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El gran paraguas de la lucha contra el narcotráfico, que todo lo avala, la militarización de los barrios y la presencia preponderante de las Fuerzas Armadas marcan una agenda mediática y de gobierno que poco parecen ya diferenciarse. “No hay olfato policial sin olfato social”, pregonan desde Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ). Esteban Rodríguez Alzueta, integrante del CIAJ y autor de “Temor y control: La gestión de la inseguridad como forma de gobierno” y “La máquina de la inseguridad”, entre otros, analizó en el aire de FM La Tribu el PROyecto de seguridad nacional, el refuerzo militar bajo la mirada atenta del Tío Sam y el deseo policial de ser como sus hermanos mayores del Ejercito.

Por Derrocando a Roca


 “Argentina sin narcotráfico”. El título del nuevo plan de gobierno presentado por Mauricio Macri el martes pasado esconde, a pesar de su simpleza discursiva, más de lo que afirma. “No alcanza con una sola acción ni una sola persona”, anuncia el primer mandatario en referencia a la lucha que (todo) el país está por enfrentar. ¿Se fortalecerán, aún más, las fuerzas de seguridad, tanto en las en las fronteras como al interior de los barrios? ¿Cuál será el nuevo rol de las Fuerzas Armadas? El Presidente, para estas respuestas, ya ha dado algunas pistas. A principios de agosto, en su primera cena de camaradería con la cúpula de las Fuerzas Armadas, blanqueó la pretensión de convocar a los militares a la “participación activa” para lograr una Argentina con pobreza cero, sin narcotráfico y, fundamentalmente, unida.

Sin embargo, durante este período ha quedado demostrado que el lema “Pobreza cero” no fue más que una impostura que oculta el ajuste: el tarifazo, la pretensión de aumentar la edad jubilatoria y el desempleo suponen un fuerte andamiaje represivo para enfrentar eventuales protestas. La represión a los jubilados, que reclamaban un aumento de emergencia en el Puente Pueyrredón, la aplicación del protocolo antipiquetes en un corte en la Autopista Buenos Aires – La Plata y la acusación criminal sobre los vecinos de Mar del Plata, que repudiaban la presencia de Macri y Vidal, son tan sólo unas muestras recientes de ello.

En aquel breve discurso junto a sus camaradas militares, Macri reivindicó la participación de tropas argentinas en las “misiones de la paz” de la ONU en Haití, así como el reciente envío de una delegación a Colombia. Esta orientación enlaza los gestos y mimos del Presidente hacia los militares, los cuales se perciben desde el decreto 721 que les devolvió a las Fuerzas Armadas la autonomía en la organización y dirección, los desfiles militares durante las celebraciones del Bicentenario y hasta su definición del genocidio y terrorismo de Estado como “guerra sucia”. ¿El deseo de “unir a los argentinos” se trata de un guiño a los genocidas de la dictadura y sus defensores?

Mientras las editoriales pro-amnistía de La Nación reflejan el reclamo estratégico de la clase dirigente por la recomposición y el reequipamiento de las Fuerzas Armadas, y otros, como el diario La Prensa, hablan de “ataques subversivos y desestabilizadores” a la hora de criminalizar la protesta, la todo poderosa temática de la inseguridad, siempre útil e impactante, permanece agazapada y desdibujada en una agenda mediática que se tiñe con el color político de la época.

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Esteban Rodríguez Alzueta

“No hay olfato policial sin olfato social”, es la consigna del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ) del cual Esteban Rodríguez Alzueta es miembro. Su libro “Temor y control: La gestión de la inseguridad como forma de gobierno” propone explorar las continuidades entre los procesos de estigmatización social y las prácticas institucionales violentas y deja en evidencia a los distintos gobiernos que perdieron el monopolio de la violencia legítima a partir de que la seguridad se convirtió en la vidriera de la política.

En un tratado de 382 páginas, Rodríguez Alzueta discute mitos y leyendas de la agenda de seguridad/inseguridad y se pregunta por la persistencia del delito y el aumento de la población carcelaria en relación con un dispositivo de temor y control. Actualmente, el abogado e investigador señala que la policía está adoptando prácticas militarizadas y viceversa, y que deberemos estar atentos a la “guerra contra la droga” y las provocaciones del gobierno para reprimir la protesta social.

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A partir de tu información y conocimiento en el tema, ¿qué rol podrían empezar a tener las Fuerzas Armadas?

Se les está promoviendo un fuerte protagonismo, tal vez, muy a pesar de los cuerpos que las integran, porque también hay que decir que no son las mismas de la década del ’90, del ’80 y mucho menos de las del ’70. Que los impliquen en conflictos internos les trae bastantes problemas y más preguntas que respuestas. Son actores, soldados que creyeron en otra Argentina, eso hay que decirlo para no sobredimensionar. Ahora, es muy cierto que el gobierno de Macri está proponiendo implicar a estas fuerzas en determinados conflictos ligados concretamente al narcotráfico. La agenda del Gobierno de Cambiemos es la agenda de la DEA: se propone militarizar el conflicto y eso implica no solamente entrenar a las fuerzas policiales en tácticas y estrategias militares sino inclusive policializar a los militares, lo cual es una tendencia que viene promoviendo Estados Unidos en todo el globo, se trata de la defensa exterior y la defensa interior. Si uno empieza a ver los conflictos a lo largo del mundo se encuentra con que se han desdibujado los perfiles de la policía, que están cada vez más militarizadas, entrenadas con las tácticas propias del Ejército y encontramos, a su vez, Fuerzas Armadas que recurren a tácticas policiales para estar en el territorio. Uno de los escenarios preferidos donde se cruzan estas cuestiones es en la famosa guerra contra la droga.

