PH: Guido Kritz
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Una noche del punk más politizado. Entre la agitación del pogo de los fanáticos argentinxs que intentaban cantar en alemán, los Die Toten Hosen pasaron ayer por el teatro de Flores donde hubo invitados de lujo, se escucharon los grandes hits del grupo alemán y hasta quedó lugar para reversionar unos clásicos de acá, de allá y de todas las épocas.

Crónica: Carlos Sanabria @hayquearar

Fotos: Guido Kritz


 Una vez por todas alguien tendrá que dar explicaciones. ¿A quién se le ocurrió que un cronista podría explicar un recital de Die Toten Hosen desde la frialdad de las palabras, sin la posibilidad de agregarle sonido ni texturas? No esperen del cronista un relato detallado y preciso de los hechos, las canciones de los Hosen se cantan en una mezcla que no es ni alemán ni argentino, tampoco es una mezcla. Es lenguaje hosenero, ese que se grita sin ningún tipo de tapujos porque las canciones se presienten, hay una sospecha sobre lo que en realidad significan, pero poco importa, hacia algún lado nos llevan. Ahí está Campino, con ganas de escuchar las voces del público, ahí está Breiti, haciendo de traductor como siempre, ahí está Andi volviendo del mosh. Son los Hosen en su penúltima parada en la Argentina: Teatro de Flores.

PH: Guido Kritz
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De pronto el público está en cuclillas, Campino hace la seña para que la gente se achique y acumule energía. Ya arrancó “Steh Auf, Wenn Du Am Boden Bist”, una canción que invita a levantarse, de esas que son ideales para escuchar cuando el ánimo no es el mejor. Y cientos saltan como nunca, sonriendo, son parte de esta comunión (¿atea?), que espera la venida de los Hosen cada 3 o 4 años.

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Una lata de cerveza más es aplastada por la mano de Campino, y no dudará en ofrecer al público varias a lo largo de la noche. En “Una vida desesperada” el cantante pide ayuda a los fieles, es una oportunidad para dejar de lado la dialéctica hosenera y gritar bien fuerte que “no dejamos de luchar”. Pero la noche con los alemanes no será solo de puños levantados y pogo, por suerte ofrecerán varias canciones para cerrar los ojos, quedarse quieto y dejarse llevar, “Alles Was War” será una de ellas.

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El primer invitado de la noche fue Ciro Pertusi, quien cantó “Dónde las Águilas se atreven”, justo en el año en que se celebran los 25 años de la salida de “El Cielo puede esperar”. Más tarde apareció Pil Trafa, con su clásica boina con la bandera de Cuba. Junto a Campino volvieron a advertir: “Nos quieren transformar, no lo lograrán”, estribillo de “1,2 Ultraviolento” otro himno del punk nacional. Pero no hubo covers solo nacionales, también sonaron “Rockaway beach” de Ramones y “The Passenger” de los Stooges.

“Gracias por el trato que le dieron a los alemanes”, dijo Campino. Había muchos de ellos, quizás curiosos del amor y la fidelidad que existe por Die Toten Hosen en Argentina. El cantante expresó unas palabras en inglés, algo así como un: “No hay otro público igual en ningún lugar del mundo”. Cuando Breiti quiso traducir fue tapado por un conmovedor “ole, ole, ole, Diiiii Toten Hosen, es un sentimiento, no puedo paraaaar…”

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Ninguna banda de rock nacional podría conmover con una canción que diga: “Días como estos que ya no pueden parar, en días como estos el tiempo nos va a ayudar, es lo que me hace soñar” y “en noches como estas…lo mejor es que este momento no va a terminar”. No, ninguna, solo los Hosen, solo Campino con ese español que no se entiende un carajo y no es necesario entender. No, es que no va a terminar, y cuando termina el tema aparecen los abrazos entre grupos de amigos que se agradecían por haber compartido la noche. Si, así transpirados, empapados en una mezcla de cerveza y agua. Es que no va a terminar.

Y no, no terminó. Quedaba una vuelta más que se cerró con otro himno hosenero: “You´ll never walk alone”. Un aviso, un abrazo para los que persiguen proyectos alternativos, que buscan ser libres, que desconfían de la realidad, que quieren escapar de la normalidad. La palmada en el hombro de los Hosen que nos dicen que van a estar ahí, en cualquier reproductor de música, en los recuerdos, en las cabezas. Ya nunca caminaremos solos. Gracias.

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