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Marcha del Orgullo 2015

“Macri es hambre, ajuste y represión” y frente a sus políticas neoliberales, de ajuste y precarización de las vidas, que criminalizan y persiguen la protesta social, en la próxima Marcha del Orgullo LGBTIQ mañana 26 de noviembre, un grupo de activistas decidió organizarse bajo la columna Orgullo en Lucha con esta consigna y el pedido de justicia por el travesticidio de Diana Sacayán saldrán a las calles. En la siguiente entrevista, Gabriela Mitidieri, referente del movimiento, profesora, doctoranda en Historia e integrante del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) conversa con Derrocando a Roca para conocer en profundidad las motivaciones de esta unión y analizar, entre otras cosas, el desafío de no despojar a la Marcha LGBTIQ de su carácter político y reivindicativo.

Por Estefania Veronica Santoro @fanusantoro

Ph.: Nati Aue


Mi traje de caballero lo confeccioné con agujas de testosterona barata comprada sin receta en farmacias masivas esas con eslogan de pueblo

Me dio currículum para sobrevivir sin despertar sospechas Bajo el cuero de pollo la rabia teje de nuevo mis arterias

Deseo ser todas las desviaciones en un solo cuerpo La hilacha pifiada que al intentar extirpar raje sus ternos fundamentalistas

El bisturí ciñó la sangre Tinta para que firmen los que legitiman

Autorizaron mi licencia de productividad

El objeto ahora sujeto notó el aprecio salpicado a la rareza, pero lo raro pintado de artístico nació y murió aquí

En la calle, en la vida lo raro sólo aspira a despreciable Pregúntale a la marimacho de la feria A las travestis de tu esquina A las putas transgéneras del puerto especialmente a la que violaron con una botella los mestizos nazis made in chile.

Michel Riquelme, Cuero cicatrizado, del libro Síntomas (Poesía Trans), 2010

La Primera Marcha del Orgullo LGBTIQ fue organizada por Carlos Jáuregui en 1992 desde la organización Gays por los Derechos Civiles (Gays DC). El movimiento LGBTTTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transegénero, intersex, queer) es heterogéneo, lo integran personas de diversas clases sociales, razas, migrantes, y con ideologías políticas muy variadas. Si partimos de la idea que la ideología política de los sujetos sociales está por fuera de su identidad de género y elección sexual, entonces es ahí donde las diferencias pueden generar tensiones y divisiones. ¿Puede un gay o una lesbiana ser transfobicx, xenófobx o racistx? ¿Cómo una persona que muchas veces se sintió discriminadx por su identidad de género o preferencia sexual disidente llega a reproducir formas de discriminación y odio sobre otras personas?

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Para sorpresa de muchxs esto pasa, la prueba está en la interminable lista de comentarios que han dejado las personas que se sienten parte del movimiento LGBTIQ en las redes sociales de la Comisión Organizadora. Allí aparecen opiniones tales como defender el aborto “debe ser solo una causa de las personas heterosexuales”, exigir la legalización de la marihuana “lxs convierte en drogadictxs”, el pedido de cupo laboral trans es una excusa para “mantener” empleadxs estatales “inútiles” y abogar por la separación de la iglesia del Estado no atañe a la lucha de la disidencia sexual, sin tener en cuenta que es la Iglesia quien niega las relaciones afectivas entre personas del mismo sexo.

