Eleisegui I

“Fruto de la desgracia” es el nuevo libro de Patricio Eleisegui. El periodista nos visitó en nuestro programa de radio en FM La Colectiva para charlar sobre el modelo productivo en nuestro país, y la particularidad de la cosecha de arándano, donde la utilización de pesticidas y la injerencia de agroquímicos le costaron la vida al trabajador Edgardo Ferreira. ¿La reciente resolución de la Organización Mundial de la Salud que categoriza de “potencialmente cancerígeno” al glifosato sirve para cuestionar este modelo? ¿Algún candidato a la presidencia en el 2015 propone otro rumbo productivo? Además, anécdotas del “cóctel oficial” de Monsanto.

Por Carlos Sanabria @hayquearar y Santiago Pellegrini @PellegriniSanti


_ Patricio, el año pasado nos visitaste para charlar de “Envenenados”, el libro que tiene en la tapa a Fabián Tomassi, laburante de Basabilbaso, Entre Ríos, en donde se ve claramente las consecuencias de la exposición a agrotóxicos. Hoy venís con el libro “Fruto de la desgracia”, investigación que también parte de un caso particular, el de Edgardo Ferreira. Otra persona que fallece en Entre Ríos y otra vez vinculado a los agrotóxicos…

_ Edgardo Ferreira es una persona que trabajó en el cultivo del arándano y oriunda de Federación. Era una persona que decía en su pueblo que tenía un cáncer terminal que había surgido por comer arándano envenenado, y que había trabajado en las plantaciones, que había fumigado y no les habían dicho nada a los empleados sobre los peligros. Pedía ayuda económica para poder hacer su tratamiento.

_ ¿Conociste a Ferreira?

_ Alcancé a hablar dos veces con él. Tenía casi cincuenta años. Esto fue en el 2014 y su enfermedad duró seis, siete meses. Tuvo una enfermedad terminal, fulminante. Todavía tengo grabadas las entrevistas, no las puedo borrar, es el último registro vivo casi que hay de él, Edgardo me explicó cómo pudo. Él salía en los medios diciendo que la empresa BlueBerry S.A. -principal productora de arándanos en Argentina-, fumigó en un momento porque “habían caído piedras”. El arándano es una fruta muy sensible, había algunos problemas climáticos, tormentas, y aparentemente la empresa para no descartar el fruto porque ya tenía un contrato de exportación, aplica químicos para tratar de recuperar el arándano. Esta es una producción que lleva muchas hormonas también, mucho más que otro tipo de productos. Ferreira empezó a desarrollar linfomas por todo el cuerpo, y empezó a hacerse quimioterapia. Él me dio el dato de su médica, pude hablar con ella, aunque fue un lío encontrarla. Pasó lo mismo con su abogado. Pero la realidad es que hasta el día de hoy, todos se lavaron las manos.

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_ ¿Los doctores dejaron claro que todo lo que sufrió Edgardo Ferreira, la enfermedad que lo acompañó en los últimos meses, fue por consumir arándanos?

_ Quien más avanzó con el tema médico, paradójicamente fue el abogado Andrés Pesolani. Él me mantuvo informado todo el tiempo del estado de la causa, accedía a verdaderos inventarios de empresas por otro empleado joven que se llama Mario Lovato que tiene también cien lipomas en el cuerpo y no sabe qué le va a pasar. Él trabajaba en una empresa que se llama La Granja Azul y pasó los documentos donde figuraban los productos utilizados, y que estaban prohibidos. Pero la presencia de los médicos es casi nula en este asunto. Hablé con la doctora de Ferreira, que fue la que le dijo a él que lo suyo era un cáncer que se tenía que tratar. En un primer momento me comentó que no recordaba bien el caso, pero luego me dijo que no estaba segura, y que para ella no era un tema de órganos fosforados, lo que me llamó mucho la atención porque yo nunca le pregunté por agroquímicos ni mucho menos órganos fosforados, que son términos muy específicos que utiliza alguien que conoce el tema.

_ ¿Qué quiere decir que “no era un tema de órganos fosforados”?

