Feminismo s/Género

Memoria Oral del Programa Sexo y Revolución

 

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A 20 años del Primer Encuentro Nacional Lésbico, Gay, Travesti, Transexual, Transgénero, ¿será posible hacer de la memoria un gerundio? Un andar transitando, memorando, en presente. Más allá del acto de reconstrucción, registro y transmisión, ¿será posible habitar la memoria? Desde luego, las personas que intervienen en esta nota, cada anécdota y detalle, el nombre de una amiga, de un compañero, el ejercicio de rememorar las decisiones, la compleja práctica de revisar las emociones, sobre todo si son las colectivas, las que dejaron huella porque atravesaron el nombre propio y devinieron multitud. Aquellos fragmentos narrados por sus protagonistas, en un ensamble de voces que recuerdan no sólo para no olvidar, sino porque el pasado vuelve más violento cada vez, y una vez más, hay que hacerle frente.

Texto y fotografía: Estefania Veronica Santoro @fanusantoro


“Miro esa escalera y enseguida me viene a la mente Carlos bajándola con dos botellas de vodka encima sin trastabillar ni un escalón”, cuenta Marcelo rememorando las épocas en las que vivía con Jáuregui en su casa de la calle Paraná, en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, que hoy funciona como lugar de encuentro y actividades. Entre risas y anécdotas, sus amigxs lo recuerdan mientras elogian de mano en mano un ejemplar de “Acá estamos – Carlos Jáuregui, sexualidad y política en la Argentina” obra recientemente publicada, compilada por Gustavo Pecoraro, que reúne textos escritos por Jáuregui y otros documentos sobre él.

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A 20 años del Primer Encuentro Nacional GLTTTB, se llevó a cabo la actividad Memoria Oral del Programa Sexo y Revolución. Transmisión, contactos y continuidades en Casa Jáuregui. Dentro del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CEDINCI) a principios de este año, se desarrolló el programa Sexo y Revolución – Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexo-genéricas que impulsó la recolección de fondos de archivos personales, material documental, libros, revistas y folletos de activistas y militantes. Todos los materiales donados se encuentran disponibles para su consulta y exhibición, para otorgarles así la visibilidad que les faltaba. Este programa, a su vez, busca poner en práctica la memoria oral colectiva a través de diversas actividades que permitan reavivar los archivos preservados partiendo de las voces de quienes contribuyeron a su producción y difusión. Representa, también, una invitación a seguir construyendo dentro de los movimientos feministas y LGTB a partir de la memoria.

El programa es coordinado por Laura Fernández Cordero y posee una colectiva asesora integrada por Mabel Bellucci, Virginia Cano, Nicolás Cuello, Fernando Davis, Lucas Morgan Disalvo, Francisco Fernández, Marcelo Ernesto Ferreyra, María Luisa Peralta, Juan Pablo Queiroz, Emmanuel Theumer, Catalina Trebisacce y Nayla Vacarezza.

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Este abril se cumplieron 20 años del 1º Encuentro Nacional GLTTTB que tuvo lugar en Rosario. La actividad Memoria Oral encarnó una invitación pública a recordar ese momento ejercitando la memoria colectiva, recordando anécdotas, acontecimientos, marchas y luchas incesantes, alianzas, contradicciones, acuerdos y desacuerdos de la conformación del movimiento LGTB. Activistas de diversas organizaciones e identidades que presenciaron aquel primer Encuentro, asistieron a una ronda de diálogo a partir de la cual unx a unx describieron su propia experiencia conectada con los recuerdos, las emociones, la historia y las vivencias de todxs lxs presentes construyendo un relato coral.

Desde el programa Sexo y Revolución la importancia de este primer Encuentro reside en que: “Supuso un punto de inflexión en la historia del movimiento LGTB en Argentina, que intentaba potenciar su alcance y su grado de articulación. En esos años donde todavía el peso del prejuicio y del estigma era considerable, el grupo Arco Iris, de Rosario, hizo la apuesta de buscar reconocimiento institucional que se materializara también en infraestructura. Así, la municipalidad aportó el Centro Cultural Bernardino Rivadavia como sede del encuentro donde activistas LGTB de todo el país compartieron agenda, estrategias y también experiencias personales y colectivas.” Esta actividad hizo posible rememorar el proceso de constitución del movimiento LGTB mediante un relato variado y plural con intervenciones, preguntas y aportes de lxs asistentes a la charla que no presenciaron aquel histórico primer Encuentro.

Durante los ’90, las políticas represivas se recrudecían ante las identidades disidentes del régimen heterosexual. Debido a su visibilidad lxs travestis y trans eran sistemáticamente detenidxs, gays y lesbianas ocultaban su identidad en la vía pública para evitar ser apresadxs, también lo hacían en sus espacios laborales por temor a ser despedidxs y muchxs de ellxs aún no habían confesado su verdadera orientación sexual a su familia. Eran épocas en las que la discriminación hacia las personas LGTB era muy fuerte y asumirse por fuera de la heteronorma ponía en riesgo la propia libertad, el trabajo y la familia.

