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Derrocando a Roca cumple cuatro años de trabajo, de disputa de sentido, de crear y desarrollar un proyecto que desde su mismo nombre carga con el ímpetu de derribar mitos constituyentes de nuestra sociedad. La coyuntura nos obliga a desafiar las diferencias políticas que nos hacen, la pluralidad y diversidad que nos caracteriza, y así unificar criterios frente a un retroceso claro y significativo para los sectores populares. Dejamos aquí nuestra primera editorial.


Nadie sabe cuánto tiempo debe pasar para hacer un balance prudente de un gobierno entrante. El tiempo carece de dueños, vive y se expresa en forma relativa. Para los más de 40 mil despedidos, puede que el gobierno se haya sentido en un instante, mientras la devaluación y el aumento de precio continúan su asfixia constante al pueblo argentino. Puede que las mineras transnacionales consideren que mucho se ha tardado en quitar sus retenciones, en comparación con la velocidad con las que se quitaron las de cereales y se redujeron las de la soja. Los pibes de la murga baleados por la policía deben haber sentido el ardor en la piel durante una eternidad, y la resolución de la justicia de encarcelar a Milagro Sala, sorprende también por su celeridad. Son sólo 20 minutos los que va esperar la policía para reprimir una protesta social. Llevó mucho tiempo la creación de una nueva Ley de Medios, que a pesar de no haber sido aplicada de manera eficaz – sobre todo en lo que respecta a la elaboración del plan técnico y el 33% a favor de los medios alternativos – era un avance en materia de comunicación, y fue el actual gobierno el que minuto a minuto, decreto a decreto, desde su asunción logró despojar a los directivos, crear un organismo nuevo y anular los artículos que obligaba a los grupos monopólicos a adecuarse. El macrismo en tres meses ha demostrado que es mucho más fácil destruir que construir. Puede, porque no, ser comparable con un trueno, que en medio de una tormenta se presente como un rayo de luz destinado a iluminar la oscura noche argentina, para finalmente ser un estruendo que dejó aturdido a las clases populares. Al igual que en la campaña, en la apertura de las sesiones extraordinarias predominó un discurso que vacía y confunde lo político. La promesa de “Pobreza Cero” y la pretendida unión de los argentinos intentan correr a un costado el centro de la cuestión en los tiempos que corren: la redistribución de la riqueza. En apenas tres meses el gobierno ha inclinado la balanza hacia los sectores más poderosos de la economía. Es difícil acercarse, al menos un poco, a la “Pobreza Cero” si los precios de los servicios y la canasta básica aumentan un 300% y 50%, respectivamente. Resulta difícil de creer que una modificación del mínimo no imponible que termina haciendo que más trabajadores paguen el impuesto, nos lleve a una argentina unida. Las críticas del macrismo al gobierno anterior funcionan como excusas para justificar las medidas anti populares que se están llevando a cabo, y así el gobierno construye su gran relato argentino para esconder el origen ideológico de una batería de medidas neoliberales pensadas y configuradas de antemano. El tiempo dirá el alcance del nuevo relato hegemónico. Por lo pronto, se instaló rápido y furioso.

¿Será posible a futuro salir del eterno gradualismo en la política argentina que históricamente desemboca en gobiernos de derecha legitimados socialmente, con todas las posiblidades de desarrollarse?

 

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