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Cuando en una cancha de fútbol surgen incidentes violentos o escandalosos como los del último River-Boca se escuchan cosas como “esto es un reflejo de la sociedad” o “lo que pasa en la cancha pasa en la calle”. Lo cierto es que detuvieron a altos mandos de la FIFA y esto nos deja pensando un poco. ¿Existe relación entre la violencia en las tribunas y actos de corrupción? ¿Acaso esto no es un “reflejo” de la sociedad?

Por Tomás Hart


Dirigentes y empresarios fueron acusados de formar parte de una red de corrupción. En total fueron 14 los detenidos, entre ellos tres argentinos: Alejandro Burzaco de la empresa Torneos y Competencias y Hugo y Mariano Jinkis, directivos de Full Play Group. En la denuncia se estima que el total de los funcionarios recibieron sobornos y comisiones por más de cien millones de dólares durante más de veinte años.

El Fútbol

Hace décadas que el fútbol dejó de ser solo un deporte y pasó a ser un gran negocio. Torneos locales, copas internacionales, mundiales, todos estos eventos generan millones de dólares. Dirigentes, empresarios, políticos y medios de comunicación manejan a su antojo la organización del deporte más lindo del mundo. Eternizados en el poder, muchos dirigentes ven engordar sus cuentas bancarias. Mientras tanto, equipos chicos y grandes pasan por crisis económicas y deportivas. Estos problemas no están presentes solo en América Latina. La Juventus, el equipo más grande de Italia, fue obligado a descender a una categoría menor al descubrirse actos de corrupción relacionados con casas de apuestas. El fútbol no ha escapado a la lógica de la ganancia y la mercantilización. El capital avanza por sobre todo lo que genere dinero.

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Los medios de comunicación

El papel de los medios de comunicación es fundamental. Aliados a empresarios y dirigentes, los mass media solo cuentan “lo que deben contar”. Si hay violencia en el fútbol es por un puñado de “delincuentes”.  Si hay corrupción, es por un dirigente “desviado”. Se manejan de la misma forma que con cualquier otra noticia. Los ladrones son los pibes de gorra y zapatillas. Los violentos son los pobres. El problema son los negros. Parece que los delitos son exclusivos de las clases bajas. ¿Y los ladrones de traje? ¿Evadir millones en impuestos no es delito? ¿Y la trata de personas? ¿Y los desastres ambientales provocados por transnacionales?

Los medios de comunicación actúan como una cortina de hierro para los poderosos. Tanto en el fútbol, como en el plano económico o político, las cadenas de comunicación intentar responsabilizar a las clases bajas de la perpetuación del conflicto social.

La sociedad

El conflicto social es permanente. La violencia es lo normal y la paz lo raro. El poder económico, a través de los medios de comunicación intenta hacerle creer a la sociedad civil que los problemas provienen de inadaptados que no han logrado internalizar las reglas establecidas. ¿La solución? Encarcelarlos o eliminarlos.

Quizás lo que olvidan es que en el mundo hay millones de personas que viven en la miseria, mientras que otros miles viven entre lujo y derroche. La violencia simbólica, económica y física que recibe día a día la clase baja es consecuencia de un sistema económico capitalista racionalmente irracional. Se producen y se comercializan alimentos, servicios y bienes de consumo que alcanzan para abastecer a el total de la población mundial, pero nos encontramos con supermercados llenos de comida y al mismo tiempo, gente muriendo de hambre. Es racional produciendo e irracional distribuyendo.

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Futbol-Sociedad

Como dijimos anteriormente, el fútbol no ha escapado a la lógica de la ganancia y la propiedad. La mercantilización de la pasión es equiparable con la mercantilización de la cultura, de los bienes comunes naturales, del cuerpo femenino y de muchas otras cosas. Los actos de corrupción tienen como fin ultimo el enriquecimiento, el aumento de las ganancias. Como ha pasado a lo largo de la historia, un grupo de civiles de clases medias o bajas son utilizados por dirigentes y empresarios como fuerza de choque. Los barrabravas no son más que el resultado de una red de negocios, manejado por poderosos, en detrimento del pueblo. La justicia debe determinar la culpabilidad individual de cada actor, ya sea empresario, dirigente o barrabrava. Lo importante aquí es ver la totalidad sin perder de vista sus especificidades.

El fútbol es, para los sectores populares, un punto de fuga, un momento de desahogo. Gritar, agitar el brazo, insultar, abrazarse e incluso jugar al fútbol, pueden ser vistos como acciones que liberan las tensiones que sufren día a día en el trabajo o en la calle.

La violencia dentro de una cancha, o en una esquina de barrio es el resultado de una sociedad desigual en la que a las clases bajas solo le queda aguantar y resistir. El enriquecimiento de unos pocos a costa de las mayorías es una maquina de generar violencia. El papel de los medios de comunicación es invisibilizar dicha cuestión.

Cuando escuchemos por radio o televisión: “esto es un reflejo de la sociedad” o “lo que pasa en la cancha pasa en las calles” no busquemos a nuestro alrededor a los “culpables” o violentos. Seguramente los responsables estarán escondidos en alguna oficina, en algún canal de televisión, trajeados, bien arreglados, con una sonrisa plástica, riéndose del pueblo y contando sus billetes. Pero esto algún día terminará y la pasión, finalmente, le ganará a la codicia.


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