_Vos podés tener insecticidas, agroquímicos piretroides, u órgano fosforados, que son los más potentes y más antiguos, son desarrollos que vienen del nazismo en época de la Segunda Guerra Mundial. Estos gases neurotóxicos que se usaban en cuestiones bélicas, después se fueron reinventando por la misma industria para ser usados en el campo.

_ Entonces dada la extrañeza de que por un lado la médica sabía del tema, pero por otro te daba vueltas sobre el caso de Edgardo Ferreira, podemos concluir que la medicina no es una aliada a la hora de contar estas historias y argumentar contra este modelo productivo…

_ La médica me dijo: “no quiero quilombos”. Luego que iba a averiguar, que “llamame en una semana”, y el teléfono después era el de Osama Bin Laden, dejó de ser el de ella y nunca más lo conseguí.

_ La Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó como cancerígeno el glifosato, y sin embargo, leyendo tu libro “Fruto de la desgracia”, das cuenta que ya había ciertos agroquímicos que fueron calificados como cancerígenos, tal es el caso del Furadan, (que estaba incluso prohibido en Santa Fe) y que en Entre Ríos se siguen utilizando. ¿Qué importancia tiene para vos este fallo de la OMS? ¿Tiene injerencia a futuro en lo que respecta a la producción agropecuaria?

_ Como diría un abogado, la realidad es que no es vinculante la decisión de la OMS. O sea, dentro del catálogo de los pesticidas, el glifosato fue catalogado como potencialmente cancerígeno, está en la clase A2. Eso significa que hay evidencia científica que en el caso de exposición lo más probable es que tengas cáncer, pero no es una declaración específica que afirma que el glifosato es cancerígeno. Es un tema que hay que aclararlo, porque sino después nos quedamos sin letra para poder hablar, y sale una organización como Monsanto y tranquilamente te puede refutar esto. Hay muchas actividades que son cancerígenas y sin embargo no hay ningún tipo de traba política. La energía nuclear está declarada cancerígena por la OMS por ejemplo, y nosotros seguimos abriendo centrales nucleares, lo mismo sucede con el tabaquismo. El fallo no tiene una implicancia política ni legal.

Eleisegui II

_ A partir de tus investigaciones, tu trabajo periodístico a lo largo del país, ¿Qué nos podés decir acerca del uso de pesticidas en este modelo productivo? ¿Está regulado? ¿Ha cambiado algo en el último tiempo?

_ No hay ningún tipo de control. El arándano es un fruto que se puso de moda, se lo vende como muy sano, que tiene muchas vitaminas y demás. Debido a que su producción está concentrada en Tucumán y Entre Ríos, las empresas se sacan un poco las chispas para ver quién es la que más produce. La más grande es BlueBerry, y el libro se llama Fruto de la desgracia porque casi el noventa y pico por ciento de la producción es para el “Día de Acción de Gracias” que se festeja en Estados Unidos. Ellos sí o sí comen pavo con esa salsa de arándanos y necesitan que nosotros pongamos el cuerpo acá para producirlo. Casi todo el producto se exporta, nosotros no vemos nada, el 5% más o menos es lo que queda en el país. El problema es que acá queda el descarte, y los controles de inocuidad son prácticamente nulos. La fruta se fumiga incluso} ya en el momento de la cosecha. No hay ningún tipo de control, es un desastre, algunas de las hormonas que se utilizan están prohibidas en el mundo. Usan muchos productos que tienden por ejemplo, a congelar el fruto para que no madure tan rápido. Hay una manipulación tremenda, si bien no hay semillas transgénicas, sí existe un proceso de hibridación. Y después está el proceso de producción, que se sostiene en mano de obra esclava y muchos niños.

_ ¿Qué prácticas laborales inhumanas encontraste? ¿En qué consiste esa explotación infantil de la que hablás?

