Trabajo rural: las manos invisibles

Ilustración: Disculpen la Molestia
Ilustración: Disculpen la Molestia

El 1 de mayo se conmemora el día del trabajador. Los procesos industriales que tuvieron lugar en occidente colocaron en el centro de la escena a la clase obrera urbana. Sin embargo, Argentina tiene la peculiaridad de ser un país agroexportador. Por eso cabe preguntarse ¿Qué pasa con los trabajadores rurales? ¿Cuáles son sus derechos? ¿Por qué quedan relegados?.

Por Tomas Hart de Presencia Agraria

Resulta dificultoso concebir que en un país agroexportador como Argentina, los trabajadores rurales se encuentren tan relegados de la escena política y social. Sin duda, los incansables y frustrados intentos de llevar adelante un proceso de industrialización pueden tener algo que ver. La concentración de fábricas en las grandes ciudades provocó migraciones internas hacia las urbes. Al mismo tiempo, la identificación del trabajador urbano con el Peronismo es muy fuerte. Recordemos que justamente es Perón quien impulsa de manera sistemática un proceso de industrialización. En la actualidad, la modernización tecnológica y la centralización en la producción agraria ha relegado a miles de trabajadores rurales, que imposibilitados de competir con grandes productores, emigran a pequeñas o grandes ciudades. Sin embargo, en el campo la gente sigue trabajando y produciendo. ¿Quién los tiene en cuenta? ¿Cómo viven?

El asalariado rural

Sin duda, los asalariados rurales son lo más desprotegidos de toda la masa trabajadora argentina. Las características de las actividades que deben desarrollar, generan ciertas condiciones que, sin un control estatal adecuado, pueden llevarlos hacia altos niveles de vulnerabilidad. Muchas veces están obligados a emigrar, lo que provoca un desarraigo. Al mismo tiempo, se ven en la necesidad de buscar empleo de manera estacional y finalmente, las situaciones de explotación a las que son sometidos son inhumanas.

El trabajo infantil, las jornadas de más de 12 horas, las pésimas condiciones de trabajo y de vivienda, la ausencia de una verdadera representación sindical, la inexistencia de aguinaldos, seguridad social, vacaciones y la falta de herramientas para denunciar –y conseguir respuestas satisfactorias- son cuestiones que se viven a diario en el mundo del trabajador rural.

Hablar de cantidad de trabajadores rurales es complejo. Por un lado, la informalidad escapa de toda estadística, es decir, no podría existir un índice oficial de trabajo informal. Por el otro, la existencia de una gran cantidad de trabajo temporal, dificulta la aplicación de un método que arroje números certeros. Un joven puede trabajar en verano en un lugar y a los tres meses trabajar en otra zona. Los números manejados por UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores) uno de los sindicatos mas ausentes, no resultarían representativos ya que deja muchos blancos en su análisis.

La historia

Desde sus inicios, el trabajo rural cuenta con una escasa protección legal. Recién en 1944, durante la presidencia del General Edelmiro Farrel, se crea el Estatuto del Peón Rural. En 1947 fue complementado con la Ley 13.020/47 que regulaba la actividad de los trabajadores transitorios y no transitorios. Estas leyes estuvieron en vigencia hasta 1980 donde fueron derogadas por la ley 22.248/80 que llevó adelante el nuevo Régimen Nacional del Trabajo Agrario. A grandes rasgos, este sistema quería equiparar frente a la ley, por un lado a los trabajadores permanentes y a los transitorios, y por otro a los trabajadores rurales con los urbanos.[1]

En 2011 fue sancionada la nueva Ley de Trabajo Agrario (26.727/11) que suplanta a la de la década del 80 y que es complementaria a la Ley de Contrato de trabajo 20.744/74. Es decir, para el trabajo rural rige la ley sancionada en 2011, pero al mismo tiempo, existe la Ley de Contrato de Trabajo que regula el trabajo en el sector urbano. La nueva Ley de Trabajo Agrario expresa que se podrá tener en cuenta la Ley de Contrato de Trabajo, en caso de ser compatible con alguna cuestión del trabajo rural.

La ley sancionada en 2011 avanza sobre la idea de equiparar a los trabajadores rurales con los urbanos. También tiene algunos puntos interesantes en relación al trabajo infantil, ya que prohíbe el trabajo de menores de 16 años[2]. Además ha otorgado una serie de elementos importantes en relación a las vacaciones pagas y las indemnizaciones.

La actualidad

Sin embargo, todavía siguen encontrándose dificultades para aplicar de manera acabada estas leyes. El caso de la actividad citrícola de Tucumán es un claro ejemplo de esto. En este rubro, los cosecheros y el personal de empaque son amparados por la Ley de Contrato de Trabajo, mientras que los trabajadores del campo se ven cubiertos por el Régimen Nacional de Trabajo Agrario. Esta ambigüedad, imposibilita y dificulta la organización de los trabajadores para llevar adelante distintas luchas, por ejemplo, la negociación de los salarios.

En este sentido, es interesante marcar que un paso importante es sancionar una ley, pero no menos importante es hacerla cumplir. La falta de control estatal deja espacios vacíos para que las leyes sigan evadiéndose. Además, la poca visibilidad de estos conflictos dificulta el apoderamiento del sector trabajador rural.

Como una especie de hijos adoptados, los trabajadores rurales aparecen poco y nada en los discursos de los políticos. Puede entenderse esto quizás, por la baja incidencia de votos que representan, en comparación con los trabajadores urbanos. Esto daría la pauta de la estrategia de los políticos de decir solamente lo que les “conviene” para ganar las elecciones.

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