MVI_0242.MOV.Imagen fija010

Un recital de un poco más de media hora. La celebración de la amistad, el skate y la autogestión junto a la expresión contra el empresariado argentino, la Iglesia y su rol en la dictadura, el negocio de la especulación inmobiliaria y la represión policial. El sábado 13 de agosto Los Ingobernables se presentaron en Uniclub, en uno de los pocos shows que generalmente brindan a lo largo del año. A continuación, una crónica que no tiene un orden lineal ni pretende respetar estructuras, ya que Los ingobernables nos obligan a eso: a desafiarlas y eludirlas. 

Por Andrea Florencia Leal y Carlos Sanabria @hayquearar

Ph: Magui Pizarro / The 1998 Fotografía 


“Es todo cortito y al pie, te digo algo y no me callo”, “es una banda contracultural, son canciones que no salen por la radio”, “Hay una furia que se descarga en las letras, te ceba, te hace sacar todo de adentro, no te das cuenta porque compartís esa furia con ellos”, “es una banda que va de frente y dice la verdad, sin doble mensaje”, “siempre te llevás algo”, “hoy en día no hay muchas bandas así, están los dinosaurios del hardcore que siguen tocando y contradiciéndose con lo que dicen, porque te siguen cobrando por tocar…”. De Berazategui, Pilar, Ituzaingó, Ezeiza, San Miguel, San Fernando, Temperley, Florencio Varela, Brandsen… Horas de ida, horas de vuelta, esperas interminables de bondis, pero felices. Son ellos y ellas, con sus distintas historias en el lomo, pero reunidxs en torno a una banda que incita a la acción y a no esperar nada de los de arriba. Todavía está fresco el recuerdo de los recitales en Moreno por lxs indundadxs y esa sensación de que el rock puede servir más que para crear idiotas útiles. Semanas atrás, en el Acampe por la Definitiva Independencia, el Congreso de la Nación fue testigo de la fuerza de esta música. Son Los Ingobernables. Es ruido, si. Pero no es joda.

La noche en Uniclub arrancó con los ALVD y luego llegó la interesante propuesta musical de los Estamos Juntos. “No puedo creer que se haya pasado tan rápido, la puta madre”, se lamentó su cantante, Loci Lorenzo, previo a terminar la media hora de show. En este contexto político de avanzada de la represión social, el nombre de la banda resalta la importancia de continuar haciendo música y canciones que nadie podrá borrar: “si estamos juntos no nos pueden frenar”. Su sonido, mezcla de hardcore y punk melódico, invita a estar expectantes sobre el primer trabajo discográfico de la banda del sur del Gran Buenos Aires que cuenta con la dinámica de Pablo “Tatan” Barbera (ex Eterna Inocencia y El Majebri) en el bajo y la precisión y el liderazgo en guitarra de Roy Ota (Eterna Inocencia).

Con el escenario caliente, el show de los Ingobernables arrancó con una poesía del payador perseguido, Atahualpa Yupanqui. Abajo – aunque ocasionalmente también arriba – esperaban quienes consideran que están frente a lo que probablemente sea uno de los pocos espacios en los que aun sobreviven las líricas más crudas y directas del hardcore. Esa correspondencia es la que dará lugar a una conexión peculiar que se establecerá durante los próximos 40 minutos: un ida y vuelta incesante, un diálogo desenfrenado y  cargado de rebeldía, porque mientras el público agita “Nunca seré policía de provincia ni de capital” entre tema y tema, los miembros de una banda a la que no le tiembla la voz para llamar a las cosas por su nombre responden: “Por más que lo dibujen como violencia institucional, es el aparato represivo del Estado”.

MVI_8442.MOV.Imagen fija002

Ese micrófono que Guillermo Mármol sostiene verticalmente y de costado es propio y es ajeno, no es de nadie y es de todos. Cualquiera se sube a completar algunas líneas de los primeros temas que suenan en Uniclub: Ucrania 1917, ¿Cómo te quedó el ojo?  y la mención a los malones y la fiesta de la soja, Ni tu cuatri ni tu 4×4 y el fenómeno liderado por Blumberg que estigmatizaba aun más a las clases humildes y marginadas bajo el pretexto de la inseguridad y Quemando basura, una crítica a la cuestión de la vivienda y los contrastes con las grandes construcciones de Puerto Madero. En escasos minutos realizan un repaso por diversos episodios de la historia argentina y situaciones que aun merecen críticas y denuncias. Escuchamos y decimos lo que queremos decir, como lo queremos decir, sin tapujos, con ironía y acidez, en una frase o dos, con bronca, pasión e intransigencia. Quizás su manera de componer ayude a comprender por qué Los ingobernables se diferencian de otras bandas, incluso dentro del mismo género: “Es una construcción maravillosa colectiva, tiramos fruta entre todos, fuimos cantando re manija y de un tema que no tenía nada se armó algo a través de la composición colectiva, es lo que queremos transmitirles a ustedes también para que se animen al Hazlo tú mismo”, explica Guille antes de tocar algunos temas nuevos que integrarán su próximo material.

