peron macri
A la izquierda Perón abraza a Eva un 17 de Octubre de 1951. A la derecha Mauricio Macri baila en el balcón, acompañado de su esposa y la vicepresidenta electa, Gabriela Michetti.

Finalmente llegó el día. Mauricio Macri, presidente de la Argentina. Tanto el juramento en el Congreso, como la ceremonia en la Casa Rosada fueron fieles al estilo Pro. Al parecer, se abre un nuevo episodio de la lucha por definir qué es “lo político”. ¿Qué hay detrás del baile en el balcón?

Por Tomás Hart / 


La primera medida política de Mauricio Macri fue implementada diez minutos después de ponerse la banda presidencial: apoderarse de símbolos históricamente importantes. Más allá de lo superficial que pueda parecer el baile en el balcón, lo que hizo Macri fue apropiarse y llenar -¿o vaciar?-  de sentido la Plaza de Mayo y  la Casa Rosada.

El 17 de Octubre de 1945, luego de una inmensa movilización obrera y sindical, J. Domingo Perón salía al balcón de la Casa Rosada y, frente a una plaza colmada, decía: “Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria”. Más allá de la posición política de cada sujeto, es innegable que aquel día marcó para siempre la historia de nuestro país. A pesar de las discrepancias –muchas o pocas- que se pueda tener con el movimiento peronista, el Partido Justicialista o la burocracia sindical, en aquel entonces la Plaza de Mayo, los discursos desde la Casa Rosada y gran parte del movimiento obrero eran y significaban una misma cosa.

El 1 de Mayo de 1952 Evita pronunciaba su último discurso desde el mismo balcón y decía: “Nosotros no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bosta oligárquica y traidora de los vendepatrias que han explotado a la clase trabajadora; porque nosotros no nos vamos a dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras y entregan al pueblo de su patria con la misma tranquilidad con que han vendido el país y sus conciencias“. Sin dudas, un discurso cargado de contenido político y emocional. La mujer que impulsó el voto femenino en la Argentina arremetía, discursivamente, contra los sectores oligarcas de aquel entonces.

El 1 de mayo de 1974 J. Domingo Perón da un discurso desde el Balcón que, como todos, marcará una huella en la historia. Aquel día, Montoneros se retiraba de la plaza. Perón sostenía: “Compañeros, nos hemos reunido nueve años en esta misma plaza, y en esta misma plaza hemos estado todos de acuerdo en la lucha que hemos realizado por las reivindicaciones del pueblo argentino. Ahora resulta que, después de veinte años, hay algunos que todavía no están conforme de todo lo que hemos hecho…”  Al compás de “¡Conformes, conformes, conformes, general, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar!  – ¡Aserrín, aserrán, es el pueblo el que se va!”, las columnas Montoneras se retiraban de la plaza.

El 10 de diciembre de 1999 Fernando de la Rúa, sostenido sobre la promesa de un cambio, decía: “en esta histórica plaza saludo a los argentinos que a lo largo y ancho del país quieren vivir un tiempo mejor”. Frente a la gente que asistió aquel día, prometió gobernar para “realizar las esperanzas y los sueños demorados” y convocó a “la unidad del pueblo“. La crisis no tardó mucho en llegar.

Luego de 16 años un presidente vuelve a dar un discurso desde el balcón de la Casa Rosada. Ni Néstor Kirchner ni Cristina Fernandez lo hicieron. De hecho, el ex presidente alguna vez dijo: “No venimos a la Plaza a ocupar un balcón porque tiene un dueño histórico. Ahí estuvo Perón y Evita, y hubo otros que lamentablemente lo quisieron ocupar“. Por su parte, la ex mandataria  sostuvo: “No me da el cuero para hablar en el balcón que habló Perón y Eva, muchas gracias pero no puedo“.

Lo que Mauricio Macri hizo el pasado jueves, fue darle un golpe a la identidad popular. Su primera medida como Presidente, su búsqueda por despolitizar a la sociedad y levantar un mensaje en donde el éxito personal es el que beneficia al país en general, y no al revés. El viejo discurso liberal. Es decir que, si a alguien le va bien “es porque tiene voluntad y coraje”, mientras que si le va mal “es porque es vago y no tiene ambiciones”.

Durante su estadía en el balcón Macri sostuvo: “Como decía hace unos instantes en el Congreso, prometo siempre decirles la verdad, ser sincero y mostrarles cuáles son los problemas para que trabajando juntos podamos resolverlos“. Está claro, el flamante presidente habla de una “verdad” como si la realidad fuese transparente. No existe una sino que existen muchas verdades, muchas formas de decir o expresar las cosas. De hecho la mentira es la última verdad. En política no se trata de ser sincero, ni de trabajar todos juntos. Si hay una certeza es que el discurso de Macri cabería perfectamente en una reunión del sector empresarial. Ese que, al parecer, copó su gabinete.

El baile de Mauricio Macri al son del cántico de la vicepresidenta, Gabriela Michetti, no fue solo parte de un show mediático que intentó mostrar un “cambio de formas”. Fue la búsqueda por ganar símbolos imponiendo los de su partido. Como el robo de las manos de Perón, del cuerpo de Evita, la inauguración del monumento de Juan Domingo por parte del propio Macri hace algunos meses, o la apropiación del significante “cambio” por parte del Pro, el baile en el balcón de la Casa Rosada fue parte de la batalla cultural que parece haberse librado.

La lucha política, entonces, parece ser la lucha por determinar qué es “lo político”. El intento por despolitizar símbolos, identidades o conflictos tiene como finalidad ocultar el conflicto social existente. El conflicto social es una de las característica esenciales del sistema capitalista y es sumamente importante reconocer en que ámbitos y de que maneras aparece para poder hacerle frente

En el período político que se avecina será sumamente importante. No sólo la movilización popular en las calles, sino la batalla cultural de, y en, los medios de comunicación alternativa y popular, que mantendrán su doble tarea: pelear contra el sentido común que esparcen los medios de comunicación masiva y defender los símbolos e identificaciones históricas del movimiento al que pertenecen y representan. Tanto las luchas de sectores del feminismo, del movimiento obrero, de pueblos originarios o del movimiento campesino intentarán ser simplificadas y vaciadas por el macrismo. El arte en todas sus expresiones y la originalidad de los comunicadores sociales serán las armas más fuertes para hacerle frente al poderío económico de los grandes medios y el nuevo gobierno.

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