Derechos Humanos/Feminismo s/Género/Literatura

Entrégate, princesa

10999816_898515820208209_2034573904220316237_n

“Tú me quieres virgen, tú me quieres santa, tú me quieres colonizada y por eso, tú me tienes harta”, esta frase del colectivo anarco feminista boliviano, Mujeres Creando, resume la perspectiva de este artículo. A unas semanas del estreno de la película sobre Christian Grey y sus sombras, resulta oportuno proponer a las instituciones regidoras de cultura que consideren imprimir en las entradas al cine la siguiente advertencia: el amor romántico perjudica seriamente su salud.

Por Andrea Beltramo @AnBeltramo

Pierde el control

Un slogan que intenta seducir, y lo hace: Cincuenta sombras de Grey. Pierde el control.  Las salas de cine están completas desde el 15 de febrero –fecha de su estreno en Argentina–. Es una invitación más que interesante si lo que se busca es reconocer los puntos de fuga para escapar de las relaciones de poder, la medición de fuerzas y provocar una transformación que subvierta el orden establecido. ¿Perder el control frente a qué? ¿Quiénes pierden el control? ¿En qué consiste? Estas preguntas conducen a una respuesta más que desalentadora si nos basamos en la ficción romántica de Christian Grey y Anastasia Steele. Nadie, en la película, tiene el poder de perder el control.

Grey es un varón estrictamente condicionado por sus privilegios. Hombre, blanco, flaco, occidental, heterosexual, millonario y con la sabiduría técnica de Neo en Matrix para conducir todo tipo de medios de transportes aéreos y terrestres;  el único capaz de brindar protección cuando no hace falta y por lo tanto, volverse él mismo una amenaza. Malhumorado y con carencias preocupantes para encontrar zonas de placer. Un Superman sin capa –él tiene aviones–, la doble vida y moral de Clark Kent. Un exitoso empresario que da explicaciones a su madre después de una noche de sexo; porque, claro, no vaya a pensar ella que el chico no anda con mujeres. ¡Ay! Sobre todo machito y masculino. Su contrafigura, Anastasia, es una mujer joven, flaca, blanca, aburrida de su mediocre vida de estudiante sin dinero y su autoestima circulando entre vómitos y borracheras. Por supuesto, se trata de una mujer enamoradiza, silenciosa, de letras, insegura y bella. Construida frágil. Así se la presenta en la novela y en la película. Ella tiene la necesidad de que algo trascendente sacuda su vida. Christian Grey es el sismo. Pasadas las réplicas, Anastasia tiene una tarea: garantizar el destino del héroe. Convertirlo en padre de familia y hombre proveedor. Mientras va sucediendo, practican sexo con violencia y dolor. Nada que sorprenda a quienes hayan visto alguno de los títulos celebrados hasta el hartazgo como cine erótico estadounidense, puritano, comercial y de entretenimiento, tales como Nueve semanas y media en los ’90 o Secretary en 2002. Historias donde ellas son sumisas e inseguras, y ellos los encargados de proporcionarles aventura y placer a cambio de control y dominación. Diferente es lo que ocurría en ficciones como Bajos Instintos o El cuerpo del delito, películas emblemáticas de la época yuppie donde las protagonistas, Sharon Stone en la primera y Madonna en la segunda, eran mujeres decididas, sexualmente explícitas y desprejuiciadas, estratégicas, interesadas y poderosas a la hora de negociar desde su sexualidad. En ambos casos, van a ser criminalizadas y convertidas en sospechosas de algún crimen. Las contrafiguras serán los investigadores, policías, varones, heroicos y buenos ciudadanos, que no podrán resistirse a los hechizos de la feme fatal que va a desviarlos del camino del bien. De santas y putas va la cosa. Ellos son los salvadores, ellas las perdidas. Unas en sus poderíos sexuales y otras en la sumisión virginal. Estereotipos de género, para no perder la corrección política.

Fuera de la ficción las cosas son más explícitas, se desvanecen las sombras. Una mujer murió en Alemania a causa de los golpes que le dio su pareja sexual cuando imitaban las prácticas de Grey con Anastasia. Él está acusado de homicidio involuntario. En un cine la ciudad de México otra mujer fue detenida por masturbarse mirando las Cincuenta… ¿Se va perdiendo el control?