Ser travesti en los noventa

Producto de la exclusión, el abandono y la violencia institucional que enfrentaron lxs travestis y trans en aquellos años, muchxs de ellxs fallecieron a muy temprana edad, más otrxs tantxs debieron exiliarse para sobrevivir. Pero sus voces resurgieron a través de los relatos de sus amigxs y aliadxs, militantes y activistas, narraciones acompañadas de imágenes de archivo de la época, grabaciones de marchas y performances, entre las que se pudo ver a una jóven Lohana Berkins.

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Marcelo Ernesto Ferreyra, arquitecto y activista en la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y Gays por los Derechos Civiles (Gays DC) cuenta que, en el año ’93, dos travestis fueron invitadas al programa Hola Susana, conducido por Susana Giménez, donde exigían sus derechos y denunciaban la violencia institucional. A la salida del canal, un patrullero las estaba esperando para llevárselas detenidas. Eran épocas en las que estaban vigentes los edictos policiales que habilitaban a la Policía Federal Argentina a detener a cualquier persona que usara ropa del sexo opuesto y, además, tenía la facultad de decidir una sentencia sin tener que consultar previamente a un juez. Las travestis eran encerradas en calabozos donde sufrían violaciones, torturas y golpizas de parte de los efectivos. En 1998, los edictos fueron eliminados al sancionarse el Código de Convivencia Urbana. Sin embargo, la policía recrudeció la represión en la calle y seguían deteniéndolas, pero cuando las causas llegaban a tribunales eran desestimadas.

Marcelo Feldman, abogado y uno de los fundadores de Gays DC cuenta: “En esa época muchas chicas travestis usaban pantalones, era una estrategia política y también legal porque el edicto prohibía usar ropa del sexo contrario, entonces se les había ocurrido usar pantalones para poder pedir la nulidad del acto o detención”.

Maria Luisa Peralta, activista e integrante de importantes proyectos como Lesbianas a la vista, Les madres y la conformación del archivo Potencia Tortillera, acompañó a Nadia Echazú, activista travesti que fue víctima de abusos y vejaciones por parte de las fuerzas de seguridad del Estado por reclamar y organizar la protesta en las calles junto a sus compañeras. “A Nadia la policía la detenía muy seguido, le pegaban mucho, le dañaron un riñón, la torturaron, y quedó con problemas renales de las patadas que le dieron, en un momento se había pensado sacarla del país con Amnistía. Nora Cortiñas venía trabajando con organizaciones de mujeres y Laura Bonaparte, que representaba a otras organizaciones, nos puso en contacto con Amnistía de Estados Unidos. En ese momento, Amnistía no tenía ni idea que era el movimiento lgtb, no lo conocía, empezaron a convocar una serie de reuniones y empezaron a educarse. Yo acompañé a Nadia y tipié su denuncia, luego Amnistía compiló una serie de casos y el de Vanesa Ledesma en Córdoba que fue un asesinato muy violento. Toda esa información fue enviada a Londres y ahí se realizó una presentación de violaciones de Derechos Humanos por orientación sexual e identidad de género, que ya lo venían trabajando en general y se enfocaron específicamente en el tema de travestis en Argentina. Desde ese momento usamos mucho esta estrategia de saltar los sectores nacionales apelando a organizaciones internacionales.”

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Articulando voces e identidades para la constitución del movimiento

Ferreyra cuenta que el movimiento lgtb se fue gestando desde las primeras marchas del orgullo hasta cristalizarse y constituirse por completo como un movimiento diverso e integrado en el primer Encuentro. En el medio hubo un proceso interno de aproximadamente seis años, del ‘91 al ’96, que tuvo varias etapas donde se fueron articulando las diversas voces e identidades de grupos de gays, lesbianas, travestis y trans que tenían discursos propios y enfrentados. Fue necesario derribar ciertas estructuras en el interior de cada uno de los grupos para poder trabajar en conjunto, largas y numerosas reuniones tuvieron lugar en la casa de Carlos en la calle Paraná, donde se reunían para debatir y construir un movimiento representativo de todas las identidades participantes.

Gays, lesbianas, travestis y trans comenzaron a pensar como trascender sus posturas para trabajar en conjunto. Ferreyra explica: Todo el discurso de Perlonguer y Marcelo Benítez que reivindicaba la marica como una reacción contra el machismo era un discurso básicamente androcéntrico, no era un discurso que compartían ni las mujeres ni las feministas ni las lesbianas, en cambio, el discurso de las lesbianas en respuesta al machismo era el discurso del separatismo. Eran discursos encontrados, que no permitían el trabajo coordinado de las distintas identidades y ni que hablar las chicas travestis que, por supuesto, no tenían ningún discurso, sino que era el discurso de sus propias vidas. El discurso de las maricas, como contestatario, también era muy cómodo porque se articulaba en un lugar seguro, pero cuando estábamos en nuestro lugar de trabajo lo desarticulábamos. Lo mismo sucedía con el discurso de las feministas del separatismo, lo articulaban solo en un lugar seguro. Estos discursos, frente al discurso de las travestis que ponían el cuerpo las 24 horas hacían agua.”

