Lesbianas, ¡todas bienvenidas!

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El julio de 2013 se promulgó la Ley Nº 4.577 que declara el 7 de marzo de cada año como “Día de la Visibilidad Lésbica”, en conmemoración a la muerte de la Pepa Gaitán, asesinada a causa de discriminación por orientación sexual. Esta ley fue presentada por la Legisladora de la Ciudad de Buenos Aires María Rachid e impulsada por el espacio de articulación de mujeres lesbianas y bisexuales La Fulana, Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) y la Federación Argentina LGBT. Desde Derrocando a Roca entrevistamos a La Fulana para reflexionar acerca de esta fecha.

Por Andrea Beltramo @AnBeltramo

Nombrar lo que existe
La Pepa Gaitán tenía 27 años cuando Daniel Torres, padrastro de su novia, la asesinó por la espalda en marzo de 2010 sin cruzar palabra, fríamente, de un escopetazo. Ella era lesbiana, portadora de una masculinidad decidida, elegida y construida desde su barrio, una zona humilde de la ciudad de Córdoba. El asesino fue condenado a catorce años de cárcel. Durante todo este tiempo, desde el núcleo afectivo de la Pepa siempre dijeron lo mismo, que Torres no soportaba la relación entre ella y su hijastra. Sin embargo, en la sentencia no tuvieron en cuenta el odio por orientación sexual del crimen, es decir, la lesbofobia. A partir de esto, la organización, movilización y presión de las organizaciones sociales consiguió que la legislatura porteña declarara todos los 7 de marzo como “Día de la Visibilidad Lésbica”.

  El dicho popular afirma que lo que no se nombra no existe. Entonces, y lo que existe, ¿cómo se nombra? ¿Cómo se construyen los procesos de visibilidad? Aquí es cuando entran en escena las narrativas de lo que sí existe y habita la vida cotidiana.

  Las identidades lesbianas tienen sus genealogías y desde el espacio La Fulana, ONG que centra sus actividades en torno a las identidades lesbianas y bisexuales, reconocen algunos puntos de partida: “Desde que nació este espacio, hace dieciséis años, tenemos dos líneas, el activismo y los grupos de encuentro.Era necesario tener un espacio para encontrarnos entre lesbianas porque era muy difícil reconocer a otras. No había referencias. No había alguien que saliera explícitamente, tal vez Ilse –Ilse Fuskova, es hoy una de las referentes más importantes del lesbofeminismo en Argentina- fue quien salió primero, lo dijo en voz alta en la mesa de Mirtha Legrand durante los años ’90. Ilse marcó una referencia, que es una de las cosas en que nosotras siempre insistimos, hacen falta referencia. Es decir, hay pocos programas de televisión que tengan lesbianas o parejas de mujeres, por ejemplo. Y ahora hay más que al principio de los ’90. Mirá como sería que, después de ese almuerzo, ella siempre cuenta que se le llenó la casilla postal, ¡la casilla postal! No daban abasto para responder las cartas. Porque había que leer y responder a mano. ¡Así que imagínate, lo que fue ese momento!”
Pasados veinte años y con el desarrollo de las tecnologías para la comunicación resulta un ejercicio de la memoria imaginar el día después de aquel almuerzo en lo de Legrand. Escribir a mano para responder cada carta era urgente, necesario y una forma de reforzar los vínculos entre lesbianas y no sólo entre ellas. Sigue siendo importante hoy en todos los sentidos, por las genealogías de las identidades lesbianas.
Al respecto, la semana próxima se inaugura en el Centro Cultural Tierra Violeta una muestra artística de Ilse Fuskova, donde, entre otras cosas, se recuperan fotos que fueron censuradas en los años ’80, la cita es el 13 de marzo, a las 19 horas, en Tacuarí 538,Ciudad de Buenos Aires.
Las estrategias hacia la visibilidad son complejas y desde La Fulana cuentan que trabajan en dos frentes que se complementan: “Mantenemos los grupos. Siempre los tuvimos y los defendemos porque son el punto de contacto con lo que les va pasando a las lesbianas. Nosotras lo vemos, por ejemplo, cuando hablamos de algo, un tema, un concepto, y al otro día estamos en el grupo de encuentro y tiramos el concepto y tal vez no se entiende, y ahí le das una vuelta de tuerca para encarar la charla desde otro punto de vista. Porque siguen viniendo chicas que tienen los mismos problemas que algunas ya pasamos. ‘No sé si soy lesbiana, no sé lo que siento, ¿soy gay?’ Entonces, nosotras trabajamos desde una base, que es la experiencia. Porque a lo mejor sólo sea una cuestión de encontrarse, generar una cultura lésbica. Salir a la calle. Es decir, encontrarse, para reconocerse y una vez que me reconozco defender este reconocimiento, la cultura está generada y salgo a contarlo, salgo a decirlo y salgo a pelear por mis derechos. Esta es una de las cosas que defiende La Fulana por sobre todas las cosas. Por otro lado, también han venido familiares que buscan entender un poco más o necesitan algún tipo de contención acerca de cómo poder aceptar y acompañar a su hija lesbiana. A entenderla”.
La visibilidad en dos sentidos, desde lo íntimo y cotidiano hacia la calle y el activismo. Escuchar a las otras, reconocerse con ellas y construir confianza y estrategias para mostrarse, nombrarse y decir que existen.

