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Los primeros meses del gobierno de CAMBIEMOS obligan a repensar estrategias de resistencia ante el ajuste, políticas de reducción del estado y ensayo de medidas neoliberales. Quizás este contexto invite a repasar el significado de los primeros piquetes en la década del 90, la emergencia organizada de los sectores más vulnerables ante las políticas implementadas en el menemismo. A 19 años de los “cutralcazos” en la provincia de Neuquén.

Por Sebastián Nores


El 20 de junio de 1996 y el 9 de abril de 1997 los pueblos de Neuquén, Cutral Có y Plaza Huincul, iniciaron levantamientos que expusieron al sistema. El rumbo neoliberal de los ’90, con sus privatizaciones, golpeaba a todo el país y hacía crecer los niveles de desocupación y pobreza. Esta embestida contra los puestos de trabajo, se sentía aún más en los pueblos petroleros que dependían de YPF, donde se pasó de una desocupación del 2% en 1992, al 26% en 1996.La cancelación por parte del gobernador Felipe Sapag de un precontrato con la firma canadiense Agrium, que construiría una fábrica de fertilizantes en Cutral Có y prometía puestos de trabajo, fue la gota que rebalsó el vaso. A su vez, a 1500 familias se les habían cortado los servicios de luz y gas porque no podían pagarlo. De esta manera se comprende el malestar social que se canalizó en las puebladas conocidas como “Cutralcazos”.

La provincia ya traía antecedentes de lucha. En 1994 en la localidad de Senillosa, del mismo Departamento que Cutral Có y Plaza Huincul, tres mil personas cortaron la ruta 22. Una pueblada espontánea comenzó con una asamblea de trabajadores de la construcción y fue acompañada por el gremio ATE. Jorge Sobisch, gobernador de la provincia hasta 1995, quien años después se convertirá en un símbolo de la represión en la Argentina por ser el responsable político de la muerte del maestro Carlos Fuentealba, declaraba: “Este tipo de levantamientos no se justifican (…) porque Neuquén no es una provincia en crisis: la construcción trabaja a pleno y si existen problemas ocupacionales se debe al éxodo de desocupados de otras provincias hacia Neuquén (…) Confío en la madurez de la sociedad neuquina que observa a los que están soliviantando los ánimos, echando leña al fuego (…) Son agitadores que aprovechan las circunstancias existentes en Senillosa para enfrentar a un gobierno democrático y pluralista que nunca utiliza la represión para dirimir las controversias.”

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Diario Clarín

20.000 personas se movilizaron en el primer cutralcazo, del 20 al 27 de junio de 1996. Sebastián Hacher en el libro “Diez años del comienzo del movimiento piquetero” recupera lo sucedido en esos días: “La jueza federal Margarita de Argüelles venía detrás de la tropa. Se subió al techo de una tanqueta y desde allí comprobó que la mitad del pueblo estaba en la calle. Trató de encontrarle una explicación en términos judiciales, pero no había. Sólo pudo declararse incompetente y ordenar el retiro de las tropas. Era una victoria popular, que luego el poder intentaría borrar con subsidios para desempleados y promesas vanas que no se tardarían en olvidar”. Entre ellas, la construcción de una planta de fraccionamiento de gas, las reconexiones de gas y luz a las familias en emergencia, subsidios a desocupados, repartición de alimentos  y puestos de trabajo municipales a desocupados.

