Deporte/Feminismo s

Fútbol femenino: el machismo en offside

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Ph.: Fútbol Militante

<<A toda la hinchada se le notifica que la histórica y mítica relación monogámica entre el hombre y el fútbol ha sido rota. Las minas en jugada magistral hemos robado la pelota y enhebrado un centro de ensueño dentro del área chica de la cultura patriarcal que concluyó en impecable y certero gol de cabeza y al ángulo >>

Manifiesto de Fútbol Descolonizador.-

No es novedad que las mujeres y el fútbol dejaron de estar en extremos irreconciliables y que, poco a poco, su presencia es mayor en el campo de juego. Pero, ¿en qué condiciones deben jugar? ¿Cuál es el nivel de difusión y la inversión destinada al fútbol femenino? ¿Qué iniciativas desarrollan ellas para romper con la naturalización de su escasa presencia en las canchas? Mónica Santino y Las Aliadas de la 31, Evelina Cabrera y la AFFAR y el proyecto Fútbol militante son tres historias diferentes pero con un objetivo en común: descolonizar el juego y tomar al deporte más popular del país como un espacio y herramienta para la emancipación de las mujeres.

Por Andrea Leal @bbelicosis


“¡Buena, Natalí!”, le gritan sus compañeras de equipo cuando domina la primera pelota que le pasan. La expresión de aliento se repite cada martes y jueves en la Sociedad de fomento del barrio Las Flores, en Villa Martelli. Natalí sienta a sus tres hijos en la pequeña tribuna de una cancha de fútbol  5 con techo de chapa, se pone los botines y deja a Carolina, su hija mayor, a cargo del cuidado del resto. La joven se queda a un costado vigilando que sus hermanos no invadan el terreno de juego. Pero se le salen del cuerpo las ganas de ser parte. Cecilia, la trabajadora social que concurre a cada entrenamiento se acerca a Carolina y la ofrece un par de botines nuevos que el grupo entero acaba de estrenar. Una mirada cálida y un silencio cómplice son toda la muestra de agradecimiento. “Tengo botines”, dice, se mete en la cancha y se da el lujo de tirar paredes con su mamá.

Es una de las tantas escenas que se producen en las tardes de un rincón de Villa Martelli o en la Villa 31 de Retiro, en programas en los que las mujeres son protagonistas de un juego que las invita a mirar la vida con otro cristal: el proyecto “Goles y metas para las chicas” nació en el 2006 cuando un grupo de madres y padres de la Villa 31 se movilizó para organizar actividades recreativas y deportivas, en especial para las jóvenes que enfrentaban potenciales peligros como la adicción a las drogas y la violencia. El deporte elegido fue el fútbol y se convocaron a voluntarios para que pusieran en marcha prácticas y partidos para las chicas. Allison Lasser, de nacionalidad estadounidense, fue la primera voluntaria que lideró y dio el puntapié inicial del proyecto mientras residía en Buenos Aires. Allison convocó e incorporó a Mónica Santino, directora técnica nacional de fútbol graduada en la Asociación de Técnicos de Fútbol Argentino (ATFA), quien aportó su experiencia previa promoviendo el fútbol desde la Dirección de la Mujer en el Municipio de Vicente López. El programa de fútbol femenino en dicha localidad urgió a raíz de un estudio de pasantes de Trabajo Social a partir del cual observaban que en las zonas más excluidas del Partido no había oferta deportiva para las mujeres. “El mismo programa se replica en la Villa 31 desde el 2007. Creemos que como herramienta de inclusión social el fútbol funciona de una manera maravillosa porque genera pertenencia y construye autoestima”, explica Mónica Santino, figura clave en el impulso y desarrollo de esta iniciativa y actual entrenadora de Las panteras de Villa Martelli y Las Aliadas de la 31.

