Historia argentina

Las voces bajas del bicentenario

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La historia popular, la que se fabrica desde abajo, desde la memoria colectiva, desde la memoria larga, esa historia, es una (re)construcción que problematiza las grandes narrativas de los que hablaron más alto, desde el poder y la gloria. La tensión entre el protagonismo de las élites y el silenciamiento de ‘la plebe’ está presente en las reflexiones críticas acerca de los doscientos años de la declaración de la independencia. La Historia que nos contaron vive un desplazamiento frente a la urgencia y la necesidad de reconocer otras historias, las que permanecen en los pliegues, las que interrumpen el relato hegemónico de la construcción nacional. Se oyen otras voces, las que andaban por lo bajo. Como decía Galeano, no se trata de los sin voz, sino de los que están gritando. Oíd, mortales.

Por Pablo Lescano


“Aquí no tenemos padre ni madre, vamos a morir en defensa de nuestros derechos. El gobierno es un ingrato, no atiende a nuestros servicios, nos quiere hacer esclavos, yo fui con seis cartuchos al cuartel y por el momento conseguí quien me diese muchos.”

GABRIEL DI MEGLIO – LAS PALABRAS DE MANUL

Durante décadas la historiografía tradicional ha construido un relato sesgado y elitista de nuestra historia, según el cual las clases dominantes y los grandes hombres han sido los protagonistas de la misma. En esta narrativa, el rol de los gauchos, los esclavos, los campesinos, los artesanos, los indios, los trabajadores, las mujeres, etc., ha sido banalizado o invisibilizado, negándoles a dichos actores sociales autonomía, presentando su accionar como determinado por las decisiones de esos grandes hombres, dejando entrever que no sostenían reivindicaciones propias o accionares en pos de defender sus propios intereses.

En este sentido, según la historiografía positivista[1] el historiador no debe emitir juicio sobre el pasado, sino que debe dar cuenta “de lo que realmente pasó”. Para la tradición positivista, la historia tiene una existencia objetiva y el historiador tiene que poner a hablar los documentos para reconstituir “objetivamente” el hecho histórico.

Por el contrario, escuelas como la francesa de los Annales y la de la historia social británica[2], propusieron una visión diferente. A esa interpretación del pasado positivista –en teoría “objetiva y científica”- estas corrientes alternativas respondieron con el relativismo subjetivo, lo cual significa que el pasado es interrogado de acuerdo a las preocupaciones del presente. Ya que el historiador no narra, no describe, sino que interroga el pasado, lo escudriña para recrear una nueva memoria histórica. Y al pasado se lo interroga a partir de un problema. Se problematiza, así, la historia, no se la describe. De esta manera, se buscó un acercamiento a quienes habían sido excluidos de los grandes relatos: la “gente común”, la “gente corriente”, aquellos que compartían un status subordinado en el orden colonial. Se trata de replantear la manera de hacer historia, de “Explorar una dimensión desconocida del pasado”[3] tal como expresa el historiador británico Eric Hobsbawm.

Tomando como referencia lo mencionado anteriormente y las investigaciones de las últimas tres décadas que se han desarrollado en el campo historiográfico nacional, buscaremos reflexionar sobre la intervención de los sectores populares en el ciclo de independencia rioplatense. En efecto, como sostiene el historiador Raúl Fradkin: “La “historia popular” que aquí intentamos recuperar es la historia de los grupos sociales subalternos[4] del orden colonial rioplatense, aquellos que en la época eran denominados como la “plebe”, el “bajo pueblo”, el “populacho”, cuando no la “chusma” o incluso la “canalla”, un conglomerado heterogéneo y móvil que conformaba la mayor parte de la sociedad.”[5]

¿Quiénes eran estos sectores populares? ¿Cuál fue su intervención en el proceso de independencia? ¿Cuáles fueron sus motivaciones, expectativas y aspiraciones? ¿Cuál fue su incidencia en sus características y resultados?

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La “plebe”

Con esta categorización, al igual que las otras mencionadas anteriormente, la historiografía tradicional ha perseguido el objetivo de homogeneizar a los actores sociales a los cuales se hace referencia. Esto permite la reproducción de un discurso dominante que pretende quitarles todo tipo de historicidad, relevancia, neutralizar la conflictividad social.

