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Solicitudes de amistad como comienzo de un contrato que aceptás o eliminás. Te sigo, ¿me seguís? Te doy un corazón, pero no me muevo de la pantalla para ver como reaccionás ante mis publicaciones. Y de paso las comparo con las de tus “amigos” que vagan por las redes sociales. En esta cuarta entrega de filosofía se intentará  vislumbrar  un momento en el que la amistad está en boca de todos, quizás más nombrada que nunca, pero también, al mismo tiempo, más ausente, más virtual, más “líquida”.

Por Demian Casaubon y Esteban Peñin


Momento III: La amistad insurrecta y las verdades éticas

Pensar, atacar, construir; esa es la línea fabulosa.

Este texto es el inicio de un plan.

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¿Han servido las redes sociales para reencontrarnos con viejos amigos y encontrarnos con muchos nuevos amigos?

Aristóteles dijo que el que tiene muchos amigos, no tiene ninguno; claro que en el Facebook esta sentencia sólo se reduciría a un like.

Si nos ponemos a pensar un poco en las facilidades con las que hoy en día disponemos para comunicarnos y encontrarnos con otros, vemos que en lo que hace a medios tecnológicos por un lado (redes sociales, infinidad de aplicaciones en dispositivos móviles  para vincularse con otros que comparten gustos y pasatiempos, chats, etc) y por otro, en lo que hace a la cartografía urbana (espacios de entretenimiento y reunión como bares, pubs, boliches, fiestas de youtubers, electrónicas, o del gusto musical que sea…) la amistad está más a la mano que nunca; sin embargo, ¿fomentan esos lugares y espacios una amistad más allá de la utilidad del otro como una necesidad de saciar una satisfacción interna de apartamiento de la soledad?

¿Qué hace que un amigo sea un verdadero amigo? ¿Es la amistad una cuestión reservada al ámbito de nuestra vida privada o es una cuestión política? ¿Qué lazo particular une a ese otro con nosotros para considerarlo nuestro amigo?

Todo amigo es político

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Con el «más de uno» y «más de una» comienza quizá la política. La sensibilidad o la resistencia que uno manifiesta ante estas aporías predispone tal vez a la amistad, la amistad que a mí me gusta. Le ofrece más posibilidades, pero nunca es una condición. La amistad no pone condiciones ni espera devolución alguna: es igualdad sin reciprocidad ni simetría.[1]

Ésta lucida declaración de Jacques Derrida, nos plantea algunas cuestiones que queremos abordar acerca de la amistad.

El libro “A Nuestros Amigos” del Comité Invisible, publicado recientemente por Hekht Libros realiza un exhaustivo estudio sobre los acontecimientos insurreccionales que han sacudido e inquietado a  los Estados de todo el mundo, comenzando por el 19 y 20 de diciembre de 2001 argentino, pasando por el 15 M español, y el “movimiento de las plazas” en Grecia entre muchos otros.

Lo que se pone de manifiesto en estas experiencias insurreccionales, es que no son hechos aislados, atomizados y luego neutralizados por el poder político, sino más bien lazos que sobrepasan las fronteras de lo local, sin perder de vista los territorios vividos y  la potencia de lo comunal.

El bombardeo tecnológico nos proporcionará finalmente la capacidad de conmovernos de la existencia desnuda, sin pixel, de una madreselva. Ha hecho falta que todo tipo de pantallas se interpongan entre nosotros y el mundo para restituirnos, por medio del contraste, el incomparable tornasol del mundo sensible, el asombro ante lo que está ahí. Para que recuperemos el viejo gusto por la amistad, ha hecho falta que centenas de “amigos” a los que no les importamos un carajo nos likeen en Facebook para ridiculizarnos mejor después.[2]

La amistad posibilita una experiencia de la verdad, nos permite enfrentarnos al poder y ponernos de cara con la tarea de inventar modos de vida.

En  este sentido, hablan de la “lógica de la estrategia”, que puede ayudarnos a comprender esa dicotómica relación entre amigo-enemigo, para desestimar la idea del enemigo común, reivindicando los vínculos heterogéneos y situados, lo comunal, los lazos asimétricos, por decirlo de algún modo, dándole un guiño a la figura del amigo que no reclama semejanza y simetría.

Las verdades éticas

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Una de las ideas que también explotan en el texto del Comité Invisible corresponde a lo que llaman “verdades éticas”, en oposición a lo que conocemos como “verdades científicas”.

Las insurrecciones ponen en movimiento devenires revolucionarios, y en las insurrecciones contemporáneas no se parte de ideologías políticas sino más bien de verdades éticas.

Lo contrario de la democracia no es la dictadura, sino la verdad.

La verdad entendida desde la existencia, desde lo vivido y experimentado, la verdad es entonces ética, antes que científica, no habla del Mundo sino de cómo permanecemos en él.

“El lenguaje, lejos de servirnos para describir el mundo, nos ayuda más bien a construir uno”, afirman.

Son verdades que nos vinculan con nosotros mismos, con lo que nos rodea y los unos a los otros. Nos introducen a una vida común en principio, a una existencia inesperada, que no tiene consideraciones por las paredes ilusorias de nuestro Yo.[3]

El amigo invisible

Escribir es una vanidad, cuando no es para el amigo.

Para el amigo que no se conoce aún, también[4]

Esto quiere decir que amigo puede ser una presencia que se experimenta, y que se proyecta sobre el fondo de una trayectoria común, pero también que nos sabemos amigos potenciales.

Nadie sabe lo que puede un encuentro, aseguran, y nos invitan a pensar en que   “Nuestros Amigos” es ante todo, la primera persona del plural, es un nosotros que apuesta por la conjunción.

Nuestros amigos son los que están ahí, aquí y  ahora, somos nosotros, aunque el encuentro esté por darse.

Amigo, en definitiva, puede pensarse que es sabernos partidos, y com-partidos, una invitación a tomar partido, a un tomar compartido.

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[1]Derrida, Jacques Entrevista con Jacques Derrida Un pensamiento amigo Extraído de http://redaprenderycambiar.com.ar/derrida/textos/ami.htm

[2] Comité Invisible.  A Nuestros Amigos. Buenos Aires. Heckt Libros. 2015.  Pág. 124

[3]Ibid. Pág. 49

[4]Ibid. Pág. 160

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