Historia argentina/Política nacional

Instrucciones para usar una cacerola

 

Manifestations casseroliennes à Rosemont !

¿Qué es un cacerolazo? ¿Qué representa? ¿A quiénes? ¿Es una herramienta de lucha  o de defensa del status quo? En algunas ocasiones con más prensa, en otras más silenciado, el cacerolazo ha sido protagonista de la historia argentina desde 1982. Pero en Chile también estuvieron presentes tanto para tumbar a Allende como para enfrentar la dictadura de Pinochet. Y hubo expresiones similares en Uruguay, Bolivia, España e Islandia. A continuación, un repaso por una expresión popular que sigue emocionando e incomodando.

Por Pablo Lescano y Carlos Sanabria @Hayquearar


“Ollas vacias golpeando voy
se la llevaron al exterior
Estos hijos de puta ya la van a pagar
panzas vacías los niños de hoy
y en el congreso transas nomás
En medio de la plaza los vamos a quemar
Hablas de moralidad, salís en televisión
Político hijo de puta, la puta que te pario”

Meta Guacha

Si las instrucciones para usar una cacerola integraran el “Manual de instrucciones” que da inicio al libro “Historias de Cronopios y de Famas” escrito por Julio Cortázar en 1962, todo sería más fácil. Nos hubiéramos ahorrado las preguntas “¿Cómo se golpea esto?” “¿Con qué postura?” “¿Así suena bien?” Y es que la cacerola volvió a ser protagonista en la política argentina, quizás ayer bajo otras manos, quizás con otras intenciones. Mauricio Macri fue el impulsor para que la cacerola tenga otro protagonismo más que la cocción de un buen sofrito. El presidente invitó a la sociedad a reflexionar sobre su abrigo en el interior del hogar y a dejar de “andar en patas” para ahorrar energía. Mientras tanto, las facturas de gas con precios exorbitantes esperan ansiosas su destino: ¿Será su importe abonado? ¿O quedarán como souvenir de un primer semestre fatídico?

Más allá de esperar una pronta definición de la Corte Suprema sobre el aumento de tarifas, se desarrolló una convocatoria en distintos puntos del país para rechazar los tarifazos y una inflación que día a día sigue vaciando bolsillos y billeteras. La consigna principal que recorrió las redes sociales fue #14JNoAlTarifazo. Y la metodología de protesta fue nuevamente el cacerolazo.

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¿Cómo definimos el cacerolazo?

El diccionario no ayuda, pero la investigadora Roxana Telechea, del Centro de Investigación y Estudios en Ciencias Sociales, lo define así: “Los cacerolazos son un tipo de manifestación con características pacíficas. La particularidad de la manifestación reside en la concentración simbólica en un elemento específico, en este caso, un instrumento de cocina. Como adelantamos, si bien todos los cacerolazos suenan parecidos, expresan objetivos cualitativamente diferentes. Inclusive, en gran cantidad de casos, absolutamente contrapuestos”. Asociados en el inconsciente colectivo argentino con la insurrección popular de diciembre de 2001 que desembocó en la renuncia del entonces presidente Fernando De La Rúa, los cacerolazos tienen historia y la misma trasciende las fronteras nacionales: ¿Dónde se puede situar su origen? ¿Se desarrollan solamente en Latinoamérica? ¿Qué objetivos expresan? ¿Al fin y al cabo son conservadores o progresistas?

Génesis en Chile

La llegada al gobierno de la Unión Popular en Chile con Salvador Allende como presidente en 1970 hizo sonar las alarmas en Estados Unidos respecto a Latinoamérica. El triunfo de Allende en elecciones democráticas significaba el éxito de la “vía democrática al socialismo” y la extensión del área de influencia de la Revolución Cubana al Cono Sur, dos cosas que Estados Unidos no estaba dispuesto a tolerar.