Secret Project Revolution, Madonna & Steven Klein (2013)

Secret Project Revolution, Madonna & Steven Klein (2013)

El amor romántico mata

Coral Herrera señala en su artículo La violencia de género y el amor romántico para la revista Pikara en noviembre de 2012: “El amor romántico es la herramienta más potente para controlar y someter a las mujeres, especialmente en los países en donde son ciudadanas de pleno derecho y donde no son, legalmente, propiedad de nadie (…)”. Herrera dice que combinar el afecto con el maltrato se vuelve una estrategia eficaz  para construir un contexto donde destrozar la autoestima e imponer la dependencia. Por lo tanto, echar fuera toda posibilidad de autonomía, placer y gozo; aquello tan famoso del “amor es ciego” y “sin ti no soy nada”. Como así también los celos, justificados como una expresión de amor y la exigencia de entrega: dejarlo todo y darlo todo por amor. El salto desde el “entrégate, aún no te siento”, que cantaba Luís Miguel,  hasta La maté porque era mía, película francesa, noventera, de Patrice Laconte es apenas un paso. La letra de la canción no tiene desperdicio. Más allá de un análisis estético sobre la construcción del gusto, cabe una lectura politizada desde la perspectiva de la violencia contra las mujeres:

 “¿Cómo te atreves

a mirarme así

a ser tan bella

y encima sonreír?

Mía, hoy serás mía por fin

cierra los ojos

déjate querer

(…)

Entrégate

mi prisionera

la pasión no espera

y yo no puedo más de amor

abre los ojos

no me hagas sufrir

no te das cuenta que tengo sed de ti

(…)

entrégate, sin condiciones

(…)

mía, hoy serás mía por fin…”

Maggie Gyllenhaal, en una escena de Secretary, de Steven Shainberg (2002)

Maggie Gyllenhaal, en una escena de Secretary, de Steven Shainberg (2002)

¿Darlo todo por amor? ¿Sin condiciones? ¿Ser para otro? ¿Asumir sus urgencias con los ojos cerrados? La prisionera, además, es responsable/culpable de los sentimientos del  protagonista. Por supuesto, es bella. Tremendo desafío para la testosterona de Luismi. No es el único ejemplo. En plena época del flower power y el amor libre, Jimi Hendrix interpretaba Hey Joe!, una canción acerca de un hombre que asesina a una mujer porque ella decidió tener sexo con otro, además de él, claro. En este sentido, la película  La maté porque era mía, no es una propuesta irónica sobre los femicidios sino una obra cinematográfica que los justificaba.

Canciones, modas, literaturas y materiales audiovisuales se vuelven elementos esenciales para reflexionar sobre la construcción del amor romántico. Son, de hecho, uno de los tantos soportes de este discurso.  Por lo tanto, funcionales a su reproducción y sostenimiento.

La representación del amor en Disney a partir de historias de princesas da prueba de ello: el baile de la Bestia con la Bella en una gran mansión solitaria y aislada, donde ella está secuestrada; la sirena Ariel tiene que abandonar el mar, ¿por qué? Otra Bella, la durmiente, vuelve a la vida por el beso de un desconocido hombre blanco de ojos celestes al que nunca dio su consentimiento. ¿A qué vida vuelve? La mayor industria del cine dedicado a la infancia se presenta de esta forma, como una marca registrada de pedagogías en el amor romántico. Sí, ese, el que mata. Y no sólo simbólicamente mata. También legitima conductas de apropiación y eliminación del poder de las mujeres sobre sus vidas, cuerpos y experiencias. Delimita los espacios que ocuparán en esa ficción de la modernidad liberal que son las esferas pública y privada donde habita la vida cotidiana como si la frontera fuera inquebrantable entre ellas.

Los datos despejan dudas y prejuicios al respecto. La violencia contra las mujeres se reinventa en formas más o menos sutiles. Los femicidios representan el extremo definitivo de la violencia, se trata de la eliminación y muerte de las mujeres por el hecho de ser mujeres, un tipo de crimen de odio y ensañamiento basado en el control. Si nos situamos estrictamente en nuestro país el informe anual que realiza el Observatorio de Femicidios en Argentina, a cargo de la Asociación Civil La Casa del Encuentro, señalaba en 2013 el asesinato de una mujer cada treinta horas. Estos datos van en aumento y si a esta cifra se le añaden los malos tratos y abusos cotidianos, la violencia simbólica antes mencionada en la publicidad, espacios de entretenimiento, ámbito laboral y el tratamiento que hace la prensa de la violencia machista invisibilizando sus causas estructurales, estigmatizando criminalizando y revictimizando a las mujeres, la situación es insostenible. Urge reconocer y desarticular las estructuras de la violencia porque, como ya lo ha expresado Kate Millet en una entrevista a El País en el ’84: “El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa.”

Hay otras ficciones y realidades. Alternativas donde se problematiza la cuestión acerca del sexo y cómo compartirlo y con quiénes, donde el  placer se construye, como los deseos y las fantasías. Donde la curiosidad por prácticas sexuales de dominación y sumisión no implica necesariamente reproducir violencias. Se respetan los acuerdos, se construye confianza y nadie fuera del juego adquiere jerarquía sobre las personas que hayan acompañado esos momentos de búsqueda y placer. Se trata de gozar desde las diferencias. A partir de ellas y no a su pesar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s