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Las denuncias por abuso sexual perturban los pedestales que el rock y sólo el rock supo construir. Las normas y lugares comunes pierden su inocencia. Las letras y canciones dejan de ser ajenas a una violencia machista que explota nuevamente sobre una música que hace de la mujer un objeto “al servicio de las fantasías de un hombre liberado”.

Derrocando a Roca


En los espacios sociales, políticos y culturales por los que transitamos, persiste la violencia machista sobre la base valorativa de un sistema heteropatriarcal el cual postula que el hombre posee una primacía de poder frente a la mujer en cada ámbito de la vida social. Este régimen impone la norma heterosexual y considera una anomalía o una desviación cualquier otro tipo de identificación sexual. El mundo del rock se encuentra impregnado de estas ideas, desde hace años aporta una cuota de machismo, no sólo contra la mujer, sino contra toda actitud que no se condice con el sistema heterosexual dominante. Los prejuicios, la violencia simbólica y la discriminación se hacen presentes a veces de forma solapada en las letras de las canciones, otras veces de manera directa con determinadas declaraciones o actitudes por parte los músicos.

Con un discurso contestatario, muchas bandas de rock se han caracterizado por denunciar al capitalismo, la sociedad de consumo, la injusticia social, tratando de ser políticamente correctos. Pero sobre la violencia machista y patriarcal el rock estuvo siempre ajeno. Guns and Roses llama “bitches” a las mujeres, para Viejas Locas son “perras”. No existen ingenuidad en las letras de las canciones, cada término tiene una significación política en el imaginario social, más bien se trata de representaciones y apreciaciones que el rock construyó alrededor de la mujer. No es que consideremos un discurso lineal donde estas letras inciden directamente en la opinión de sus fans pero sí contribuyen a formar una concepción con una fuerte valoración negativa hacia ellas.

En época de persecuciones políticas, desapariciones forzadas y razias perpetuadas por los dictadores del 76, la violencia hacia la mujer y hacia la disidencia sexual se encontraba generalizada. En Argentina, por ejemplo, le tocó a la banda Virus sufrir la homofobia y la discriminación ejercida no sólo por sus colegas rockeros, sino también por el público que asistía a los festivales donde el grupo se presentaba. Muchxs conocen la anécdota de Luca Prodan durante Rock in Bali gritando arriba del escenario: “Ahora viene la banda de los putos”. Las cadenas de televisión, los medios y las discográficas bajo un manto de conservadurismo y empecinados en resaltar valores morales y religiosos se encargaron también de silenciar la música que proponía liberarse de aquellos mandatos. Las bandas lideradas por cantantes que abiertamente expresaban una sexualidad disidente fueron blanco de críticas y censuras.

En 1984 la cadena norteamericana MTV prohibió el video clip de la canción “I want to break free” de la banda Queen donde Freddie Mercuri y el resto de los integrantes del grupo aparecían travestidos. Sobre Rita, primera esposa de Bob Marley, se ignora la violencia sexual que sufrió por el líder del reggae, quien tras alcanzar la fama la abandonó en la miseria, haciéndola responsable del cuidado de sus hijos y otros de posteriores matrimonios, Por si fuera poco, como si no bastaba, luego de su separación, abusó de ella, y producto de esa violación, nació otro hijo.

Hoy, el contexto, sólo aparenta ser otro. Varias conquistas ganadas en materia de derechos humanos, género y disidencia sexual no logran, aún, frenar una violencia que continua. Los parámetros que impone el sistema heteropatriarcal siguen legitimados y naturalizados. Frente a esto, los feminismos y los movimientos de la disidencia sexual llevan años de lucha para contrarrestar este mal que violenta simbólica y físicamente a gays, lesbianas, trans, negrxs, inmigrantes, gordxs, bisexuales. La lucha, sin embargo, tiene sus frutos, gracias a estos avances cada vez somos más lxs que estamos atentxs a esta violencia que es estructural y atraviesa todo los ámbitos de nuestra vida. Cada vez son más las mujeres que se animan a denunciar los abusos y más las colectivas que tejen redes de contención y sororidad.

La semana pasada Mailén denunció públicamente un abuso sexual por parte José Miguel de Pópolo, integrante de La Ola que quería ser Chau. El video rápidamente se viralizó, junto a una indignación generalizada que (re)abrió espacios desde donde surgieron grupos con consignas de repudio y denuncia hacia otros músicos. Relatos desde el dolor, cuerpos marcados para siempre como el de Mailén y la rabia que resurge y fortalece la lucha que sintetiza un ¡Basta de violencia machista!

