacer películas o series. Por eso es que Twin Peaks está dirigida a un público con un sentido de humor macabro”, señaló Lynch en una entrevista.

La crítica no tardó en reaccionar: ¿Es un policial? ¿Es un culebrón? ¿Una historia de terror? El adjetivo ‘bizarro’ era la muletilla más recurrente para una historia que mezclaba lo sobrenatural con el infierno de pueblo chico. En este relato especular donde son dos los picos nevados, donde hay dos damas idénticas, existen dos mundos paralelos – vigilia y sueño – y son dos las dimensiones donde, de modo explícito, el espejo sirve para revelar el doble o la oscuridad de algunas personas.

Twin Peaks es una historia de pasiones exacerbadas pero también una reflexión sobre el mal que habita en cada uno de nosotros. Es un pueblo que sabe a donas y tarta de cereza, que huele a pino y a café, pero se encuentra rodeado de lugares sombríos y aterradores.

¿Debíamos resignarnos a seguir tomando café negro e ingiriendo azúcar? ¿O leche caliente para conciliar una entrega profunda al inconsciente, como lo hace Cooper? No. No queríamos confiar en que a la noche, durante el sueño, se nos presentara alguna clave para entender el mundo, sino tan solo un par de capítulos más que nos ayuden a descifrarlo.

 

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