Acuerdos con Rusia : ¿Es posible un cambio de paradigma?

La coyuntura internacional presenta cambios en el tablero geopolítico. Las declaraciones de Barack Obama apuntando a Venezuela terminaron de hacer archipúblicas las rispideces que vienen surgiendo hace un tiempo entre algunos países de América Latina, Caribe y EEUU. Por otro lado, surge un efecto históricamente conocido se trata de la aparición de “nuevos socios”, primero China y ahora Rusia. ¿Cuáles son los acuerdos con Rusia? ¿Qué intereses tienen en nuestro país? ¿Representan estas naciones la idea de “capitalismo humano”? ¿Es posible un sistema económico de este tipo?

Por Tomas Hart

La presidenta Cristina Fernández realizó una visita oficial a Rusia con el fin de firmar acuerdos y fortalecer la relación bilateral. Estos convenios refieren a la construcción de una nueva central nuclear, explotación de hidrocarburos, agricultura, pesca, acuicultura, minería, metalurgia, transporte y conservación de gas natural y petróleo, farmacéuticas e industria aeronáutica. Además, surgieron una serie de memorandos y declaraciones en materia de comunicación, milicia, turismo y finanzas que buscan engrosar el vínculo diplomático entre ambos países. Todas estas declaraciones se pueden encontrar en la página oficial de CKF[1].

Independencia económica

Oscar Braun, economista fallecido en 1981, en su documento “El Plan Económico del tercer peronismo. Límites estructurales y políticos” describe al capitalismo argentino como “monopólico dependiente”. Es decir, un pequeño grupo de empresas transnacionales y locales controlan núcleos estratégicos del sistema productivo. No solo son dueños de los medios de producción, sino que, imposibilitan su ampliación y desarrollo mediante dependencia tecnológica. Los países desarrollados, ocupan el rol de proveedores de dólares vía deuda e inversión y de bienes medios y pesados que no logran producirse en el país. Al mismo tiempo, la imposibilidad de obtener un desarrollo industrial sostenido provoca que los dólares vía exportaciones provengan solamente del sector agropecuario. Esto fortalece a sectores terratenientes que en momentos de recesión o desaceleración económica empujan mediante presiones políticas a una devaluación que termina perjudicando a sectores asalariados.

Acuerdos con Rusia

Al igual que con China, los acuerdos con Rusia están íntimamente relacionados con la extracción de bienes comunes naturales. Esta situación encaja en un escenario geopolítico que comenzó a modificarse a partir de la crisis neoliberal de los 90. Los cambios en el sistema capitalista mundial provocaron una nueva división del trabajo internacional en donde los países de América Latina y el Caribe ocuparon el lugar de proveedores de bienes comunes naturales.

Los programas de agricultura, minería e hidrocarburos involucran directamente actividades extractivistas. Tanto las plantaciones extensivas de commodities como la minería a cielo abierto o la extracción de hidrocarburos no convencionales tienen consecuencias socio-ambientales negativas para la población. En principio, crean muy pocos puestos de trabajo, que en su mayoría son calificados, al mismo tiempo, conduce a extender el territorio para la explotación, lo que lleva a despojar a pueblos y comunidades que habitan “zonas de interés” para el capital transnacional. Como sabemos, este tipo de acción implica el uso de la violencia física ejercida tanto por las fuerzas policiales del estado o por grupos de choque ligado a empresas o gobernadores.

Las consecuencias ambientales ya son bien conocidas. En minería, se gastan mil doscientos litros de agua por segundo. En agricultura, la expansión de cultivos transgénicos producen graves enfermedades en los pueblos cercanos a las siembras, y su falta de rotación erosiona la tierra. La explotación de hidrocarburos no convencionales inyecta en la tierra miles de litros de agua potable y un coctel de químicos. La catástrofe ambiental producida por Chevron en la amazonia ecuatoriana es un ejemplo de los posibles accidentes a los que nos enfrentamos.

Al analizar el Programa industrial notamos que las áreas prioritarias son: metalurgia; minería; extracción, transporte y conservación de gas natural y petróleo; refinería de petróleo; licuefacción de gas; ingeniería mecánica y de transporte; farmacéutica e industria aeronáutica. Al parecer, sigue ocurriendo lo que marcaba Oscar Braun. Los países centrales mantienen la dependencia de nuestros pueblos, imposibilitando la industrialización media y pesada. Al mismo tiempo, la “ayuda” financiera reaparece, el acuerdo con el Banco Nación “Tiene como objetivo desarrollar una cooperación amplia y duradera y una asociación estratégica tanto en los mercados financieros de Rusia y Argentina como en los mercados financieros globales.”[2]

En relación a la construcción de la central nuclear hay varios puntos para discutir. En principio, se olvidan los problemas ambientales que pueden causar desastres nucleares como el de Fukushima en 2011. Suponiendo que garanticen las medidas de seguridad necesarias para que no ocurra ninguna catástrofe, habría que preguntarse cuál es el fin de dicha central. No es casualidad que junto a los acuerdos de carácter extractivista aparezcan otros relacionados a la energía. ¿Para qué y a quién se va a destinar la dicha energía?. Es interesante ver el caso de la minería, el sociólogo e investigador José Seoane sostiene: “La Minera Alumbrera, la más grande y más antigua de Argentina, es uno de los cinco consumidores privados más importantes de energía eléctrica a nivel nacional y consume una vez y media la energía eléctrica de la provincia en la que está instalada”. Todos los proyectos extractivistas necesitan de energía para mover la maquinaria. Entonces, los países centrales que llevan a cabo la explotación se aseguran la infraestructura para la generación de energía que necesitan.

Inversión Extranjera ¿Si o no?

Las relaciones comerciales internacionales son indispensables, la cuestión es qué tipo de inversión o acuerdo aceptamos. La política cortoplacista lleva a los mandatarios a tomar decisiones que comprometen a futuras generaciones. La desesperada necesidad de obtener dólares para intentar sortear un momento de recesión económica lleva a los países subdesarrollados a profundizar aun más la relación dependiente con los países imperiales. Vemos que, tanto los acuerdos con Rusia y China, no apuntan a la industrialización que necesita nuestro país para obtener la anhelada independencia económica. Sin industria media – pesada y sin desarrollo tecnológico la relación desigual se agranda. En la última década, el desarrollo industrial se basó en la producción de autopartes y de artefactos electrónicos, que si bien generan puestos de trabajo, no son sectores estratégicos para el desarrollo industrial.

Frente a esto

No existe la posibilidad de concretar cambios abruptos dentro de un sistema capitalista. Tanto la batalla cultural en los medios de comunicación, como la acción directa del pueblo en las calles son fundamentales para el cambio. Instalar como tema de debate las consecuencias de las actividades extractivistas o la estructura de propiedad de las tierras sería el primer paso. Si se invisibiliza no existe, y si no existe no se puede cambiar. Evidentemente no podemos esperar que los medios de comunicación de tradición conservadora y neoliberal se ocupen de esto. Al mismo tiempo, la sociedad civil o las agrupaciones políticas tienen casi la obligación de preocuparse por las cuestiones ambientales, que en definitiva son lo que caracterizan a la etapa de la historia que transitamos.

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