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Lejos de la sorpresa y las exclamaciones por el reciente acuerdo entre el Estado Nacional y Mc Donalds, la noticia exige ver más allá, en lo estructural, en lo que se repite, y allí aparece algo cotidiano de la vida de lxs jovenes en la Argentina: la precarización laboral. El siguiente artículo recupera proyectos similares impulsados por el kirchnerismo, y detalla algunas situaciones propias de la vida de quienes están detrás del mostrador para no hacernos perder un segundo de más de nuestras vidas.  

Por Silvina Arrieta @SilvinaBelen77


El día a día nos invita a vivir con los minutos contados. Calculados. Racionalizados. Y la hora del almuerzo exige comer al paso, rápido, con el menor tiempo de espera. Así, acelerados, salimos de nuestros trabajos en búsqueda del menú preciso. La cadena de comidas rápidas mejor posicionada a nivel mundial suele ser la predilecta en muchos casos.

Mc Donald’s nació hace 60 años en Estados Unidos. La multinacional cuenta en la actualidad con más de 36.000 puntos de venta en 119 países. En Argentina desembarcó en 1986 y fundó su primer local en el barrio de Belgrano. ¿Pero te preguntaste quiénes son las personas detrás del mostrador que hacen posible esta vida acelerada? ¿Qué experiencias de vida traen consigo? ¿O el único contacto con ellxs fue un enojo porque tu “pedido” no llegó a tiempo?

Alianza para el progreso

En los últimos días se firmó un convenio entre el Ministerio de Trabajo de la Nación y la multinacional McDonald’s: “Este acuerdo establece la capacitación laboral de hasta 5000 mujeres y hombres de entre 18 y 23 años pertenecientes a sectores en vulnerabilidad social, a través de un esfuerzo compartido entre la Nación y la empresa”[1], informaron desde el ministerio que encabeza Jorge Triaca.

La noticia causó revuelo dado que el acuerdo consiste en que el Estado subsidia a la franquicia Arcos Dorados S. A. con $1000 de los $4500 de sueldo mensual que deberán cobrar los jóvenes que vendan su fuerza de trabajo por 30 horas semanales. A su vez, contarán con cobertura de salud por la Obra Social Elevar y “un certificado de entrenamiento laboral”. Este plan de primer empleo consiste en “incorporar a jóvenes pertenecientes a sectores de vulnerabilidad social” indicó el Jefe de Gabinete Marcos Peña.

Trabajo precario desde la secundaria

En el año 2006, las escuelas secundarias del Gran Buenos Aires dieron de baja un convenio de pasantías con Mc Donald’s. Hace algunos años, este acuerdo abría las puertas al mercado laboral a jóvenes que estuvieran transitando el segundo y tercer año del Polimodal. Como en la mayoría de los casos se trataba de menores de edad -por eso eran pasantías-, el contrato era acompañado de la firma y autorización de un padre, madre o tutor. El menor desempeñaba tareas dentro de la franja horaria que iba de las 8 a las 20 horas, con un mínimo de 4 y máximo de 7 horas diarias, de lunes a lunes con francos rotativos. Un joven que trabajaba 120 horas al mes (jornada de medio tiempo), en el 2006, ganaba alrededor $300, cuando el salario mínimo (jornada completa) era de $630.

Ya en el 2011, se sancionó el Decreto 1374 del Régimen General de Pasantías para estudiantes de nivel secundario, que regulaba las pasantías no remuneradas de alumnos para desempeñarse en empresas públicas o privadas. El mismo rezaba “promover la vinculación de las escuelas secundarias con el mundo de la producción y el trabajo, mediante la realización de prácticas educativas en empresas y organizaciones, públicas o privadas, que permitan a los alumnos el manejo de tecnologías o brinden una experiencia adecuada a su formación y orientación profesional”. Una cláusula del decreto regula que del total de empleados de una empresa, solo el 20% pueden ser pasantes.

La precarización laboral es moneda corriente en los tiempos que corren. El de Arcos Dorados S. A. (así se llama la franquicia de Mc Donald’s en Latinoamerica), es un ejemplo. A los empleados se les niega la participación gremial, no se les permite proyectar nuevos objetivos o actividades dado que sus horarios y la cantidad de horas y días a trabajar se renueva semanalmente. El empleado es una máquina de hacer dinero.