_ El año pasado fui a Concordia, la capital del arándano. Estuve ahí por Envenenados y yo ya venía cerrando Fruto… que es un libro corto. Lo publicó La panza verde que es una editorial muy tradicional de ahí de Concordia. Ellos hacen una revista humorística muy buena, del estilo de la vieja Humor y están muy comprometidos con estos temas. En Concordia el sistema está totalmente corrompido, viciado. Se sabe que las empresas, que son alrededor de 60, contratan casi toda la mano de obra de Paraguay o de Bolivia, realmente son casos de trata de personas. Les quitan la documentación, los tienen adentro de los campos o sino los tiran en casas destruidas, hacinados, en las afueras de Concordia algunos están acampando. Esa gente es traída hacia Concordia con la promesa de un determinado trabajo con determinado sueldo, y la realidad cuando llegan es totalmente distinta.

_ ¿El trabajo es a destajo? Por ejemplo, el año pasado entrevistamos a Florencia Mujica, directora del documental “Nuestra Huella” que trataba sobre la industria avícola, y una de las cosas que explicaba era que el trabajo se paga por cosecha, por unidad, y para alcanzar determinado piso salarial se necesitaba que trabajen más personas que las que realmente contrataban, por eso llamaban a personas con hijos, con familia, que sabían que podían aumentar ese tipo de producción.

_ Sí, es un sistema muy parecido. A mí me llamaba la atención porque en Concordia yo les decía: “Pero ustedes saben de esto”, al encontrarme con caras de sorpresa. A mí me daría bastante vergüenza si viene alguien que vive a 600 km, viene a contarme que en mi ciudad está permitido que si hay chicos trabajando en la cosecha, la falta en el colegio no les corre. Hay un sistema que ya está armado de esta manera, y excede a la producción de arándano, en el citrus es similar. El arándano tiene una particularidad, es una fruta que no se tiene que romper y tiene exigencias muy particulares, eso hace que los chicos y las mujeres sean importantes porque tienen las manos chiquitas. Los chicos en las cosechas figuran con un DNI que dice que son mayores de edad, están asentados con el DNI del hermano, del tío, del padre, y eso hace que si cae una inspección de trabajo, se encuentre con que todo está legal, con que todo está ordenado, es vergonzoso. Yo hablé con el representante del Ministerio de Trabajo, con el Sindicato de la Fruta, con la Cámara de los productores, y cada uno te cuenta una historia feliz, hasta te dan ganas de ir a trabajar recogiendo arándanos. Del Ministerio de Trabajo se pasan la pelota con la Unión Argentina de Trabajadores y Estibadores (UATRE) y así…

_ Cuando hablamos en Argentina de empresas que desarrollan agrotóxicos, glifosato, semillas modificadas, la primera que aparece en escena es Monsanto. ¿Estás de acuerdo con que sea el principal blanco a la hora de hablar de estos temas? ¿O acaso hay un modelo que excede el papel de esta empresa?

 _ El año pasado estuve en el “cóctel” de Monsanto. Me encontré con una brecha, con una grieta notable, me di cuenta que el sector ambientalista “duro” tiene una visión incorrecta de Monsanto, y a su vez Monsanto tiene una idea del ambientalismo totalmente equivocada. Lo voy a explicar porque puede sonar muy mal: cada uno se ha construido una imagen del otro. En fin, fui al cóctel porque habían acreditado a una compañera mía de trabajo, y ella que sabía que yo había escrito Envenenados me invitó y pidió la acreditación. Previamente había tenido un intercambio con el gerente de asuntos públicos de Monsanto, Adrián Vilaplana, a quien le elevé un cuestionario. También había pedido entrevistar a Pablo Vaquero, quien era responsable regional de Monsanto en ese momento, aunque ahora está un brasileño que se llama Luis Bellium. Por supuesto que era muy difícil llegar, pero uno tiene que intentarlo igual. Después de mil mails que no me contestaron, en mi cuenta de Twitter me empezó a seguir el gerente de Monsanto en Latinoamérica, y todos los lunes durante cuatro meses le dejé mensajes, hasta que un día me contestó y me pidió un cuestionario. Le mandé veinte preguntas con toda la artillería posible sabiendo que no me lo iban a responder, así que pasaron meses y yo todos los lunes nuevamente un mensaje. Siempre la respuesta era “la semana que viene”. Cuando ingreso al cóctel que se llevaba adelante en un hotel de la zona de Retiro, me sale un gordito al paso y me dice: “Patricio Eleisegui, soy Adrián Vilaplana, gerente de asuntos públicos”. Nos saludamos y le dije que como ellos no respondieron mi cuestionario, decidí ir en persona a buscarlo. El tipo no esperaba que dijera eso, pensaba que yo iba a ir mansito con miedo, y a mi no me importaba nada. Ese día se presentó un nuevo equipo de comunicación, la idea de ellos era algo así como abrir un canal de preguntas, y de hecho ahora Monsanto tiene una página web nueva, tratan de generar una interacción con la comunidad porque para ellos el problema de Córdoba, fue un “error de comunicación”.

