Un día como hoy pero de 1972 fueron asesinadxs 16 integrantes de diversas organizaciones políticas peronistas y de izquierda a manos del gobierno dictatorial autodenominado Revolución Argentina. El hecho conocido como La Masacre de Trelew ocurrió en la Base Aeronaval Almirante Zar, cercana a la ciudad de Trelew, sitio que pertenecía a la Armada Argentina. Solo tres personas sobrevivieron y pudieron contar lo sucedido. Eran años donde lxs militantes luchaban para liberar al pueblo de las fuerzas militares represoras y el imperialismo. En esa lucha, con absoluta convicción y entrega perdieron sus vidas como muchos otros compañeros asesinados a sangre fría por las Fuerzas Armadas Argentinas.

Por Estefania Veronica Santoro @fanusantoro


Para situarnos históricamente nuestro país se encontraba bajo la dictadura del general Juan Carlos Onganía, por diversos golpes internos al poder militar a principios de los setenta, Onganía fue reemplazado por Roberto Marcelo Levingston, entre el 70 y el 71. Luego de un levantamiento popular y conflictos en el interior del grupo castrense, Levinston fue reemplazado por Alejandro Agustín Lanusse. Para ese momento el gobierno dictatorial comenzó a ser cuestionado por una buena parte de la sociedad. Las protestas eran cada vez mayores, sumado a un plan económico de ajuste, la exclusión, la fuerte represión ejercida en todos los ámbitos sociales y la total falta de libertades políticas fueron factores que desencadenaron el rechazo de la población a este gobierno de facto, autodenominado Revolución Argentina, que en 1966 derrocó al entonces presidente Ricardo Arturo Illia, mediante un golpe de estado.

Durante esos años, diversos sucesos a nivel mundial mostraron esperanzas de un posible triunfo socialista, más precisamente a partir de la victoria de la Revolución Cubana. Por otra parte, la resistencia de Vietnam del Norte contra Vietnam del Sur apoyado por Estados Unidos que intentaba impedir la reunificación bajo un régimen comunista, le hacía frente al imperialismo. En varios países de Europa y América Latina se vivía, a su vez, un clima de protesta generalizada, el descontento se tradujo en grandes huelgas y el surgimiento de una serie de movimientos contestatarios liderados principalmente por estudiantes. La lucha armada y el uso de la violencia por parte de jóvenes militantes aumentaron tras el asesinato de Ernesto Che Guevara, el 9 de octubre 1967.

Mientras tanto en Argentina, luego del Cordobazo en 1969, los levantamientos y movilizaciones por parte de la sociedad comenzaron a incrementarse. Ante este clima de rebelión la dictadura militar recrudeció la represión ilegal y clandestina, así como también, la persecución, detención y asesinato de los principales dirigentes políticos. Como consecuencia de estas medidas violentas las agrupaciones políticas comenzaron a debilitarse y las manifestaciones se redujeron. Sin embargo, dentro del peronismo y organizaciones de izquierda surgieron diversas agrupaciones revolucionarias y guerrilleras como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Descamisados y Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL), Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) liderada por Mario Roberto Santucho.

La cárcel de Rawson era considerada la más segura por su extremo aislamiento y por encontrarse rodeada de bases militares de la Marina, la gendarmería y la policía. Desde marzo de 1971 este penal de máxima seguridad comenzó a llenarse de presxs políticxs, activistas gremiales, sindicalistas y jefes de guerrilla. Ninguno de lxs detenidxs creía en la salida electoral que prometía el gobierno dictatorial y nadie podía asegurarles su liberación tras el ansiado fin del gobierno represor. Ante esta situación los dirigentes de las organizaciones guerrilleras decidieron idear un plan de fuga, tomando la cárcel desde adentro y con apoyo logístico del exterior llegar hasta el aeropuerto de Trelew para escapar a Chile en un avión comercial.

