13015195_10209249748338218_5638986770003313866_n

El 8 de Noviembre del 2016 son las elecciones presidenciales de los EEUU. Con un sistema electoral por demás complejo, que excluye a los partidos minoritarios, las elecciones del imperio del norte suelen definirse en función de los dos partidos que más votos alcanzan en sus internas: el Partido Republicano y el Partido Demócrata. ¿Cómo funciona el sistema electoral estadounidense? ¿cuáles son las diferencias entre las propuestas de campaña de cada partido?

Por Pablo Lescano


El sistema electoral estadounidense no funciona como el sistema argentino. Es bastante particular, complejo de comprender y dista de ser el modelo de democracia que promueven los medios masivos de comunicación. Los ciudadanos con mayoría de edad eligen a los electores, que son quienes en asamblea eligen al presidente de la nación. En total suman 538 electores, cuya suma es igual a 100 senadores + 435 congresistas + 3 delegados de Washington D. C. Al momento de la asamblea los votos se ponderan de acuerdo a la cantidad de habitantes de cada Estado. Para ser elegido, un candidato necesita al menos 270 votos. Si no los alcanza la Duodécima Enmienda a la Constitución entra a regir y el Congreso decide quién será el nuevo presidente, donde cada Estado pasa a tener un voto. Si bien los ciudadanos eligen a quienes quieren que sean sus representantes, los electores luego tienen libertad de decisión en la Asamblea. Pero antes de alcanzar esta instancia, cada partido presenta sus candidatos y elige por medio de elecciones primarias quienes serán los que presidan sus listas electorales.

uno

 Las primarias

Entre los aspirantes a arribar a la Casa Blanca se encuentran Hillary Clinton y Bernie Sanders, quienes se disputan la interna demócrata; mientras que Donald Trump aparece como favorito frente a Ted Cruz y Marco Rubio, por el lado republicano. ¿Los republicanos y demócratas son lo mismo? ¿Con qué panorama se encontrará quien sea ungido como el presidente número 45 de la historia de Estados Unidos? John Bellamy Foster, director de la Monthly Review, una revista socialista independiente afirma que “durante décadas, el crecimiento de la economía de EE UU está estancado y, década tras década, conoce una ratio de crecimiento menor. En estas circunstancias, el rápido incremento de los ingresos de los de arriba -a los que Sanders le gusta llamar la “clase millonaria”- se da a expensas de los ingresos (la parte de la tarta) de los de abajo. Los 400 multimillonarios del país acumulan más riqueza que la mitad de las rentas salariales de los de abajo; es decir, cerca de 150 millones de personas. La parte de los salarios en la renta nacional ha ido cayendo al mismo tiempo que las rentas de los propietarios han ido subiendo. Los trabajos son más precarios. Mucha gente ha sido expulsada del mercado laboral. Aunque el desempleo oficial haya decrecido en los últimos cinco años, resulta difícil conseguir buenos trabajos con salarios dignos. Cada vez hay más gente en la pobreza. La mayoría de los estudiantes en el sector público está clasificada como pobre o casi pobre.”

dos

Sumado a este escenario, la hegemonía estadounidense en el plano de política exterior se encuentra en un punto de inflexión. En los último años China y Rusia han desafiado el poderío de los Estados Unidos en distintos conflictos geopolíticos. El papel ruso en el combate al Estado Islámico y el surgimiento de los BRICS (compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) planteando una alternativa económico con un marcado tono antiimperialista son algunos de los ejemplos que marcan la transición de un mundo unipolar a uno multipolar. Deja de ser un solo país quien controla los hilos del mundo, que ahora se reparten entre varias potencias.

