Deporte/Género

“La Batalla de los Sexos”, historias de racismo y desigualdad de género en el tenis

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42 años después del inolvidable match entre Billie Jean King y Bobby Riggs, el “deporte blanco” sigue siendo terreno en el que se libran disputas en favor de la igualdad, aunque difíciles de reconocer gracias al maquillaje mediático. A continuación, un recorrido por hechos paradigmáticos, desde episodios de segregación racial, hasta luchas para que hombres y mujeres ganen el mismo dinero en los torneos.

Por Pablo Lescano @fu_ser1928


Terminó el US Open, último Grand Slam de la temporada, y más allá de lo construido por los medios masivos, deportivos en particular, entre las paredes del Flushing Meadows (predio en el que se juega el torneo) no solo hay juego sino, por sobre todas las cosas, historia: el complejo se llama United State Tennis Asociation (USTA) Billie Jean King National Tennis Center, y la cancha principal Arthur Ashe. Dos nombres ilustres; Billie Jean King y Arthur Ashe, dos íconos atravesados por dos grandes luchas: la igualdad de género y la discriminación racial. Legados que han sido recogidos por las hermanas más dominantes de la historia del tenis femenino: Venus y Serena Williams.

El valor de la igualdad

Considerada una de las mejores jugadoras de la historia, King es una referente en la lucha por un futuro mejor para las mujeres de este deporte. Su activismo en pos de esta causa conoce de varios capítulos: en 1973, se hizo mundialmente famosa cuando disputó el partido que se llamó ‘La Batalla de los Sexos’. Todo empezó cuando Bobby Riggs, tenista estadounidense ganador de varios Grand Slam y número 1 en los años 40, afirmó que un tipo de 55 años como él podría vencer a cualquier mujer profesional en ese momento. Billie Jean, número 1 por ese entonces, aceptó el reto y el 20 de septiembre de 1973, en Houston y ante más de 30 mil espectadores, derrotó a Riggs por 6-4, 6-3 y 6-3. Se estimó que al partido lo vieron 50 millones de personas en todo el mundo y fue uno de los grandes hitos del deporte femenino.

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En el mismo año, lideró junto a otras ocho jugadoras la creación de la Asociación de Tenistas Femeninas (WTA, por sus siglas en inglés) rebelándose contra la misma USTA, bajo riesgo de perder sus privilegios, con el objetivo de salir de la sombra del tenis masculino, además de poder dedicarse de forma profesional al deporte y hacer valer sus derechos. En este sentido, se destacó por ser la principal impulsora de la igualdad salarial en el tenis entre hombres y mujeres. Cuando ganó en 1972 el US Open, protestó públicamente por ganar 15 mil dólares menos que el ganador masculino, Ilie Nastase. Dijo que si no se igualaban las ganancias, no volvía a disputar el torneo. Así, el US Open se convirtió en el primer Grand Slam en igualar el premio económico de hombres y mujeres. Pero no todo culminó con esa batalla ganada, ya que en otros torneos (aún en los otros tres Grand Slams) esta asimetría se continuaba reproduciendo, avalada discursivamente por exponentes de renombre en el circuito masculino. Tin Henman, por ejemplo, sostenía: “Ellas siguen diciendo que quieren más (premios) en los GS… y en mi opinión están siendo un poco codiciosas. No deberían darle más. Que consigan dinero ellas mismas…” En la misma sintonía, Gilles Simon, jugador francés, agregaba “Tengo la sensación que el tenis masculino es más interesante que el tenis femenino. Y como todo negocio sea deporte o no, debe pagarse en esos términos”. La misma Billie Jean, ya retirada, repudiaba estas declaraciones contestando enérgicamente: “Esto se trata de igualdad. Igualdad de género. Si los hombres ganaran menos, deberíamos pelear por ello. Si las mujeres ganan menos, debemos pelear por ellas”.

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Lo cierto es que desde la aparición de la tenista estadounidense, mucho se ha debatido sobre la igualdad salarial entre hombres y mujeres en el tenis, pero hasta la llegada de Venus Williams no se habían tomado cartas en el asunto. Allá por el año 2005, en pleno Wimbledon, algo pareció cambiar y fue la misma Venus quien se expresó al respecto: “Yo sentía que esto no podía seguir así. Que alguien tenía que levantar la voz”. Todos los años el comité regente de los Grand Slams se reúne los viernes, luego de cada Wimbledon, para redefinir o reafirmar el rumbo de los cuatro torneos grandes. El día previo a la final femenina que debía sostener con Lindsay Davenport, Williams se presentó para pedir explicaciones sobre por qué todavía el tenis hacía diferencias en el premio que recibían los hombres y las mujeres. Ante la negativa del comité de igualar los premios, escribió una carta denunciando la problemática al diario The Times: “Intentaré hacer todo lo posible hasta que el sueño de Billie Jean King se vuelva realidad.” La carta llegó al parlamento británico y la moción tuvo aceptación. Ese año Venus no sólo ganó el torneo en el mítico All England, sino que obtuvo algo más. En plena ceremonia de premiación se refirió a su mentora: “(B. J. King) Ha hecho tanto por el tenis. Si no fuera por ella yo no estaría aquí. Gracias a eso ahora jugamos en términos igualitarios”. Otra batalla había sido ganada, esta vez en la Catedral del tenis.

