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“Punk not dead” era una frase que solía verse cada tanto grafiteada en alguna pared del conurbano o de la capital. ¿Qué es lo que se afirmaba que no había muerto? ¿Un estilo de vida libertario que proponía otras formas de organización o un término para darle sentido a una noche de alcohol, excesos y destrucción de tachos de basura? En la Argentina, el debate acerca de lo que fue o lo que debería haber sido el punk empezó el 16 de diciembre de 1988. Bandas emergentes y bandas que ya eran un recuerdo se reunieron en Invasión 88, un compilado editado por el sello Radio Trípoli. A continuación, un texto que analiza el legado del punk argento, ideal para leer con una birra bien fría entre medio de textos de Bakunin y Marx.

Por Andrea Florencia Leal


 “¿No tuvieron alguna vez la sensación de que los engañaron?”. Las infames palabras de Johnny Rotten a la audiencia de Winterland de San Francisco no eran tanto una pregunta, sino más bien una confesión. A pesar de ser el líder de la banda más peligrosa del planeta, el integrante de Sex Pistols estaba aburrido, decepcionado del punk que hacia fines de 1977 se había convertido en una parodia de sí mismo. Muchos de los integrantes originales del movimiento sentían que algo cargado de posibilidades y de múltiples alternativas había degenerado en mera fórmula comercial. O peor aun, había demostrado ser una inyección rejuvenecedora para la industria musical establecida que los punks habían tenido la esperanza de derrocar.

En Argentina la situación del punk era la opuesta, pero el proceso terminaría siendo el mismo. Mientras llegaban al país Iggy Pop y la gira de Amnesty, con Sting, Peter Gabriel y Bruce Springsteen, la primavera alfonsinista era solo un recuerdo: reinaba un invierno austral sacudido por los levantamientos de Aldo Rico y sus secuaces. En ese contexto, el nihilismo de tres acordes y la ética del do it yourself comenzaban a cobrar protagonismo de la mano de Los violadores, Los laxantes, Trixy y Los maniáticos, Los Baraja y Alerta Roja.

Sin embargo, hacia fines de los ‘80 se manifestó una ruptura dentro del movimiento punk local similar a la que ya se había producido en otro punto del globo terráqueo. Se había generado una grieta – sí, ya se hablaba de la famosa grieta, aunque menos mediática y polémica que la actual – a través de un disco que no solo marcó un antes y un después en la escena, sino que generó una división entre “venderse” o “mantenerse fuera del sistema”. El sello discográfico independiente Radio Tripoli, liderado por Walter Kolm y Sergio Fasanelli, que ya había editado los simples de Comando suicida, Massacre palestina y Perfectos idiotas, tuvo la idea de lanzar un LP que agrupara bandas punk que habían desaparecido sin dejar testimonio grabado junto a otras que eran la novedad. Se llamó “Invasión 88” y significó una brecha que separaba a las bandas que consideraban a este álbum como una oportunidad de despegue de las que lo veían como el final del momento más puro del punk.

“Si hoy, pleno 1988 existe o no el punk me parece que es un tema para la historia del rock, una discusión profundamente pelotuda. Nadie considera a otro punk, uno se autoconsidera punk”[1], decía Mauricio Kurcbard, más conocido como Helmostro punk, en un editorial que acompañaba la edición en vinilo. Lo cierto es que muchos consideraban punk, por ejemplo, a Alerta roja, los muchachos que gritaban “No hay salida/ no hay salvación/ para tu régimen de represión” en su himno “Derrumbando la Casa Rosada”. Pero el grupo, uno de los más radicales de los ’80, no formó parte de Invasión 88. Su bajista, Daniel García, sostenía que en ese álbum podían verse representadas muchas bandas que de otra manera no hubiesen tenido la posibilidad de aparecer discográficamente, pero a su vez eso implicaba el fin del punk menos contaminado. Nadie imaginaba que Alerta Roja pudiera compartir un espacio con Comando suicida y su violento público. El compromiso, la noción de rebeldía y la forma de elaborar un mensaje eran distintos.

Este primer material, que ofrecía de manera semi-profesional un compilado con bandas provenientes de diferentes ramas a las que se podía catalogar con el rótulo punk rock, fue uno de los discos que Ricky Espinosa vendió en una época en la que tenía problemas para llegar a fin de mes. Luego de un tiempo, volvió a tenerlo en sus manos pero no pudo escucharlo porque tampoco tenía una bandeja. Para Ricky, Flema era la banda que peor sonaba del compilado: “Éramos los menos profesionales, pero tenía que ser así. Siempre rescato el espíritu y no la pompa del sonido alucinante. Aunque nunca cobré un peso por Invasión 88, fue una suerte entrar porque nos dio un gran empuje”, declaraba en una entrevista[2].

Cuando el álbum se lanzó, Flema tenía poco más de un año de vida, habían hecho punk sin haberlo escuchado jamás. Por eso, a Ricky le sorprendió que su banda “anarcoquilombera”, como la definía, haya formado parte del disco con sus temas “Cáncer” y “Buscando un lugar”: “Yo cuando vi la lista de bandas y leí el editorial que había escrito Helmostro Punk, recién ahí me di cuenta de la ideología del disco. Me dije: “¿Yo formo parte de esto?”. No sabía nada de todo eso. Yo había formado una banda que hacía punk porque no sabíamos tocar”.