Frente a este panorama, Gabriela Mitidieri, referente del movimiento LGBTIQ reflexiona: “Por un lado, contamos con distintas conquistas que se dieron en nuestra comunidad vinculadas fundamentalmente a la sanción de la ley de identidad de género y en términos de la posibilidad de construir familias que se salgan de la lógica heteronormada. La ley de matrimonio igualitario y de fertilización asistida constituyen también importantes logros. No obstante, los sectores históricamente más golpeados de nuestra comunidad siguen estando en situaciones de vulnerabilidad significativa. El ajuste, la inflación, la precarización laboral nos pega de manera particular a las personas LGBT de la clase trabajadora. Pega más a la parte de la clase que es migrante, que no es blanca o que es trabajadorx sexual y está expuesta a la violencia policial. Miramos con preocupación la inflación y el vaciamiento del Estado que lleva adelante el macrismo, el poder creciente que concentra el aparato represivo, medidas de claro corte fascista neoliberal como el proyecto de centro de detención de migrantes. En paralelo, referentes de nuestra comunidad hoy son funcionarios del macrismo. El gobierno mira con excelentes ojos la proliferación de iniciativas de turismo gay friendly (que implican inversiones extranjeras para gays y lesbianas con poder adquisitivo) y en este marco tiene altas chances de ser sancionada la ley antidiscriminatoria, cuyo carácter punitivista enlaza perfecto con la línea Cambiemos. Estas estrategias de lavada de cara o “pinkwashing[1]” hay que analizarlas con cuidado para no perder de vista a quiénes nos estamos enfrentando en esta etapa.”

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Una de las consignas que se llevarán adelante en la marcha y también desde la columna de “Orgullo en Lucha” es el pedido de liberación de Milagro Sala, ya que no hay elementos legales que justifiquen su detención y organismos nacionales e internacionales como Amnistía Internacional, CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), ANDHES y la ONU se han pronunciado pidiendo por su liberación inmediata. Esto enfureció a parte de la comunidad LGBTIQ y arremetieron contra lxs organizadores con argumentos cargados de odio y planes de boicot para no ir a la marcha alegando que les habían robado “el festejo”.

Lo festivo es político

“En una sociedad que nos educa para la vergüenza el orgullo y la visibilidad son respuestas políticas” afirmó Carlos Jáuregui. La marcha del orgullo es un momento del año en el que el movimiento LGBTIQ sale a las calles a defender sus reclamos, muchos de ellos nacidos en concordancia con el movimiento feminista de la disidencia sexual. Salir y visibilizarse,  mostrar que se encuentran fuera del sistema de heterosexualidad dominante. Asumir identidades disidentes, lesbiana, gay, travesti, trans, intersex, queer, es un acto político que cuestiona las normas establecidas, revoluciona el sistema binario de género, desafía los modelos tradicionales y excluyentes de familia y crea otras formas de deseo y de afecto libremente. Eso es político.

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En relación al sector de la comunidad LGBT que proclama la marcha solo como un acto festivo, Gabriela Mitidieri reflexiona: “Cambiemos está generando un consenso en diferentes sectores sociales con una marcada tendencia a reforzar un discurso de “armonía”, “equilibrio”, “conciliación/cierre de la grieta”. Si ese discurso genera hegemonía es porque probablemente existan dentro de nuestra comunidad personas que se hagan eco de la idea de política como gestión y no como disputa, no como organización y lucha. Por otro lado, la marcha también tiene ese componente de fiesta, destape y celebración a cielo abierto que otras marchas no tienen. Nosotrxs queremos politizar ese encuentro, no queremos regalarle al marketing del camión bolichero de turno la potestad del disfrute de los cuerpos juntxs. Queremos celebrar que estamos juntxs, que estamos “fuera del closet y ocupando las calles”, como dice nuestro afiche.”

Luego de varias marchas despolitizadas con consignas vacías, sin denuncias contra la iglesia, los gobiernos y la violencia institucional, con sponsors y algunas hasta financiadas por empresas y personajes políticos, en 2003, un grupo de activistas comenzó a realizar las contramarchas. Una de ellas fue impulsada por Lohana Berkins, una de las grandes referentes que incansablemente enfrentó y denunció las problemáticas que afectaban a todo el movimiento LGBTIQ y en especial a lxs travestis y trans.