MVI_8442.MOV.Imagen fija004

Integrantes de ALVD, y Tatán, bajista de Estamos juntos, quienes calentaron motores previamente al show de Ingobernables se suben a tocar y recordar “tardes dejando a las compañeras para ir a grabar compilados” y dedicar temas a amigos del skate park de Berazategui: “Fito y amigos juntan guita para arreglar las rampas pero desde el Municipio reparten revistas diciendo que hay lugar para el skate”, dice Guille y suena uno de las canciones más explosivas de la noche: Subestación y bowl.

MVI_0249.MOV.Imagen fija003

El círculo al que pocos se atreven a entrar. Los que se alejan. Los que son arrastrados hacia el centro y no pueden escapar. Corridas, saltos, empujones. El repudio al gatillo fácil y el narcotráfico con Rati Narco. Un grito enérgico de ¡Muerte a la yuta! Rondas en las que las caras de Bakunin, Makhno, Proudhon y Kropotkin se pueden apreciar en más de una remera. Cámaras desde diferentes ángulos registrando el pogo, el mosh y el slam. La rabia. La venganza de la rabia. La batería marcando el pulso acelerado de nuestra furia. La distorsión machacándonos los oídos. La brevedad de canciones que se suceden una tras otra casi sin detenerse. Los que se abren paso por las cabezas en el stage diving. El fin de la catarsis. Pequeños suspiros y ráfagas de aire antes de que la escena se repita.

Es necesario observar los contrastes que suceden a lo largo de todo el recital: esa horda desenfrenada que luego, muestra su cara más serena aplaudiendo cuando desde el escenario recuerdan que ese mismo día se realizó una radio abierta en el Obelisco para exigir la libertad del preso político mapuche Facundo Jones Huala.

MVI_8443.MOV.Imagen fija003

El show continúa con la crítica a los policías del arte, y un grito que derriba al negocio y la regulación de la música: “esta noche salimos a tocar y nadie nos podrá parar”, dice la primera canción que hicieron,  Sadem Hussein, un pequeño manifiesto que tiene más de diez años. En la misma línea, si de pegarle al escenario cultural se trata qué mejor que P.O.L.C.A, la descripción de los contenidos televisivos  en nuestro país a lo largo de cada década.

Los ingobernables son un viaje al hardcore primitivo, rápido, contundente y visceral. “¿Qué es el hardcore? Porque hay un hardcore que es más de estética que de contenido”, afirma Guille. Es evidente que esa pregunta retórica y la indirecta filosa son la antesala de Hardcore idiota. Pero, ¿qué armas tienen Los ingobernables para contrarrestar una posible respuesta a sus críticas? ¿De qué forma logran desatar la furia de quienes asisten a sus recitales y que al rato se mantengan estupefactos? Casi sobre el final llega la respuesta cuando Guille comienza a recitar un poema de Fernando Gualtieri, autor anarquista sobre la Semana trágica, que admite que siempre es bueno tener en la memoria. En ese momento, esos que minutos antes armaban rondas y exigían a pleno sus gargantas, ahora están quietos y atentos escuchando que “Ni el sistema, ni leyes ni poderes ni las fuerzas equipadas podrán detener la avasallante cometida de la próxima revuelta proletaria que fermenta en nuestros pechos ya cercana a reventar”. Ahí es cuando empezamos a entender de qué se trata eso del hardcore de contenido. Más tarde, lo reafirmaremos cuando sean varios los que levanten su puño y expresen lo que Bakunin haría si viviera en los versos de El aleph.

MVI_8442.MOV.Imagen fija003

Roy Ota se suma para tocar Violencia lumpen, tema que cierra el disco “Cuando el hardcore llama” y el último de la noche en Almagro. Acá no hay un intervalo, una falsa promesa de último tema ni la expectativa de que se vuelvan a calzar los instrumentos para tocar una más. El fin es el fin. Mientras algunos que nunca los habían visto en vivo no entienden si todo concluyó y permanecen en su lugar, otros piden escuchar Sin control. Pero no. Los impulsos, el desahogo y la expulsión de la ira duran escasos minutos. Lo que no es fugaz es la bronca ante la realidad cotidiana, ese constante repudio exacerbado por la propuesta de Los ingobernables es, sin tregua ni pacto, nuestro motor de lucha.

MVI_8438.MOV.Imagen fija002

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s