Sin dudas que a ello ha colaborado la caracterización realizada en los actos escolares –siendo la imagen que ha quedado impregnada en el inconsciente colectivo- como los vendedores de empanadas, de velas, de leche, de escobas, también como aguateros, frecuentadores de las pulperías, generalmente vinculados a los sectores afroamericanos, poco y nada se profundiza sobre quiénes componían este colectivo, qué factores incidían en ello y si tenían consciencia tanto de la posición que ocupaban en la escala social como al interior de este conjunto. Entonces, la “plebe”, según el historiador Gabriel Di Meglio: “…incluía en sus filas a todos los que compartían una posición subalterna en la sociedad por su color, su ocupación, su falta de “respetabilidad” –el título don/doña-, su pobreza material, su lejanía en las áreas de decisión política, sus lugares de sociabilidad, su inestabilidad laboral, su movilidad espacial frecuente, sus dificultades para formar un hogar propio y su situación de dependencias de otros (…) Esta amplia franja de la población (…) era un grupo altamente heterogéneo, multiétnico y multiocupacional, internamente jerarquizado.”[6]

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La intervención de los sectores subalternos en el proceso de independencia

De acuerdo a las reconstrucciones mediante la indagación de documentos, Manul –a quien se le atribuyen las palabras que encabezan este artículo- era un soldado del tercer tercio cívico (formado por indígenas, pardos y morenos libres) con cuartel en Buenos Aires, el cual formaba parte del cuerpo de milicias. Esto no hace más que brindarnos una aproximación de la intervención activa que han llevado adelante los sectores subalternos en el ciclo de independencia. Intervención que, por cierto, no ha sido registrada por la historia tradicional o positivista.

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Manul, soldado del tercer tercio cívico

Según esta mirada, la participación popular se trató de una simple marcha de individuos autómatas, sin dirección propia, carente de sentido político y arrojado totalmente a los vaivenes políticos e intereses particulares de los grupos de poder. Así, los comportamientos populares se explicaban a través de una manipulación mediante dinero, seducción o engaño, una utilización que se producía por la escasa comprensión de parte de los sectores populares por los acontecimientos que se estaban desarrollando.

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Por el contrario, las visiones historiográficas alternativas proponen un panorama contrapuesto como sintetiza Raúl Fradkin: “Si las facciones elitistas estaban aprendiendo a utilizar los “tumultos”y la movilización de grupos subalternos para saldar sus disputas, los sectores subalternos también estaban haciendo sus propios aprendizajes. Y si hacía falta tal diversidad de “engaños”, “promesas” y “dinero” resulta que la adhesión debía ser conseguida y no resultaba simplemente de relaciones de obediencia, que era preciso contar con una trama de mediadores y articuladores sociales y que los sectores subalternos experimentaron la necesidad creciente que los grupos elitistas tenían de ellos.”[7]

En este sentido, pasaremos a examinar algunos ejemplos del espacio rioplatense que conocieron el accionar de los sectores subalternos.

En el caso de Buenos Aires, por ejemplo, las milicias tuvieron un protagonismo fundamental. Por un lado, para zanjar disputas locales de poder, en esa dirección que planteaba Fradkin más arriba. Hay ejemplos sobrados de ello: en 1809 la movilización de las milicias evitó la destitución del virrey Santiago de Liniers, en 1810 cumplieron un rol crucial en los acontecimientos de mayo para desplazar al entonces virrey Cisneros, más tarde dirimieron las disputas entre saavedristas y morenistas. Pero a ello no se limita todo. Tal como explica Gabriel Di Meglio: “Revistar en distintos cuerpos militares creó lazos horizontales inexistentes previamente entre los plebeyos (…) Antes de la guerra, la plebe porteña y el resto de las clases populares del ex virreinato distaban de tener una identidad en cuanto tales (…) De esa identificación interior a los cuerpos militares devinieron rivalidades entre los diferentes regimientos que muy a menudo originaron peleas. Pero también fue la base para el surgimiento de acciones colectivas.”[8]

En Salta y Jujuy, la historiadora Sara Mata de López ha indicado que “sectores muy amplios de la población -principalmente grupos afrodescendientes, mestizos, indígenas y criollos pobres- aspiraron, a través de la movilización y la guerra, alcanzar significativos cambios en sus condiciones de vida y en su participación política y social.”[9] Esto aleja un tanto la construcción de la figura deslumbrante de Martín Miguel de Güemes, en especial luego del último 17 de junio. Por el contrario, el historiador Gustavo Paz nos cuenta que: “Güemes construyó su poder mediante la extensión de la protección y la compensación material a los habitantes de la campaña movilizados, los gauchos (…) La guerra desató tensiones sociales y étnicas que habían estado contenidas desde la colonia. Las elites de Salta y Jujuy toleraban dificultosamente el “sistema de Güemes” sólo porque las urgencias de la guerra lo hacían necesario y lo legitimaban.”[10]

Por el lado de la región de Cuyo, los análisis se han encontrado encandilados por lo que significó la experiencia sanmartiniana. Sin embargo, al momento de la llegada de San Martín se puede hablar de la existencia de una cultura política plebeya (en especial negros y mulatos) que no estuvo ausente en el proceso de militarización previo la campaña de los Andes. Sino que según lo sostenido por la historiadora Beatriz Bragoni: “…terminó convirtiéndose en un ámbito de sociabilidad formidable no sólo para obtener oficiales y soldados entrenados para hacer la guerra, sino como espacio de experiencia favorable a la difusión de los preceptos libertarios e igualitarios sostenidos por la legitimidad y la justicia revolucionaria.”[11]

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Conclusiones

A modo de finalización diremos que a partir de las evidencias sostenidas por la historiografía nacional tributaria de los Annales y de la historia social británica, podemos concluir que los sectores populares se constituyeron en un actor social y político central en el ciclo de independencia rioplatense.

