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Para nada despolitizado. Para nada ingenuo. En el acto de conmemoración por los 200 años de la Independencia, el Presidente Mauricio Macri dio un discurso cargado de ideología. Mostró ser un representante hecho y derecho de la burguesía, la clase social que gobierna en lo político, lo económico y propone consensos desde lo ideológico. Masoquista, reflexivo y rabioso, el siguiente artículo analiza los dichos del presidente de todos los argentinos.

Por Alejandra Santiago @Alejaisantiago


Frente a Macri, el lugar principal está ocupado por hombres de traje y mujeres con tapados. Están sentados a pocos metros del presidente, mientras que más atrás está “la gente”. Miran parados, escuchan, y acompañan con leves aplausos. “Sí se puede”, lo más parecido a un canto de militancia, se escuchará en algún momento. En su discurso, Macri le habla a “los argentinos”, pero ¿a quién se refiere? ¿A quién invita a “potenciar las capacidades”? ¿A quién le propone acortar costos? ¿A quién le guiña el ojo cuándo critica a las organizaciones gremiales por querer seguir conquistando derechos para sus trabajadores? ¿A quién le propone ser solidarios? Es un vocabulario empresarial, acorde a un país considerado como una organización que debe potenciar sus capacidades y así, “entre todos”, poder salir adelante. Cabe reflexionar también quiénes verán los beneficios cuando esta empresa “salga a flote”, quiénes se llevarán las ganancias cuándo el país se inserte en la economía mundial como una nación “libre y soberana”. ¿”Los argentinos”?

Discursos ‘desideologizados’, un perverso juego ideológico

Macri señala la Casa de Tucumán, imagina a los hombres dentro de ella hace doscientos años y pronuncia: “Deben haber tenido angustia, querido rey, de separarse de España, no es fácil asumir ser independientes, libres”. Así, angustiados, se conmemoró la fecha patria en este 2016. ¿Una burla o una muestra de coherencia? Quizás el presidente no sea un apasionado de la historia argentina, pero esta mínima referencia al momento histórico que se celebra es acorde a la historia escrita por vencedores, a esa clase social a la que Macri pertenece.

Pero no hubo angustia cuando el presidente reclamó “terminar con los ausentismos, las licencias, las jornadas horarias reducidas. Cada vez que un gremio consigue reducir una jornada horaria, todos los demás argentinos lo estamos asumiendo como parte de un costo y no está bien. Nosotros, los que nos toca conducir desde la política, tenemos más responsabilidad, tenemos que dar ejemplo en el diálogo, en la cercanía, en la austeridad, en la transparencia.” Fue categórico, no le tembló la voz al dar cuenta que los trabajadores son un costo, un gasto más que debe reducirse a su máximo posible. Carlos Marx en “El Capital” caracterizó a las luchas por la reducción de la jornada laboral y de aumento de salarios como una muestra de la lucha de clases. Mientras de un lado se busca “reducir costos”, del otro lado del campo de batalla, los trabajadores reclaman aumentos.

En la Argentina de hoy, donde aumentaron los servicios, el transporte, donde a pesar de la afirmación del Presidente de haber frenado la inflación, esta estuvo en el último semestre por encima del 25%[1], lo que produjo que el reclamo por aumentos salariales haya encabezado las luchas en todos los frentes gremiales. Los trabajadores como clase social han salido a las calles llevando sus propios reclamos históricos más allá del freno impulsado por los representantes de la burocracia sindical. Cuando Macri pide frenar el ausentismo, propone dejar de lado paros y planes de lucha. Su queja contra las licencias “excesivas” es una ofensiva contra los derechos laborales conseguidos.

“Nosotros, los que estamos en el poder”, continuó Macri, “tenemos más responsabilidad”. Este ha sido históricamente el discurso de las clases dominantes para justificar su posición social. Esa mayor responsabilidad justifica relaciones jerárquicas y por supuesto mayores salarios.

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El momento de la “dura verdad”

“La verdad es dura, todas las transiciones son difíciles, este punto de partida es especialmente difícil porque encontramos un país y un Estado muy castigado por la mentira y la corrupción que nos sigue irritando todas las semanas. Dada la precariedad tuvimos que tomar muchísimas decisiones, y algunas de ellas fueron duras. Dolieron, me dolieron, y me siguen doliendo. Se que a muchos argentinos les está costando”. Macri se muestra transparente y claro. Busca la empatía con quienes han sido más afectados por las medidas tomadas. Pero detrás de este discurso edulcorado, hay un gusto amargo. Sus palabras son para lavar las culpas de la clase social dominante, responsable de la situación de pobreza, vulnerabilidad y hambre que vive una gran parte de la población argentina. Por eso tratan de ponerse de igual a igual, ellos también sienten dolor, a ellos también les está ‘costando’. El ajuste sobre las clases trabajadoras genera lágrimas, el aumento de las tarifas de los servicios seguramente varias noches de insomnio.

Y esa angustia quizás también tenga que ver con el arduo trabajo para que “volvamos a tener gas y la energía suficiente”, ya que “sin energía no podemos vivir ni crecer, ahí les tengo que pedir, desde ese lugar que hemos asumido todos de ser independientes, significa responsables y solidarios.”, sentenció Macri. Acto seguido continuó y nos invitó a “consumir la menor cantidad de energía posible. Hoy nuestro país está entre los que más consume energía, por habitante. No es culpa de ustedes, fue culpa de una mala política, de una errónea política que nos llevo a darnos cuenta que además consumiendo la energía de esta manera, dañamos el medio ambiente”.

¿Qué quiso decir el presidente? La responsabilidad del gasto de energía recae en “la gente”. El mayor problema energético tiene relación con la poca capacidad del sostenimiento de la demanda de consumo. Pero esta demanda no recae sólo en el consumo doméstico, sino en mayor medida en los transportes, industrias, las ciudades. La composición de la matriz energética es lo que merece un cuestionamiento, no el consumo doméstico. Allí reside el problema de la crisis energética en la que estamos inmersos. En nuestro país más del 50% de la matriz energética corresponde a Gas Natural, en su mayor parte importado, y un 36% de combustibles líquidos refinados, petroleo.[2]

Para sostener este modelo, en los últimos 20 años se han recrudecido las políticas extractivistas para la extracción de recursos, siendo la megaminería, el modelo sojero y el fracking sus pilares. A pesar de los daños ambientales que causan estas políticas, parece que para el Presidente Mauricio Macri, los responsables y por tanto quienes deben ayudar a combatir el daño al medio ambiente, somos los ciudadanos, no las empresas que lo produjeron.

Los aplausos finalizaron y el micrófono ya fue desconectado. Pero el discurso neoliberal seguirá revoloteando, y mostrándose transparente y verdadero. Sus propuestas de mayor explotación, mayor precariedad de la vida, y pérdida de soberanía por supuesto seguirán ocultas. Retomar los sueños de Mariano Moreno, Manuel Belgrano, de ser una nación libre de ataduras externas, pone como protagonistas a las organizaciones, asambleas vecinales, las comunidades indígenas, quienes reclaman ayer y hoy por soberanía nacional. Entonces de un lado ellos, la clase dominante, representada hoy por la CEOcracia. Vos, ¿de qué lado estás?


[1]     http://www.lanacion.com.ar/1916854-indec-dan-la-inflacion-del-primer-semestre

[2] http://www.energia.gov.ar/contenidos/archivos/Reorganizacion/informacion_del_mercado/publicaciones/energia_en_gral/balances_2015/flujograma_energetico_2014_rev_c.pdf

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