Hoy en día, las pasantías siguen: los contratos a jóvenes de 16-17 años, como “aprendices”, se firman acompañados de sus padres, pero ya sin la autorización del colegio. Siguen las 30 horas semanales, dependiendo de la “demanda” de la empresa, y sigue el sueldo por debajo del mínimo, vital y móvil que se actualiza periódicamente en la reunión del Consejo del Salario, donde participan tanto sindicalistas como empleadores.

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Nada nuevo. Una continuidad

Con la excusa de darle trabajo a los sectores más vulnerados, o que los mismos tengan una aproximación al mercado laboral, en el 2007, en pleno gobierno kirchnerista, desde el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación y por la  Unidad de Responsabilidad Social Empresarial y Trabajo Decente, lanzaron el programa “Jóvenes con futuro” que finalizó en el 2010. Su objetivo era incorporar “jóvenes de 18 a 24 años, procedentes de sectores vulnerables, que se encuentran en dificultades de acceso a un empleo por no haber completado sus estudios secundarios y por no contar con una formación profesional acreditada o una experiencia laboral significativa”. ¿Les suena? El programa se lanzó en las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Córdoba.

Una vez concluído, en el informe “Programa Jóvenes con Futuro: resultados e impactos de una intervención público-privada” realizado por la Organización Internacional del Trabajo, el  -ahora ex- Ministro de Trabajo Carlos Tomada reflexionó “(…) nos propusimos generar una verdadera política de empleo para aquellos jóvenes que más dificultades tienen para insertarse en el mercado de trabajo”[2]. No se trataba entonces de generar un programa aislado desde el Gobierno Nacional, sino de construir una respuesta sistemática y sostenida en el tiempo, junto a gobiernos provinciales y municipales, empresarios, sindicatos, instituciones educativas, organizaciones de la sociedad civil y, por supuesto, junto a los propios jóvenes. Entre la lista de empresas beneficiadas de contratar jóvenes, estaba Mc Donald’s. Como así también, IBM Argentina, Visa Argentina, Santander Río, YPF, Volkswagen, Acindar, y más.

Los criterios en los que se sostuvo este programa  aún figuran en la página del Ministerio de Trabajo: la capacitación era co-financiada por el Estado y las Empresas. Asimismo, el Estado financió hasta $85 por hora docente en concepto de práctica formativa, hasta $ 1,5 por hora alumno en concepto de terminalidad educativa y hasta $800 pesos por curso de 20 alumnos en material didáctico.

¿Por qué se justifica que miles de jóvenes trabajen por menos que el salario mínimo? El jefe de la cartera laboral Jorge Triaca argumentó que los jóvenes no recibirán un “salario”, sino un “incentivo”: “La asignación estímulo no-remunerativa está integrada por $150 pesos más $50 pesos en concepto de gastos de traslado y refrigerio a cargo del MTEySS. La empresa, por su parte, le otorga al joven una asignación mínima de $450 pesos más $50 pesos en concepto de gastos de traslado y refrigerio”.

Lo que ni Triaca, ni Tomada -en su momento- explicaron, es que estas empresas, gracias a este tipo de convenios, le otorgan a los empleados que llegan por esta vía, mayor cantidad de horas mensuales que a los empleados con más antiguedad. En el caso de Mc Donald’s, la empresa divide sus horas de trabajo entre los empleados efectivos, y los participantes del programa “Primer empleo” y pasantes (menores de edad) que contrata por su cuenta. Al momento de realizar un “ajuste de productividad”, el recorte de horas va hacia los empleados efectivos. Mientras que los pasantes y participantes del programa “Jóvenes con futuro” -años atrás, hoy “Plan Primer Empleo” en vías de ejecución-, mantienen sus horas “reguladas” pero trabajando el doble o triple para satisfacer las tareas que la empresa demanda . Entonces, ¿la cláusula del 20% se cumple? ¿Bajo qué costos?

Pareciera que a la precarización laboral hoy intentan vincularla con el amarillo PRO y con el amarillo y rojo del Payaso Ronald. Pero estas políticas de estado entre gobiernos de turno y empresas multinacionales vienen de antaño. Evalúan, firman acuerdos y se trasladan a los países que mejor sienten el precarizando con de todo. A no ser que muten sus lógicas, para precarizar mejor y con más disimulo, como lo viene haciendo este sistema capitalista,   acomodándose sin desmedro.


[1] http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-299242-2016-05-13.html

[2]http://www.trabajo.gov.ar/downloads/responsabilidad/Informe_JcF.pdf

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