Entrevista/Grandes

Carlos Aznárez: “Rodolfo Walsh era como el Che, hasta las cosas más pequeñas había que hacerlas lo mejor posible”

walshxelchelocandia

Ilustración: Chelo Candia

Ante un nuevo Día del Periodista, en Derrocando a Roca entrevistamos a Carlos Aznárez, periodista, director de la revista Resumen Latinoamericano y compañero de Rodolfo Walsh en ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina, 1976-1978). En las líneas que siguen, reflexiona sobre el periodismo actual al recuperar el trabajo militante de quienes se propusieron resquebrajar la censura y el control informativo desde la clandestinidad.


_ A 38 años de la caída de Rodolfo Walsh en combate, ¿Cómo recuperás su persona?

_ A Rodolfo, los que estuvimos cerca de él, lo vivimos homenajeando por todo lo que nos dio de experiencia, de formación a nivel comunicacional. A pesar de que algunos de nosotros ya veníamos haciendo periodismo hacía bastante, con él aprendimos el periodismo de investigación en serio. No el discurso, sino la práctica bien concreta en un momento difícil como lo fue la dictadura militar, con una censura total, las persecuciones… A Rodolfo lo invocamos todos los días, nos acordamos mucho de él en un montón de cosas que pasan cotidianamente, ya sea cuando vemos algunos papagayos que se denominan “periodistas” pero que son solamente figurones de las empresas, o cuando vemos también a muchos chicos jóvenes sacando coraje ante la falta de recursos para hacer periodismo en circunstancias difíciles.

_ En este momento tan polarizado del periodismo, donde periodistas defienden claramente intereses empresariales por un lado, e intereses estatales por otro, ¿A qué debemos estar atentos quienes estudiamos comunicación y buscamos un crear un espacio autogestivo y alternativo?

_ Hay que estar muy atento al discurso de la cooptación. En esta última década ha habido mucha cooptación del pensamiento popular, de conciencias. Ni siquiera diría que los han comprado, sino que los han ganado con un discurso posibilista. Rodolfo era un intelectual que se comprometió a pie de calle en todo. Desde militar como uno más desde una posición sindical en la Juventud Trabajadora Peronista, hasta tomar las armas. O sea, un hombre que no sermoneaba desde los despachos. Para esta época en donde el pensamiento crítico ha sido edulcorado, cooptado, que ha perdido autonomía, como también la han perdido algunos organismos de derechos humanos, Rodolfo es un ejemplo de precisamente todo lo contrario.

_ ¿Cómo ha cambiado la figura del “periodismo militante” desde los ´70 hasta la actualidad?

_ El periodismo que ahora se llama “militante”, en realidad es un periodismo que está muy pegado a lo que le bajan de arriba, es un periodismo digitado. En cambio cuando nosotros decíamos antes periodismo militante, no lo decíamos porque la práctica era militante, sino porque éramos militantes que además hacíamos periodismo. Cada uno de estos compañeros, aparte de hacer periodismo y escribir maravillosamente, tenían el oído pegado a los movimientos sociales y se arremangaban la camiseta si tenían que militar en un barrio o en una villa, si tenían que tomar las armas… Hoy esto se ha deformado. Se llama periodismo militante a un tipo que cobra 25 o 30 lucas en un canal, que lo dirige un ministro también militante.

_ ¿Cómo se puede explicar que, a pesar de hallarse en la clandestinidad, Rodolfo nunca haya abandonado la rigurosidad en lo que respecta a la información?

_ En ese sentido Rodolfo era como el Che, que siempre planteaba que las pequeñas y las grandes cosas había que hacerlas lo mejor posible, que la forma de demostrarle a un compañero o compañera cómo se avanzaba hacia la revolución era haciendo las cosas lo mejor posible. Y Rodolfo nos metió mucho a nosotros el tema de que había que contrastar la información, que había que hacer el mejor periodismo posible en una época donde no era fácil hacerlo. Para Rodolfo, toda la información estaba expuesta en los medios públicos, había que saber buscarla y después ir a la calle. Por ejemplo: si llegaba una información de un corresponsal anónimo que nos decía que en tal barrio habían secuestrado dos compañeros, nosotros íbamos a ese barrio y averiguábamos preguntándoles a los vecinos. Así logramos conseguir los primeros datos de que compañeros que creíamos muertos, estaban en algún lugar, habían desaparecido. Indagando un poco más llegamos a descubrir los campos de exterminio.

Carlos Aznarez I

_ ¿Cómo era el trato con los periodistas que seguían trabajando en otros medios? ¿Había recepción de los cables distribuidos por ANCLA, o quienes decidían no difundirlos estaban vinculados con la dictadura?

_ Muchos periodistas recibían los cables de ANCLA, algunos veían el sobre arriba de su escritorio que les traía el cadete de la empresa y ni lo querían tocar. Otros lo recibían, lo leían y lo guardaban. Nosotros siempre trabajábamos con la idea de difundir la información. Llegábamos también a las Fuerzas Armadas, a milicos de peso, donde les hacía mucho ruido el ver que teníamos información sobre las tres fuerzas. La cuestión esa del “yo nunca supe nada” no era para nada cierta. Por ahí sí para la gente del barrio, porque el terror llevaba al silencio. Aún así, había operativos masivos (como el que aniquiló al secretariado de Montoneros, en donde pierde la vida la hija de Rodolfo Walsh) en el que resultaba involucrado un barrio entero.

_ Resulta admirable la precisión de la información que publica Rodolfo en “Historia de la guerra sucia en Argentina”. ¿En ese momento ustedes tomaban real dimensión de la importancia que ese tipo de informaciones podía tener en la sociedad?

_ El objetivo fundamental de la agencia era romper el cerco desinformativo. Este tipo de información se obtenía a través de colaboradores que teníamos en las Fuerzas Armada que se jugaban el pellejo a morir, y también del uso de aparatos de escucha que ayudaban bastante, ya que a través de la escucha de los procedimientos policiales lográbamos sacar bastante información. Llegamos incluso a escuchar la propia detención y desaparición de un compañero. En cuanto a la dimensión, vivíamos muy al día, nunca sabíamos si para el día siguiente estábamos vivos. En el medio de todo esto sufrimos la pérdida de la casa operativa donde funcionábamos: ahí estaban los archivos, teníamos servicios de escucha. Al día siguiente, con todo ya arrasado, logramos entrar al lugar y recuperar material que teníamos embutido. Vinieron a cazarnos y no pudieron. Esa pequeña batalla la ganamos.

_ ¿Cómo pegó la desaparición de Walsh dentro de la redacción de ANCLA?

_ Fue un impacto muy fuerte. Es decir, siempre jugábamos con que a cualquiera lo podían matar, el problema es que cuando llega el momento es de un dolor tremendo, el cual sirvió también como base para comprometernos aún más todavía y sacar un cable contando la muerte de Rodolfo, sin saber todavía que pasaba porque no teníamos la información precisa. Y ahí averiguamos, nos enteramos que hubo un tiroteo pero pensábamos que estaba herido. Obviamente se llevaron el cuerpo, pero creíamos que lo podían tener por ahí ya que para todos los milicos era una obsesión capturarlo vivo a Rodolfo. En el caso de la Marina, Massera quería utilizar la inteligencia Montonera al servicio de la Marina, y Rodolfo era una pieza fundamental, aunque no les dio el gusto. Creo que Rodolfo veía posible que este momento pudiese llegar y ya tenía tomada la decisión de no entregarse vivo de ninguna manera. Ese día hubo dos victorias: la carta que sale al mundo y no caer vivo.

Carlos Aznarez II

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