_ El “problema” te referís al acampe de la planta en Malvinas Argentinas…

_ Exactamente. Para ellos el acampe en Córdoba era “una situación complicada porque hay un financiamiento externo”. “¿Quién está poniendo la plata?” pregunté. Me dijeron que ellos rastrearon que proviene de una ONG holandesa, casi me río en sus caras. Ahí te das cuenta que los tipos no están muy bien parados, según ellos es una ONG holandesa que no los quiere, que les trabó el ingreso de semillas en Europa y demás. Más hablaban y más me convencían que no tenían idea de lo que estaban diciendo. Continuaron diciendo que desean seguir con el plan de la planta en Malvinas Argentinas, que no quieren mudarse a Río Cuarto, y que quieren mutar al maíz. Entendieron que la soja cada vez va a menos, y que la producción se va a mover para el lado del maíz, esa es la gran apuesta de ellos, por supuesto, la semilla de maíz. Por eso les interesa esa zona de Córdoba en particular.

_ Anticipaste que hay una caracterización mutua errónea ¿Cómo ves la mirada desde el sector ambientalista hacia Monsanto?

_ A Monsanto lo ven como un todopoderoso. A mí no me queda tan claro realmente. Hay otras empresas que están haciendo mucho más negocio que Monsanto en Argentina. Nidera es una empresa muy grande hoy, y es de los chinos. Es la principal semillera del país junto a Don Mario, y Nidera fue comprada por los chinos porque tienen una necesidad de semillas a largo plazo para alimentar el ganado, y necesitan hacer una evolución en genética que allá no pueden por el grado de contaminación que tienen. Los chinos compraron esta empresa y se aseguraron genética, semillas, y otras cuestiones a partir de los acuerdos que se han hecho con Argentina, entre ellos, probar transgénicos chinos acá para ver si se adaptan, mejorarlos y volver a llevarlos a China.

10984132_689871267791792_3470892100291849322_n_ Ante lo que contás, se vuelve imprescindible hablar de la tierra, tanta extensión que podría estar destinada a otra cosa, la idea de la soberanía alimentaria queda trunca por seguir otros intereses económicos…

_ Habrá un punto que va a ser de inflexión para los próximos años, que son la cuestión de las malezas resistentes. Es un poco lo que sucede en la película Interestelar, que empieza con malezas resistentes que han evolucionado. Las malezas resisten el agroquímico, ya no se puede usar el glifosato sólo. Por lo menos diez malezas lo están resistiendo, y hay una red que se ha creado, incluso con apoyo del gobierno, para investigar el tema de las malezas resistentes porque no lo pueden manejar. Y la maleza compite con el cultivo por lo mismo: nutrientes, agua y sol. El glifosato no hace efecto y están usando uno, dos, hasta tres, en Expoagro ya se dieron cuenta que hay malezas que resisten ¡tres agroquímicos! Ya no van a tener respuesta ni siquiera del lado de la química, y entonces, ¿qué va a pasar?

_ ¿Qué va a pasar en el 2015? ¿Algún proyecto político planea por lo menos reformar este modelo productivo?

_ No, la idea es continuar el modelo, profundizarlo. El Kirchnerismo ha asentado este modelo y las economías regionales funcionan a partir de él. Genera una caja enorme y las municipalidades, los productores y gran parte de la población están de acuerdo en que así se está produciendo bien. Aunque haya casos de cáncer elevado y demás, pongo en duda que esto a mediado plazo vaya a tener algún tipo de cambio.

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