El programa de la Unión Popular era ambicioso y contenía las siguientes medidas: un paquete de leyes que contemplaba la participación de los obreros en las ganancias de las fábricas, creaba empresas de autogestión, castigaba delitos económicos y reajustaba los salarios de los trabajadores de acuerdo a los costos de la canasta básica. A eso se le sumaba la nacionalización del cobre, la reforma agraria y las reformas sanitarias, educativas y sociales. Un combo explosivo que el sector empresarial no estaba dispuesto a tolerar.

La respuesta de los empresarios fue un gran desabastecimiento de productos esenciales que dio lugar a la creación de mercados negros y a una hiperinflación de 342%. El 1 de diciembre de 1971, el movimiento Poder Femenino marchó por las calles de Santiago y otras ciudades chilenas al anochecer, golpeando ollas y cacerolas vacías simbolizando la falta de alimentos que afectaba a la población.Se les llamó inicialmente como “la marcha de las cacerolas vacías” porque –en teoría- no existían alimentos. Luego del golpe de Estado contra Allende en septiembre de 1973, aparecieron repentinamente todos los alimentos que habían escaseado durante el gobierno de la Unión Popular.

Sin embargo, una vez consumado el derrocamiento de Allende y consolidada la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, los cacerolazos cambiaron de signo político: se trató de una medida efectiva y segura que permitía abrir una franja en la poderosa censura del gobierno de facto, por ejemplo en las convocatorias realizadas por la Confederación de Trabajadores del Cobre.

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En Argentina y latinoamérica

Además del mencionado en las jornadas de diciembre de 2001 bajo el lema “Piquete y Cacerola, la lucha es una sola”, en Argentina, para remontarnos a los primeros cacerolazos, debemos ir hasta el año 1982. Luego de la derrota en Malvinas, con la dictadura militar en franca retirada, un grupo de mujeres congregadas en la Plaza de Mayo hicieron sonar sus sartenes reclamando el aumento del costo de vida. “Que bajen los impuestos” y “El hambre ya no se soporta” fueron las consignas.

Ya en democracia, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, las ollas se hicieron oír nuevamente en septiembre de 1988. La hiperinflación acechaba los bolsillos de los sectores populares y la consigna era clara en ese momento: “contra el tarifazo, el cacerolazo”.

Los años de “la pizza y el champagne” también escucharían los ecos del sonido metálico de las cacerolas. El más significativo de ellos se escuchó en el año 1996 en contra del mandato de Carlos Menem. Se propuso un apagón nacional que durara cinco minutos, durante el cual la población se sirvió de cacerolas, cornetas, bloqueo de calles y gritos de consignas para paralizar el territorio argentino. Aunque el propio Menem desechó el apagón -se refirió al evento como “una fantochada”-, tuvo éxito: la repercusión a nivel nacional fue masiva y las cifras del bajón eléctrico oscilaron entre el 20 y 60 por ciento del consumo nacional.

Los últimos cacerolazos que se sintieron en Argentina son recientes. A finales de marzo del 2008 cientos de personas salieron a las calles en contra de una medida tomada por la presidenta Cristina Fernández que imponía mayores retenciones impositivas a los empresarios del sector agroganadero. En el cacerolazo se produjeron enfrentamientos con sectores que apoyaban la medida gubernamental.

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En el resto de Latinoamérica, además de Chile, se destaca el protagonismo de la cacerola en Uruguay, Bolivia y Venezuela.

Para quebrar la hegemonía comunicacional de la dictadura militar, el SERPAJ (El Servicio Paz y Justicia) uruguayo se propuso difundir una serie de propagandas. El 25 de agosto de 1983, Día de la Independencia en Uruguay, el SERPAJ convocó a una hora designada, que todo Montevideo se encerrase en sus casas y diera un “concierto de cacerolas”. Las calles de la ciudad estaban desiertas. El tac-tac-tac prevalecía como el único sonido que emitía Montevideo. En mayo de 2002 un estruendoso cacerolazo acompañado por un apagón fue llamado contra las medidas de ajuste fiscal anunciadas por el Ministro de Economía uruguayo Alberto Bensión.