El primer Encuentro intentó trascender las fronteras argentinas para tejer redes con grupos de hermanxs de países latinoamericanos, eran épocas donde el estigma y la discriminación hacia las personas lgtb estaba muy vigente y las alianzas no abundaban. “Nosotros, en Gay DC reivindicamos la posición burguesa, somos profesionales de clase media gay con una definición muy clara de la identidad en base a la definición del mundo, hombres que quieren tener sexo con hombres, ya no incluía ni una actitud ni una máscara ni nada. Lo mismo hace Ilse Fuskova que necesitó hacer una ruptura del discurso separatista para poder dar con nosotros los gays, recién a partir de eso se puede articular el tema de las marchas y se puede incorporar a lxs travestis dentro del discurso, porque los discursos son menos mascarados y recién ahí se inicia esta idea de movimiento que se cristaliza en el primer Encuentro de Rosario, ahí nadie tenía ninguna duda de quién era el otro y todxs defendían todx”, explica Ferreyra.

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Alejandra Sardá, ex integrante de Lesbianas a la vista y activista, explica que decidió romper con su primer espacio de militancia en el grupo Las Lunas porque decidió empezar a trabajar con gays y trans, en cambio, muchas de sus compañeras lesbianas no concebían la idea de articular el activismo y la militancia lesbiana con la de gays y trans. En relación a este debate, Ferreyra explica: “Este contexto de Perlonguer y Marcelo Benítez reivindicando la “mariconería”, en la visión de las feministas y las lesbianas, era una burla a la identidad, lo que para la versión androcéntrica era una respuesta contestataria al machismo. Entonces era necesario bajar esas barreras para poder empezar un diálogo y eso les sucedió a algunas integrantes de Las Lunas, ellas se vieron obligadas a pelearse internamente porque había una necesidad de bajar la guardia con esos discursos tanto de un lado, como del otro.”

El espacio de militancia y activismo de las lesbianas en ese momento se desarrollaba pura y exclusivamente dentro del movimiento de mujeres y durante los Encuentros Nacionales. De a poco comenzaron a surgir discusiones donde un grupo de lesbianas sintieron la necesidad de reivindicar la cuestión lésbica y construir alianzas con travestis y gays, mientras que, para otras lesbianas era impensado activar la lucha por fuera del movimiento feminista que tenía una agenda de mujeres heterosexuales principalmente, pero que igual reivindicaban. Peralta explica: “El discurso separatista a muchas lesbianas les quedaba muy chico, yo socializaba en Bach (bar) con gays y travestis. Por ejemplo: el problema con la policía, todxs lxs gays y lesbianas que salíamos del bar veíamos un patrullero a tres cuadras y nos soltábamos, el problema que teníamos ahí era compartido con los gays no con las mujeres heterosexuales, entonces en ese discurso separatista había una gran parte de la realidad que no la entendían.”

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El proceso de conformación del movimiento también estuvo muy marcado a partir de los encuentros que se realizaban en el bar Tasmania. “Esas reuniones tendían a ser reflexiones internas para conocernos mutuamente, conocer nuestra diversidad y la forma de asumir nuestros activismos y darnos herramientas mutuamente, se había dedicado un día a cada identidad con talleres” cuenta Ferreyra.

La crisis de varios integrantes de la CHA incluidos entre ellos a Jáuregui y Ferreyra trajo como consecuencia repensar las relaciones con el resto de las identidades y algunas cuestiones como el tema de la visibilidad condicionada en la marcha y la necesidad de que ese acontecimiento tome carácter público traspasando la barrera del miedo, dejando las máscaras atrás, una marcha sin rostros ocultos, visibilizarse como siempre lo habían hecho lxs travestis. “Éramos conscientes de que cada colectiva iba a aportar distintas habilidades. La visibilidad de la marcha por ejemplo era clave, era un tema que ni los gays ni las lesbianas podían aportar, el tema de las máscaras, del miedo a participar, las travestis no tenían nada que perder por su visibilidad eso era lo que nos faltaba, y nosotros teníamos posibilidades técnicas, como por ejemplo presentar recursos de amparos cuando las detenían a las travestis, porque ellas no sabían cómo hacerlo solas. Fueron cinco años de construcción y reconstrucción del movimiento, tratar de entendernos, concientizarnos, construir modos de resistencia y después había que discutirlo afuera. Esta articulación de construir un movimiento permitió la crítica teórica y real al machismo era lo que generaba un movimiento y eso solo pudo ser posible bajando las barreras, conociéndonos mutuamente y trabajando juntxs”, reflexiona Ferreyra.

Estos relatos y anécdotas rememoran el trabajo colectivo y el compromiso de lucha que llevaron adelante lxs militantes y activistas, aunando fuerzas para enfrentar las violencias. Debates, rupturas y discusiones que se convirtieron en estrategias y alianzas desde donde articularon las necesidades particulares de las diversas identidades para poder trabajar en conjunto, así se gestó el movimiento lgtb.

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