“Es interesante ver cómo funcionan ahí las variables de tiempo y espacio. Las mujeres en situación de calle parecen no tener derecho al ocio, es más notorio en las clases sociales más excluidas”, comenta Mónica, quien desde muy pequeña estableció y alimentó un fuerte lazo con la número cinco: jugaba al fútbol con sus amigos del barrio pero, ni bien entró en la adolescencia, ya dejó de ser una cuestión novedosa, ya dejó de resultar simpático y ya no correspondía. No era lo que su entorno esperaba de una chica que asistía a un colegio de monjas de San Isidro, en la década del 80 y con la dictadura atravesando toda su formación. Pero decidió patear esos prejuicios sin desligarse del ambiente del fútbol: estudió educación física y periodismo deportivo y jugó en All Boys. “El fútbol femenino es un espacio de militancia, no tienen por qué asignarnos solo el lugar de espectadoras”, asegura.

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Ph: Boca Social

El fútbol ha penetrado en lo cotidiano, se ha multiplicado y popularizado. Sin embargo, las mujeres –principalmente aquellas de barrios humildes y escasos recursos- no parecen formar parte de esta democratización deportiva, no acompañan el avance triunfal de un juego que promete salud, ocio, identidad y diversión. Es innegable que ha crecido la participación pero la naturalización de su escasa presencia sigue constituyendo una barrera. Algunas entienden que la superación de ese obstáculo está en sus propias manos: un grupo de mujeres decidió que una cancha sería el territorio en el que inscribirían la lucha por conquistar sus derechos y deseos. En la Villa 31, donde cada metro cuadrado cuenta y cada vivienda se construye con la idea de sostener la siguiente, una cancha de fútbol es también un territorio de disputa, el teatro en el que se escenifica la vida del barrio y el lugar de encuentro donde se dirimen pertenencias y rivalidades.

“Las mujeres del barrio lograron horarios fijos de entrenamiento y todos los vecinos saben que los martes y jueves por la tarde el campo de juego es de las chicas. Los hombres saben que llega esa hora y tienen que abandonar ese terreno sagrado para ellos e incluso algunos colaboran cuidando a sus hijos mientras sus parejas juegan al fútbol y esa es una conquista maravillosa”, dice Mónica entusiasmada.

Un pretexto para juntarse con amigos, una excusa para ser feliz como decía Valdano o, incluso, la posibilidad de leer a Gramsci en su lengua original y estudiar la historia de la clase trabajadora italiana como decía el brasileño Sócrates, en su paso por la Fiorentina. Hay quienes señalan que de eso se trata el fútbol, que no es un fin en sí mismo sino una puerta para alcanzar otros objetivos: las chicas quieren jugar pero no se conforman con correr detrás de una pelota sino que intentan apropiarse del todo de ese espacio. Por eso, luego de cada práctica se reúnen para debatir y reflexionar acerca de sus percepciones y sensaciones alrededor de la actividad y adquieren herramientas para hacer frente a las situaciones de desigualdad, discriminación y violencia de género a las que están expuestas. La educación sexual y la salud reproductiva son otras temáticas que también tienen su lugar: “La maternidad es un concepto muy arraigado en los barrios. Lo consideran su fin, el único horizonte para muchas es ser madres. El programa ayuda a vislumbrar que pueden haber otras posibilidades y proyectos que no tienen que ver necesariamente con ser mamá”, explica Mónica.

Los estereotipos se convierten en patadas feroces, obstrucciones y agarrones traicioneros. Ellas dominan la pelota, reciben un “no te ves femenina haciendo esto” como un guadañazo en la tibia, pero siguen. Las miradas de subestimación les pegan en los talones, trastabillan y siguen. Los mandatos de maternidad las agarran de la camiseta: se revuelven, zafan y siguen. Abren la cancha allanando el camino que invita a otras chicas a animarse. Así, conformaron un seleccionado surgido de ambos equipos – Panteras y Aliadas- que participa desde 2009 en la Homeless World Cup y en la Liga de fútbol por la inclusión social. El primer encuentro del torneo mundial de fútbol callejero fue en Brasil, en una cancha montada en la calle. Selecciones de diferentes países participan y comparten la misma misión de utilizar al fútbol como una estrategia de integración y cambio. Así lo describe Mónica Santino: “Viajar abre la mente, permite conocer otras culturas, tener otras perspectivas. No vuelven siendo las mismas. Por eso entendemos que un desafío para quienes luchan por los derechos de las mujeres es incluir necesaria e imperiosamente el derecho de abrir la puerta y salir a jugar”.

