Ph.: Juan Martín Levan
Ph.: Juan Martín Levan

Ante un nuevo 26 de junio, aniversario de los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en el hecho conocido como La Masacre de Avellaneda, Derrocando a Roca entrevistó a Alberto Santillán, padre de Darío. Nos contó, entre otras cosas, cómo era el trabajo que su hijo realizaba en los barrios, lo que el Kirchnerismo le prometió pero no cumplió, y en qué estado se encuentra la causa que involucra a los actores políticos e intelectuales de la masacre.

Por Estefanía Verónica Santoro @fanusantoro

Fotos: Juan Martín Levan


_ ¿Cuándo y cómo Darío comienza a interesarse por el trabajo social en los barrios?

_ Su vida en la militancia arranca cuando empieza el secundario, ahí descubre una realidad que estaba muy alejada de lo que el leía en los libros. Dejó su departamento y se fue a vivir a un asentamiento en Monte Chingolo. Pasó por varias organizaciones y en 2002 formaba parte de la agrupación Aníbal Verón, que era una fuerza nueva que estaba dando pelea para cambiar la situación que se vivía. Su mamá y yo éramos enfermeros, y desde el lado de la vocación de servicio que siempre tuvo Dari, cuando tenía 15 años, nos pidió permiso para hacer un curso en la Cruz Roja. En él ya estaba esa búsqueda de querer cambiar la historia, y no desde el lado fácil de la palabra, sino desde el lado de la participación y de la acción.

Cuando dejó su barrio se fue a militar a un lugar totalmente carenciado, un día lo fui a ver y realmente me impactó, porque uno es un laburante y conoce la pobreza, pero cuando uno ve que su hijo tiene la elección de vida de estar ahí y dar pelea, es fuerte, uno quiere que su hijo este bien. Comía cuando había, renunció a su vida y vivía ahí como uno más. Yo le decía Dari “¿te ayudo?”, y el siempre se negaba a que le de una mano porque decía que si había familias con tres o cuatro pibes que se arreglaban con $160, como el no se iba a arreglar, “si no, no tengo que estar acá”.

Vivir los problemas de los demás en carne propia no es para cualquiera, sino para personas muy angelicales, Darío vivía la injusticia ajena como propia. Por eso, en toda su acción, en su corta e intensa vida, siempre hay algo nuevo que nace. También es para destacar el respeto que se ganó en un lugar donde hay gente dura, curtida, gente que no cree en nada. Él y sus compañeros que lucharon, crearon una pequeña conciencia o una esperanza para aquellos que estaban afuera del circuito laboral, la preocupación de él y sus compañeros era darles la contención que no la daba ni el gobierno nacional ni provincial, darles dignidad. Una de las cosas que más le preocupaba a Dari era la toma de conciencia de cada uno, el lugar de lucha de cada uno.

_ ¿Qué opina de esa imagen que se formó de Darío que tiene que ver con su fuerte compromiso, con la lucha, con el querer cambiar las condiciones de existencia de los más postergados? ¿Qué legado cree que dejó?

_ Yo siempre pienso que me hubiera gustado que Dari me haya dejado una semilla, un hijo, pero quizás ha dejado algo mucho más importante, que es la semilla de la conciencia en muchos jóvenes. Cuando mataron a Darío y a Maxi, desde los medios de comunicación se hablaba de “los piqueteros de mierda”, se ignoraba el trabajo hacia adentro. Luego de ese hecho se comenzaron a preguntar quiénes eran, qué hacían, y es ahí cuando se encuentran con una vida corta pero de lucha, con una riqueza espiritual. Dari daba aquello que otros tenían la obligación de dar y no lo hacían.

Su asesinato tuvo mucho que ver con lo que él decía, por instinto de preservación lo primero que quiere hacer es correr y salvar su vida, pero Darío siempre hablaba de que al compañero nunca hay que dejarlo solo. Darío llevó hasta la última instancia lo que decía, tranquilamente podría haber salido corriendo, como salieron todos, pero por haber estudiado primeros auxilios, se ve que Dari le está tomando el pulso a Maxi. En ese momento también estaba Leo, su hermano y Dari le dice a sus compañeros que se vayan porque los iban a matar a todos. Hay un pibe que no se quería ir y le pega un cachetazo y le dice “andate porque nos van a matar”. Se ve en la foto que está levantando la mano, tan gráfica, como diciendo paren porque el pibe se está muriendo, yo creo que es el mensaje más claro.

