Todo Papa representa hoy y siempre a la Iglesia Católica. Una institución que tiene mucha sangre derramada en su historia, que se ha pronunciado abiertamente en contra del aborto, llamandolo un acto pecaminoso y que ha levantado la ideología de la espada con la fuerza de la cruz sobre todos los pueblos de Nuestra América. El Papa Francisco sorprendió a todos con su discurso en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) el pasado 7 y 9 de julio, en el marco del Encuentro Mundial de Movimientos Populares, donde afirmó que este sistema, este capitalismo salvaje “ya no se aguanta”. ¿Tenemos un Papa comunista? ¿Es posible predicar una ideología de izquierda desde una institución que se hizo famosa por levantar las banderas ideológicas de derecha? ¿El vaticano transformará las disculpas verbales en acciones reales?

Por Alejandra Santiago

Ilustración: Disculpen las molestia

alabado

El encuentro de Movimientos Populares, contó con la presencia de los referentes de los pueblos originarios y la lucha campesina por recuperar el territorio, junto con organizaciones que nuclean la defensa por las economías populares, la educación popular y las cooperativas de trabajo de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, España, Guatemala, la India, México, Nicaragua, Sudáfrica, Venezuela, Italia, Haití, Cuba, Costa Rica, Ecuador, Venezuela, Paraguay, Chile, Perú, Uruguay y hasta EEUU. Con pleno conocimiento de la lucha de todas las organizaciones presentes, el máximo referente del catolicismo denunció a un nuevo colonialismo y criticó fuertemente el sistema económico excluyente y destructor de la naturaleza. En sus propias palabras: “Se están produciendo daños irreversibles en el ecosistema, se está castigando a la tierra, a los pueblos y a las personas de un modo casi salvaje”.

El discurso del Papa lleva a pensar que en el siglo XXI la Iglesia defiende las ideologías comunistas. Pero las apariencias engañan. La imagen de un Papa que apoya la construcción de la Patria Grande, se corresponde con una necesidad de la Iglesia Católica de pintar a nuestra región con las ideas de una institución religiosa que apoya al socialismo del siglo XXI. Nuevos tiempos requieren de nuevas estrategias. No hay inocencias en los intereses de los poderosos. Es la misma Iglesia que excomulgó a los sacerdotes de la Teología de la Liberación, que quemó en la hoguera a las brujas, que no fueron otra cosa que mujeres que buscaban vivir su sexualidad libremente, y no desde la concepción católica de tener sexo para la procreación.

“Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos y tampoco lo aguanta la Hermana Madre Tierra”. Palabras que se pueden asociar a un discurso de un político de izquierda fueron pronunciadas ni más ni menos por el máximo representante de la Iglesia Católica. La historia no olvida sus huellas, sus marcas y sus heridas. Siglos de imposiciones culturales, de negación a la diversidad, de genocidios de pueblos enteros. Hicieron falta 500 años para escuchar en boca de un Papa, palabras que reflejasen las ideologías de los pueblos, antes silenciadas y masacradas. El Papa “olvidó” denunciar a las empresas petroleras, sojeras y mineras que no solo contaminan, sino que sobre todo, imponen un proceso de acumulación por desposesión, saqueando nuestros recursos como cuando la Iglesia amparó el saqueo de la conquista de América.

Desde su asunción, el Papa Francisco ha caracterizado su gestión papal como al servicio de los pobres, esto se traduce en que los pobres son de la Iglesia. Por todas partes se lee que el perdón que proclamó en nombre de la Iglesia a los pueblos originarios de nuestra Región fue histórico. La conquista de América despojó a nuestros pueblos de todas sus riquezas, materiales, recursos naturales y se cobró la vida de miles de hombres y mujeres que se negaron a seguir lo impuesto por la Iglesia Católica. El perdón a tales atropellos pierde su importancia si no se acompaña con una real compensación por todo lo que nuestros pueblos perdieron, por todas las vidas que se cobró la conquista no sólo económica y política, sino también, religiosa e ideológica. El perdón para quienes creen en la doctrina católica, es creer que con perdonar se libera de culpa a los pecadores. El pecado está asociado con los actos que se pueden y los que no se pueden realizar, medidos con la vara de la Iglesia Católica. Abortar es pecado, una elección sexual que no se corresponda con los santos mandatos es pecaminosa, caminar desnudos es pecar. Los pueblos originarios quieren ser compensados y reconocidos como naciones con sus propias culturas, creencias, religiones.

En línea con las palabras del Papa Francisco, pero sobre todo, por mérito propio de la lucha que realizaron cada uno de los movimientos allí presentes, se proclamó: impulsar y profundizar el proceso de cambio; vivir bien en armonía con la Madre Tierra; defender el trabajo digno; mejorar nuestros barrios y construir viviendas dignas; defender la Tierra y la soberanía alimentaria; construir la paz y la cultura del encuentro; combatir la discriminación; promover la libertad de expresión; poner la ciencia y tecnología al servicio de los pueblos; rechazamos el consumismo y defendemos la solidaridad como proyecto de vida.

Para alcanzar una “Economía al servicio de los pueblos”, para hacer un cambio real y definitivo, y destruir el sistema opresor, la lucha tiene que ser también una lucha ideológica. En contra del patriarcado que oprime el cuerpo de la mujer y lo vuelve un objeto, en contra de la discriminación a la diversidad religiosa, étnica, de género, de elección sexual, en contra de todo el sistema capitalista. Esa lucha que el Papa clasifica como pacífica, es violenta desde su origen.

El sistema oprime, mata, despoja, excluye de manera violenta. Por eso, para poder cambiarlo de raíz, habrá que ser violentos en la lucha, habrá que imponer las ideas y políticas que lideran a los movimientos sociales que buscan su emancipación. La violencia entendida como acto de rebeldía, cómo grito de alerta, como digna rabia. La lucha siempre será violenta desde el momento en que no se conforma con palabras bonitas, ni con migajas de consuelo. Para realizar un proceso de cambio, y oponerse al sistema hegemónico, es necesario que caiga todo el enorme edificio que lo sustenta. El sistema es económico y político, pero es también ideológico siendo la religión católica su máxima expresión.

Carta de Tawantinsuyu al Vaticano por el Reconocimiento de la Soberanía de los Pueblos Originarios del Mundo.  6 de mayo de 2015
Carta de Tawantinsuyu al Vaticano por el Reconocimiento de la Soberanía de los Pueblos Originarios del Mundo. 6 de mayo de 2015, Tiyawanaku

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