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En esa otra campana, la de Ricky, quedaba de manifiesto el propósito de Kolm y Fasanelli: sacar a la luz a un puñado de grupos que se encontraba en actividad, tocando donde podían e incluir a otros que habían sido precursores del movimiento. Aunque para entonces Los violadores ya habían editado su cuarto álbum, “Invasión 88” apareció como el primer compilado de punk local. Ahí estaba una segunda decantación de bandas – algo indiscutible porque Los Baraja, incluidos en el disco, disputaban con Los violadores y Los laxantes el estéril rótulo de ser los primeros – referentes de los tempranos tiempos del punk post-dictadura: además de los ya mencionados Flema, Los Baraja y Los laxantes, estaban Attaque 77 con aquella formación que grabó “B.A.D” y “Pasión de multitudes” a las que se sumaron dos bonus track en la edición CD: “No te quiero más” y “Nunca más”, Defensa y Justicia, la banda paralela de Ciro y Mariano de Attaque, División autista, que se describían como antiextremistas, Exeroica, la única banda compuesta por chicas, Comando suicida, el costado skinhead del disco, Conmoción cerebral  con sus temas “Amerika” y “Libertad condicional” y Rigidez kadavérika, cuya bajista señaló tiempo después que “el movimiento punk ya estaba dividido, pero previamente a este compilado había más cohesión. Existían dos bandos: punks y skins. Después, la fractura se produjo dentro del punk mismo”.

Claudio Fernández del sello Malasaña, que luego preparó una segunda Invasión, recordaba que por entonces había dos tribus diferenciables: “Estaban los anarco-pacifistas y los anarco-quilomberos. Los primeros tenían ese espíritu militante, letras politizadas y se resistían al capitalismo y la represión policial. Los otros pensaban que todo eso era muy cansador: había que leer, algo muy difícil cuando uno está escabiado o de pastas. Fueron estos últimos los que grabaron Invasión 88”.

La edición en vinilo venía acompañada de un libro, que abría con una suerte de manifiesto de lo que se entendía como ideología punk. Pero la mayoría de las bandas que participaban del disco ni siquiera estaban enteradas de qué se trataba. “Yo me desilusioné mucho del punk porque pensaba que iban a ser personas que pensarían diferente. Y al final fue lo de siempre: estaban todos borrachos, tirados, pensaban que el punk era romper todo, pelearse, no bañarse… Y para mí era otra cosa, quizás una muy utópica y hasta tonta vista desde hoy que era la idea de cambiar el mundo”, recordó Marcelo Montolivo, guitarrista de Los Baraja y más tarde, líder de Medusa.

“Invasión 88” manifestó una contradicción: la idea era derrumbar la construcción que catalogaba al punk local como descontrol, ruido y bardo sumando a bandas que pisaban fuerte desde principios de la década, y a su vez el disco era la expresión de un costado de la cultura juvenil contestatario y crítico, pero el más revoltoso. Así como Los Baraja, otras bandas se dieron cuenta años después que no comulgaban con el punk del ‘88.

El vinilo transparente con una estética de cómic underground es difícil de encontrar. En una época, esa tapa, una obra de Mosquil al estilo de los fanzines ingleses podía verse en alguna disquería de Avenida Corrientes, pero hoy es casi imposible. Queda su formato digital y el legado de algunas bandas míticas, de las cuales sólo Attaque sigue vigente. El resto se disolvió sin demasiado suceso. Pero el testimonio de su efímera –aunque esencial– existencia quedó registrado en un disco al que no le queda mal el calificativo legendario.

Aquel editorial de Helmostro aseguraba que el punk y sólo el punk les había metido a los pibes diversas ideas sumamente sanas: la independencia musical de las grandes compañías, la rebelión, esa oposición política envuelta en una respuesta artística, y por último, la idea del “hazlo tú mismo”. A la distancia, la conclusión parece ser que como algunas bandas que integraron el disco desconocían en profundidad de qué se trataban esos tres conceptos, “Invasión 88” es una valiosa pieza de la historia del punk local que habría que atesorar y mirar con desconfianza. Pero, ¿realmente habría que limitarse a eso? ¿Es justo pegarle a las bandas que recién se asomaban? ¿Es posible que mientras critiquemos a grupos que ya no existen pero que sentaron un precedente, haya otra grieta en la escena actual que se ensancha? Una brecha menos clara entre bandas punk que llevan la independencia, la rebelión y la autogestión como estandarte y las que solo posan al lado de esas ideas pero presentan fisuras y contradicciones con su discurso, aquellas que nos hacen sentir como a Johnny Rotten: un poco engañados.


[1] http://www.bloganti.com/2012/09/invasion-88.html?m=1

[2] http://www.flemaweb.com.ar/entrevistas/flema%2088.htm

 

2 Comments

    1. Muy buena la reseña del album , recuerdo que el compilado lo compre en formato cassette al año siguiente de su edicion , el vinilo nunca lo tuve entre mis manos ( me hubiese encantado ) , hace poco en el segmento ” Vinilico ” de Vorterix , Walas lo eligio como uno de los cinco discos favoritos de su discografia personal , mas que nada por el contexto de la epoca en que se vivia ( recien nos estabamos desprendiendo de la represion que rodeaba a todo lo que se relacionaba con el rock contestatario ) y tambien porque a Massacre le sirvio para encaminar lo que luego seria una carrera prolifera , de nuevo , muy buena la reseña del album , hace unos dias descubri la pagina del programa , estare escuchandolos , saludos !!!!

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