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Una nueva entrega de filosofía se planta de frente y nos cachetea en la cara. Propone una lectura atenta y precisa, con un sentido y una velocidad diferente a la que acostumbramos. El siguiente texto dialoga con La Hipótesis Cibernética de Tiqqun publicada recientemente por hekht librosLa información es poder, el mundo tecnocrático, cibernético nos domina ¿y qué hacemos ante eso? ¿De verdad está todo claro? ¿Y si nos damos cuenta que somos parte de un proceso de producción en el que damos todo y no recibimos nada a cambio?

Por Demian Casaubon  @MaderitaCasaubo y Esteban Peñin


Momento IV – La hipótesis Cibernética y la Política Cinética.

No está todo bien con Internet. Lo sabemos. Elegimos hacernos los distraídos, realizamos una dietética del consumo de tecnología, pero aun así, no está todo bien.

Ya aprendimos el asunto de los doble ticks azules, como hacer que no se vea la fecha y hora de última conexión en el whatsapp y todas las configuraciones berretas de seguridad de Facebook. Y nos preocupa poco el tema de que nuestros gustos generen perfiles de mercado, que nuestros datos sean vendidos a compañías como parte de una base de datos infinita de consumidores potenciales porque sabemos que en definitiva no nos importa el anuncio, somos lúcidos como para no ir a comprar cualquier huevada porque nos aparezca el cartelito en Google. Igual, insistimos, sabemos que no está todo bien. Claro, empezamos con la idea de que “bueno, en definitiva el Facebook permite tender redes, (redes contra represivas, inclusive), generar encuentros potentes, podemos chatear con miles y millones, promocionar nuestras cosas”. Igual no, no está todo bien.

Nos reímos con Diego Capusotto cuando en sus reflexiones humorísticas incluye la plataforma FaceButt y nos dice: “Qué bueno que es llegar a casa después de una jornada larga de trabajo, conectarnos a internet y volver a irse pero sin tener que salir. Porque gracias a la tecnología estamos a full, a tope, a mil, sabiendo de todo lo que ocurre aunque sepamos que no nos sirve absolutamente para nada. “ . Nos volvemos a reir cuando remata la parodia con el siguiente parlamento: “Encontralo todo en Facebutt. Facebutt, la comunidad virtual en donde te podés enterar de todo y de todos y donde te podés registrar dejando tus datos para que los guardemos y un día ver si te podemos extorsionar o se los damos a la CIA para que te siga de cerca si te hacés comunista.”. Nos matamos de la risa, lo miramos por youtube. Pero algo sigue ahí y no está todo bien.

La Hipótesis Cibernética de Tiqqun publicada recientemente por hekht libros nos interpela, nos pregunta:

¿Hasta qué punto vemos en esas tecnologías un modo de gobierno y nuevas formas de gestión de la vida? ¿Hasta qué punto ya no solo somos consumidores y usuarios de productos y servicios, sino devenidos productores  de información y participantes de este nuevo modo de gobierno cibernético?

Wi-fi para todo el territorio argentino era uno de los slogans de un candidato presidencial en las pasadas elecciones.

¿Qué es la hipótesis cibernética, qué es eso que nos suena tan raro, y genera cierta extrañeza e incomodidad?

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La Hipótesis Cibernética

 Así pues, la hipótesis cibernética es una hipótesis política, una nueva fábula que tras la Segunda Guerra Mundial suplantó definitivamente a la hipótesis Liberal. De forma opuesta a esta última, ella propone concebir los comportamientos biológicos, físicos y sociales como integralmente programados y re-programables.

Más precisamente, ella se representa cada comportamiento como “pilotado” en última instancia por la necesidad de supervivencia de un “sistema” que lo vuelve posible y al cual él debe contribuir. Es un pensamiento del equilibrio nacido en un contexto de crisis.

¿Cómo percibimos cotidianamente la presencia de la cibernética entre nosotros?

En principio, estamos acostumbrados a ser usuarios y consumidores de diversas tecnologías; sin embargo, la hipótesis cibernética aplicada a partir del final de la segunda guerra mundial; nos convierte, ante todo, en emisores y productores de información, la cual es captada y procesada en tiempo real, relacionada,   y puesta en valor.  La publicidad deviene personalizada.

Tiqqun opone al paradigma cibernético, la hipótesis liberal, antecesora e integrada en la nueva lógica cibernética. La economía liberal ponía en valor la riqueza en tanto materia sedentaria, la cibernética, en cambio, apuesta por la circulación de la información en tiempo real, y dicha información pasa a tener un valor que juega en los mercados, es tratada como un código decodificable, controlable; reduce así el ser social a la pura superficialidad de las conexiones y la transparencia de esas conexiones.

Las relaciones sociales se reducen así a enlaces, como los que nos permiten entrar a más y más información en la web, nuestros vínculos con la máquina, con los demás y con nosotros mismos se vuelven  transparentes porque transcurren en la pura superficialidad, los datos e información que cotidianamente producimos son codificados, catalogados, y puestos a jugar en una compleja red de comunicaciones.

 El capitalismo presente debe ser calificado como economía de la información. La información ha devenido la riqueza a extraer y a acumular, transformando al capitalismo en auxiliar de la cibernética.

 Nosotros estamos más familiarizados con el termino neoliberalismo, que en definitiva, es, según Tiqqun, el híbrido  que resulta de injertar en la base del utilitarismo económico que caracterizaba a la economía liberal, la hipótesis cibernética; dicho de otro modo, si el llamado modelo extractivista alude al aprovechamiento de las materias primas y a la idea de extraer la mayor cantidad posible de las riquezas naturales del planeta, bajo el paradigma cibernético, de lo que se trata es de extraer la mayor información posible de la sociedad, tanto de cada uno, en relación con los demás y con su entorno.

