Arte/Luchas cotidianas

Coreografía de una lucha: Bailar es trabajar

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En los últimos años los trabajadores y las trabajadoras de la danza han experimentado un proceso de movilización y aspiración a organizarse para reclamar por una legislación propia. El año pasado bailarines, coreógrafos y maestros decidieron crear la Asociación Argentina de Trabajadores de la Danza (AATDa), una herramienta gremial que ha significado un gran paso frente a una de sus principales trabas: reconocerse a sí mismos como trabajadores de la cultura. Dejar atrás esta naturalización fue la punta del ovillo para empezar a desandar un camino de vulnerabilidad en el que miles de artistas realizan puestas en escena de forma gratuita para ganar experiencia y los llevó a darse cuenta de la importancia de contar con una cobertura de ART y una jubilación acorde para una actividad en la que el cuerpo es el protagonista. ¿Cuáles son las estrategias colectivas que sostienen los y las artistas de la danza para reclamar por una Ley Nacional? ¿Una posible sanción de la Ley beneficiaría al circuito independiente? ¿Cuál es el rol de las cooperativas artísticas que integran frente al cierre de espacios culturales?

Por Silvina Arrieta @SilvinaBelen77


La pista fue movida, el escenario tembló, pero no los y las encontró callados. Son largos años de silencio selectivo que ponen bajo la alfombra e invisibilizan una profesión, un trabajo con siglos de historia. Pero la noticia tomó relevancia porque rodeaba a una de las estrellas de pop nacional del momento. A comienzos del mes de agosto, una bailarina denunció vía Facebook que días antes de los shows programados para el Gran Rex donde la artista Lali Espósito presentaría su nuevo álbum, le comunicaron que no contarían con ella mediante un mensaje de whatsapp. “Quieren pagar lo menos que se pueda o gratis”, relató la bailarina y destacó además que “muchos artistas nuevos hicieron el nuevo video clip de esa cantante en forma gratuita”[1]. Sin embargo, su situación no es un caso aislado. Los y las artistas de la danza son trabajadores precarizados, mal pagos o ni siquiera reconocidos como tales. No cuentan con una legislación donde su condición de trabajadoras y trabajadores del arte esté amparada, no tienen sindicato y realizan sus profesiones muchas veces de manera gratuita. Pero esto no solo se limita a los y las bailarinas, sino que se extiende a coreógrafos, intérpretes, maestros, gestores, etcétera.

Estos artistas se mueven por sectores públicos, privados e independientes. Es decir, es diferente la situación si se trata de obras financiadas por el Estado, por empresas, o bien, de manera autogestiva e independiente.

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Foro Argentino de Danza en la Facultad de Derecho (UBA) – 29 de abril de 2015. Ph. Romina Morua / ANCCOM

En el 2008 fue creado el “Movimiento por la Ley Nacional de Danza”, un colectivo de bailarines, intérpretes y coreógrafos, que decidieron agruparse ante la desidia de políticas estatales y marco regulatorio que posee el artista alrededor de las artes escénicas. En el 2012, presentaron al Congreso el proyecto de la Ley Nacional de Danza. Con movidas culturales a lo largo y ancho del país, actividades en la vía pública, teatros, plazas y centros culturales, trataron de sostener el proyecto, pero perdió estado parlamentario. En el 2014 lo intentaron nuevamente y sucedió lo mismo. Pero en mayo de este año, volvió a ser presentado y actualmente está siendo tratado en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación, y desde el colectivo que lo impulsó se están llevando a cabo jornadas federales en pos de la sanción y reconocimiento de la anhelada ley. Asimismo, el 29 de abril de 2015 (Día Internacional de la Danza), tal como indica su página web[2] que relata la agenda de los pasos que va atravesando la ley, se realizó en la Facultad de Derecho de la UBA el lanzamiento del Foro Argentino de Danza. Allí, se debatió la necesidad de crear un espacio institucional federal pensado y creado para llevar adelante los diversos proyectos en pos de lograr una mejora sustancial de las condiciones en que se desarrolla la actividad de la danza en Argentina. Esta jornada denominada “Bailando trabajo” cuestionó, también, acerca de la problemática laboral de los trabajadores de la danza. Llegaron a la conclusión, entre otras cosas, de crear una herramienta gremial que vele por las condiciones legítimas de los y las trabajadoras de la danza, un sindicato que reconozca sus derechos y pelee para que sean respetados: obtener remuneraciones justas y con sus correspondientes aportes, tener reglas de trabajo claras y específicas para la actividad, contar con una mutual, con espacios que brinden posibilidades de desarrollo. Los y las trabajadoras de la danza cuentan con su cuerpo como única y fundamental herramienta de trabajo. Por lo tanto, trabajar sin cobertura de ART, ausencia de legislación laboral, fiscal y de seguridad social y edad jubilatoria son temas que necesitan atención urgente. La Asociación Argentina de Trabajadores de la Danza (AATDa), como gremio, ya fue presentado en el Ministerio de Trabajo de la Nación, pero es una herramienta que día a día se está construyendo.