En marzo del 2007 en Bolivia se organizó una “Marcha de las Cacerolas Vacías” contra el aumento del costo de vida. La marcha finalizó con la quema de un muñeco disfrazado de Evo Morales. En noviembre del mismo año volvieron a marcar con cacerolas, a las que le sumaron canastas, habitantes de varias ciudades de Bolivia. La causa seguía siendo el aumento del costo de vida.

En Venezuela, las primeras manifestaciones venezolanas con ollas percutando fueron en contra del segundo gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez, en la década de los noventa. Los manifestantes pedían la renuncia del Presidente debido a la cantidad de mediadas antipopulares tomadas, e hicieron retumbar las ciudades -en especial Caracas- con el eco metálico de sus cacerolas.

En enero de 2002, durante un discurso presidencial de Hugo Chávez en la base aérea de La Carlota, cientos de manifestantes se congregaron en los alrededores con el intento de ahogar las palabras de Chávez con la estridencia de sus ollas. En abril del mismo año, debido al fallido golpe de Estado contra Chávez, la cacerola cambió de manos: el chavismo reunido a las puertas Miraflores clamó por el regreso del presidente y la renuncia de Pedro Carmona Estanga –quien había jurado como presidente ante las autoridades militares en el Ministerio de Defensa y solo duró 48 horas en el cargo- haciendo sonar sus ollas.

En la actualidad, el gobierno venezolano de Nicolás Maduro enfrenta un proceso de desestabilización donde sectores empresariales han declarado una guerra a través del desabastecimiento de productos básicos, generando un creciente malestar en la sociedad, la cual hace oír su descontento mediante el golpeteo de sus cacerolas. Como podemos ver, al contrario de lo que rezan las telenovelas al comenzar, cualquier parecido con la historia no es mera coincidencia.

En el “primer mundo” también

Islandia. Año 2009. La crisis financiera azotaba a los países de la Unión Europea y el gobierno del Primer Ministro GeirHaarde se encontraba en el medio de un vórtice de bancos clausurados, deudas impagables y financiamientos que colocaban al país nórdico al límite de la banca rota. Ante el inminente colapso nacional, multitudes se congregaron en Reykjavík pidiendo la dimisión del primer ministro y su junta de gobierno. Los instrumentos de expresión fueron ollas, tapas y otros utensilios del hogar, que sirvieron de banda sonora a la tensión sostenida en la capital. El 20 de enero del 2009 las demostraciones aumentaron al nivel de revueltas que tuvieron que ser controladas por la policía; la pacificación involucró el uso de gas pimienta y resultó en varios heridos y arrestados.

Sin poder soportar la presión pública, el gobierno de Haarde renunció al poder y, tras organizar elecciones en abril del mismo año, una nueva coalición gubernamental encabezada por Jóhanna Sigurðardóttir asumió el control del país.

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En el caso de España se las conoce como caceroladas y han estado presentes en distintas marchas y concentraciones españolas, desde la huelga general de 2010 en contra de las reformas laborales y de pensiones impuestas por el gobierno “socialista” de José Luis Rodríguez Zapatero, hasta la protesta masiva del 2012 en el Congreso de Madrid en contra de las políticas de ajuste del gobierno de Mariano Rajoy.

Para finalizar la receta

En 1822 el Barón, historiador del arte y gastrónomo alemán Karl Friedrich von Ruhmohr publicó un libro titulado “The Essence of Cookery” en el que destacó que la olla había sido un invento revolucionario: el elemento que le permitió al arte culinario la posibilidad de desarrollarse en todas direcciones. ¿Hubiera pensado también el barón que la olla siglos después se convertiría en una herramienta de expresión popular? Y es que como hemos descripto, el cacerolazo no le pertenece a nadie, no tiene un color ni ideología política. Su sentido se va actualizando. Ha servido para legitimar posturas conservadoras y reaccionarias y también como expresión de deseos de transformación y de cambio. Así que si usted la desea usar, lo único que le queda es practicar.

 

 

 

 

 

 

 

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