Entrevista/Feminismo s

Claudia Korol:“Un varón puede intervenir en la lucha feminista si renuncia a sus privilegios, pero es muy difícil que eso pase”

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Su mirada llega de abajo, desde la base. Y sonroja, enmudece, porque se trata de un feminismo que construye en espacios que debieran ser para la libertad, pero que reproducen la historia de los dominadores. Derrocando a Roca entrevistó a Claudia Korol, quien recupera su labor de más de 20 años de militancia, pero que también opina sobre las consecuencias del “tetazo”, la trascendencia política del Paro de mujeres del 8 de marzo y critica al “posmodernismo academicista” y las disputas dentro del feminismo: “Es muy sencillo estar entre las que pensamos parecido pero para cambiar la sociedad y cultura patriarcal hay que salir cada una de sus certezas y verdades”

Por Estefanía Santoro @FanuSantoro

Audiovisual: Cami Rojas


Claudia sonríe al hablar, se expresa lento y con pausas, se toma el debido tiempo y usa las palabras justas, palabras cargadas de afecto y solidaridad, esas que nos ayudan a crear lazos de compañerismo y otros modos de relacionarnos sanamente. Korol es educadora popular desde hace más de 20 años y trabaja en el interior de diversas organizaciones para deshacer las costumbres patriarcales y la violencia machista.

Recuerda una situación en el Chaco, donde era difícil pensar la participación de las mujeres dentro del movimiento del que formaban parte. Todas ellas tenían una gran sobrecarga de trabajo en sus casas, con 8 hijxs o más. Al momento de organizar sus actividades, los integrantes del movimiento no tenían en cuenta esta situación, por lo que el lugar designado para ellas era el mismo que en su casa: la cocina y tareas de limpieza. En el espacio que debía ser un lugar de militancia se terminaba reproduciendo el lugar de la mujer en la casa.

De eso nos habla Claudia, de las formas de opresión visibles, pero también de las otras, las solapadas e indirectas que inconscientemente se encuentran legitimadas producto de las imposiciones que profesa el sistema de supremacía del hombre sobre la mujer: “No es que había leído a Simone De Beauvoir y pensaba como aplicarlo en la cotidianeidad, sino que empezamos a entender juntas que era el patriarcado. La violencia que sufrían mis compañeras no era un caso aislado, sino que era un sistema político de opresión, luego empezamos a entender que ese sistema de opresiones fortalecía al capitalismo. El trabajo que las mujeres hacemos pensando que es por amor es un regalo que le hacemos a la burguesía. Así era como lo discutíamos”.

Antes de reconocerse feminista comenzó a dialogar con sus compañeras acerca de estas situaciones para buscar otras formas de participación posibles: “Yo misma, que no era feminista, tuve que explicar que era lo que pasaba porque, a su vez, había casos aislados de violencia que sufrían algunas mujeres y si se tenían que ir de la casa teniendo diez hijos, sin un trabajo reconocido, era imposible. Lo mismo pasaba en los casos de las jovencitas que eran madres. Me acerqué a buscar respuestas de por qué sucedía eso”.

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En su trabajo en defensa de los derechos de mujeres, lesbianas, travestis y trans, también se encontró con la resistencia de sus propios compañeros de militancia. El feminismo le dio respuestas, herramientas para desmantelar esas estructuras de poder masculino dentro de las organizaciones donde ella y sus compañeras participaban.

_ ¿Cómo se trabaja con los varones la violencia machista en el interior de la organización?

_ Nosotras le planteamos: ustedes son anti capitalistas, pero aceptan que se regale el trabajo delas que consideran sus mujeres. Tratar de resolver esas injusticias nos costó mucho porque implicó descubrir y debatir que al interior de nuestra organización había prácticas machistas y patriarcales. Cuando en los talleres discutíamos la familia como lugar de reproducción de las opresiones de las mujeres, llegamos a la conclusión de que paralelamente a la lucha anticapitalista había quedar una lucha al patriarcado. Todo esto fue hace 20 años. Recuerdo que el Frente Darío Santillán, por ejemplo, asumió un debate desde el espacio de mujeres para que toda su organización sea antipatriarcal y lo logró, fue un cambio muy importante. Igualmente que una organización se defina como antipatriarcal, no significa que lo sea en su práctica. Hay que debatir qué pasa con el trabajo: Que la organización de actividades políticas no signifique cuadriplicar la jornada de trabajo de las mujeres, porque a la jornada de trabajo afuera de la casa,tenemos que sumarle la que hacen dentro de la casa, en el movimiento y no se resuelven las demás inequidades. Nosotras queremos ser protagonistas de la historia, pero hay costos personales, estrés, cansancio, la relación con los hijxs, y además hay temáticas que no terminamos de abordar, como por ejemplo,una maternidad que no reproduzca una cultura patriarcal y construya una educación de niñxs como jóvenes libres.

_ ¿Cómo vivís esa situación a nivel personal?

