5Esteban Bullrich tiene un plan. Celebrar la idea de desierto y dar continuidad a las políticas de conquista y ocupación de los territorios que configuraron la construcción del estado nacional a imagen y semejanza de los intereses de criollos, winkas y descendientes. Utilizando la promesa de la educación como propuesta mesiánica que pondría fin a todo lo bárbaro y despoblado, el ministro, reproduce así la historia oficial de ir ‘tierra adentro’y cruzar la General Paz. Porque no hay palabras neutrales ni inocentes.

Por Andrea Beltramo


“Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero sin espadas, con educación”, dijo el ministro de Educación, Esteban Bullrich, mientras inauguraba el Hospital Escuela de Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Negro, hace algunas horas. No necesitan las espadas, tienen micrófonos y la prepotencia de las palabras. También tienen las armas y las narrativas de la historia oficial que las carga. “Sin profesionales que multipliquen lo que hacemos, no sirve de nada porque no estaríamos poblando este desierto”.

En un trabajo sobre la construcción de la idea de ‘desierto’ para las campañas de conquista militar y apropiación de los territorios del Chaco, el ‘impenetrable’, Carla Mariana Lois escribe:

“Parece una obviedad recordar que son múltiples y variadas las representaciones que los sujetos o grupos sociales construyen respecto de su mundo. Pero algunas representaciones se institucionalizan en ciertos dominios de validez y son asimiladas e internalizadas por grupos que hacen diversos usos de ellas, asumiendo cierto acuerdo tácito acerca de las significaciones que transmiten dichas representaciones. En efecto, construir imágenes simbólicas es una de las prácticas involucradas en la experiencia social que se hace extensiva tanto a las situaciones de la vida cotidiana como a aquellas institucionalizadas. La producción, circulación, resignificación, mitificación y abandono de ciertas imágenes acerca del mundo no es sólo una práctica textual o un acto comunicacional, sino que se trata de una variedad compleja de operaciones que, en el seno de contextos definidos, consisten ni más ni menos que en la práctica de objetivar el mundo.” 

Fuera de Buenos Aires, el norte y el sur tienen que seguir siendo ‘desierto’. Territorios para civilizar, es decir, para perpetrar las violencias del ejército argentino, las democracias terratenientes y los intereses del empresariado nacional, internacional y popular.

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Cartel de frontera Argentina – Chile. Autor: Andrés Cascelli

Gloria y loor

Había que fundar un desierto para argumentar sobre la necesidad de poblarlo, metáfora sofisticada de un proyecto aún vigente sobre civilización y barbarie. Una vez construido, había que vaciarlo. Es en este sentido que Esteban Bullrich reclama educación sin espadas, pero con la misma lógica de las violencias de antaño. Todo lo que habita el desierto admite ser domesticado, civilizado, occidentalizado y, sobre todo, manipulado. Los territorios, los recursos de la tierra, las personas, su memoria, su presente y las posibilidades emancipatorias y autodeterminación del futuro. Sigue Lois, “(…) no sólo el Ejército, encargado de la apropiación material de los territorios indígenas, sino que también diversos sujetos e instituciones vinculados de diversa manera con los intereses estatales recurrieron a la conceptualización del Chaco en términos de ‘desierto’. El anclaje de esta imagen se basaba en una tácita transferencia de ciertas características del significado literal y original que (…) ponderaba el rasgo de vacío. Aunque podría sugerirse que no se trataba de un área vacía ya que estaba repleta de vegetación impenetrable y de indígenas ‘hostiles’, cabe recordar que, según los cánones del positivismo decimonónico, la ausencia de civilización era un vacío. Y un vacío que debía ser llenado”.

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Parador La Leona (entre El Calafate y El Chaltén) Autor: Andrés Cascelli

El ministro está gozando

Vaciar lo otro, la otra, al otro. Vaciar como acto de desaparición. El vacío como distante de la nada, no es lo que no existe. El vacío es consecuencia de algo que fue devastador. La metáfora del vacío es, también, un mecanismo perverso para (in)visibilizar cualquier diferencia, anterioridad y disidencia respecto de un Orden que se desea instalar. Deseo como motor del goce. No aquella forma de habitar lo placentero, sino de consumir, fagocitar, abusar y apropiarse, hasta la eliminación, de cualquier gesto de autonomía de uno mismo, que nunca es Otro.

En estos términos, explica Lois, “el significado habitual del término ‘desierto’ referido a un ‘espacio vacío’, en una operación no explícita, se hace extensible a ‘vacío de civilización’. En efecto, el concepto de ‘desierto’ remite a un espacio vacío y deshabitado. Claro que, aunque resulta llamativo que pueda llamarse desierto a un área en la que la presencia de los indígenas era fuerte y constantemente reconocida, puede suponerse que la existencia de formas de organización social, económica y política incongruentes con los parámetros del mundo capitalista occidental habilite a generalizar la acepción (…) Sin embargo, cuando hablaban de ‘desierto’ el énfasis estaba puesto en el referente empírico territorial: la ausencia de civilización era asumida como un ‘vacío’ y legitimaba la conceptualización como ‘desierto’, dotándolo de un sentido muy laxo que nada decía sobre los habitantes del lugar (…) En torno a esta cuestión se fundamentan y se materializan los proyectos de apropiación territorial llevados adelante por el Estado: el criterio de apropiación -y de legitimación de la apropiación- suponía que ‘la estatalidad se impone sobre la nada’. Esto, significativamente, ponía fuera de la discusión la cuestión indígena y situaba al desierto como ‘escenario’ óptimo para la civilización.”

¿Quién sabe?, tal vez al ministro Bullrich le sobren las sotas y las espadas, pero sigue jugando a quien tiene el ancho gana.


Referencias

Carla Mariana Lois, “La invención del desierto chaqueño. Una aproximación a las formas de apropiación simbólica de los territorios del Chacho en los tiempos de formación y consolidación del Estado Nación argentino” – Publicado en Scripta Nova, revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Nº38. Universidad de Barcelona, 1999.

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