Distintos recorridos, una causa

Arthur Ashe fue una pieza clave en la fundación de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), organizada por los propios jugadores con la misión de defender los intereses de aquellos que practicaban este deporte. Retirado con todos los honores en 1980, luego de una brillante carrera (fue el primer ganador negro de un Grand Slam), dedicó su vida a la lucha contra el apartheid previo a su masificación. En un país segregado racialmente y en una sociedad conservadora, como la media estadounidense, no estaba bien visto que un negro llegara tan lejos en el “deporte blanco”. Al respecto afirmaría: “sobrellevar el VIH (enfermedad que contrajo luego de una transfusión de sangre) palidecía ante el dolor que causa crecer siendo negro en Estados Unidos”. Pero ello lejos estaba de apagar su activismo en pos de la lucha contra la discriminación racial. En 1985 fue arrestado por sus protestas contra el apartheid en Estados Unidos y en 1992 nuevamente por las protestas contra las políticas que ese país desarrollaba hacia los inmigrantes haitianos. Producto de su enfermedad, su deceso se produjo en 1993, sin embargo su mensaje no cayó en el olvido: “Sé que nunca me hubiera perdonado si hubiera elegido vivir sin un propósito humano, sin tratar de ayudar a los pobres y desafortunados, sin reconocer que quizás, el regocijo puro de la vida viene al tratar de ayudar a otros”.

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Los Williams como familia tienen una estrecha relación con la segregación racial. En su libro El día que América cayó en desgracia (2014), Richard Williams, padre de Venus y Serena, narra una experiencia personal: “El Ku Klux Klan me agarró una vez. No recuerdo por qué fue. Solo sé que cuando me quise dar cuenta estaba peleándome con tres hombres blancos y yo estaba cubierto de tierra y sangre en medio de una multitud”. Ya siendo una personalidad reconocida, estando al timón de las carreras de sus hijas, fueron objeto de la discriminación racial en el Masters 1000 de Indian Wells del año 2001. Serena y Venus se debían enfrentar en las semifinales del torneo. A pocos minutos de comenzar el partido, los organizadores comunicaron que Venus se retiraba debido a una lesión, por lo que su hermana pasaba directamente a la final. Al día siguiente, ya en la final y haciéndose con el torneo, Serena tuvo que aguantar abucheos e insultos por parte del público, que pensaba que el abandono de Venus estaba orquestado. Su padre llegó incluso a recibir amenazas del tipo: “Fuera de aquí, negratas”, o “Si no te vas de aquí, te despellejaremos vivo”. En los días posteriores, el propio Richard escribiría: “La cascada de abucheos por parte del estadio envió un mensaje al país, a Venus, a Serena y a mí. Era un mensaje del pasado, un mensaje que Estados Unidos intentó dejar atrás pero que no se puede olvidar. Era una instantánea de los días en el que la humillación a la raza negra era aceptada sin chistar. Las acusaciones e insultos raciales sobrevolaban el estadio.” A ese repudiable episodio le siguió un boicot al torneo por parte de las hermanas Williams hasta el año pasado. Boicot que Serena decidió suspender en este 2015.

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Sin dejar de lado nunca su compromiso racial, hubo un par de aspectos claves que jugaron un rol importante en la decisión de Serena: por un lado, los acontecimientos sucedidos en Ferguson y Cleveland, por otro, la lectura del libro El largo camino hacia la libertad (1995), la autobiografía de Nelson Mandela. El recibimiento del público fue cálido y se mezcló con las lágrimas de la protagonista de la jornada cuando ingresó a jugar su correspondiente partido de segunda ronda (las primeras preclasificadas tienen primera ronda libre en este tipo de torneos) que terminó ganando. Al finalizar, visiblemente emocionada, sostuvo: “Siento como que los nervios se han pasado un poco. Me alegro de haber podido hacer esto. Definitivamente se siente como uno de los momentos más grandes y orgullosos de mi carrera”. Serena se reconoce deudora de Althea Gibson, la primera mujer negra en disputar un torneo profesional y la primera en ganar un torneo de Grand Slam, de su hermana Venus y del mencionado Arthur Ashe: “Abrieron muchas puertas para mí. Yo, simplemente, estoy abriendo la próxima puerta para la siguiente.”

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