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Pepa Gaitán

Desafiar la norma heterosexual
Cuando los cuerpos expresan deseos y acciones que enfrentan las normas, las sociedades tienen sus propios mecanismos para disciplinar esas desobediencias. Defender formas diversas de placer y afectividad, la construcción de vínculos no jerarquizados, expresar la identidad de género fuera de la gran ficción biologicista mujer-hombre y sus narrativas, habitar corporalidades disidentes que destrozan los argumentos de normalidad y anormalidad; todo esto y más, supone desestabilizar lo que Monique Wittig llamó la norma heterosexual. Esta norma es un régimen social, político y económico que configura una heterosexualidad obligatoria que se impone como único modelo válido para las relaciones sexo-afectivas y de parentesco. Todo lo demás será “lo otro”. Las “otras” lesbianas, tortas, machonas, que, como bien señala Marta Dillon en un artículo para Página/12 de julio de 2011: “Cuando se hacen presenten, se plantan frente al mundo y a los prejuicios, viven en libertad y sin ocultarse; ahí la violencia aparece para ponerles un límite”. Es así como aparece la violencia para disciplinar y la muerte para eliminar.
Con el régimen de la heterosexualidad obligatoria se enfrentó la Pepa Gaitán, un 7 de marzo, hace ya cinco años. Desde La Fulana, dicen: “Nosotras siempre planteamos, ¿quién era la Pepa? Por ejemplo, era una chica que por ahí hubiera venido a cualquiera de nuestros grupos de encuentro. Y que por ahí no hubiera estado en las discusiones teóricas, académicas, de la academia blanca y bien. No hubiese estado, porque no le importaban. Aunque en estas discusiones griten ¡visibilidad! la Pepa vivía todos los días eso de la visibilidad. Capaz que sin haber leído a Monique Wittig, o sí, no importa, pero ella vivía todos los días el prejuicio de la heteronorma y pasó lo que pasó. Fue fusilada por la espalda y para nosotras fue también un llamado de atención, creemos que para todas las lesbianas, porque, entre otras cosas, fue el año donde se estaba discutiendo el matrimonio igualitario. Una de las máximas luchas que dio el movimiento LGBT de Argentina y en medio de esa lucha, a la espera de alcanzar esa igualdad de derechos tan esperada, en medio de todo esto, vuelven a asesinar a una torta, por la espalda, por lesbiana. Por visible”.
Frente a las violencias, entre otras cosas, es de gran importancia tener herramientas legales con las que dar lucha en casos como el de la Pepa Gaitán. Es en este sentido que, La Fulana explica cómo está comprometida en la demanda de una nueva ley de discriminación que incluya diversidad sexual: “Hace tiempo que comenzó esta pelea, hace ya muchos años, somos parte de la Federación Argentina LGBT, que tuvo un par de objetivos básicos, la mayor parte los cumplió, como fue la Ley de Identidad de Género, la de Matrimonio Igualitario y la de Fertilización Asistida, por ejemplo, y nos queda conseguir la Ley contra la Discriminación. Sorprende que esté costando, pero está costando que pueda salir y es algo que, tal vez, en el caso de la Pepa hubiera sido fundamental”. A pesar de que hace tiempo existe una legislación contra actos discriminatorios, hay que pelear su modificación, afirman desde La Fulana: “Existe una ley, pero quedó vieja. Se promulgó en los primeros años de retorno a la democracia, donde era importante hablar de capacidades distintas y vulnerabilidad pero no está, no se nombra, diversidad sexual. Al no figurar la categoría queda a libre interpretación de jueces, policías, fiscales, si el crimen que se haya denunciado implica o no un acto discriminatorio. Entonces, muchas situaciones violentas hacia personas de la comunidad LGBT quedan invisibilizadas dentro de otro tipo de agresiones. Sin ir más lejos, el año pasado en Parque Lezama cuando atacaron a Ariel Olivera, al grito de “puto de mierda”, “morite, puto” no había duda de cuál era la razón de la agresión y se lo termina calificando como hurto. Porque no está tipificado como acto discriminatorio en la ley actual”.

