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La noche del último sábado de mayo no fue una más en el itinerario de Shaila y su “Tour Contraindicado”, una serie de fechas en las que la banda hardcore punk de Flores continúa presentando su último material discográfico en distintos puntos de Capital y el conurbano bonaerense. Era el turno de la zona norte, pero con las autoridades del Municipio de San Fernando hay que andar con cuidado. No importó si sus seguidores eran muchos o si, después de más de 20 años de trayectoria, eran “cada vez menos”. Importó celebrar un nuevo encuentro en la clandestinidad, generar el espacio para la nostalgia y el rechazo a la conformidad. Importó tocar igual y ser, una vez más, la sed, la fe, el aliento y la voluntad.

Por Carlos Sanabria @Hayquearar

Fotos: Cove PH


Joaquín se sienta sobre el escenario. Un color azul decora la escena. El micrófono es una ofrenda: “Esta canción la van a cantar ustedes”, dice. Y ese elemento que para los Pomelos del rock marca una distancia, la asimetría con los de abajo, ya no es de nadie, se comparte, no tiene dueño. La banda toca “Bajo el agua” y durante esos minutos el protagonista es el público, ellos y ellas, lxs que cargan con historias de amor y fidelidad,  lxs que no podrían jamás calcular cuántas horas de su vida han pasado escuchando Shaila. Este momento es la esencia de un estilo. Encaja perfecto con esa otra canción que describe que “libertad es dar, compartir para poder potenciar nuestras vidas y soñar”. La banda devuelve un “gracias”. Es genuino, muy genuino.

La noche había arrancado rara. Después se aclararían los por qué. Y es que afuera nada indicaba que en el Club Artesanos había música en vivo. No había nadie en los alrededores ni ninguna birra pasando mano en mano en las esquinas. En el municipio de San Fernando hay temor al rock, temor a la juventud en las calles. Prefieren las noches silenciosas y bien iluminadas. La cultura demarcada e hipercontrolada por parte del Estado. La noche anterior, un show de Nonpalidece había sido cancelado con argumentos vergonzosos: “debido a la posible convocatoria masiva de una banda tan reconocida…”[1] Por eso quienes vinimos a ver a Shaila hoy, somos clandestinos. Mientras esperamos, de fondo suena “Odio el sistema social”, del disco solista de Ricky Espinosa. Todo concuerda.

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El año pasado Shaila presentó oficialmente su disco “Contraindicado” con dos fechas en Groove. Al finalizar la segunda, Joaquín Guillén, su cantante, advirtió: “miren que volvimos eh”. Este 2016 los tiene de recorrida por los barrios, intentando volver a contagiar, ansiosos por esas respuestas del otro lado a las que Guillén se describe como adicto: “por más que sea una puteada”. A las 0.30 empiezan los primeros silbidos, la ansiedad, y el típico “daaaale” de parte de alguien del público. Si, los pibes de Zoah que tocaron antes estuvieron muy bien, pero ya es hora de arrancar. Detrás de la cortina negra, la banda se termina de acomodar. Pero hay una devolución: “ahí vaaaa”.

“Nazca y Rivadavia / dos de la mañana / vicio en Dinos otra vez / ensayando como anochecer si no hay luz”. El arranque es con “Apagón en mi”, el primer corte de “Contraindicado”, un muy buen disco que no merece pasar desapercibido. Como si fuera una broma, la luz del lugar tarda en apagarse y los primeros 30 segundos son amarillos, brillosos. Quizás eso le sirvió a Guillén para ordenar un poco las cosas ya desde el principio: “tiene que haber menos distancia entre nosotros y ustedes”, pidió. Y ahí, dos metros más adelante, tiene mucho más sentido “Somos”, segundo tema de la noche: “¡porque sin vos, no sé ser yo!”. A continuación suena “El fracaso regional”, canción inspirada en el libro “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano ¿No sería interesante una relectura del mismo en estos tiempos? ¿No ayudaría a entender este nuevo contexto regional?

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A lo largo de la noche la lista de temas será cuestión de debate arriba del escenario. Juegos, ficción, peleas, en los que Joaquín se impondrá casi siempre. Como en el arranque a capela en “Problemas con los ismos” ¿Tiene esta canción una continuidad con aquella que decía que “al final solo quedamos los que construimos sin hablar, creando nuestra propia opción”? A continuación, sonó “Mil ilusiones”, una canción que remite a la construcción de la identidad, a la adolescencia, a la inconformidad, a esos años en los que escuchar punk y hardcore era marcar una diferencia con un mundo que se mostraba natural, inmodificable: ¿Quién necesita ser normal donde ya nadie es real? En tiempos donde se propone el fin de la política, la invitación a no conformarse llegó con “Utopía”. Una propuesta a volver a caminar en vez de esperar con ansias la llegada del “segundo semestre”.

“Ahora se viene una serie de temas del siglo pasado”, avisó Joaquín. Yasser conectó y a puro punk rock sonaron “Ella y vos” y “A la derecha de la cruz”. Del disco “Mañanas” emergieron “Libertad” y “La ecuación”. Un par de eructos y un trago largo de fernet fueron dedicados al Dios muerto que propuso Nietzsche en 1882. ¿Cuántos días amanecemos perdiendo otra revolución, sin hacer nada por cambiar esa rutina que ya olvidamos que es rutina? Esa advertencia llegó con “Hoy” ¿Cuándo nos cansaremos de esta carrera a ningún lugar? invita a preguntarnos la letra de “Contraindicado”. Los 22 años de amistad y de banda se resumieron en “Incondicional”, una letra que según Guillén fue hecha para ocultar “cuando nos cagamos a trompadas en privado”. “El engaño” fue un grito de guerra y la manifestación de unos de los pogos más furiosos de la noche.

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“No somos muy profesionales, sino seríamos Carajo”, relató Yasser para justificar cierto desorden sobre el escenario. A pesar de ello, hubo clima y espacio para la nostalgia y el amor con “Noviembre”, la única canción que obligó a Joaquín a usar el pie del micrófono. “Incendio global” ofreció una mirada crítica a la idea del progreso y “Cuando no quieras sentir” le sacó la timidez a varios jóvenes que durante segundos hicieron suyo el escenario. “Gracias por ser parte de esta familia. Siempre es un placer sumar voces, contarnos entre nosotros lo bien que la pasamos. Es imperativo compartir estas noches con ustedes, aunque sean cada vez menos”, cerró Joaquín, con palabras que remitieron por un lado al convencimiento del camino que volvió a encarar la banda, pero también a cierta melancolía. “Y ahora buscás hasta que hoy sea ayer”, dice la letra de “Los días después”, una de las últimas canciones que sonaron.

Las luces se prendieron. Y la salida, en silencio, en esos últimos segundos de clandestinidad, fue con varias reflexiones retumbando en la cabeza. Nos juntamos aunque nos dijeron que no. Y el encuentro no estuvo orientado solo por la búsqueda de esas sensaciones de la adolescencia, de esos primeros encuentros con Shaila. “Contraindicado” es una herramienta para apropiarse de la banda también en el presente, son nuevas líricas para dejar de estar cansado y aburrido. Y para odiarlos también, por si alguna vez nos olvidamos de ellos.


[1] http://www.sanfernandonuestro.com.ar/wp/duro-comunicado-de-nonpalidece-contra-el-municipio-por-no-poder-realizar-sus-shows-en-el-club-artesanos-del-dique/

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