cine/Crónica

“Cincuenta sombras más oscuras”, a penas sexo

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Pasaron dos años largos, y al fin se estrenó la segunda entrega de la saga basada en las novelas escritas por E.L. James. El problema es que “50 sombras más oscuras” parece una parodia de la primera y ni siquiera es merecedora de llamarse “pochoclera”. Gracias a un torrent anónimo pudimos verla y acá está el resultado: una crónica veraniega que te invita a que no vayas a verla.

Por Andrea Beltramo


Tú eres puro, puro chantaje

Un anillo enorme con un diamante, un chico millonario con los músculos trabajados arrodillado y una propuesta de casamiento. Un escenario sobrecargado de flores y fuegos artificiales. ¿Se imaginan la respuesta de la chica? Una enorme sonrisa y un “definitivamente, sí, obvio”. Todos mirando el cielo, sonrisas en familia y los tortolitos abrazados. Anastasia y Cristian están de vuelta. Fin.

¿Serán felices y comerán perdices? Parece que habrá que esperar a la tercera entrega de las 50 sombras del Señor Grey para cerrar la historia. Todo pinta que sí. Aunque en el final absolutamente original -¡oh, sí!- que comentamos más arriba acaba asomando la ñata otro muchacho más malo aún que el protagonista que ahora es un cachorrito mojado en una esquina mendigando amor y cuidados. Este malo que amenaza a los tortolitos es el antiguo jefe de Anastasia que, tras un arranque de violencia incontenible intenta violarla en la oficina. Claro que, afortunadamente, no del todo porque ella alcanza a salir corriendo y justito en la puerta tiene a su galán con sus matones, digo, guardaespaldas, para ajusticiarlo. No chicos, no se entusiasmen, no es una escena de acción. Lo siguiente que sabemos es que será separado de su cargo y en dos movimientos predecibles la chica toma el mando y es la nueva jefa del sector editorial. Anastasia lo reemplaza tras una reunión a la que asiste y propone una gran idea que será absolutamente valorada por su nuevo jefe. Esperen… ¿50 sombras no era una historia de sexo y BDSM [1] al rojo vivo con escenas triple x al mejor estilo Youporn o el canal Venus para quien aún prefiera la antigua televisión por cable? Pucha, me equivoqué de nuevo, tanto pochoclo para nada.

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Demasiado spoiler, say no more

Veamos, ni por asomo me acerqué al cine a ver la película. Un domingo de lluvia en el conurbano y buena internet alcanza para una versión de mala calidad facilitada por un torrent, y darle así un marco aún más real de tipo “b” a un producto comercial vendido muy bien como liebre, cuando se trata de un gato. Ni eso, pero es que como dice el refrán, de noche… todos los gatos son pardos. Y las “50 sombras más oscuras” es un lindo minino en una caja de bombones que te atraganta de tanto moño y dulce de leche. Susurros en exceso y conflictos universales reducidos a la mirada firme y el ceño fruncido de Cristian Grey cuando le dice, todo empoderado a Elena Lincoln (Kim Basinger) “contigo aprendí a coger, pero con ella a amar”. Inmediatamente llega mamá Grey y castiga a Elena con un cachetazo que pone las cosas en orden. Anastasia sale reforzada. Lo tiene todo. Y nosotras a punto de aplauso como el final de una telenovela de esas antiguas de Verónica Castro o esas otras donde Thalía pasa de campesina sin estudios a señora de la casa. ¡Ahora sí! Sacudo el repasador de cuadritos rojos, como si de una boa de plumas se tratara, suelto el mate amargo y salgo toda heroica de la cocina para llegar al baño, mirarme el espejo y gruñir. Quiero vomitar, pero ni eso.

Eso sí, agradezco tanto al torrent, y a la persona de infinita paciencia que sin abandonar el cine se clavó las dos horas con su cámara medio torcida, a veces temblorosa y torpe, conteniendo la respiración porque su micrófono capta tanto el sonido español-latino de la pantalla como el de la sala de cine donde la están proyectando. Interesante confirmar que las personas allí presentes y yo nos reímos de las mismas cosas. La escena de las bolas chinas cromadas que Cris le regala a Ana para que las lleve a una fiesta. El momento aquel donde él se abre la camisa y le pide a Ana que le dibuje unas líneas con un labial rojo en el pecho porque ese será el límite, la zona territorial a la que ella tendrá acceso para acariciarlo. ¡Por fin! puede tocarlo, ¡madre mía, qué momento! No sé qué onda se espera de la sala, pero que nos reímos cual película de Brigada Cola, ¡eso sí! Conseguido. Lo erótico es gracioso.

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Oye baby no seas mala, no me dejes con las ganas

Ellos salen a cenar, hacen vida normal. Una pareja cualquiera que comparte un vino.

Anastasia: A ti te excitaba el dolor que causabas

Cristian: Estoy trabajando en ello

Anastasia: ¿Trabajando en qué?

(…)

Llega el mozo con la botella interrumpiendo un momento clave. Siguen.

Anastasia: Esto no es una relación Cristian, esto se llama posesión.

Pero él, que se lo está trabajando, promete y promete y promete y jura y perjura. Ella perdona. Avanza, vuelve a perdonar. Se encuentra con una ex-sumisa de Cris, Leila, que quedó  tan herida por ese vínculo que además de intentar cortarse las venas también destroza el coche de Anastasia e intenta matarla con una pistola. Llega el héroe Cris para salvar a su princesa y le ordena a la desquiciada arrodillarse, ella lo hace, sumisa, ¡oh, claro, era una cosa de roles nomás! Ana mira, apenas llora, entiende. Sabe lo que está pasando. Pero Cris, una vez más, controla, él sabe qué hacer exactamente. Leila queda en un psiquiátrico y Anastasia tiene miedo. Pero él se lo está trabajando y la compensa con lindos vestidos, algunos orgasmos y las llaves de su casa. Un premio para ella, sólo para ella, Anastasia la única, la que tiene aguante. Ella sabe soportarlo. Ella le enseñó a amar, ¿recuerdan? Hasta su futura suegra se lo confirma, -cambió desde que apareciste-.

Y así llegamos al anillo y de cómo la violencia puede volverse un eufemismo erótico.

3

Leila, la ex – sumisa (Bella Heathcore)


[1] Sigla para nombrar prácticas sexuales de Bondage y disciplina. Dominación y Sumisión. Sadismo y masoquismo. Sintetizan las prácticas sado o roles de dominación.

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