Nisman por un rato

20150218_181516

El 18 de febrero se llevó a cabo la “Marcha del Silencio” en homenaje al fallecido fiscal Alberto Nisman. Sus detractores calificaron a los concurrentes como “golpistas” y “desestabilizadores”. Quienes la apoyaron se describieron como “ciudadanos que marcharon por justicia”. Derrocando a Roca participó de la marcha. Con los ojos bien abiertos, los oídos atentos y el compromiso de una perspectiva reflexiva y desprejuiciada, el cronista da cuenta de lo que sucedió entre los paraguas.

Por Carlos Sanabria @hayquearar

  La marcha del silencio. Sin grandes consignas, pocos carteles y algunas banderas argentinas que se venden a treinta pesos. Es un buen día para los vendedores, la muerte de Nisman puede ayudar a agotar el stock que no existiría si Rodrigo Palacio la tiraba por abajo. La lluvia se acerca, no son todavía las seis, pero muchas personas ya están en los alrededores de la Plaza de Mayo, el destino final de una marcha que se inicia 18.30 en el Congreso de la Nación, a unas 15 cuadras.

El agua empieza a caer y el techo de la Catedral es un buen refugio. Cientos están allí, apretujados pero cordiales, incómodos pero orgullosos. La lluvia es un desafío, los concurrentes a la “Marcha del Silencio” saben que se los chicanea, que se espera que ante las primeras gotas desistan de manifestarse. “Esto es una prueba de Dios” dice una señora, “Es agua bendita”, comenta otra. Hay muchas personas apretujadas bajo el techo de la Catedral, son un público heterogéneo, difícil de encasillar dentro de una clase social determinada.

Una tele de un bar ubicado sobre Avenida de Mayo sintoniza el canal Todo Noticias. Las imágenes son del Congreso donde un buen número de personas se prepara para marchar hacia la Plaza. Desde la estación Piedras de la línea A del subte son 5 minutos, 4 estaciones. Hacia allá vamos.

20150218_181233

A la salida del subte, otro vendedor está atento a los que van llegando. La bandera sigue a treinta pesos. El núcleo que estaba reunido ya partió hacia Plaza de Mayo, y lo siguen columnas que doblan desde las avenidas Callao y Entre Ríos. Sobre el suelo de la Plaza del Congreso hay un stencil que alerta “No a la nueva Ley de Semillas”, seguramente parte de las tantas intervenciones callejeras de quienes llevan adelante la campaña “Fuera Monsanto”. ¿Cuántas personas lo verán? ¿Cuántas lo registrarán? ¿A cuántas se les hace invisible?

  “Este es el pueblo papá” se escucha. Este es el pueblo, el que se moviliza sin que lo manden. El que no viene por el chori y la coca. Y para ser pueblo hay que ser muchos. Por ello la preocupación constante por la masividad, por la cantidad de personas. “Esto es más importante que Boca” comentan por ahí. “¿Qué dicen los canales oficialistas?”, pregunta un hombre a través de su celular. El pueblo quiere ser visto. En masa. Sueña con la portada del diario de mañana.

Hay silencio, pocas conversaciones. Cada dos o tres minutos empiezan los aplausos, que duran aproximadamente 25 segundos. “¡Argentina, Argentina, Argentina!” también forma parte del repertorio. El “oh, juremos con gloria morir” dedicado a Alberto Nisman tiene sus adeptos. El grito de “República, República”, se extingue rápidamente. Una señora se ríe y le comenta a su amiga:“¿Qué es república?”

La marcha bordea la Plaza del Congreso y avanza por Hipólito Irigoyen, pasa frente al Bar de Las Madres (antes llamado Osvaldo Bayer; hoy “El Revolucionario”), donde desde adentro observan con curiosidad. Hay alguna risa socarrona, pero sin faltas de respeto. Rafael y Antonio conversan con un estudiante de periodismo y se niegan a darle sus apellidos al finalizar la nota: “en Argentina no se puede” se justifican. Una señora camina incómoda por su cuello ortopédico. Le duele, le molesta, pero avanza más rápido que la mayoría.

Entre aplausos y silencios, alguien afirma: “es la marcha más importante de los últimos años”. ¿Qué comparan sus concurrentes? ¿La política en su vida está atravesada por marchas? Votar y marchar cada tanto. Esa es su participación política. La democracia reducida a su máximo esplendor. El cambio se espera, no se construye. No hay referencias a otras luchas, hay que mostrarse y esperar.

Un pequeño cartel se distingue entre la masa: “Todos somos Nisman”. Su portador pasa delante de una gran bandera wiphala que flamea en la 9 de julio y Avenida de Mayo. Este símbolo de resistencia señala el acampe qom que hace unos días se instaló allí para protestar contra el Gobierno de Formosa y de la Nación. Nadie se acerca, nadie pregunta, la marcha continúa hacia Plaza de Mayo. Todos son el fiscal Nisman, ninguno es un qom.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s