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La tercera entrega de filosofía indaga en la deuda, un elemento innegable de nuestra vida cotidiana. Pero… ¿de qué se trata este fenómeno? ¿Es un fenómeno exclusivamente económico? ¿Cuál es la lógica que subyace a esta invasión financiera de la vida de las personas, es decir a la adjudicación y disponibilidad del crédito, de la deuda?

Por Demian Casaubon y Esteban Peñin


Momento II – La Deuda en la condición neoliberal

 Cotidianamente estamos en contacto (directo o indirecto) con tarjetas de crédito, tarjetas asociadas a cuentas de ahorro, ofertas de “giro en descubierto” de las mismas cajas, ofertas de créditos personales, hipotecarios, públicos y privados, posibilidad de compras en cuotas, entidades financieras que trabajan exclusivamente con grandes tiendas, tarjetas “shopping”; y al mismo tiempo, solapadamente, con enormes redes de información y control capaces de corroborar en segundos y con la sola presentación de nuestro DNI, nuestra solvencia, nuestra disponibilidad al crédito. Por otro lado, a un nivel macropolítico, participamos de discusiones sobre pagos multimillonarios a acreedores internacionales.

La deuda es un elemento innegable de nuestra vida cotidiana. Pero… ¿de qué se trata este fenómeno? ¿Es un fenómeno exclusivamente económico? ¿Cuál es la lógica que subyace a esta invasión financiera de la vida de las personas, es decir a la adjudicación y disponibilidad del crédito, de la deuda?

 La fábrica del hombre endeudado

 “La lógica de la deuda sugiere algunas características interesantes de las nuevas modalidades de formateo de cuerpos y subjetividades. A diferencia de lo que ocurría en el capitalismo apoyado con todo su peso sobre la industria, en su versión más actual el endeudamiento no constituye un estado de excepción sino una condena permanente. Convertida en una especie de moratoria infinita, la finalidad de la deuda no consiste en ser saldada sino en permanecer eternamente como tal: flexible, inestable, negociable, continua. Aunque suene paradójico, hoy puede ser una señal de pobreza no tener deudas: no disponer de acceso al crédito, carecer de credibilidad en el mercado.”[1]

Esta extensa cita, nos pone de cara al problema que quisiéramos encarar en esta entrega. La deuda está lejos de ser un fenómeno exclusivamente económico para imbricarse en la constitución misma de las subjetividades contemporáneas. La figura del “hombre endeudado” es transversal a la sociedad en su conjunto.

Maurizio Lazzarato en la obra La Fábrica del Hombre Endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal analizará ampliamente este fenómeno. Tomaremos algunos de sus aportes para intentar pensar el papel de la deuda en nuestra vida cotidiana.

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Lazzarato propone (esta es su hipótesis) que el fundamento de lo social no está en el intercambio sino en la deuda ¿Por qué? Porque el intercambio exige una igualdad, la deuda implica una desigualdad entre el acreedor y el deudor y, sostiene, esta asimetría precede a la de la producción y el trabajo asalariado.

Por otro lado, y es la segunda hipótesis de trabajo, la deuda implica una determinada relación moral. La economía de la deuda acompaña un trabajo sobre sí mismo.

Pensémoslo un poco… ¿cuál es la garantía del crédito? ¿Por qué somos capaces de contraer deuda?

En teoría, un análisis de nuestra solvencia determinará el grado de confiabilidad que generemos a nuestros acreedores. Por ejemplo, si somos capaces de demostrar que durante diez años hemos permanecido en un empleo con un ingreso promedio, nuestro acceso al crédito será diferente del de aquel que no puede comprobar empleos en relación de dependencia.

Este fenómeno que se supone estrictamente económico, calculable, encierra también una especulación sobre nuestras conductas y acciones cotidianas. De alguna manera el haber permanecido en el mismo empleo durante diez años garantiza cuestiones vinculadas con nuestros hábitos, nuestra responsabilidad, nuestra posibilidad de obediencia…. De aquí se deriva que la economía y la ética funcionan de manera conjunta.

El discurso estatal que avala el pago a los fondos buitres es un claro ejemplo de explicitación de estos supuestos. Se paga para garantizar solvencia, sumisión, predisposición, entrega.

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La deuda como relación de poder

 Ambas hipótesis apuntan a que la deuda es en sí misma una relación de poder. Dice Lazzarato:

“El crédito o deuda y su relación acreedor-deudor constituyen una relación de poder específica que implica modalidades específicas de producción y control de la subjetividad. La relación acreedor-deudor se superpone a las relaciones capital-trabajo, Estado benefactor-usuario y empresa-consumidor y las atraviesa, instituyendo como “deudores” a usuarios, trabajadores y consumidores”[2].

Lazzarato desarrolla sus hipótesis haciendo un cuidadoso análisis de Nietzsche, Marx, Deleuze, Guattari y Foucault, recomendamos ampliamente la obra, pero en este breve espacio nos limitaremos a nombrar algunas cuestiones centrales que desembocarán en la conclusión del libro, una conclusión propositiva, combativa, a nuestro juicio, interesante:

La deuda implica una moral de la culpa, del miedo, de la sujeción (esto lo toma de Nietzsche y lo que él llama “mala conciencia”), hay que combatir desde conversiones subjetivas específicas. Dice Lazzarato:

“No sólo se trata, en consecuencia, de anular las deudas o reivindicar los incumplimientos, aun cundo esto sería muy útil, sino de apartarse de la moral de la deuda y del discurso en el que ella nos encierra”.[3]

Hay que liberarse de toda culpa, de todo deber, no devolver ni un centavo. Siguiendo a Nietzsche, la deuda es una promesa de pago que implica en su hiperextensión capitalista no sólo un control sobre el tiempo de trabajo sino sobre el tiempo de la existencia.

¿Qué le prometemos a Visa? ¿Qué le prometemos a MasterCard? ¿Que devolveremos el dinero que nos acreditan? No, que nuestra existencia se acomodará a las estructuras necesarias para la supervivencia del sistema que nos explota. Que consumiremos, que trabajaremos, que obedeceremos.

Siempre obedientes, siempre productivos, siempre producidos, siempre endeudados.

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[1]Sibilia, P. El Hombre Postorgánico. Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2013. Pag. 32

[2]Lazzarato, Maurizio. La Fábrica del Hombre Endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal. Buenos Aires. Amorrortu, 2013. Pag. 36

[3]Ibid. Pag. 189

 

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