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Jornadas Federales que recorren el país. Fuente: http://www.leynacionaldedanza.com

Para entender el panorama, es necesario entender el mundo de relaciones sociales de la danza. María Noel Sbodio es Licenciada en Sociología especializada en Gestión Cultural y Magister en Ciencias Políticas, además, es co-redactora del proyecto de Ley Nacional de Danza y miembro de la Mesa coordinadora del Movimiento por la Ley. En su trabajo, “Condiciones laborales de los trabajadores de la danza en Argentina”[3], tomando a Schraier, da cuenta que existen cuatro sistemas de producción en artes escénicas: el sistema público, el privado, el independiente y el amateur. El sistema público está conformado por los cuerpos estables, residentes en teatros públicos con actividad de carácter permanente y con financiamiento del Estado. El privado, está regido por empresarios y empresas de espectáculos. Tanto el sistema público como privado, con ley o sin ley, sobreviven. Hay financiamiento para las obras, no así para los sueldos de los bailarines. Aquí entra en juego el sistema de producción independiente, que tal como describe Sbodio, se caracteriza por el desarrollo de formas sencillas y colectivas de producción y autofinanciamiento, con modos de organización democrática y cooperativa en los que la característica esencial es la autogestión. La producción independiente resulta ser la más afectada y pone en duda el alcance de la posible ley. Por eso, ante la falta un marco que legisle las actividades y roles dentro del arte escénico, con varios actores dentro de estos sistemas de producción, una vez sancionada la ley, ¿serán beneficiados todos los sistemas de producción que atañen a la danza?

Ciclos La Duncan, producción independiente y autogestiva

“La Duncan” nació este año entre compañeros de la Compañía de danza del Universidad Nacional de las Artes (UNA -antes IUNA-). Realiza convocatorias a obras de danza y danza-teatro cuyas funciones tienen lugar cada viernes en el Espacio Cultural Urbano, un centro que además cuenta con otras obras de teatro, clases de pilates, yoga, teatro, y acrobacia en telas, trapecio y de piso. Todos los días de la semana hay actividades en este espacio ubicado en el barrio de Villa Crespo. Mauro Podestá, junto a Emmanuel Palavecino, son los directores de este ciclo: “Es un proyecto que teníamos en la cabeza hace mucho tiempo. La idea surgió porque queríamos buscar un lugar donde convivan diferentes expresiones artísticas con bandas de música, obras de danza, exposición de artes plásticas, pintura y fotografía”, comentó Podestá. Este ciclo expone sus trabajos de manera más libre y directa. No sólo por la llegada a un público familiar o amigo, sino también por la manera en la que surgen o se crean esos proyectos de obras: a diferencia del sistema privado, aquí no son los empresarios los que invierten capital sino las mismas cooperativas artísticas pertenecientes al denominado sistema de producción independiente.