El sueño de las pibas vs el negocio de los dirigentes             

“Habiendo recibido quejas sobre el fútbol jugado por mujeres, el Consejo se siente impelido a expresar enérgicamente la opinión de que el fútbol no es apropiado para las damas y no se debe animar a éstas a practicarlo”, decía el comunicado que la FA (Futbol Association) publicó en 1921 a través del cual se prohibía que las mujeres jugaran al fútbol en los campos ingleses afiliados a la organización. Antes del veto de 1921, el Kerr’s Ladies FC era un equipo benéfico que disputaba partidos con el objetivo de recaudar fondos para la Asociación Nacional de Soldados y Marinos Discapacitados de la Primera Guerra Mundial. Debido a su creciente popularidad y el dinero recaudado el Kerr’s y el fútbol practicado por mujeres se vieron envueltos en una batalla política: como el equipo empezaba a considerarse una herramienta al servicio del Movimiento laborista, la FA se propuso vetar el fútbol femenino. Actualmente, 130 asociaciones miembro se benefician de los programas de Desarrollo de Fútbol Femenino de la FIFA y durante el año pasado se organizaron 451 actividades enfocadas exclusivamente en fútbol femenino.

Pero comparar pasado y presente en términos numéricos a veces no dice nada. En nuestro país, hay 11 equipos de chicas asociados a la AFA que compiten cada fin de semana. Sin embargo, el desarrollo del torneo se ve obstaculizado por la poca importancia que los dirigentes del fútbol le otorgan a la rama femenina. Salvo contadas excepciones, en la mayoría de las instituciones se presentan los mismos inconvenientes: escasa disponibilidad de canchas que cuando son cedidas son las de peor estado, falta de materiales y horarios de entrenamiento, baja disponibilidad de dinero para cubrir gastos mínimos (solo Boca, River, San Lorenzo y Urquiza cubren viáticos) y poca difusión, dado que los partidos se juegan en las canchas auxiliares. ¿Acaso escuchamos entre las propuestas de los candidatos a presidir la AFA una mención a asuntos que tengan que ver con el fútbol femenino?

Una de las grandes falencias es que la mayoría de los clubes no cuentan con divisiones inferiores para las chicas. Stefania Pingaro, jugadora de River explica: “Que no haya inferiores tiene que ver con que no se motiva a las chicas de entrada a jugar al fútbol porque de parte de la dirigencia se piensa que no es rentable. No es lo mismo que los nenes, porque acá no les ven futuro”. El futuro en términos de billetes, claro.

Pero los dirigentes de los clubes más emblemáticos se encuentran cada vez más arrinconados en su área chica por la energía poderosa, casi desconcertante que irradia Evelina Cabrera, fundadora y presidenta de la Asociación Femenina de Fútbol Argentino. La chica con un tatuaje en su brazo derecho que dice que el mundo es suyo atravesó una dura adolescencia que permite comprender por qué hoy enfrenta y critica a aquellas autoridades que pretenden adueñarse del fútbol: vivió en la calle desde los 13 años durmiendo en la Plaza de los bomberos, en Tigre, cuidando coches o colaborando con los comerciantes del Puerto de frutos. “Una cosa que me llamaba la atención era la 197, la avenida, la prostitución. Las mujeres desconfiaban de mí, creían que era una buchona hasta que entendieron que no y me tomaron confianza. Yo tenía que cuidarlas por si algún tipo se zafaba. Me daban 20 pesos y un paquete de cigarrillos a cambio. Un día uno se pasó de rosca, trató mal a una chica y yo salté. Cobré una piña. Entonces ellas me empezaron a cuidar a mí en realidad”, cuenta Evelina, quien pisando los 30 es coaching motivacional y lanzó su propia escuela de fútbol en Palermo.