Sin embargo, a pesar de la intensa movilización por parte de los sectores subalternos que se desarrolló a lo largo del proceso de independencia, coincidimos con las palabras del historiador canadiense Timothy Anna: “…ni en México ni en ningún otro lugar de América Latina (a excepción de Haití) fueron las clases populares las que determinaron la llegada de la independencia ni la forma política que adoptaron los nuevos estados.”[12]

La derrota del proyecto[13] de Gervasio Artigas en la Banda Oriental en 1820 por parte de la alianza entre los portugueses, el Directorio de Buenos Aires y los desertores del artiguismo, hirió de muerte el proyecto revolucionario iniciado en 1810. En este sentido, en 1820 murió el carácter revolucionario del federalismo rioplatense y concluyó la fase revolucionaria. La derrota del proyecto radical fue, al mismo tiempo, la derrota de la revolución y de la democracia. En medio de los “festejos” por el Bicentenario, el costo social y político de esa derrota fue elevada y no ha terminado de pagarse.

A pesar de que los sectores subalternos no pudieron imponerse en la correlación de fuerzas en la posterioridad del proceso independentista, ello no abona la mirada tradicional o positivista de que han sido manipulados por las elites dominantes debido a su ignorancia, porque como resume E. P. Thompson: “Miremos, pues, la historia como historia – hombres situados en contextos reales que no han escogido, y teniendo que enfrentar fuerzas que no se pueden desviar, con una inmediatez abrumadora de relaciones y obligaciones y sólo con una mínima oportunidad de introducir su propia actuación- y no como un texto para echar bravatas acerca de lo-que-podíahaber-sido.”[14]


 [1]https://historiacritica.uniandes.edu.co/view.php/89/index.php?id=89

[2]http://revistas.ucm.es/index.php/HICS/article/view/HICS0303110119A

[3]Hobsbawm, Eric: Sobre la historia, Crítica, 1998. Págs. 207-208.

[4] Para más información sobre el concepto de subalternidad visite: http://www.cecies.org/articulo.asp?id=135

[5]Fradkin, Raúl: ¿Y el pueblo dónde está?: contribuciones para una historia popular de la revolución de independencia en el Río de la Plata. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2008. Pág. 10.

[6]Di Meglio, Gabriel “Las palabras de Manul. La plebe porteña y política en los años revolucionarios” en Fradkin, Raúl: ¿Y el pueblo dónde está?: contribuciones para una historia popular de la revolución de independencia en el Río de la Plata. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2008. Pág. 69.

[7]Fradkin, Raúl “Cultura política y acción colectiva en Buenos Aires (1806-1829): un ejercicio de exploración” en Fradkin, Raúl: ¿Y el pueblo dónde está?: contribuciones para una historia popular de la revolución de independencia en el Río de la Plata. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2008. Pág. 63.

[8]Di Meglio, Gabriel “Las palabras de Manul. La plebe porteña y política en los años revolucionarios” enFradkin, Raúl: ¿Y el pueblo dónde está?: contribuciones para una historia popular de la revolución de independencia en el Río de la Plata. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2008. Pág. 75.

[9]Mata de López, Sara “Insurrección e independencia. La provincia de Salta y los Andes del Sur” en Fradkin, Raúl: ¿Y el pueblo dónde está?: contribuciones para una historia popular de la revolución de independencia en el Río de la Plata. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2008. Pág. 180.

[10]Paz, Gustavo “Reordenando la campaña: la restauración del orden en Salta y Jujuy, 1822-1825” en Fradkin, Raúl: ¿Y el pueblo dónde está?: contribuciones para una historia popular de la revolución de independencia en el Río de la Plata. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2008. Págs. 209-210.

[11]Bragoni, Beatriz “Esclavos, libertos y soldados: la cultura política plebeya en Cuyo durante la revolución” en Fradkin, Raúl: ¿Y el pueblo dónde está?: contribuciones para una historia popular de la revolución de independencia en el Río de la Plata. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2008. Pág. 149.

[12]TImothy, Anna (1990), “La independencia de México y América Centra” en Leslie Bethell: Historia de América Latina, Tomo V, Ed. Crítica, Barcelona. Pág. 45.

[13]http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1852-15682010000200002&script=sci_arttext&tlng=es

[14]THOMPSON, Edward P., “Las peculiaridades de lo inglés”, en Las peculiaridades de lo inglés y otros

ensayos, Biblioteca Historia Social N° 11, Valencia, Centro Francisco Tomás y Valiente –UNED AlziraValencia,

  1. Pág. 75.

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