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El barrio Villa Fiorito está de festejo y no es para menos. Hace 28 años que nació la Fundación Ayuda a la Niñez y Juventud “Che Pibe”, un espacio que surgió entre vecinxs, familias y educadorxs para que niñxs y adolescentes jueguen y aprendan. En el año 2009, Che Pibe en articulación con el MTE (Movimiento de Trabajadores Excluídos) creó el  primer Jardín Materno Infantil del turno noche “Amanecer de los pibes”, que recibe a 200 hijos de cartoneros y cartoneras del MTE, y que soluciona su labor diaria, ya que antes de la creación del jardín debían llevar a sus hijos a cartonear porque no podían dejarlos solos en sus casas. Para conocer la historia y el presente del proyecto, Derrocando a Roca entrevistó a Natalia Zarza, educadora y encargada del turno noche, y a Paola Caviedes, referente y delegada de la ruta n° 24 del MTE.

Por Silvina Arrieta @SilvinaBelen77


“Che Pibe”, como lo conocen en Villa Fiorito, nació un 30 de noviembre gracias al aporte de vecinos y estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Todo empezó para “ayudar a los chicos que estaban más expuestos a situaciones de violencia, en la calle o con problemas familiares”, relata Natalia Zarza, educadora hace nueve años en la fundación y encargada del turno noche del Jardín Materno-Infantil hace tres. Che Pibe cuenta con un jardín materno-infantil, una Casa del Niño, otra del Joven y diferentes talleres de oficio y recreación. Pero el gran salto se dio hace seis años, cuando se formalizó un convenio con la cooperativa de cartoneros “Amanecer” del MTE para recibir a los hijos de los trabajadores en el turno noche, a partir de las 17 horas.

Este proyecto, ‘Amanecer de los pibes’ surgió con los compañeros del MTE. Ellos iban a cartonear a Capital Federal y sus niños quedaban solos en su casa o iban con ellos. Sergio Val – Fundador de Che Pibe y presidente de Unión Popular Lomas de Zamora– junto a unos compañeros del MTE se reunieron porque era necesario encontrar un lugar para los chicos”, recordó Natalia. En los primeros años los padres lo llamaban la “guardería”, ya que cuidaban a sus hijos mientras ellos iban a trabajar. Pero esa “guardería” se convirtió en un jardín de turno noche, con actividades pedagógicas y contenidos: “Fue todo un desafío porque no hay ningún jardín que sea de turno noche. Priorizamos que las familias nos tengan confianza”, recuerda Natalia. Al principio, algunos niños hacían doble turno de enseñanza de primera infancia porque sus padres no lo consideraban un jardín. Hubo varias charlas con las familias para concordar que el turno noche lo era también. Otro desafío que se presentó fue contener a los niños dado que es un horario inusual de concurrencia a una entidad educativa: “Lo que nos pasaba con los niños era que cuando empezaba a anochecer se ponían a llorar porque querían a su mamá. Me acuerdo que se usó como estrategia colocar una cortina negra en las ventanas para que cuando empezaba a anochecer no se dieran cuenta. Al principio fue muy duro, porque es un horario en el que se comparte con la familia”.

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Desayuno, almuerzo, merienda, cena, en Che Pibe se brindan todas las comidas, y hay colaboración de madres y padres para la limpieza del lugar. Cada 15 días se realizan las reuniones para planificar las actividades, recreaciones, contenidos y compartir experiencias. Asisten las educadoras junto a las educadoras populares, quienes se encuentran en cada sala para enseñar. A diferencia de las docentes, las educadoras populares son ayudantes de sala, “imprescindibles para lograr una combinación de contención y experiencia”, afirma Natalia Zarza. A su vez, las compañeras que se encargan de la comida, se reúnen con nutricionistas para elaborar diversos platos con contenido proteico, dado que están alimentando a personas en edades de crecimiento y muchas solamente comen en la fundación.

Che Pibe nació con una murga, pero los talleres se fueron ampliando para diversos niños y jóvenes puedan acercarse. Hoy cuenta con talleres de acrobacia, pintura, y por supuesto la murga continúa. También hay colonia de verano que se dicta en la fundación, y hay campamentos a Las Toninas con las educadoras y algunos padres. Che Pibe, para costear las actividades, tiene convenios con la provincia de Buenos Aires, a través de la Unidad de Desarrollo Infantil (UDI), pero no es suficiente. La fundación se mantiene con apoyo de vecinos, donaciones y familiares.