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Las condiciones sociales no cambiaron y las promesas se desvanecieron. Por eso llegó el  segundo Cutralcazo, en abril del 1997 al que se sumaron los docentes de ATEN (Asociación del Trabajador de la Educación del Neuquén) que reclamaban contra los recortes salariales. Los cortes de ruta se repitieron. Pero el poder no iba a perdonar la rebeldía de las puebladas de junio del ’96. Esta vez la Gendarmería Nacional y la policía neuquina avanzaron y desalojaron la ruta 17. Teresa Rodríguez, una empleada doméstica de 25 años nunca llegó a su trabajo. Fue asesinada por una bala policial en puente de la ruta 17, donde cientas de personas resistían el avance de gendarmería y pedían por “pan y trabajo”. A pesar de no tener una militancia política activa, Teresa Rodríguez pasaría a convertirse en bandera de lucha para distintas organizaciones piqueteras. Al enterarse de lo sucedido, la furia del pueblo, miles de personas en huelga y piquete, fogoneros y docentes, obligaron a las fuerzas de seguridad a retroceder.

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Cutral Có deja varias lecturas para hacer en el presente. Por un lado, su ejemplo se hizo sentir en Tartagal, Salta, en 1997. Los piquetes que se fueron extendiendo a lo largo y ancho del país, mostraron crudamente las consecuencias de un sistema político que estalló el 19 y 20 de diciembre del 2001. Por otro lado, las puebladas marcaron un camino hacia la victoria popular. Se trata de la lucha y el ejemplo de la democracia genuina. Habrá que recordar que en el piquete no sólo se corta la ruta, sino que es la demostración del respaldo entre lxs compañerxs. El armado de la barricada trae el debate, las decisiones en asamblea, las ollas populares y el fuego que por momentos hacen olvidar las penurias por la falta de alimento. Se trata de otra forma de hacer política, es acción directa. En un momento de grave crisis social surgió una práctica que se resiste a ser abandonada porque exige lo mejor del ser humano: su solidaridad.

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Pero no se trató de algo nuevo, los piquetes estuvieron presentes en las principales huelgas obreras de comienzos del siglo XX en nuestro país, como en la represión del Centenario (1910), en la Semana Trágica (1919) y en las huelgas de peones de la Patagonia (1921). Esto se decía del piquete en la huelga general de la construcción de 1935-1936: “Ninguna huelga se mantiene ni triunfa sin la existencia de los piquetes. Ellos son el vigor de la lucha, el fuego de primera línea, las brigadas de avanzada en el ataque. En el piquete pueden estar el joven y el viejo, contagiados de la misma fiebre audaz… Esta línea avanza al encuentro del traidor y lo domina, busca al equivocado y lo convence y lo empuja al lado de los camaradas. Del piquete depende la huelga… los piquetes siguen su trabajo indetenido… con la conciencia de que ellos son los que dan y seguirán dándole temple y filo a la huelga…” (Periódico Spartacus Nº 6, noviembre de 1935, en el marco de la huelga de la construcción).

Muchas veces nos preguntan, ¿por qué el nombre ‘Derrocando a Roca’, si la Campaña del Desierto se llevó a cabo hace 150 años? Y desde aquí siempre respondemos que se trata de una metáfora para poder indagar en quiénes son los Rocas de hoy, en quiénes son los representantes de su legado, de su modelo de país. Cuando Rubén Patagonia, descendiente de Tehuelches, pregunta en su canción titulada “Cutral co” “¿a dónde se habrán ido los días de ayer?” podríamos responderle que en Neuquén, cada 15 días, se corta la ruta 22 por reclamos sociales. Quizás los Rocas de hoy sean los medios masivos de comunicación que quieren hacernos olvidar todo lo construido, nuestras victorias, quiénes somos, para que tengamos que comenzar de cero. Quizás el Roca de hoy sea Macri, la vuelta del neoliberalismo y el protocolo anti-piquetes. Quizás otros Roca también fueron el entonces gobernador de Neuquén Felipe Sapag y el comisario mayor Marcelo Jaureguiberry, jefe de la policía provincial, quienes justificaron la represión en Cutral Có aduciendo que en el piquete había “francotiradores” o “elementos armados”. Quizás los Roca de hoy sean quienes siguen justificando el genocidio originario porque “los mapuches eran chilenos” frase errada, despectiva y hermana del “piqueteros de mierda” que tanto se escuchó tanto pos 2001.

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