Con el cambio de Gobierno, ¿hubo alguna modificación en el accionar de la policía, en la bajada de línea sobre su presencia en la calle?

En “Temor y control” y en el libro que acabo de publicar, “La máquina de la inseguridad”, lo que planteo justamente es que en materia de seguridad no fue precisamente una década ganada. El kirchnerismo le debe más a la década del noventa porque hubo bastantes continuidades respecto a cómo fue concebida la seguridad en esa década. El gobierno anterior encontró allí un punto de apoyo y se dedicó a hacer la plancha. Si la correlación de fuerzas no te da, los funcionarios prefieren negociar con las cúpulas policiales antes de asumir los costos políticos que implicaría una reforma integral que no cuenta solamente con el consenso político sino que tampoco ha reclutado un consenso social. En la última década, con distintos picos, lo cierto es que la ciudadanía ha pedido cada vez más mayor seguridad y en Argentina seguridad es igual a policía. No tenemos una concepción multiagencial de la seguridad. Lo que se reclama no es mayor trabajo, mayores espacios de esparcimiento para los jóvenes, sino más policías, más patrulleros, más armas.

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En ese sentido, ¿cómo entendes la creación reciente de las policías locales, municipales, en la provincia de Buenos Aires?

Es cierto que la bonaerense es una agencia que ha crecido desproporcionalmente pero no es caótica, suele tener a su cúpula en caja. Igualmente, eso es un problema y los funcionarios saben que están contando con una agencia que tiene una capacidad de inscripción territorial envidiable. Siempre le digo a mis alumnos, imagínense un partido político que tiene 90 mil militantes full time rentados que tienen unidades básicas en toda la provincia y están además movilizados, comunicados y armados. No hay ningún partido político que tenga la logística y la inscripción que tiene la bonaerense en la provincia. En ese contexto, y además sabiendo los funcionarios que la bonaerense es un mono con navaja, puede convertirse en la peor pesadilla para cualquier gobierno. Y sino, preguntémosle inclusive al propio Duhalde, autor de frases como “La mejor policía del mundo”. La clase dirigente encaró un debate que tenía que ver con la creación de las policías locales. Esa discusión se dio hace dos años en el marco de la emergencia de seguridad en la provincia de Buenos Aires y se había presentado un proyecto de cuya discusión participé en la Legislatura. Fue un proyecto del entonces diputado de Nuevo Encuentro, Marcelo Sain, que proponía una policía municipal que iba a estar dirigida por el intendente con controles internos por parte de los concejales de la oposición e iba a ser formada por otro staff de docentes con otros contenidos. Iba a tener un perfil muy específico. Ese debate se perdió porque esa policía nunca se sancionó. Entonces, lo que hizo Scioli, por decreto, fue crear esta suerte de cachivache que nosotros conocemos con el nombre de la Policía local, que está muy desdibujada y terminó siendo absorbida por la Bonaerense, que también se había sentido en jaque con ese proyecto. Imaginate que si va a haber una nueva policía provincial con 20 mil efectivos, con todos los móviles y presupuesto que eso implica, la Bonaerense la va a querer para sí.

Hace poco en La Nación salió publicada una encuesta de la Universidad de Belgrano sobre la temática de la inseguridad en donde el principal dato que presentaba era que la mayor causa de inseguridad empezaba a ser, con un 23% de respuestas, la corrupción policial…

No conocía la encuesta pero me parece que la inseguridad tiene múltiples factores. Por empezar, no hay que confundir la inseguridad objetiva con la seguridad subjetiva, no hay que confundir el delito con el miedo al delito y el miedo tampoco es una sensación porque el temor modifica las maneras de estar en el barrio, va construyendo nuestro universo social, transforma la manera de recorrer la ciudad. Es decir, son fenómenos concretos que tienen efectos puntuales en nuestra vida cotidiana. Ahora esto tiene varios factores, no solamente la expansión del delito predatorio, la expansión de las economías ilegales, sino también la desconfianza que la ciudadanía tiene hacia aquellas instituciones o agencias encargadas de perseguir el delito. La sociedad percibe con desconfianza a la policía y si las respuestas de la justicia tampoco son acordes van a tender a aumentar esa sensación de inseguridad también. Pero no es solamente eso, sino que hay que pensar en el tratamiento sensacionalista con el que los medios suelen presentar y abordar estos problemas en la escena pública. Por otro lado, tiene que ver con la incapacidad de los partidos políticos para procesar los conflictos sociales.

¿Los medios se corrieron un poco de la agenda constante de la inseguridad?

Aparentemente, en los medios Macri logró lo que no pudo Berni, que es bajar la inseguridad. Eso demuestra un poco lo voluble que es la seguridad en nuestro país puesto que los argentinos actualmente tienen otros problemas en la cabeza como la desocupación o la inflación. Entonces, si uno mira las encuestas, bajó la inseguridad. Es decir, lo que pasó en realidad es que hay otras preocupaciones. Pero de todas formas, hay que estar atento a la guerra contra la droga porque va a ser un gran artefacto productor de nuevos chivos expiatorios que van a tender a agravar los problemas antes que generar mejores condiciones para poder resolverlos o encararlos.

 

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