_ Es muy costoso. En mi caso, con una hija de 20 años que empieza a salir a los 14 o 15 años, ¿cómo hacer para no tener o no transmitirle miedo? Cómo hacer para que se sepan cuidar, cómo educar no en el miedo sino en la libertad, pero sin ingenuidad.Esas son cosas que nadie nos enseñó, porque en general lo que se enseñó es que la madre tiene que cuidar y proteger, pero a través del miedo. Son temas no hablados, como tampoco es hablada la sexualidad, por ejemplo, y a veces parecería que es algo secundario, que nos distrae de las grandes luchas. Pero muchas de las opresiones se resuelven en la cama y en la falta o no de soluciones y políticas del deseo, y así hay un montón de cosas que se abren como nuevas y posibles para seguir pensando.

_ ¿Cómo es la enseñanza que imparten en los espacios de militancia las organizaciones populares de las que participas?

_ No tenemos una gran sistematicidad en la propuesta pedagógica. Se trata de reintegrar todo lo que disoció el sistema educativo, religioso y cultural. Se ubica al cuerpo en la vida, porque la escuela lleva a disociar lo que es el cuerpo del pensamiento y de los afectos, porque sino te convertís en un chico o una chica conflictiva. Y el cuerpo es el primer territorio para las mujeres donde se sufren todas las opresiones,pero al mismo tiempo donde está la fuerza y la energía para la resistencia y para la construcción de algo diferente. En nuestros talleres sobre la corporalidad tratamos de identificar las marcas que las opresiones nos van dejando, nuestra subjetividad como parte de nuestra corporalidad. Y a partir de la identificación de esto, pensar cuáles son nuestras heridas, nuestros dolores, la historia de cada herida porque a veces no es una herida que me hicieron a mí, es una herida que le hicieron a mi mamá, a mi tía, también está bueno reconocer esa genealogía de la que venimos, por eso se establece una pedagogía del afecto en cierto punto. Del encuentro de los cuerpos, del abrazo, de la solidaridad, distintas dimensiones que van haciendo a una centralidad de las personas individual y colectivamente.

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_ Ante el paro de mujeres del 8 de marzo, hay sindicatos que no adhieren, como el caso de la CGT, o que no se movilizan para que las trabajadoras puedan hacerlo y así evitar que les descuenten la jornada. ¿Qué opinión tenés sobre el tema?

_ Es un paso importante que las mujeres de las tres centrales sindicales hayan resuelto marchar juntas, algo novedoso para la historia. Pero efectivamente, las conducciones de las centrales no tienen una actitud coherente y no me asombra en absoluto. Se trata de la burocracia sindical,la que no defiende los intereses de los trabajadores masculinos, menos los de las mujeres. No tienen ningún interés, está formada para parar la lucha y la movilización, sino no se puede explicar que hasta ahora no haya habido un paro contra Macri. Ya no digo las mujeres, sino un paro general. Estamos perdiendo derechos sociales todos los días. Me alegra que el primer paro nacional a Macri se lo hicimos las mujeres.

_ ¿Qué opinás de la participación masculina en el paro de Mujeres?

_ No me interesa que los varones participen. Es un paro que no solo abarca las tareas sindicalizadas productivas sino también las tareas que los sindicatos jamás quisieron reconocer ni visibilizar como es el trabajo de las mujeres en las casas, porque sindicalizan a la trabajadora doméstica, a la empleada, pero el trabajo que las mujeres realizan en general no solo nunca lo tuvieron en cuenta, sino que han imposibilitado que eso sea considerado trabajo. Y el trabajo de las mujeres trabajadoras rurales que están toda la jornada cuidando la tierra, plantando, sembrando, cuidando a los animales, no tiene ningún tipo de reconocimiento a pesar de que un alto porcentaje de lo que comemos lo producen las trabajadoras rurales. No me interesa que los varones y menos que los burócratas se llenen de protagonismo. Claro que también hay mujeres burócratas, por eso está bueno que también las mujeres que salimos a las calles las identifiquemos como parte del sistema político de dominación.

_ ¿Consideras que la creación de nuevas leyes o el aumento de penas en caso de cometerun femicidio o un travesticidio ayudaría a disminuir la violencia machista?

_ Es un debate difícil. El castigo no resuelve el problema si no hay educación y si no hay un cambio de sistema estructural. Pero nosotras queremos que estén presos y en cárcel común los militares genocidas, también los asesinos materiales e intelectuales de Darío y Maxi, de Carlos Fuentealba, de Marta Cáceres y luchamos por eso. Si no hay ningún tipo de sanción mientras luchamos por cambiar la sociedad, se fortalecen los mecanismos de impunidad. Con los femicidios sostengo lo mismo, porque sino hasta ahora lo que había era un “crimen pasional” o uno que “se volvió loco por amor”. Haber puesto la figura del femicidio como parte de una figura de violencia específica y sistemática es visibilizar el patriarcado. Así como el “Nunca más” y el juicio a los genocidas es un “basta” a la política de violencia histórica con la cual el sistema capitalista construyó su acumulación de capital  y poder, este tipo de medidas sin resolver, sin ser la solución, es nuestra forma de decir basta a esa impunidad de la que gozan los femicidas. También sabemos que hay una respuesta más violenta a veces, mandamos a uno preso y hay cinco crímenes más al día siguiente. Ningún sistema cae porque el opresor se rinda, tampoco el patriarcado. Eso genera un conflicto mayor porque nos atraviesa, están en nuestras vidas, son parejas, hermanos, padres, hijos y vienen con el discurso del amor, entonces los medios de comunicación lo acentúan en ese sentido. La única manera de que un varón pueda intervenir de algún modo en esta lucha es renunciar de verdad a sus privilegios y es muy difícil que eso pase porque hay una corporación de varones que se favorecen, que se encubren desde los tribunales y desde la policía.Esos mecanismos hay que desarticularlos, lo cual implica una batalla muy grande.