Para dar un ejemplo vinculado a lo cotidiano: nuestros datos personales con los que nos registramos en diversos espacios de la web, luego son utilizados y se ponen en valor como bases de datos de potenciales futuros clientes de empresas que están ávidas de información sobre  perfiles de consumidores de sus productos y servicios.

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 El gobierno cibernético

Lo que se oculta con Google, bajo las apariencias de una inocente interfaz y de un motor de búsqueda con una rara eficacia, es un proyecto explícitamente político. Una empresa que cartografía el planeta Tierra, enviando equipos a cada una de las calles de cada una de sus ciudades, no puede tener intenciones meramente comerciales. Nunca se cartografía sino aquello que uno medita adueñarse.  

Con solo echar un vistazo a los orígenes de Internet, por dar un ejemplo, o cómo la computadora y la bomba atómica nacen de un mismo movimiento en la plenitud de la segunda guerra mundial,  Tiqqun hecha luz sobre cómo la hipótesis cibernética está íntimamente ligada a la estrategia militar, y a la idea de protección y conservación del gobierno. El ejército militar estadounidense tomó como modelo para crear una red electrónica de comunicación descentralizada, el diagrama de las autopistas interestatales, y así prevenir un ataque a sus bases y que no se pierda la comunicación entre las autoridades de mando militar.

El GPS nos ubica, nos guía, nos orienta, nos dirige; es una máquina de dar respuestas, ya no hay más problemas. Un taxista despistado que sólo escucha el GPS para orientarse en las calles de la ciudad; de pronto, al doblar en una esquina y tomar una avenida, descubre atónito que había doblado en contramano… esa luz que parece guiarnos y orientar nuestra conducta cotidianamente, puede que sea la luz de los faros de un camión que se nos viene encima.

La pregunta que puede surgirnos es ¿Qué hacer ante tanto avasallamiento? ¿Cómo contrarrestar los avatares cibernéticos que nos mantienen controlados, vigilados, interconectados?

 Política Cinética

 La cibernética propone un movimiento vertiginoso. Un movimiento inmóvil, los estímulos son automáticos.

Ante la instantaneidad de la velocidad que solidifica los flujos en un sistema, en una objetividad que todo lo absorbe es necesario una política cinética, la lentitud forma un flanco contra el Capital. Ralentizar, generar otros ritmos.

Generar encuentros que pongan en relación las formas-de-vida entre sí implica ir más allá de la información (posts, estados, perfiles); la ralentización es la resistencia de la relación a la interacción.

El encuentro va más allá de la información para proponer una manifestación de intensidades entre las formas-de-vida presentes en cada uno.

La velocidad subleva a las instituciones. La lentitud corta los flujos. El problema de la política cinética, dice Tiqqun es el de abandonarse a una pulsación, explorar intensificaciones distintas. Es una política del ritmo, de la renguera… generar ritmos propios, otros acentos, otras intensidades. El ritmo de la desconexión. El sabotaje ludita es una posibilidad menos necia de lo que nos hicieron creer.

 La Niebla

 La gestión de la luz, de lo oculto y lo develado, lo visible y lo invisible, es el alfa y el omega de las técnicas específicas de poder a lo largo de la historia. No es casual que en este tiempo mostremos todo lo que hacemos sin necesidad de rituales confesionales o de tortura. Nadie nos pregunta que comimos, nadie nos pregunta a quién votamos, o qué leemos o a qué concierto fuimos. Lo mostramos solitos bajo una premisa oculta que pocas veces aparece en el discurso pero que insiste en la lógica cibernética. Mostramos todo porque no tenemos nada que ocultar.

Tiqqun propone la niebla.

La niebla es el vector privilegiado de la revuelta. La niebla conmociona todas las coordenadas habituales de la percepción. Provoca la indiscernibilidad de lo visible y de lo invisible, de la información y del acontecimiento.

Esta idea de la claridad y la luz la podemos rastrear en el filósofo que consideramos padre de la modernidad: René Descartes. Para buscar una verdad, proponía, esta debe ser clara y distinta. Clara significa que sea comprensible de primera mano (es más difícil de explicar de lo que parece pero todos entendemos a qué nos referimos cuando decimos que algo es “claro”) y distinta significa que no se mezcle con otra cosa. Este es el criterio de verdad que incorpora Descartes a la filosofía y que impregna hoy por hoy el sentido común también. Piensen en cómo hablamos, estas ideas están muy presentes: “el chabón la tiene clara”, algo que no es muy claro se nos vuelve sospechoso de falsedad… La claridad remite a la luz, a algo iluminado, que se ve bien (claramente, distintamente). Fijémonos cómo esta metáfora lumínica impregna nuestra manera de pensar. Al ser claros (al entrar en los regímenes de visibilidad en los que estamos inmersos) nos definimos. Piensen por ejemplo: ser claramente un hombre, ser claramente una mujer. Estar claramente loco o cuerdo. Estar claramente esperando un momento… Creemos que es a esta claridad a la que se opone Tiqqun con el concepto de niebla. La niebla no anula la luz, la difumina. La niebla se conquista.

Ante la luz (que baña y permite visibilizar algunas de las cosas del mundo) Tiqqun propone la niebla. Y la niebla se conquista por la reapropiación de la violencia.

Decir que la revuelta tiene que hacerse niebla significa que tiene que hacerse opaca para salir adelante, de la misma manera que la opacidad tiene que hacerse ofensiva para durar: esta es la clave de la revuelta invisible.

Que no sepan de dónde viene el golpe, que no sepan del peligro más que se esconde en el aire, se respira.

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