En uno de sus últimos trabajos, en un resto bar, una compañera la invitó a sumarse a su equipo de fútbol: “Yo era horrible y el equipo era pésimo. Entonces propuse juntarnos a entrenar, pero la capitana me dijo que si quería entrenar armara mi propio equipo. Faltaban tres semanas para que empezara el torneo así que salí a buscar pibas y las puse a entrenar todos los días. Nos anotamos y ganamos el torneo”, explica.

La Asociación Femenina de Fútbol Argentino que preside reúne a 400 jugadoras y 20 equipos, algunos de ellos inscriptos en la AFA. La AFFAR tiene el objetivo de concientizar sobre las realidades de las jugadoras, conseguir becas, capacitaciones y brindar contención. Evelina advierte que la atención que se les brinda en los clubes a las chicas es casi nula. Solo existen 11 equipos que compiten en el torneo oficial que comprende el área metropolitana, por lo cual los equipos del interior no tienen posibilidad de participar. “Desde los clubes se ponen exigencias pero no observan la situación de las chicas, que incluso, se ven obligadas a pagar una cuota para poder jugar y en muchos casos no cuentan con el dinero. Su realidad es otra porque además de entrenar, tienen que trabajar, estudiar, cuidar a sus hijos. Hay que tomar conciencia y noción de lo que hay detrás de la mujer en el deporte”. Habla combinando los ritmos, acelera ciertas frases, aminora en otras. Pero al escucharla el vértigo resulta uniforme: todo suena arrollador y tiene la impronta de quien realiza capacitaciones y clínicas de fútbol en el Cenard y charlas motivacionales, algunas de ellas en el Teatro Niní Marshal, en Tigre, en cuyo estacionamiento se encontraba años atrás mendigando monedas.

Tarjeta roja al patriarcado

Las dos últimas ediciones del Encuentro Nacional de la Mujer contaron con una peculiaridad que, nuevamente, transporta a la figura de Mónica Santino. En esta oportunidad, propuso realizar el Encuentro Nacional de la Mujer Futbolista como una temática extra además de las que se abordan en los distintos talleres oficiales del ENM. Allí se generó el espacio en el cual surgió el proyecto Fútbol Militante, un grupo de chicas que decidió, de alguna manera, tomar el ejemplo que exponía Mónica pero ligándolo a una perspectiva de género. “En un principio empezamos a jugar con Los dogos, el equipo de fútbol gay – aunque no todos sus integrantes lo son, no es exclusivo- que nos propuso entrenar con ellos porque les parecía interesante esta visión militante que nosotras teníamos y que ellos no tenían. Ellos nos daban su espacio de entrenamiento y trabajábamos toda la cuestión de la técnica mientras nosotras les brindábamos formación en cuanto a la militancia. Entonces, aprovechamos ese envión para convocar chicas que estuviesen interesadas en sumarse a venir a jugar en una sede que estaba ubicada en Villa Urquiza”, comenta Leila Ponzetti, integrante del equipo mientras alienta a sus compañeras a ponerse los botines y prepararse para enfrentar una fría noche en el Parque Los Andes de Chacarita, donde se reúnen cada martes.