tres

Las propuestas

Con 740 delegados a su favor, sobre los 514 del senador Ted Cruz, el empresario Donald Trump causa temor a propios y extraños. Tal es así, que hasta en el seno del propio Partido Republicano se encuentran escandalizados por el discurso ultraconservador de campaña de Trump. Xenofobia, machismo, violencia de género, una política económica que promete “devolverle la grandeza a Estados Unidos” y opiniones oscilantes sobre las relaciones con Cuba, son los tópicos sobresalientes de una polémica campaña. Una propuesta que causó creciente rechazo ha sido la promesa de construir un muro para poner un freno a la inmigración mexicana. La actitud xenófoba del candidato llega a tal extremo que ha llegado a referirse a los inmigrantes mexicanos como “violadores” y “asesinos”. Defendió los insultos tanto a mexicanos como a chinos y justificó las fuertes represiones a afroamericanos, quienes en los últimos 2 años se manifestaron numerosas veces a causa del deterioro en sus condiciones de vida. Un sondeo de la página de noticias Fusion de los canales ABC y Univisión dio como resultado que el 64% de los jóvenes hispanos abandonarían el país si el magnate inmobiliario es elegido presidente, cifra que asciende al 73% entre sus pares afroamericanos. Por otro lado, la descalificación a las mujeres ha sido otro punto destacado durante la campaña de Trump: en clara consonancia con una sociedad patriarcal, pretende asignarle un rol tradicional a la mujer, demonizando a quienes no se ajusten a lo que una mujer “debe” hacer. A este desprecio hacia las mujeres independientes se suman las agresiones a las periodistas que cubren sus actos de campaña con una perspectiva crítica.

En el plano económico su programa es una incógnita, aunque se han dado a conocer algunas de sus iniciativas si arriba a la Casa Blanca: altos aranceles a China, a Rusia, a México; mantener el salario mínimo pero no aumentarlo; impuestos sobre el patrimonio; manejo de los asuntos económicos por parte de los operadores de Wall Street; negociar mejores acuerdos comerciales que permitan expandir el libre comercio y así favorecer los intereses Estados Unidos. En cuanto a las relaciones bilaterales con Cuba, hoy estancadas, muestra una actitud ambigua. Por un lado ve un potencial para invertir en negocios. Pero por otro también ha afirmado que “la libertad debe llegar a Cuba pero no lo hará enriqueciendo y dando poder a la dictadura mientras exporta terrorismo en toda Latinoamérica.”

13015450_10209249752618325_5056054956383044954_n

Hillary Clinton aventaja en 700 delegados a Bernie Sanders en la interna demócrata. En política internacional la candidata comenzó con el pie izquierdo. Es preciso recordar que la ex primera dama votó a favor de la guerra a Irak en el año 2003. Apoyó la intervención militar en Siria, exige una mayor firmeza contra Rusia con el objetivo de no ceder la iniciativa a nivel geopolítico, se opone terminantemente a la creación de un Estado Palestino, busca retomar posiciones con su aliado israelí Netanyahu y planifica continuar apoyando acciones desestabilizadoras a los gobiernos progresistas de América Latina. Con respecto a Cuba apoya tibiamente la política de acercamiento de Barack Obama, sin embargo no pierde oportunidad para manifestar sus críticas al gobierno cubano: “El pueblo cubano merece que se le respeten sus derechos. Los dos Castro deben ser considerados autoritarios y dictatoriales. Espero que haya un día en que en Cuba haya líderes que sean elegidos por el pueblo.”

En el aspecto interno, se destaca su posición pro-patronal. La raíz de ésta radica en adherir a lo que la gran mayoría de los demócratas denominaron la “tercera vía” durante los tiempos de Ronald Reagan en la década de 1980: la concepción de un Estado chico, centrado en la ayuda a las empresas antes que en la protección de los ciudadanos, aunque sin pasar por alto pequeñas concesiones simbólicas a estos para no perder su apoyo. En este sentido parecen ir, por un lado, el aumento del sueldo mínimo, de la asistencia social y una regularización en temas inmigratorios; y por otro una ligera reducción de las exenciones y desgravaciones para las rentas más altas. No es un dato menor el hecho de que la campaña de Clinton está siendo fuertemente financiada por un amplio sector del establishment que ocupa posiciones en Wall Street.

