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Cada vez son más los vecinos desplazados de los barrios lindantes de Nordelta  y el complejo Villanueva ante el avance de la construcción de countries. Un despojo territorial “silencioso” producto de las inundaciones y la falta de acceso a avenidas que deberían ser de uso común. Según el Centro de Investigaciones Geográficas de la Universidad Nacional de La Plata, solo en Tigre, Escobar y Pilar (Cuenca Baja del Río Luján), se han destruido unas 10 mil hectáreas de humedales. Mientras tanto, la ‘planificación’ urbana deja de lado a la población de los barrios.

Por Alejandra Santiago @AlejaiSantiago


Tarde de viernes en la rotonda de Benavidez. Mucha gente vuelve a sus casas mientras un grupo de vecinos de Tigre, Pilar y Escobar reparten volantes frente a las puertas de EIDICO, la empresa de emprendimientos inmobiliarios que está dispuesta avanzar sobre las zonas en que viven hace décadas. “Basta de countries, frenemos a los humedales”, dicen. Pero, ¿por qué molesta la creación de nuevos barrios privados? Parece que no es cierto eso de que Tigre siempre se inundaba. Una vecina del barrio Las Tunas, ya cansada de explicar que las zonas inundables son aquellas lindantes al río y que por lo tanto no es “normal” que se inunden los barrios cercanos a los countries, cuenta que  hace 15 años, cuando aún no estaban construidos los Nordeltas ni el complejo Villanueva (ubicado entre los dos Nordeltas), este suceso no se producía con tanta frecuencia. A medida que crecen las construcciones y avanza la apropiación de terrenos, los vecinos de Tigre, Escobar y Pilar, que decidieron continuar viviendo en sus territorios originarios se ven atravesados por  mayores dificultades: “Antes nos inundábamos solo cuando había sudestada, ahora, cada vez que llueve”, relata una vecina de Tigre. Esta expansión territorial de emprendimientos privados hace que cada vez haya menos humedales, los cuales se van rellenando con materiales desechados, y así pierden su función de esponja natural absorbiendo el agua de las lluvias. Ahora las inundaciones por lluvias leves son moneda corriente.

Los barrios privados se construyen, avanzan, muchas veces sin previo aviso. El barrio privado La Comarca, en Gral. Pacheco, partido de Tigre, fue construido sobre un espacio público que antes era utilizado para realizar festivales para el día del niño, entre otras actividades barriales. “Primero dijeron que iban a hacer una sede de la delegación municipal y después amuraron y construyeron el barrio privado. Como los vecinos creíamos que era una mejora para el barrio, no dijimos nada”. A pesar de que los vecinos cambian y se suman nuevos que entablan poca relación con los pobladores originarios, apenas relaciones mercantiles en los almacenes de los barrios o acaso algún reclamo conjunto por “falta de agua”, un grupo ha impulsado asambleas para tomar iniciativa frente al avance de los countries. Consideran que el aumento de inundaciones en el último tiempo tiene una relación directa con la construcción de countries: “Desde 1985 que no había una gran inundación agravada por sudestada, recién se repitió el 6 de diciembre de 2012 y ahí decidimos empezarnos a organizar”, cuenta una vecina de Tigre.

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Aguas turbias ribereñas

El relleno de humedales y las inundaciones no son los únicos problemas: en el barrio Las Tunas, del partido de Tigre, la escasa cantidad de agua que queda en el arroyo se encuentra contaminada. Entre el 25 de julio y el 24 de Agosto de 2005, la empresa Serman & Asociados S.A. realizó un estudio hidrológico y muestreo de agua sobre la cuenca del arroyo Las Tunas. En este análisis, además de confirmar el colapso ambiental que sufre dicha cuenca por contaminación urbana y fundamentalmente por contaminación industrial – planteada en febrero de 2000, en el informe Feasibility Study for Conditioning of the Water in the Arroyo “Las Tunas” de Parsons – se determinó como zona crítica a la zona de vuelco sobre el arroyo Darragueyra, de la empresa Pelco, dedicada al tratamiento de residuos patológicos e industriales (Calle Saavedra y el arroyo Darragueyra – Ricardo Rojas). Además, a principios del  2007, fue denunciado el vuelco clandestino de materia fecal sin tratamiento por parte de camiones atmosféricos. La amenaza más grave que plantea esta situación es la liberación de algún tipo de dioxina al ambiente a raíz de los desechos de los distintos procesos industriales de las papeleras, una toxina muy dañina para el hombre que puede traer enfermedades graves como cáncer con la posibilidad de permanecer en en el aire, suelo y agua por cientos de años.[1].

Cabe destacar que el arroyo Las Tunas fue entubado, y parte de su canal desviado para la construcción del Nordelta. Parece mentira que de un lado se hayan construído lagos artificiales para embellecer a estas especies de “ciudades dentro de la ciudad”. Pero deja de parecer ilógico si se tiene en cuenta que los reclamos de los vecinos no recibieron ningún tipo de respuesta por parte de Zamora ni tampoco durante la gestión del ex intendente, Sergio Massa, dueño del mayor porcentaje de terrenos del partido. ¿Se tratará, una vez más, de un caso de políticos involucrados con proyectos inmobiliarios de barrios privados? Algunos vecinos apuntan a Jorge O’Reilly, presidente de EIDICO y, a su vez, dueño de un frigorífico, el Malba y el Nordelta, que tejió relaciones cercanas con políticos de turno: “Ha tenido funcionarios dentro del gobierno municipal, ha tenido cargos dentro del gobierno nacional”, comenta al respecto un vecino de Punta Querandí, lugar arqueológico sagrado sobre el que pretende avanzar la empresa EIDICO para continuar con la construcción del complejo Villanueva.

Expulsión silenciosa, pero dolorosa

Las denuncias y reclamos expuestos por una vecina del barrio las Tunas se ven interrumpidos por un recuerdo propio. Un hecho singular, que parece no tener correlato con el desplazamiento territorial pero que termina vinculando el negocio del narcotráfico con el de la especulación inmobiliaria: el pasado carnaval la policía ingreso al barrio disparando balas de plomo y de goma. No, no es el relato de la villa 1-11-14, no había murgas ensayando esta vez. Solo pibes caminando por las calles de su barrio. No hubo muertos, si varios heridos. ¿Qué hace la policía entrando a los tiros un domingo de carnaval? ¿Qué fue a buscar? La respuesta es siempre la misma: “estamos luchando contra el narcotráfico”. Curiosamente, su intento de acabar con el narcotráfico nunca se desarrolla en aquellos barrios privados cuya construcción ha arrastrado a miles de vecinos a una situación perjudicial, nunca se buscan responsables detrás de esos grandes muros ni en el poder político.

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Ni un metro más

 La Asociación patrimonio natural de Pilar, Vecinos de humedales de Campana, Vecinos inundados de Tigre, Asamblea Delta, Organizaciones que integran la asamblea en defensa del humedal Dique Luján, son algunas de las agrupaciones vecinales que continúan organizándose no solo contra el avance de la construcción de barrios privados y de la apropiación de los humedales sino también contra la criminalización de los chicos de los barrios.

 La especulación inmobiliaria y los negocios que se esconden por detrás de estas construcciones constituyen un claro tipo de extractivismo: extractivismo urbano. La forma de extraer el recurso de forma indiscriminada, en este caso de renta de la tierra, destruyendo el medio ambiente. Es una planificación urbana irrespetuosa no solo con el medio sino que también con la gente que lo habita.


[1]          Para más información: http://www.cuencareconquista.com.ar/blastunas.htm

 

 

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