El 15 de agosto 1972 lxs presxs iniciaron un intento de fuga masivo que desafortunadamente falló, en parte. De los más de cien prexos integrantes de ERP, FAR y Montoneros que intentaron escapar, solo pudieron hacerlo un grupo de seis y otro de 19. Debido a una mala interpretación de las señales la persona encargada del traslado de los presxs ordenó la retirada de los camiones que llevarían a lxs detenidxs al aeropuerto, ante este error los jefes guerrilleros, que tenían prioridad de fuga, lograron escapar en un auto. Se trataba de Roberto Santucho, Domingo Menna y Enrique Gorriaran Merlo del ERP, Roberto Quieto y Marcos Osatinsky de las FAR y Fernando Vaca Narvaja de Montoneros. En la ruta buscaron los camiones sin éxito y finalmente se dirigieron hacia el aeropuerto de Trelew para tomar el avión y esperar la posible llegada del resto de lxs presxs.

El segundo grupo logró escapar y llegar al aeropuerto pero para ese momento las fuerzas militares ya estaban enteradas del plan de fuga. Pasado el tiempo estipulado el avión despegó pero los 19 presxs llegaron tarde, por lo que resolvieron tomar el aeropuerto rodeados de militares afuera. Para garantizar sus vidas solicitaron la presencia de los medios y un juez ante los cuales exigieron ser llevadxs nuevamente al penal de Rawson. El pedido no se cumplió y fueron trasladadxs a la Base Militante Zar de la Marina. Mientras tanto el avión con los seis jefes llegó a Chile y el entonces presidente de ese país, Salvador Allende debía decidir que hacer con ellos. Las fuerzas represoras argentinas le solicitaron que devuelva a los presos y el pueblo de izquierda de Chile salió a manifestarse pidiendo su liberación. Cuando la noticia llegó a Cuba, Fidel Castro se comunicó con Allende poniendo a disposición de los líderes un avión para que vuelen a su país. Ante posibilidad de que el primer mandatario chileno los liberase, los militares en Argentina tomaron venganza contra los presxs alojados en la Base de la Marina.

En la madrugada del 22 de agosto el capitán Luis Emilio Sosa junto a una patrulla despertaron a lxs presxs que habían llegado hasta el aeropuerto y lxs asesinaron delante de sus celdas. Tres de ellxs resultaron heridxs pero sobrevivieron, eran Ricardo René Haidar, Alberto Camps y María Antonia Berger, quienes fueron llevadxs a Buenos Aires y lograron contar lo sucedido. El gobierno represor desmintió la masacre inventando que se trató de un nuevo intento de fuga, historia que el pueblo no creyó y salió a las calles a manifestarse en repudio. La noticia llegó a Chile y Allende permitió la partida de los jefes hacia Cuba, antes de viajar los líderes denunciaron los asesinatos en una conferencia de prensa.

El mismo año de la masacre, el crítico y director de cine argentino, Raymundo Gleyzer, denunció estos asesinatos a través del mediometraje “Ni olvido ni perdón 1972 la Masacre de Trelew” donde supo retratar lo sucedido con imágenes de la época y una entrevista inédita a los líderes de Montoneros, ERP y FAR realizada por la televisión de Chubut en el momento en que los militantes pedían la presencia de los medios y un juez para proteger sus vidas. La nota nunca se emitió y fue inmediatamente censurada, el film fue difundido de forma secreta y clandestina por su director. Gleyzer, desaparecido durante la dictadura de 1976, fue un militante comprometido con la lucha para liberar al pueblo de la dictadura, dedicó sus obras a mostrar el sufrimiento y la opresión del pueblo latinoamericano, integraba el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y creó el grupo Cine de Base utilizando la cámara como “un arma de combate”.

Más allá de las diferencias ideológicas y de acción que había entre las distintas organizaciones guerrilleras, la voluntad de unidad al servicio de la lucha en contra del régimen represor y dictador fue el propósito fundamental. Eran momentos donde se vivía un gran consenso social dentro de buena parte de la sociedad a favor de la lucha armada que combatía el imperialismo y el régimen dictatorial vigente. Por esos años lxs militantes combatientes arriesgaron todo en pos de la liberación nacional, es así como muchos de ellxs terminaron presxs, asesinadxs y desaparecidxs.

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