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Campamento en Las Toninas. Fuente: fundaciónchepibe.wordpress.com

Paola Caviédes es referente y delegada de la ruta n° 24 del MTE. Ella empezó a cartonear a finales de 1999. Madre soltera y con la situación económica que atravesaba el país tuvo que salir a las calles: “Al principio le pagábamos a camiones para que nos lleven al centro porteño. Éramos perseguidos por la policía todos los días. Según nos decían, había una ley que nos incriminaba de robarnos la basura. Pero no estábamos robando, era nuestro único medio para subsistir. Así empezamos en el sistema de trabajo. Llegó un momento en que nos enfrentamos al Gobierno de la Ciudad para defender nuestro trabajo, una forma de sobrevivir. Llegamos a un acuerdo, nos reconocieron que estabamos dando un servicio. Porque lamentablemente éramos vistos como los “negritos” que cruzábamos a Capital y nos adueñábamos de la basura del señor que tiene plata”.

A las 17 horas se abren las puertas de Che Pibe. Poco a poco van llegando los niños y jóvenes acompañados de sus padres para merendar. Hay un micro que pasa a buscar a los niños que viven más lejos, los deja en la fundación, y lleva a los adultos a trabajar. Alrededor de las once de la noche, con el regreso de sus padres, también los pasa a buscar. Che Pibe recibe a 200 niños y jóvenes en el turno noche que se abrió para las familias del MTE – hace poco logró que se abriera otro jardín en Barracas-. Con lucha y movilizaciones, consiguieron subsidios del Gobierno de la Ciudad. Es un dinero que pasa por la cooperativa “Amanecer de los cartoneros” –que pertenece al MTE-, y se da a Che Pibe para que puedan comprar los alimentos, insumos de limpieza, materiales de educación y pagar a las educadoras.

El trabajo de Paola y sus compañeros lograron devolverle la infancia a los niños que día a día sufrían frío, calor, lluvias, ya que sus padres no tenían otra solución que llevarlos por la calle arriba de los carros: “Pudimos lograr que el niño vuelva a ser niño, y el papá, papá. Empezar de lo más bajo e ir progresando. Hay papas que hoy pueden hacer una ‘changuita’, y algunas mamás pueden tener un plan para poder estudiar y terminar la secundaria. Pero esto costó muchos años, tuvimos respuestas negativas de todos lados, nos cerraron varias puertas, fue muy duro. Es difícil hacerle entender a un gobierno lo que sufrimos. Pero la solidaridad nace de los compañeros.”, recuerda Paola.

A diferencia del turno mañana y tarde, los niños y educadoras tienen delantal azul con vivos verdes, similar al uniforme que usan sus padres en el MTE; también se puede visualizar dibujos de comunidades de pueblos originarios. “La fundación está muy enlazada con nuestras raíces, la de los pueblos originarios. Celebramos Día de la Pachamama. Enseñamos a los nenes el respeto de la tierra. Tenemos la suerte de que no estamos enmarcados en el Estado, entonces podemos poner nuestros contenidos a trabajar. La parte de los pueblos originarios se trabaja con todo. Los nenes conocen la whipala, sus colores, saben que somos parte de la tierra y aprenden a cuidarla”, detalla Natalia.

Concluye un día más en Che Pibe, los pibes y las pibas están terminando de comer. Algunos con cara de sueño, algunas con ganas de ver qué peli pasarán hasta que lleguen a buscarlas. En el equipo educativo hay satisfacción, casi como si no fuera un laburo: “Todos los días aprendés algo nuevo y te encontrás con realidades muy duras, pero hay mucho amor acá. Somos un equipo, Marisa que cocina y está desde el principio, las compañeras que limpian, las compañeras educadoras que están todo el día, que ponen el cuerpo, es un gran trabajo en equipo. Pensar que cuando todos se juntan en sus casas a cenar, nosotros estamos cenando acá con los nenes, hacemos sobremesa juntos, es un ambiente familiar”.

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*A continuación, compartimos el documental periodístico de un grupo de estudiantes de Planificación de la Actividad Periodística II (Cátedra Campolongo), de la carrera de Lic. en Comunicación Social de la Facultad de Cs. Sociales (UBA): Silvina Arrieta, Magalí Antonelli Laffitte, Julieta Carta y Diego Gabriele.

El mismo, cuenta con testimonios de Natalia Zarza (Encargada del turno noche del Jardín Materno-Infantil Che Pibe), Paola Caviédes (Referente y delegada de la ruta n° 24 del MTE), Mariela Romero (trabajadora y delegada de la ruta n° 20 del MTE) y Carlos Romero (Hijo de Mariela).

 

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