Que lejos están quienes están en el poder, cuán abajo de la grandeza de aquel que tiene más para dar y si embargo le cortan la vida. Muchos compañeros piensan que su asesinato fue el azar, pero yo no lo creo, sabían quién era Dario. Por charlas que tuve con él, sabía que lo seguían, en las asambleas aparecían canas sacándole fotos, o sea que Dari era un cuadro, esa clase de cuadros que joden a los gobiernos porque abren conciencia. Para aquellos que se sentían relegados, que no tenían esperanza, de repente hubo gente como Dari que les dio un lugar y dignidad para poder luchar por su familia, sus hijos y nietos. Esa dignidad que al abrir conciencia abre muchos caminos, caminos de lucha.

Ph.: Juan Martín Levan
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_ ¿En algún momento pensó que Darío ponía en riesgo su vida en la manifestación del 26 de junio?

_ Yo pensaba que él estaba en una zona de riesgo, pero era imposible decirle “no vayas”, además nosotros lo acompañamos en su militancia. Siempre digo que Dari nos regaló los últimos dos fines de semana. Porque andaba ocupado, se reunía, era un cuadro aunque tampoco le gustaba que lo tomen como un referente porque dentro del el movimiento Aníbal Verón no había una sola voz. Hablamos muchísimo que del lado del gobierno de Duhalde venía una línea muy dura, lo más nefasto. Decían que “cruzar el puente es una provocación”, y eso lo transformaron en una guerra en la cual ellos fueron armados hasta los dientes y se enfrentaron a gente que iba a pedir laburo, educación y salud.

En las imágenes se puede ver que Dari se fue con su campera negra y en el medio le alcanzan un palo y una bufanda para que se cubra, pero se  fue sin nada. Si bien sabíamos que iba haber represión jamás pensamos que iban a llevar a cabo semejante cacería. No pensamos que iban a ser tan hijos de puta, lloramos a dos muertos, hubo 33 heridos de plomo. Darío estaba preocupado por el tema de la seguridad, porque si bien hacia adentro se hablaba de formar unos cordones, por más que tires piedras no podés enfrentar al poder con tus manos. Su hermana Noelia estaba muy asustada y le dijo “Dari porque no te quedas, no vayas, está todo feo”, y él le respondió: “voy por ser fiel”. Fue fiel a sí mismo, a su forma de ser. Él consideraba que era parte de los caídos, de los desaparecidos, el decía que era sangre de ellos. A Dari lo asesinan y a 13 años hay miles de jóvenes que considero que son la sangre derramada por Darío y Maxi. Luego de sus muertes se han hecho escuelas para adultos, talleres, miles de cosas. Gente grande, de 60, 70 años, terminan de estudiar y cuando me cruzan por la calle me abrazan y me dicen “todo esto es por su hijo”. Esa es una de las cosas que dejó.

_ ¿Qué opinas sobre la mentira que pronunció Aníbal Fernández inmediatamente después de ocurrido los asesinatos, donde dijo que se trataba de un “enfrentamiento entre piqueteros”?

_ Eso muestra cómo trabajaron los medios, y ahí está más que claro el pacto que hubo entre la policía, la política y la justicia. Cuando matan a Darío, Felipe Solá llama urgente a Fanchiotti para felicitarlo por su trabajo en la represión y le promete un cargo más elevado del que tenía. Las horas pasaban y se decía que fue un enfrentamiento entre piqueteros, que “se mataron entre ellos”. Los grandes medios, que responden a don dinero fomentaron eso. Aníbal Fernández no me sorprende, él es uno de los artífices principales de la represión de Avellaneda, como Solá, Eduardo Duhalde y Juan José Álvarez, a quienes la justicia no llama a declarar.

Ph.: Juan Martín Levan
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_ ¿En qué instancia se encuentra hoy la causa que juzga las responsabilidades políticas de la masacre?

_ La causa estuvo archivada durante años, a manos del fiscal Osorio y el juez Ariel Lijo. Nosotros apuntamos que acá no fue que a Fanchiotti se le saltó un tornillo, hubo un represión organizada por el Estado. Pero la respuesta del fiscal fue que no había un hilo conductor para incriminar a Duhalde ni a ningún político, por esto la causa estaba dormida y la archivaron. Ante esta situación empecé a trabajar arduamente con la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) de La Matanza y con la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, más otras agrupaciones y otros compañeros que siempre están y colaboran. Releímos la causa y fuimos al despacho de Lijo. A partir de esto, el fiscal me dijo: “si usted considera que acá hay cosas seguir avanzando, presente las pruebas”. Tanto el juez como el fiscal hacen la plancha, sin embargo, luego de una presentación que hicimos logramos que Lijo desarchive la causa. Seguimos trabajando, vamos a ir a una presentación donde habrá testigos en el momento de la Masacre tenían distintos cargos dentro de Avellaneda.

