Filosofía

Un desierto en medio de la ciudad

¿Es el Desierto algo despoblado o una existencia sin vínculos?; ¿conectarnos entre quiénes y cómo para reconstruir encuentros que hagan posible las vidas? Habitar los gerundios, esos que dan cuenta de lo que va transcurriendo, sin intermediarios, con apenas obstáculos en/tre las relaciones. ¿La evidencia del Desierto reclama fundar otra ética donde lo relacional suceda en las distancias cortas?; ¿es la infinitud de opciones para vincularnos lo que está volviendo imposible reconocernos con y desde lxs otrxs? Acerca del Desierto como evidencia existencial del presente y la urgencia que late en cada disidencia por refundar otras formas de habitar y sentir nuestras experiencias.

Por Demian Casaubon y Esteban


Momento 1: Desierto y Liberalismo Existencial

 Tiqqun

 En ¿qué es la filosofía?, nuestra primera entrega, habíamos planteado de la mano de Deleuze y Guattari  la posibilidad de pensar en la filosofía no como una actividad de observación, reflexión, comunicación, sino más bien como un arte que crea conceptos, con diferentes intensidades, potencialidades. En consonancia con ésta concepción, retomamos a la revista de filosofía francesa Tiqqun que, en su Llamamiento, presenta  un posicionamiento en el terreno de las evidencias. Esto significa que no intentarán en modo alguno argumentar, persuadir, o discutir proposiciones sino que presentarán evidencias, las cuales están libres de todo atisbo de demostración o justificación. Y la evidencia mayor, es el Desierto, concepto que nos ocupará hoy.

 El desierto

 “Nosotros decimos que ésta época es un desierto, y que éste desierto se profundiza sin cesar, esto es una  evidencia.”

 El desierto es una evidencia del despoblamiento progresivo del mundo, nos hemos acostumbrado  a vivir en el mundo como si no estuviéramos en él.

La evidencia del Desierto implica otras evidencias, particularmente la ruptura con todo aquello que protesta, denuncia, o anuncia el desastre. Quien denuncia, dicen, se exime.

El desierto es la destrucción paulatina de experiencias humanas, o dicho de otro modo, la experiencia humana de la ausencia total de experiencias.

¿Es necesario demostrar que en este mundo, en el que vivimos ustedes, nosotros, pasan a cada minuto millones de cosas y sin embargo no pasa nada? El desierto como evidencia se trata de eso. Hablamos de despoblación del mundo, no en sentido de ausencia de gente (sabemos, hay millones), sino en el nivel del habitar, vivimos en un mundo deshabitado.

Hay un contexto general que se puede llamar capitalismo, civilización, imperio o como se quiera, que intenta controlar toda situación al punto de que no haya situación. Pensemos en la instalación compulsiva de cámaras de seguridad, pero también en que todo instante en la ciudad puede ser captado por la cámara de un celular y reducido a un post; la superpoblación policial en las calles, en franco crecimiento, así como la  militarización en las villas constituyen sólo algunos pocos ejemplos.

La evidencia de este desierto, no pretende paralizar, desesperar, inmovilizar, ni desmoralizar, pero tampoco moralizarnos a través del enojo, la bronca, y la desconfianza. Lejos de eso, pretende advertirnos del aluvión de délibábsen en el Desierto.

1

 Délibábsen

 Un délibáb es una ilusión que permite visualizar una imagen, que se ha trasladado a través de kilómetros y kilómetros, producido por efectos refractarios provocados por cambios de temperatura.

Este término es húngaro, y el equivalente en nuestro idioma podría ser el espejismo, sin embargo, aquel no se reduce a éste último, ya que el délibáb define  un suceso único en la llanura húngara.

El efecto óptico que se produce parece ser definitivamente llamativo, estéticamente fascinante y surrealista: una imagen puede desterritorializarse y viajar kilómetros y kilómetros, y  hacerse presente en otro sitio, es la pura imagen sin sonido, el mutismo absoluto en medio del desierto.

