Yo ví que estábamos ganando

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Un nuevo aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas sirve para analizar el papel jugado por los medios de comunicación durante el conflicto bélico. En un contexto de cerco mediático y censura, diversos referentes del periodismo y el espectáculo fueron partícipes en la difusión de una gesta que no fue tal. El especial “24 horas por Malvinas” y el “Festival por la solidaridad Lationamericana” que reunió a los principales rockeros del momento, fueron algunas muestras de la política cultural de un gobierno que encontró en la Guerra de Malvinas un respiro ante una movilización popular que crecía cada vez más. A continuación, un análisis sobre las estrategias mediáticas que lograron hacernos creer que “estábamos ganando”.

Por Santiago Pellegrini


“Así está viviendo el pueblo argentino la recuperación de las islas Malvinas”, grita efusivamente un movilero de 60 Minutos presente en una Plaza de Mayo colmada, el 2 de abril de 1982. Tres días antes, la misma plaza se encontraba cercada por las fuerzas represivas que, finalmente, lograron impedir la llegada a la Casa Rosada de los trabajadores y manifestantes convocados por la CGT Brasil bajo las premisas “Paz, Pan y Trabajo” y “Abajo la dictadura”.

Tres días bastaron para disolver la tensión política que se visibilizaba con una jornada de protesta que culminó con un muerto, José Benedicto Ortiz, trabajador y sindicalista textil, más de 2500 heridos y 4000 detenidos en todo el país. Tres días bastaron para que los militares revitalizen un proceso asfixiado tanto desde lo político como desde lo económico. La ocupación de las islas permitió aglutinar “la Nación” bajo un solo objetivo, promovido y liderado por el gobierno, cuyo destino se reducía al logro de la ansiada soberanía. El consenso buscado no podía dejar fisuras donde proliferen discursos que se alejen de la senda triunfalista que caracterizó la cobertura del conflicto, y he ahí el rol adjudicado al noticiero 60 Minutos, del canal Argentina Televisión a Color (ATC), reconocido históricamente como el vocero oficial de la Guerra de Malvinas.

En 1973, durante el gobierno peronista, las principales cadenas de televisión privadas, cuyas licencias estaban próximas a vencerse, fueron estatizadas a través del decreto n° 1761, quedando las mismas bajo la orbita de la Secretaria de Prensa y Difusión. Ya en 1976, a pocos días del inicio del golpe denominado como Proceso de Reorganización Nacional, las Fuerzas Armadas se distribuyeron los canales: el 7 (ATC) quedó bajo el ámbito de la Presidencia de La Nación, el 13 fue para la Armada, el 11 para la Fuerza Aérea, y el 9 para el Ejército.

La censura y la difusión de la doctrina oficial fueron los pilares sobre el cual se edificó la estrategia mediática y cultural de la Junta Militar. El control dictatorial no sólo se dio desde lo físico, sino también desde lo simbólico, donde las palabras “subversión” y “orden” buscaban dar sentido y legitimidad al contexto político iniciado el 24 de marzo de 1976, contraponer una cultura legitima, verdadera y, por ende, occidental, sobre otra (por ellos considerada) falsa e inmoral, propia de quienes atacan los valores fundamentales de la patria.

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Pinky y “Cacho” Fontana en el especial “24 horas por Malvinas”

Como explica Carlos Mangone, en su artículo “Dictadura, cultura y medios”, publicado en la revista Causas y Azares en 1996, “la dictadura tuvo su política cultural y la de la clase que la sustentó, tuvo sus jóvenes y sus músicos (y su música), tuvo su teatro (más allá de la tarea laboral de los actores), tuvo a sus miembros del espectáculo, no se privó de sus intelectuales, de sus periodistas (también más allá de la necesidad de empleo)”. Esta política cultural promovida en pos de generar consenso dentro de la población argentina tuvo dos momentos de mayor ebullición y difusión de la ideología del régimen: El Mundial de Futbol de 1978 y la Guerra de Malvinas, en 1982. Nada más vale que reflexionar sobre el especial 24 horas por Malvinas, conducido por Pinky y “Cacho” Fontana, el cual conto con la participación de diversas personalidades de la cultura, la política y el espectáculo, llegando a recolectar más de 54 millones de dólares, 141kilos de oro, alimentos, ropa, vehículos e inmuebles. O bien recordar el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, donde las principales figuras del rock nacional se juntaron en un show dedicado a juntar ropa y víveres para los soldados, alcanzando el considerable número de 50 camiones llenos. Ninguna de las dos colectas llegaron a destino.

Durante la guerra, las Fuerzas Armadas ordenaron a los canales televisivos no reproducir imágenes que pudieran generar pánico o ir en contra de la unidad nacional, siendo la única información legitima la emitida de forma oficial. Así establecido, 60 Minutos se vio privilegiado, al ser el noticiero de ATC, con la posibilidad de tener el único corresponsal en las islas, lugar ocupado por Nicolás Kasansew.

Las noticias sobre el conflicto bélico se convirtieron en el contenido exclusivo que trató 60 Minutos durante los 74 días que duro el mismo. Los programas se conformaron a partir de la lectura en vivo de los comunicados oficiales, la reproducción de imágenes que lograban conformar la unión y convulsión de un pueblo por ellos construido, entrevistas tanto a soldados como a funcionarios militares que se reducían al reconocimiento y gratitud por la lucha soberana, todo entrecruzado por el afán triunfalista que empañaba cada noticia que llegaba del sur argentino.

Jose Gomez Fuentes, conductor de 60 Minutos
Jose Gomez Fuentes, conductor de 60 Minutos

José Gómez Fuentes, conductor de 60 Minutos, aprehendió las directivas comunicacionales establecidas desde el gobierno militar. La convicción por Malvinas y la euforia de una guerra victoriosa modalizaron emotivamente un discurso periodístico que no titubeo al hacerse voz de un pueblo devoto a las verdaderas causas nacionales.

A 39 años del inicio de la última dictadura cívico-militar, vale la memoria y el recuerdo de aquellos periodistas y profesionales que comprometidos con su trabajo buscaron fracturar la censura y el control informativo que caracterizó el periodo. Asimismo, vale también no olvidar las estrategias mediáticas establecidas desde el poder, la disputa simbólica que doto de sentido el contexto político, social y económico del momento, establecido tanto por distintas industriales culturales de índole privada como por las vías comunicacionales creadas por la Junta Militar, donde programas como 60 Minutos se tornaban funcionarios reproductores de la ideología del régimen. La construcción de un pueblo unido, sin fracciones, en torno a símbolos nacionales, reivindicaciones históricas, apoyando en forma efusiva los hechos promovidos por sus gobernantes, constituyen las imágenes y discursos que hoy en día son partes ineludibles de la Guerra de Malvinas.

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