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Barack Obama está en Argentina. Calles cortadas, operativos de máxima seguridad, y barras y estrellas por doquier. La visita del presidente de Estados Unidos tiene objetivos mucho más profundos que cultivar la simpatía argentino estadounidense ¿Qué hay detrás? ¿Qué influencia tendrán los yankis a futuro en América Latina? Una mirada geopolítica del asunto.

Por Tomás Hart @TomassHart y Carlos Sanabria @Hayquearar


 

“Cuando vino Evo Morales esto no pasó eh…” se escucha entre la multitud. El chascarrillo rompió por un momento el silencio de quienes esperan la llegada de Obama. Se percibe curiosidad en el ambiente. Son cientos y aguardan de manera tranquila detrás de las vallas que rodean la Casa Rosada. Sin embargo ella llama la atención. Sonríe, se sube a una valla, se baja, va y viene y capta la mirada de tres de los miles de policías que ocupan espacio en el microcentro. Tiene una bandera de los Estados Unidos a sus espaldas, está embanderada de rojo, azul y muchos sueños de libertad. Ella también llama la atención. Tiene extendido un papel afiche amarillo. Es el único cartel que espera alguna mirada importante a la distancia, pero no está dirigido a Obama, sino al gerente local: “Macri traidor, vendepatria”.

 Detrás de los aplausos, flashes y emociones gourmet, la Casa Blanca vino a la Argentina para sepultar de una vez por todas al chavismo y a volver a plantar bandera en Brasil. Para ello, que mejor aliado que el representante de la nueva derecha, Mauricio Macri. Una vez concretados estos dos objetivos específicos, podrá finalizar su tarea máxima: restaurar el neoliberalismo en toda América Latina. Detrás de las banderitas y la fiesta de cumpleaños de los admiradores del imperio, Barack Obama viene a concretar acuerdos con reglas estipuladas de antemano.

¿Habrá caído bien que la Prefectura Naval Argentina haya hundido un barco chino por pescar en nuestras aguas? Es curioso, ya que gran cantidad de barcos que realizan la misma actividad ilegal son tratados de otra manera. China es el principal socio comercial y comprador de materias primas argentinas. El hundimiento del barco chino pareciera un claro guiño al gobierno de Washington para demostrar quien va a ser nuestro principal socio comercial y quien dejará de serlo. Una toma de posición en la disputa geopolítica entre EEUU y China, en su lucha por determinar quien es la potencia mundial y quien controlará los bienes comunes naturales, específicamente el petróleo.

Barack Obama busca el apoyo de Mauricio Macri para el desarrollo de la Alianza del Pacifico, un bloque comercial conformado por cuatro países: Chile, Colombia, México y Perú  y sobre el Tratado Trans Pacifico, un tratado de libre comercio entre varios países de la Cuenca del Pacífico. Ambos acuerdos buscan el aislamiento de China y el reestablecimiento del modelo neoliberal caracterizado por la apertura comercial que como nos mostró la historia de nuestro país, desalienta la producción y el consumo local, y llena nuestras góndolas de productos fabricados en los Estados Unidos. A cambio del apoyo mediático de Obama a su figura y gestión, Macri se erigirá como un referente de la nueva derecha en el Cono Sur, un interesante contrapeso a los diversos movimientos progresistas y de izquierda que se mantienen y pueden surgir en la región.

A su vez, a poco tiempo de abandonar la presidencia, Obama busca retirarse con algún triunfo que para ser recordado no solo por ser el “primer presidente negro de la historia”. De esa manera se puede explicar su viaje a Cuba, ya que luego de sus fracasos a nivel local con la imposibilidad de la reforma financiera, migratoria y de salud, ser el presidente que termine con el bloqueo a la isla podría dejarle al menos un párrafo importante de la historia.

Si, las banderas yankis en la Plaza de Mayo pueden molestar. Y que la visita de Obama sea en una fecha tan sensible para las luchas de nuestro pueblo también. Pero habrá que prestar atención a los futuros arreglos y tratados económicos entre la Argentina y los Estados Unidos. Las elecciones yankis tan solo cambiarán el maquillaje: podemos quedar en medio de relaciones carnales, depredadoras y carnívoras si gana Trump, o paralizados por alguna simpática, poderosa, dominante sonrisa demócrata.

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