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Ilse Fuskova en el programa de Mirtha Legrand. Años ’90. Fuente: Potencia Tortillera

Habitar lo cotidiano

  Poner la vida en el centro, defender una vida gozosa y libre, construir trayectorias cambiantes y mutables, requiere alcanzar acuerdos, trabajar los desencuentros y dar cuenta de unas luchas compartidas con más o menos disidencias pero el mismo compromiso. Las alianzas de La Fulana con los feminismos no escapan a estas idas y vueltas, agregan que depende mucho del momento y afirman: “Todas entendemos que como las militantes feministas y lesbofemnistas estamos absolutamente hermanadas. No hay duda. Sin embargo, algunos acontecimientos hacen que esta hermandad a veces sufra roces. Sabemos que no todas las lesbianas somos iguales, ni todas las feministas somos iguales. No podemos encasillar. ¡Y bienvenido sea! ¡Que las identidades se multipliquen y sean lo más diversas posible! Pero sí, el feminismo tiene sus vericuetos, muchas veces son prejuicios frente al lesbianismo pero sabemos que ahora hay un acercamiento mucho mayor que años atrás. Hubo un momento donde existía un closet forzoso para las lesbianas en tanto que no se relacionaba el lesbianismo con la lucha feminista. Estamos hablando de hace más de dos décadas atrás, no tanto actualmente. Hoy, gran parte de las lesbianas que se reconocen feministas indagan en conceptos como heteronorma y pensamiento heterosexual mucho más allá de, solamente, patriarcado; empiezan a nombrarse otros cruces de identidades que vienen discutiéndose desde los ’70 y ’80 hasta esta parte, donde todas nos sentimos más cercanas a esos argumentos teóricos, pero particularmente el resto de la semana lo que hacemos mucho desde La Fulana es trabajo de base. Es el cotidiano, más allá de las discusiones teóricas y académicas, que tenemos, pero nos interesa qué pasa con las lesbianas todos los días, qué pasa con las lesbianas que viven en el barrio más allá de si ellas entienden o no la cruza entre feminismos y etnia, por ejemplo. Nos interesa qué les pasa. Pibas que tal vez no tienen tan concientizadas determinadas características identitarias que nosotras podemos leer, pero ellas las viven. Cotidianamente. Y ese es el espacio que abre La Fulana. Salir del closet, en el sentido también clasista, para decirlo de alguna manera. Abrir la casa era eso. Hablar del exilio lesbiano, era eso. Es decir, que se queden las que no pueden salir de su lugar de origen, las que no pueden escaparse de su familia que las está discriminando. Bueno, vengan. Hay un lugar, hay un espacio, acá estamos. No nos fijamos en los estereotipos tampoco, esas preguntas de ¿vos que sos? Lesbiana, bisexual, ¿cumplís con? no, son todas bienvenidas, el espacio está y cada una toma del espacio lo que necesita. Este es un espacio de encuentro de intercambio. Nadie va a enseñarle nada a nadie, todas venimos a aprender, a escucharnos y cada una es su propia maestra para decidir lo que puede hacer. Y lo que hacemos también es cagarnos de risa, hablar, porque esto también es alegría, es compañerismo, es amistad, es muchas amantes, ¡mucho sexo! Esto es La Fulana. Entremezclado con todo lo demás.

* La Fulana, Av. De Mayo 881, 6º piso. CABA. Los grupos de encuentro se reúnen todos los viernes a partir de las 20hs. Mas información http://www.lafulana.org.ar/

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