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_ ¿Qué opinas de las feministas que se resisten a incluir y apoyarla lucha de las travestis y trans?

_ Lohana Berkins fue la primera que plantó ese debate en Argentina. Tenía mucho que ver con un feminismo biologicista, que identificaba la ideología con el cuerpo de mujeres. Las travestis y trans sufren las heridas de la sociedad patriarcal y no hay ninguna contradicción en que sean parte de la lucha feminista. En lo que no estoy de acuerdo, que tienen que ver con posiciones posmodernas, es que en pos de esa inclusión de otras identidades se diluya o cuestione el lugar de sujeto mujer porque es parte de la hegemonía binaria, como el caso de algunas lesbianas que no se identifican como mujeres. Por lo menos en los grupos populares, la mayoría de las mujeres no tienen conciencia de las opresiones como mujeres siquiera, entonces plantear que ahora nos vamos a olvidar del género, a des-generizar cuando todavía no llegaron a asumir la identidad como mujeres o lo hacen de manera muy precaria, como una naturalización “esto nos toca porque nacimos mujer”, genera una tensión muy grande. Sacar esa identidad de grupos populares debilita la posibilidad de construir un feminismo radical antipatriarcal, y hasta llega a conectar, finalmente, con la idea de “somos más o menos lo mismo, esto está superado…”. Esa lógica está atravesada por el impacto de la cultura académica posmoderna.

_ Luego del “tetazo”, salieron a la luz críticas muy fuertes, sobre todo de mujeres qué cuestionaban el feminismo y sus métodos de lucha ¿Qué estrategias como feministas podemos emprender para acercarnos a quien no siente aún la lucha feminista?

_ Si tuviese la respuesta creo que estaríamos felices. Hay dos cosas que son claves: por un lado está la importancia de unir fuerzas para una lucha contra un sistema como el patriarcal que es inmenso. Pero por otro lado, hay una parte de la cultura hegemónica que nos ha enseñado que lo de las mujeres es la pelea, la disputa, y a veces eso, inconscientemente se traslada incluso al feminismo. Si estudiás la historia del feminismo vas a encontrar a las autónomas contra las institucionales, las académicas y las populares. Es muy sencillo estar entre las que pensamos parecido pero para cambiar la sociedad y cultura patriarcal hay que salir cada una de sus certezas y verdades, no para no creer en ellas sino para pensar que podemos dialogar y generar redes en función de una batalla que es muy compleja. Podemos conservar el sentido de pertenencia, de identidad, de convicciones y a la vez tejer relaciones que no sean de competencia, porque la competencia nos la están imponiendo. Para esto hace falta una educación popular feminista, no para ser más buenas sino para ser revolucionarias, derrumbar las estructuras patriarcales, las que están claramente visibles en la corporalidad y la acción de los varones, pero también las que atraviesan nuestras propias prácticas feministas.

_ ¿Te encontrás en tus espacios de militancia con mujeres que no se sienten representadas por el movimiento feminista?

_ Hay compañeras que se organizaron, por ejemplo, en los movimientos piqueteros. Primero se asumieron en una asamblea de mujeres y después empezó el debate sobre si eran o no feministas. Incluso iban a los encuentros nacionales de mujeres y decían que no lo eran o que no luchaban por esas cuestiones. Mi hija, por ejemplo, no se asumía feminista hasta que de a poco me empezó a preguntar cómo se hace un aborto con pastillas o determinada información que sabía que yo le podía aportar. No decimos que acompañar a una mujer a hacerse un aborto o a Tribunales a denunciar a su violentador, implique que a partir de ahí se reconozcan como feministas, para nada. La práctica común entre las mujeres afectadas por la violencia patriarcal y las feministas, después lleva un reconocimiento y una aprobación. Genera una inquietud y una solidaridad. Por eso a nosotras nos gusta decir que nuestro feminismo como una de las tantas corrientes que hay es sobre todo un feminismo compañero o compañera, un feminismo de abrazar, de querer, de doler y de alegrarnos. Y cuando una comparte esos momentos vitales, si después una quiere leer a Simone De Beauvoir o a cualquier otra feminista, ayuda y es bienvenido. Pero lo principal se transmite en ese acompañamiento y en ir creando mundos habitables donde incluso podamos hablar de cómo esa batalla por transformar nuestros modos de relacionarnos, de desearnos, de querernos, de vincularnos no sea una reproducción del mundo que queremos destruir porque nos destruye.

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