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Integrantes del Ciclo La Duncan realizaron una performance en la Feria del Libro 2016. Ph MF Fotografía

“Lo que queremos como proyecto es generar un espacio en el cual los artistas se puedan sentir cómodos sin ningún tipo de presión. Se trata de tres tipos de convocatorias y una varieté. Las primeras convocatorias fueron de obras de danza y danza-teatro en proceso, que se presentaron durante los viernes de junio y julio en el Urbano. Son obras en proceso porque aún están produciéndose, no es el producto final para exhibirlas en un concurso o para estrenarla en alguna otra sala. Hay carencia de espacios culturales en los que se pueden ensayar estas obras o realizar estos ciclos”, remarcó Podestá. Ante esto, vale recordar que hoy en día son numerosos los centros culturales en la provincia de Buenos Aires a los que le bajan la persiana por no cumplir, quizá, con la lógica mercantil y sí por abrir sus puertas a la comunidad donde artistas encuentran ese espacio libre y participativo para expresarse y mostrarse ante sus vecinos.

Al finalizar las funciones, todos los y las artistas se llevan una paga. Podestá comentó que esta situación no se da de la misma manera en otros espacios donde está naturalizado el hecho de ir a ensayar, montar una obra, terminar las funciones y simplemente llevarse la experiencia, que suma para desarrollar la profesión, pero nada más.

//3// de Janice Iandritsky y Omar Menendez, Ciclos La Duncan. Ph Chechu Timpani

Pertenecer o trabajar en el sistema de producción pública o privada implica otros tiempos y exige correr detrás de los plazos del Estado o del empresario que quiere estrenar aquella obra de la que poco sabe. Los y las artistas continuamente están formándose, tomando clases en estudios de danza, teatro, acrobacia o expresión corporal, entre otras disciplinas. Estudian en la UNA, por ejemplo, como lo hacen la mayoría de los bailarines que conforman La Duncan, trabajando por fuera de su profesión, restringiendo su tiempo de dedicación en caso de querer encarar un proyecto de tinte empresarial como son las salas de la “Calle Corrientes” o las obras “financiadas”, por ejemplo por “PRO danza” (Instituto para el Fomento de la Actividad de la Danza no Oficial de la Ciudad de Buenos Aires destinado a la protección y al fomento de la actividad de la danza independiente).

El cuerpo de los y las artistas se encuentra expuesto a distintas situaciones para ir ganando experiencia: desde trabajar gratis, ensayar para obras con contratos de palabra, hasta hacer obras financiadas por empresas o el Estado y no saber si al finalizar las funciones recibirán un resarcimiento salarial por las horas dedicadas a los ensayos y a la puesta en escena.

Así como existe el Ciclo “La Duncan”, hay otros ciclos en centros culturales u otros espacios igualmente organizados como cooperativas artísticas que brindan una sala a los profesionales del arte y su puesta en escena al público. Por eso, el trabajo colectivo y organizado que se está generando desde el año 2008 con el Movimiento por la Ley Nacional de Danza, sumando a otras organizaciones donde este “sujeto político” – que finalmente está emergiendo y reconociéndose como tal, es decir, como trabajadores de la cultura – deja huellas de un camino que seguirán transitando con o sin ley. Desde las diferentes regiones que conforman nuestro país, se seguirán llevando a cabo jornadas de familiarización y discusión sobre esta ley, uniéndose ante la necesidad de pisar bien fuerte y salir a dar la vuelta; porque es necesario denunciar su precarización, porque urge derribar la invisibilización mediática que naturaliza su condición, porque bailando trabajan.

[1] http://www.clarin.com/extrashow/fama/bailarina-Lali_Esposito-exploto-Facebook_0_1624037629.html

[2] leynacionaldedanza.com

[3] https://archive.org/stream/CondicionesLaboralesDeLosTrabajadoresDeLaDanzaEnArgentina.SBODIO/Condiciones%20laborales%20de%20los%20trabajadores%20de%20la%20danza%20en%20Argentina.%20SBODIO#page/n0/mode/1up

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