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Este año la principal consigna de la marcha oficial es el pedido por sanción de la Ley Antidiscriminatoria, lo que implicaría penas, desde la obligación de disculpas públicas hasta cárcel, por actos discriminatorios que actualmente no están contemplados, como por ejemplo a personas con discapacidad o por orientación sexual o identidad de género. El castigo como solución, en lugar de políticas públicas que ayuden a erradicar la violencia. Al respecto Gabriela se pregunta: “Este gobierno que vacía el programa de Educación Sexual Integral, que recorta presupuesto para salud sexual y acceso a testeos gratuitos de VIH, ¿va a asignar fondos a ese tipo de iniciativas? Es factible que termine concediendo solamente el punto “más barato”, que es el de aumento de penas en caso de crímenes que sean leídos como motivados por discriminación. No creemos que llenar las cárceles modifique de manera significativa la realidad de los sectores más vulnerables dentro de nuestra comunidad. Es la misma policía la que comete vejaciones contra trabajadoras sexuales trans en La Plata y en Constitución, la que abusó y violentó a Celeste en Tucumán. Además, los privilegios de clase, de raza impiden que hombres blancos de clase media alta con acceso a abogadxs caros vayan a sufrir esas puniciones si cometen crímenes de homolesbotransodio”.

Urgen alianzas

“Queremos una consigna que explícitamente pida por justicia para Diana Sacayán. Que atienda a nuestras marcas de clase, raza/origen étnico, a las necesidades y deseos de los cuerpos precarizados de la comunidad LGBT. ¡Orgullo es lucha!”, explica Gabriela. En un contexto de implementación de medidas neoliberales del macrismo, de criminalización de la protesta social, del avance de ideas conservadoras que legitiman el odio hacia las identidades y corporalidades no heteronormadas, la persistente incidencia del poder de la Iglesia en el Estado, el pateo constante de la legalización del aborto como la gran deuda de la democracia, el incumplimiento del cupo laboral trans, la ausencia de presupuesto a la ley de prevención de violencia contra las mujeres, ¿cómo es posible reducir la marcha del Orgullo a un mero acto festivo?

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Es urgente pensar qué estrategias podemos transitar para seguir avanzado en la eliminación de la violencia. Gabriela asegura: “Debemos seguir peleando por una Educación Sexual Integral en la cual se problematicen en todos los niveles de formación las violencias de género y heteropatriarcales, demandar por derechos que diluyan las desigualdades de acceso, de supervivencia, que garanticen una idea de buen vivir no heteronormada, no cis-sexista, hacer alianzas estratégicas con y desde las izquierdas, tener una agenda antirrepresiva común con aquellas organizaciones que trabajan contra el gatillo fácil, contra los abusos policiales. En eso estamos.”

Hay mucho por lo que luchar y poco para festejar. Es preciso estar despiertxs, en alerta, organizadxs, tejiendo redes, construyendo estrategias que nos unan para no retroceder en las conquistas. Es momento de saldar diferencias, reducir las tensiones y bogar por más alianzas para alcanzar un mundo sin opresión.  Y eso significa expresar el Orgullo en Lucha.

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[1] El término pinkwashing es un acrónimo que combina las palabras “blanqueo” y “rosa”, blanqueorosa se podría decir en español, para aludir a la conocida estrategia del “blanqueo de dinero” (convertir en legal dinero ilegal) pero utilizando los derechos gays para “lavar”, ocultar, “blanquear” acciones o atropellos contra derechos humanos que las grandes potencias cometen para dominar el tablero mundial. O sea, se alardea de democracia tolerante usando a los gays (a un cierto tipo de gay, una élite capitalista privilegiada) para demostrar un inexistente grado de tolerancia y se distrae así del clasismo que afectará al resto de la comunidad, las invasiones, torturas, discriminaciones y demás abusos… Se aplica especialmente al estado de Israel, aunque todo viene impulsado por EE.UU. La teórica queer estadounidense Jasbir K. Puar lo popularizó en su libro Montajes terroristas: homonacionalismo en tiempos queers. Fuente: Shangay Llly, Publicado en Público, abril de 2013. http://blogs.publico.es/shangaylily/2013/04/15/pinkwashing-en-venezuela/

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