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Ph.: Fútbol Militante

El desafío que decidieron encarar las chicas no se limita a que la mujer pueda participar de torneos, sino que se trata de utilizar al fútbol como un elemento de empoderamiento. “Hablamos de fútbol como herramienta porque te permite entrar y llegar a un montón de lugares, entonces, nuestro objetivo es encontrarnos con chicas que puedan plantearnos diversas temáticas a debatir. Tenemos una impronta feminista y utilizamos este espacio parar armar redes con otras mujeres que puedan contarnos cualquier problemática que tengan y darles una mano: desde hacer una colecta si hay un grupo de vecinos que se quedaron en la calle, participar de movilizaciones con distintas consignas o acompañar a chicas que denuncian a sus parejas por violencia de género. El fútbol es ese ingrediente extra y por eso, tratamos de no ser exigentes con las chicas que se acercan y que lo primero que nos preguntan es si hay que saber jugar y qué nivel se requiere”, explica Eugenia, una de las más jóvenes dentro de un equipo que abarca una amplitud importante de edades.

Las chicas que visten camisetas con stenciles realizados por Serigrafistas Queer con diferentes consignas ligadas al feminismo, que organizan comidas posteriores a cada práctica como una suerte de tercer tiempo y que hablan de un fútbol inclusivo que no pretende convertirse en un colectivo donde cada una tenga que aportar dinero para ir a jugar, señalan que una de sus mayores fuentes de inspiración fue aquel Corinthians de la década del ‘80 que se convirtió en un bastión contra la dictadura militar brasileña cada vez que salían al estadio Pacaembú con pancartas que decían: Ganar o perder, pero siempre en democracia. “Nosotras tomamos de ejemplo esa democracia Corinthiana por la que los jugadores, cuerpo técnico y dirigentes se consultaban todo y empezaron a impulsar una campaña a favor del voto con distintas frases en sus camisetas. Un equipo de fútbol que empezó a tener un mensaje político muy profundo y para nosotras fue un modelo a seguir”. No solo influyó en sus ideales y constituyó una impronta a partir de la cual le dieron un enfoque al proyecto que llevan adelante, sino que también decidieron aprovechar los contactos que tienen con los realizadores de un documental acerca del Corinthians para proyectarlo en la Universidad de La Plata, dar una charla y organizar, por supuesto, un partido.

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Ph.: Fútbol Militante

Futbol militante es un equipo conformado por alrededor de 20 chicas que tienen bien en claro que ocupar el terreno futbolístico debe hacerse desde el empoderamiento. No es un cliché, no es un adorno, no es un botín rosa con forma de taco como ícono de algunos torneos que se desarrollan y que solo terminan contribuyendo a los prejuicios y estereotipos heteropatriarcales. Saben que no son cuestiones que se modifican de un día para otro, pero Leila recuerda que han tenido experiencias que demuestran la importancia del fútbol para cambiar ciertas visiones culturales: “También hemos ido a jugar con los chicos del Centro de Régimen Cerrado de Belgrano, chicos que están detenidos cumpliendo o esperando condena que tienen entre 18 y 21 años. Un día Evelina (Cabrera) nos dijo que las chicas de la AFFAR mucho no se prestaban y a nosotras nos copó la idea y mantuvimos dos o tres encuentros. En un principio los pibes flashearon cuando nos vieron llegar así vestidas, con camisetas con estas consignas y discutiéndoles ciertos lugares, no por una cuestión de competencia sino planteándoles que en la cancha éramos iguales, y ahora cada vez que nos vamos nos preguntan ‘¿cuándo vienen de nuevo?’. Hay que seguir desde acá planteando esto para que eso vaya modificándose de alguna manera. Pasó hace poco que en Boca había una directora técnica en fútbol femenino que ganó no sé cuántos títulos y la echaron porque le dijeron que era mejor que haya un varón. Y no es que no haya mujeres que no quieran ocupar esos espacios, hay un montón pero no las dejan”.

“La vida, como el potrero, tiene el pique desparejo/ algunas te caen al pie, las otras se corren lejos”, reza el tango. Ya son varias las que tuvieron que correr a esas que se iban lejos y que hoy luchan para que a otras, las pelotas les empiecen a caer al pie.

 

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