En lo que a Ernesto “Che” Guevara se refiere, frecuentemente escuchamos expresiones como por ejemplo: “Pensé que era cubano” o “No sabía que era argentino”, en relación a su nacionalidad. Lo cierto es que a pesar de constituirse en una de las figuras emblemáticas de la Revolución Cubana y de su carácter latinoamericanista, la Argentina y la argentinidad, su sobrenombre así lo indica, nunca abandonaron al Che, ni él a ellas. En agosto de 1961 el Che asistió como representante de la delegación cubana a la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), utilizado como plataforma de presentación de la Alianza para el Progreso. Guevara fue la figura indiscutida de ese congreso, en el que se dirigió a las izquierdas latinoamericanas. Sin embargo, lo más sobresaliente de la gira fue la entrevista secreta que mantuvo con el presidente Arturo Frondizi en Buenos Aires, lo que hizo reverberar su anhelo de exportar el foco revolucionario a su país de origen, opción que quedaría de manifiesto en los años posteriores.

 Por Pablo Lescano @fu_ser1928


 “Contestaremos, pues, a Martí con Martí, pero con el Martí antimperialista y antifeudal, que murió de cara a las balas españolas luchando por la libertad de su patria y tratando de impedir con la libertad de Cuba que los Estados Unidos cayeran sobre la América Latina, como dijera en una de sus últimas cartas (…) Es una revolución (…) solidaria con todos los pueblos oprimidos del mundo; solidaria, señor Presidente, porque también decía Martí: «Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre.» Y cada vez que una potencia imperial avasalla a un territorio, les está dando una bofetada a todos los habitantes de ese territorio. Por eso nosotros luchamos por la independencia de los países, luchamos por la reivindicación de los territorios ocupados. Apoyamos a Panamá, que tiene un pedazo de su territorio ocupado por los Estados Unidos. Llamamos Islas Malvinas, y no Falkland, a las del sur de Argentina, y llamamos Isla del Cisne a la que Estados Unidos arrebató a Honduras y desde donde nos está agrediendo por medios telegráficos y radiales.”

 La cita que encabeza la presente nota es un fragmento del discurso que Ernesto “Che” Guevara pronunció en el marco de la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), celebrada en Punta del Este (Uruguay) en agosto de 1961, siendo escogida por Estados Unidos como el escenario ideal para presentar ante Latinoamérica a la Alianza para el Progreso. Esta última, cuyo máximo representante era el presidente demócrata John F. Kennedy, consistía en un programa destinado a promover el desarrollo en los países latinoamericanos, cuyo objetivo real era apagar la alarma cubana que se había encendido dos años atrás en el contexto de la Guerra Fría.

El capítulo rioplatense se trata de una arista poco explorada en el trayecto político del Che desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 hasta su ejecución en Bolivia en 1967. En 1953 había abandonado Argentina con su amigo Carlos “Calica” Ferrer, ocho años después se encontraba con los ojos del mundo clavados en su persona, protagonista indiscutible de la mencionada asamblea, replicando el discurso del delegado norteamericano quien había osado citar a José Martí, dirigiéndose a los delegados de los demás países que se revolvían incómodos en sus asientos debido a su sumisión al gobierno norteamericano (demostrada tiempo antes habiendo convalidado la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos, OEA). Pero por sobre todas las cosas, el Che se dirigió a las izquierdas latinoamericanas, persiguiendo el fin de sembrar la semilla del ejemplo cubano, cuyo objetivo se había cumplido si tomamos en cuenta las palabras del jefe de la delegación norteamericana Douglas Dillon: “Guevara se dirigió por encima de los delegados a los pueblos de América Latina (…) Ese fue su principal cometido aquí y temo que haya cosechado un éxito considerable.”

Sin embargo, más importante que la reunión de la CIES fueron los contactos subterráneos que tejió durante su estadía. Entró en contacto con la juventud izquierdista de Uruguay, dando una conferencia en la Universidad de Montevideo ante un auditorio colmado, donde se refirió a la reforma agraria en Cuba, los logros en salud y educación, además de pronosticar el triunfo de la revolución antiimperialista en el continente americano. Se reunió con el consejero personal del presidente Kennedy, Richard Goodwin, en un intento infructuoso por acercar posiciones entre Estados Unidos y Cuba. Asimismo, los delegados de Argentina y Brasil, acercaron al Che pedidos de sus respectivos presidentes (Arturo Frondizi y Janio Quadros, respectivamente) para sostener sendas entrevistas persiguiendo el fin de entablar un acercamiento entre Norteamérica y Cuba, todo en el más íntimo secreto dada la precaria situación política a la que estaban sometidos ambos gobiernos debido a las amenazas de asonadas militares. Las dos entrevistas se concretaron: en primer lugar con Arturo Frondizi en Argentina y luego con Janio Quadros en Brasil, siendo depuestos ambos luego de la visita del Che.

El 18 de agosto de 1961, ocho años después de partir por última vez, el Che Guevara aterrizaría en las afueras de Buenos Aires proveniente de Montevideo, siendo recibido por gente de extrema confianza del presidente argentino, pronto para ir al encuentro con Frondizi en la quinta presidencial de Olivos. Muchas versiones se han deslizado con respecto al hermético encuentro. En lo que coinciden todas es en los esfuerzos puestos en marcha por Frondizi para tratar de encontrar una salida pacífica al “problema americano” y la postura a favor del Che sobre ello, pero sin poner en tela de juicio todo lo conseguido por la revolución hasta el momento. Al respecto nos quedamos, por su significancia, con lo expresado por uno de los más destacados biógrafos sobre el Che, Hugo Gambini, sobre la impresión que Frondizi le transmitió de aquella entrevista: “(…) Guevara me escuchó y accedió a examinar el problema sobre la base, que yo le propuse, de que Cuba no insistiera en querer exportar su revolución a otras naciones del hemisferio. Sin embargo me dio su opinión sobre América Latina afirmando que, aún sin influencia o injerencia cubana, la revolución era inevitable pues estaban cerrados los caminos de la evolución pacífica.”

En esta última expresión se puede observar la vocación latinoamericanista del Che, como quedará expresado tiempo después con la elección de Bolivia como foco para exportar la revolución hacia los demás países de la región: principalmente Argentina, como bien lo demuestra el hecho de establecer el cuartel general en la región de Ñancahuazú por su tramposa proximidad a su país de origen. Su visita al Río de la Plata hizo reverberar estos planes que se materializarían en el siguiente poema dedicado al río Nilo, escrito por su puño y letra:

(…) Hoy que mi patria está llena de jalones huecos

y yo inicio mi pistola en hazañas menores,

tu epopeya acicatea mis ideales

espuela de la lucha nos recuerda

bajado de la furia más sublime.

Si tu impulso no emerge en las riberas del Plata

y es en vano tu ejemplo para ahuyentar su modorra,

llevaré mis pupilas cargadas de tu esperma

para derramarlas sobre la tierra en tu derrota.

Al fin,

¿alguien puede afirmar sin sonrojarse

el triunfo de la espada sobre la fe del hombre? 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s