v latino.jpg

Sanders no es el Che, pero…

La principal novedad de estas primarias ha sido el senador por Vermont, Bernie Sanders. En su estado cuenta con gran popularidad hasta tal punto que una heladería local Ben & Jerry’s lanzó el helado “El anhelo de Bernie”. Sus creadores explicaron que el disco de chocolate de la parte superior de la golosina representa al uno por ciento de los más ricos que no dejan subir al 99 por ciento restante de menta. Y para comerlo, hay que romper el chocolate y mezclarlo con la menta, algo así como “redistribuir la riqueza”. El candidato en la interna demócrata es reconocido por su trayectoria progresista en la que se ha destacado como un baluarte de la honestidad por llevar adelante medidas para favorecer a los que menos tienen. Al mismo tiempo se ha manifestado como un pacifista frente a las políticas exteriores que han llevado a cabo los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos, lo cual expresa puntos de similitud con la experiencia de Jeremy Corbyn en Gran Bretaña. Pese a todo esto, la cuna para su actual campaña provino de uno de los movimientos sociales que surgió al calor de la gran crisis del 2008: el Occupy Wall Street. Precisamente, lo que denuncia dicho movimiento se ha convertido en la principal consigna de campaña de Bernie Sanders: la crítica a la concentración de la riqueza del 1% de la población en detrimento del otro 99%. La gente joven, que no puede encontrar trabajos fijos con sueldos dignos, lo apoya y miles de jóvenes en todo el país se han sumado a su campaña. Ahora bien, Bernie Sanders se reivindica como un “socialista democrático” que viene a proponer una “revolución ciudadana”, pero ¿es en realidad un revolucionario? No, su programa se funda en la redistribución de las riquezas, no en su propiedad o su control. Desde la óptica de Sanders, las corporaciones han tomado el comando de la democracia estadounidense y frente a ello propone una única salida: que el pueblo se comprometa políticamente, participe masivamente de las elecciones como un primer paso y exija reformas que aumenten su control sobre la economía y los procesos políticos. En sus discursos el candidato siempre enfatiza en que “los cambios necesarios para alterar la correlación de fuerzas no los puede llevar a cabo un político solo”. En lo que respecta a salud, propone un seguro sanitario de pago único, garantizando seguro médico a toda la población al margen de que tengan o no trabajo y del nivel de sus ingresos, además de expandir la seguridad social, extendiendo la cobertura de salud a toda la gente a través de un sistema de pago único. En el aspecto laboral, promueve un programa de empleo en línea con el New Deal,  propone subir el salario mínimo de 7,25 a 15 dólares hacia 2020, promete crear millones de puestos de trabajo a través de programas federales de infraestructura y programas para la juventud. En cuanto a educación, gratuidad para la matrícula universitaria, educación gratis en todas las universidades públicas. Su plan para financiar estos programas es simple: subir impuestos a los ricos y a las grandes corporaciones y cobrar impuestos a la especulación financiera.

Uno de los puntos débiles del programa político de Sanders es el referente a la política exterior,  ya que solo se ha pronunciado acerca de América Latina y de manera general. “No creo que sea función del gobierno de EE.UU. ir derrocando gobiernos por todo el mundo”, y sobre la relación con Cuba en particular: “Hay que avanzar en una relación totalmente normalizada con Cuba (…) Y hay que reconocer que Fidel Castro educó a la población, les dio atención médica y la población cambió totalmente.”

12974407_10209249743458096_1982986402059589197_n

Sanders no es el Che, pero llama la atención de que ofrezca a millones de excluidos la ocasión de alzar la voz y de exigir algo más que una política de convivencia con Wall Street. A pesar de su apoyo popular el senador por Vermont corre con una gran desventaja frente a su oponente del partido demócrata. Los súper-delegados, miembros del partido que representan dos tercios de los delegados de la convención demócrata, apoyan todos a Hillary Clinton. A estos apoyos se suman los principales sindicatos, la maquinaria mediática, corporaciones financieras y los avales de la mayoría de los gobernadores. Así como está planteado el escenario: ¿podrá convertirse Bernie Sanders en el sucesor de Barack Obama?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s