Desde Derrocando a Roca expresamos nuestro total apoyo y acompañamiento a las víctimas. No estamos ajenxs, compartimos su dolor. Sabemos que el camino de la violencia y la justicia por mano propia no es el correcto, ni representa la solución al machismo, por lo que optamos por la denuncia y el acompañamiento constante a las víctimas frente a hechos que nos desbordan en tristeza, en impotencia, más aún cuando todo ese mal causado es justificado, ignorado o negado.

Cristian Aldana, líder del grupo El Otro yo, también fue denunciado en su fan page. Los comentarios con testimonios de chicas que sufrieron situaciones de violencia de su parte rápidamente fueron eliminados. Ante estos sucesos, las bandas Los Rusos Hijos de Puta, Viva Elástico y Togabán Andaluz cancelaron los shows que darían junto a EOY el próximo 14 de mayo. Semejante malestar social nació con una entrevista de 1997 realizada al ex Ataque 77, Ciro Pertusi. Durante la semana varios fueron los personajes que desfilaron en los medios para implantar un manto de piedad sobre él, cuando años atrás, en una entrevista realizada por Pablo Krantz Pertusi entre otras cosas dijo: “He vivido buenos amores platónicos con chicas de siete años, cosas muy lindas, de vernos y tener deseos el uno del otro”. Mario Pergolini en conversación telefónica con Pertusi sostuvo que todo era una confusión, una mala intención y un fuera de contexto del periodista que lo entrevistó. En esta chance de defensa, esta vez, el cantante no habló de “deseos”, se desdijo alegando a un “amor inocente”, casi paternal hacia las nenas de 7 años. ¿Debemos olvidarnos de aquella entrevista?

En un recital durante la noche del sábado y luego que el video de Mailén adquiriera relevancia, Wallas, cantante y líder de Massacre puso en duda el testimonio y se burló de lo sucedido, para luego lanzar un comunicado justificando su desagradable declaración, con excusas tan ridículas como insuficientes: “Eran las tres de la mañana”.

No alcanza con componer una canción cuya letra reivindique a las feministas, no estamos reclamando o pidiendo que el rock sea feminista. Pedimos, solamente respeto. La igualdad de condiciones entre mujeres y hombres y la eliminación de la violencia machista no se solucionan con un discurso que carece de un real reflejo de las consignas en los actos. Si nos quedamos en la esfera de lo simbólico y no pasamos a la acción concreta todo se convierte en pura hipocresía. No alcanzan las disculpas si el daño ya está hecho.

Estos episodios no son siquiera noticia en el mundo del rock. Dos años atrás, Juanse, cantante de los Ratones Paranoicos, fue denunciado por abusar de una mujer durante una gira. El caso, quedó en la nada. Eduardo Vázquez, ex baterista de Callejeros, tiene la excepcionalidad roquera de ser juzgado, y actualmente cumple condena por el femicidio de su entonces esposa Wanda Tadei.

Tras la invisibilización de las cantantes femeninas en el rock, la mujer en este género pareció adquirir cierto protagonismo bajo tres estereotipos donde el patrón dominante es la valoración negativa: como fan, como grupie o como Yoko Ono. Como fan, son histéricas, obsesionadas con sus ídolos. Como grupies, ofrecen sexo a las estrellas que el rock les ha dado, sin importar la edad, ya que un mero objeto sexual no tiene. “Las groupies están al servicio de las fantasías del hombre liberado”[1]. Y como Yoko Ono, son la causa de separación de las bandas y las que ocasionan problemas en las relaciones entre sus miembros.

De a poco comienzan a surgir espacios de denuncia. Hace unos meses sucedió en la universidad pública con el caso del profesor Dante Palma, ahora es el turno del rock. Mañana veremos. Las consignas, sin embargo, no se limitan al ambiente denunciado, ya que el machismo los recorre todos, haciendo necesario ganar cada lucha en particular. Repetimos: hoy le tocó al rock, mañana será otro, y otro, y otro… Sobre cada uno, nos ocuparemos de visibilizar y desnaturalizar la violencia que se aloja, a su manera, en cada espacio particular, para poder así denunciarlo. Lo estamos combatiendo. ¡No nos callamos más!

 

[1] http://www.pikaramagazine.com/2015/07/la-musica-rock-y-los-tres-pilares-del-sexismo/

 

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