Crónica/Música

Raly Barrionuevo en el Konex: El grito marrón de la chacarera

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“A defender la tierra, ¡a muerte!”, así se despidió el “Chango de Unquillo” de su público de Buenos Aires que había agotado las entradas dos semanas antes. Cientos de aplausos y ovaciones lo acompañaron, ansiosos también porque este encuentro se dé más seguido. Ante un patio del Centro Cultural Konex lleno, el domingo 19 de febrero Raly Barrionuevo dejó todo en dos horas de música que incluyeron chacareras, zambas y también mucho rock.

Por Carlos Sanabria @Hayquearar

Ph Marcela Brauer


Raly arranca solo. Está su voz, su guitarra y la letra de “Ey paisano”. La tarde en el barrio de Once se despide y Raly arrincona al público con un cross a la mandíbula. “Oye hermano, deja de tirar veneno por tu lengua”, “Ponte a construir que nos sobran enemigos”, “Haz como Violeta y como el Che”. El Chango derriba mitos: “política hacemos todos al caminar”; nos dice en tiempos de ostentación de la “apolítica” y la “gestión”. Al patio del Konex lo rodean cuatro edificios. Hay una luz prendida a la distancia, quizás algún oído anónimo. Emerge el recuerdo que los asesinos de Kosteki y Santillán están sueltos. Y llega el primer aplauso, el ansiado recibimiento. Está Raly Barrionuevo, con su armonía, su elegancia y su libertad.

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La caracterización de Raly como el “Chango de Unquillo” no es una confusión geográfica de quien escribe. Cuando tenía 17 años dejó su Frías natal, en Santiago del Estero, para estudiar en Córdoba, donde se radicó en 1990. Su folklore nos trae su historia: “retumba toda la selva el replicar de un bombo legüero”, nos cuenta en “Alma de Rezabaile”, recuerda que “sigue cantando lejos del pago” en “Un pájaro canta” y le dedica una chacarera a su “viejo Santiago” en “Melodía Viajera”.

Del exilio santiagueño a los barrios de José C. Paz y Berazategui habla “El olvidao”, letra de Duende Garnica, músico que compartió vivencias con Raly en Córdoba. El Chango canta e impacta: “Soy el que quedó en medio los ranchos / Guacho del fiao a mate y guiso inventado / Hambre y rebelión fueron creciendo en mis manos / No quiero de más quiero lo que es mío / Al mazo trampiao voy a torcerle el destino / ¡Levantate cagón que aquí canta un argentino!”. Sin embargo, a la hora de hablar de autorías de canciones, es el propio Garnica quien desestima la suya: “No es una chacarera mía, es la vivencia de muchísima gente, de un pueblo. Yo solamente lo que hice fue escribirlo”, dijo alguna vez.

El 17 de febrero de este año, pueblos indígenas denunciaron que el Gobierno Nacional eliminó la educación cultural bilingüe de las escuelas. Necesaria entonces emergió la letra de “Gente de campo”: “Con su aroma natural /del monte vienen llegando / Algún pariente lejano / algún amigo del campo / traerá su olor el viejo / recuerdo de un tiempo ido / cuando se les caiga el quichua / del castellano exigido”. Y la advertencia de los “desmontes que desangran” en estos tiempos con los Estados en el gobierno, pero con las industrias en el poder, llegó con “Mujer caminante”.

La primera canción que grabó Raly fue “Zamba y acuarela”, letra que escribió a los 18 años a una amiga de Santiago que nunca le dio bola, aunque ahora ya no le importa: “Esta zamba hecha miel / se hace una hoguera en la distancia / quiero hacerte el amor en las mañanas de Santiago / pintar con tu acuarela mis ocasos”. Es que en Raly hay mucho desamor: “Zamba de Usted”, “Si acaso vuelves” o “Chacarera de la espada”, mucho material que invita a actualizarse y dejar de dedicar el capítulo 7 de Rayuela.

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“La familia de Raly estuvo presente en el Konex. Sus primeras palabras fueron de agradecimiento a los suyos que viajaron desde Unquillo para verlo, para acompañarlo como en tantas otras oportunidades, incluso en uno de los momentos más duros de su vida como la muerte de su hija Luna, quien estuvo “un segundo”. A ella y a “todos los angelitos” le dedicó la canción “Luna” “tan viva, tan sagrada, tan sensual”, “la niña que en al aire caminaba”.

El Chango se crió en el campo, en una familia en la que lo único que se escuchaba era folklore. Pero de más grande descubrió el rock y el reggae. La versión rockera de “Hasta siempre comandante” partió en dos al recital. Con la banda conectada y los puños en alto del público se coreó “Aquí se queda la clara / la entrañable transparencia / de tu querida presencia / comandante Che Guevara”.

Y Ernesto Guevara no estuvo solo en los corazones, sino que también pisó el escenario.  El músico radicado en Neuquén le agradeció a Raly Barrionuevo el “apoyo a la música independiente” y se hizo cargo del escenario para que el Chango descansara y también se probara un rato en la percusión. Otro de los grandes invitados de la noche fue el “Hermano Hormiga que le regaló la vida” a Raly, Lisandro Aristimuño, quien se sumó a cantar “De mi madre”, uno de los temas que Raly recuperó de la obra del Chango Rodríguez, cantor y folklorista riojano fallecido en 1975 al que la sociedad cordobesa, a pesar de que se convirtió en un emblema cultural de la provincia, le dio la espalda luego de haber estado preso entre 1963 y 1967 bajo la acusación de haber matado a un hombre. También tuvo protagonismo Micaela Vita, cantante de Duratierra, banda telonera de la noche sobre la cual Raly no ahorró elogios y confesó su reciente fanatismo. Interpretaron a dúo “La Pobrecita”, zamba de Atahualpa Yupanqui que recupera las penas en los cañaverales tucumanos.

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“Tocar en el Konex es un placer, un descanso entre tantos festivales, ojalá se dé más seguido”, se despidió Raly. Fueron dos horas de música, aunque parecieron mil canciones. El cierre fue con “Somos nosotros”. Así se despidieron esos musiqueros que lo son porque lo dicta el sol, los guerrilleros del amor partidarios de la humana dignidad. Raly Barrionuevo clausura el debate acerca de si quienes hacen música deben o no posicionarse políticamente. Su herencia de Frías es la dignidad con la que se planta frente al escenario, y llama a defender la tierra “a muerte”, pero no como si leyera un panfleto, sino con el grito marrón de la chacarera.

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