Un alud de délibábsen, podría ser lo más parecido a lo que sucede en el desierto, solo  que la velocidad en la que las imágenes se propagan, dispersan y se desvanecen, se acelera  inconteniblemente a tal punto que sólo queda el grito mudo de la confusión. En este sentido, la batería informativa y la propagación de la información mediática global es un claro ejemplo de dicho mutismo, pero no el único.

El boom de la información nos hace tener enfrente una sucesión infinita de imágenes que nos bombardea y confunde, nos acerca imágenes que están a miles y miles de kilómetros. En medio de semejante bombardeo, lo que sigue es la progresiva insensibilización; éstas imágenes, al igual que lo que sucede con el délibáb, son mudas, esto es, no nos dicen nada, ya que apenas se nos aparecen, ya se han desvanecido para dar paso a otra, y a otra, y a otra, hasta producir una superposición  de imágenes que se ahogan en su propio mutismo, y en la que se hace imposible distinguir alguna con nitidez. Cuando Tiqqun habla de desierto, hace alusión no sólo al ámbito de la experiencia sino de la afectividad y la afección. Desierto emocional que promueve una forma particular de sensibilidad y de percepción. Esto es lo que resulta evidente.

 El liberalismo existencial

 “Uno de los mitos modernos es la suposición de que todas las personas deben transformar el mundo, de que el mundo es un hecho a ser transformado. Eso es una invención moderna, particularmente capitalista y también marxista. Yo no creo que el mundo deba ser transformado, yo creo que el mundo debe ser detenido y cesado.”

 Cristian Ferrer.

 En el marco de la evidencia algo que es importante remarcar es que en el Llamamiento explícitamente se enuncia el Desierto no como metáfora sino como evidencia. ¿Qué quiere decir esto? Que no es una imagen, o una analogía para explicar un fenómeno, es un término en sí mismo, una herramienta política, un concepto de guerra.

El desierto es la forma o la consecuencia del único fenómeno, de lo único que ha ocurrido en los pasados 40 años: el liberalismo existencial.

El liberalismo existencial remite al conjunto de prácticas y premisas que guían la vida de todxs: la idea de que a partir de un momento dado es algo natural, en la relación con el mundo, el hecho de que cada uno tiene su vida, que ésta consiste en un conjunto de elecciones, buenas o malas; de que cada uno se define por un conjunto de cualidades, y propiedades que hacen de él un ser único e irremplazable y que el contrato resume adecuadamente el compromiso de los seres entre sí, y el respeto a toda virtud. El liberalismo existencial enmarca la mercantilización de las relaciones. Todo lo que hacemos tiene que tener un rédito, todo se negocia y se comercia, no sólo en el marco de las relaciones de trabajo sino también en el cotidiano afectivo y político. Leamos su proposición IV:

 Situamos el punto de no retorno, la salida del desierto, el fin del Capital, en la intensidad del lazo que cada uno logre establecer entre lo que vive y lo que piensa. Contra los defensores del liberalismo existencial, rechazamos ver en esto un asunto privado, un problema individual, una cuestión de carácter. Al contrario, nosotros partimos de la certeza de que este lazo depende de la construcción de mundos compartidos, de la puesta en común de medios efectivos.    

 El liberalismo existencial no nos pasa desapercibido, por eso es evidente. Según Tiqqun hay un cuadro clínico que acompaña este movimiento y que es controlado desde diversas instancias de “sanación”, los síntomas de este cuadro clínico son: la depresión, la apatía, la deficiencia inmunitaria, la mala fe, el hostigamiento judicial, la insatisfacción crónica, los vínculos negados, el aislamiento, las ilusiones ciudadanas o la pérdida de toda generosidad…

 De este modo el mundo se deshabita, de aquí proviene el desierto y no va hacia otro lado que hacia sí mismo.

El Llamamiento que Tiqqun hace no pretende disimular las diferencias, por el contrario, quiere dialogar y visibilizarlas, establecer focos de deserción, focos de secesión, de puntos de concentración, para los fugitivos, para los que parten.

Se trata de generar nuevos mundos, de sensibilizar nuestras relaciones, de reconfigurar nuestros vínculos, no es una cantimplora en medio del Desierto, sino más bien, encontrarnos con nuevas formas de poblar territorios nuevos, abundantes de vida.

A eso llaman.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s