Para nosotros Darío está vivo y todos deben saber realmente lo que pasó. Por eso laburamos tanto para conseguir cambiar el nombre de la estación Avellaneda, y se bajó el nombre de un genocida y se subió el de dos luchadores sociales. Es muy fuerte, se cambió la historia, generaciones futuras van a saber quiénes eran Maxi y Darío, pero también quiénes los mandaron a matar, por más que sus cómplices de la política los sigan amparando. Es difícil meter preso a Duhalde porque su poder es terrible, pero si hemos conseguido la condena social, por eso hoy por hoy Duhalde no tiene votos, no puede asomarse a ninguna lista y si trabaja para alguien, lo hace en la sombra. Hemos conseguido que la gente tenga memoria, que no se olvide que en el gobierno de Duhalde murieron dos pibes.

Parecería que la justicia únicamente quiere que nosotros nos conformemos con que nos den dos policías asesinos presos, y de ahí para arriba jamás se pusieron a investigar. La justicia tomó esto como un hecho policial, pero fue así porque tenían carta blanca y la expeditiva del estado. Pero si el Estado que es quien debería protegerte, es el que te mata, son cosas que no pueden prescribir, el Estado es el responsable. Cuando la justicia tiene que tocar a los políticos poderosos se hace la boluda, la ciega, hay una justicia totalmente corrupta.

Yo no sabía lo que era el odio, nunca lo sentí hasta el asesinato de mi hijo. Lo matan, lo fusilan a Dari en la estación mientras Maxi se estaba desangrando y ves ahí la hijaputez de uno de los canas que le levanta los pies a Maxi para que sangre más rápido y a Dari le dicen “¡andate, andate!”, el no se quería ir y cuando se levanta no le tienen la menor piedad y a dos o tres metros lo fusilan. Eso te genera mucho odio porque Dari era una persona que tenía mucho para dar, y cuando pegan estos hijos de puta, pegan donde más duele.

_ Años atrás tuvo un encuentro con el ex presidente Néstor Kirchner ¿qué pasó en esa reunión?

_ En ese momento había un conflicto muy grande con el movimiento de desocupados, ellos iban a tener una reunión con Kirchner y me invitaron a que los acompañe. Entramos, me dio la mano, habló conmigo y me dijo que a él no le interesaba el político que estuviese involucrado en los asesinatos de Darío y Maxi, que iba a actuar en consecuencia y que me quede tranquilo. Me pasó la mano por el hombro, me palmeó y me dijo “vamos a crear una comisión”. Y yo como un pelotudo le creí, me pareció alguien distinto, no lo conocía mucho, y como un tonto me presté para la foto. Rápidamente pasamos a una reunión con Parrili, quien nos dice que si queríamos formar una comisión nos teníamos que bajar del puente, por supuesto que desde el primer momento dijimos no. La comisión jamás se formó, después quisieron armar una comisión dirigida por ellos y sin mi participación, la nada misma. Por haber prometido y no haber cumplido, termina siendo cómplice del asesino Duhalde. En estos años el kirchnerismo jamás se acercó, no abrió los archivos de la SIDE, ni de la bonaerense, ni de la prefectura, ni de la gendarmería. Estos gobiernos que se la dan de paladines de los derechos humanos lo tienen a Aníbal Fernández como gran figura. Nunca hubo voluntad política ni voluntad de la justicia para investigar a fondo.

Ph.: Juan Martín Levan
Ph.: Juan Martín Levan

_ ¿Qué le parece la convocatoria de las distintas intendencias que invita a lxs jóvenes a formar parte de la policía? Jóvenes como Darío y Maxi que tenían valores tan distintos…

_ La solución para la inseguridad no es militarizar los barrios, porque así va a haber más torturas, más gatillo fácil, más asesinatos. Acá lo que hay que hacer es levantar las persianas de las fábricas. Mirá a Luciano Arruga, mirá lo que le pasó a la hija de Pablo Pimentel. Yo aprendí durante el juicio de Fanciotti y Acosta que los policías responden a los juegos políticos, el político le dice “anda, hacé esto” y ellos van y lo hacen, o recaudan para la corona. No sirve tener más policía, todo lo contrario, para los que menos tenemos todo va a ser mucho más difícil.

_ ¿Le gustaría agregar algo más?

-Simplemente que lo importante es seguir en las calles, seguir denunciando. A veces uno ya no tiene fuerzas pero sé que si me quedo sería una de las peores traiciones que le podría hacer a mi hijo. Si yo estoy orgulloso de mi hijo, no me puedo quedar, tengo que estar en las calles luchando por él y por suerte acompañado por un montón de compañeros. Hay que seguir haciendo denuncias. Siempre han tratado de hacernos invisibles, pero somos bien visibles, estamos y vamos a seguir con esto hasta que nos dé el cuero y un poco más.

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